Folclor
Entendido en contextos locales, folclor proviene del concepto anglosajón impuesto a un fenómeno de música vernácula. El vocablo folklore (donde folk es pueblo y lore, su sabiduría popular) tiene un sentido purista: designa al sujeto original de la tradición, previo a toda interferencia urbana. Por esta condición previa a la industria, los cultores genuinos que grabaron discos en Chile son escasos y corresponden en exclusiva a cantoras campesinas de rodeo, como las incluidas en el disco Aires tradicionales y folklóricos de Chile (1944) editado por la Universidad de Chile. La industria musical empleó este término para designar, por sentido común y por desconocimiento de los cultores originarios, lo que desde un punto de vista urbano ha sido considerado "folclor": figuras de la música típica urbana o recopiladoras. Pero según la nomenclatura son definiciones distintas: los sujetos que investigan el folclor con criterio académico son los "folcloristas"; los cultores naturales son llamados "folclóricos".
Las medialunas de Chile y distintas fiestas huasas han sido espacios para el canto y un repertorio de tonadas y cuecas de la parralina Fátima Carreño Sepúlveda, una exponente que recoge la tradición del canto de rodeo y la música corralera, animando aquellas largas jornadas de campeonatos y festividades. Iniciada en los años '90 en una herencia de guitarra legada por su abuela paterna, Fátima Carreño participó en una serie de festivales en los que fue ganando premios y visibilidad. El primero de ellos como una escolar de doce años en su comuna de Parral, con la canción "Adiós corazón amante". Luego escaló en festivales provinciales en Colbún y regionales en Cauquenes, hasta que en 2009 se impuso como cantora folclórica en el famoso Festival del Camarón, de Ñiquén, con la tonada "China enamorada". Como educadora ha encabezado programas de canto, danza y guitarra folclórica así como integrar la Asociación Nacional de Cantoras. Como intérprete también secundó a la insigne cantora de rodeo Mirtha Iturra en sus apariciones en medialunas en el marco del Campeonato Nacional de Rodeo Chileno.
Su nombre es Rafael Berríos, pero se hizo famoso como Rabanito, el acordeonista que llegó a ser considerado como uno de los mejores en su instrumento en Chile, por lograr un estilo de interpretación propio y una gran destreza, que le permitieron dominar el tango, la cueca, el jazz y otros ritmos de la música popular.
Autora de canciones corraleras e intérprete de repertorios tradicionales, típicos e incluso neofolclóricos, Fernanda Dedes Martínez ha tenido una historia en el canto de rodeos al punto que también ha sido criadora de caballos. Nacida en Linares y criada en la localidad rural de Las Obras, comenzó a cantar y tocar la guitarra espontáneamente en el colegio. A los 17 años se inició en el ambiente de la música corralera y ya como nombre propio comenzó a cantar repertorios de tonadas como Fernanda Martínez. Como cantora de rodeos, Mirtha Iturra ha sido especialmente referencial para ella, y de hecho su canto conserva aspectos de cierta depuración presente más en la música típica que en la música campesina. Ha actuado en distintos encuentros centrinos de este tipo, incluido una larga participación en la Medialuna Monumental de Rancagua, donde fue subiendo su estatus como cantora en esos programas. También profesora de folclor en escuelas, algunos de sus discos con canto, guitarra y arpa son Al galope y sin apuro, Así es como te quiero yo y Para mi Chile lindo.
La extensa formación de la agrupación antofagastina Chañar incluye a niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, dirigidos desde su fundación por el profesor Guido Rivera Lara. El grupo ha obtenido un reconocimiento regional gracias a diversos montajes referidos a la historia y tradiciones nortinas, así como a varias grabaciones en disco y DVD.
"De donde viene el viento" es el significado detrás de la voz Barlovento, que este dúo de músicos formado por María Josefa Silva y Jorge Pacheco abrazaron para abrir el campo a sus investigaciones sobre el folclor latinoamericano. Siguiendo el camino que en los años '60 presentaron Isabel y Ángel Parra, con su dúo de guitarra y bombo criollo, su enfoque incorpora las raíces de las músicas de Venezuela, Argentina y Chile con elementos y sonidos de las músicas académicas. En 2016 editaron su primer disco, El siglo se vuelve azul. Ambos tienen estudios académicos en la Universidad Católica y cuentan con experiencias en la composición docta, el piano clásico y la guitarra clásica. En 2012 iniciaron sus investigaciones de las raíces folclóricas por las músicas del subcontinente, han realizado diversas giras por países vecinos, incluidas presentaciones en Francia, y entre esa historia sobresale su participación en el Festival Independiente de música trasandina Chepo, en Buenos Aires.
A través de una extensa carrera dirigida por su firme y a la vez dulce sello de autora, Isabel Parra se ha destacado como una de las más reconocibles voces de la música popular chilena, más allá de sus excepcionales vínculos familiares. La hija de Violeta, hermana de Ángel, sobrina de Roberto y madre de Tita —por nombrar sólo a algunos de sus parientes destacados en la canción— se caracteriza por una pluma delicada, pero de ácida observación cuando así lo dicta la contingencia; y es entre estos dos polos que se debaten sus más importantes composiciones. Es, entre otras cosas, la gran voz femenina de la Nueva Canción Chilena.
"Pop folclórico" es el término que eligió Delia Valdebenito para describir sus compocisiones, reunidas en Cantos del alma, su primer trabajo tras el disco introductorio de cinco canciones Delia Valdebenito EP (2014). Ese fue el primer nombre, un nombre civil, que ella utilizó como cantautora, aunque poco después fue transformándose a Delis Val. Su mirada de la música en la ciudad, su formación dentro de la música popular y sus estudios de canto con Arlette Jequier (Fulano, MediaBanda) y de composición con Jorge Aliaga, marcaron esa condición principal en el terreno del pop. Pero su cantautoría fue tomando además elementos del folclor chileno, sureño y andino, ritmos de 6/8 y aires naturales de la cueca y el huayno para depurar una propuesta con banda eléctrica, que pronto ubicó a Delis Val entre la nutrida escena de cantautoras en esta línea: desde Natalia Contesse a Pía Zapata, y desde Paula Herrera a Analí Muñoz.
La compositora, cantante y gestora cultural Paulina Pérez es parte de una generación de músicos que ha revitalizado la raíz de la canción latinoamericana, con enfoques que consideran influencias de un abanico que va desde el jazz al pop, como lo han experimentado Valentina Rodríguez, Cecilia Gutiérrez, Liliana Riquelme o Sara Pozo, en sus distintos ángulos. Su propuesta autoral se mueve entre esos límites para llegar a una fusión que quedó de manifiesto en 2016 en su disco debut, Cuando la mujer se vuelve canción.
Si bien la figura de la cantora, folclorista, recopiladora y autora Elena Montoya, La Criollita ha permanecido en el desconocimiento de la música popular chilena, su activa presencia e intensa creación la convirtieron en el mayor nombre del folclor en el norte. El puerto de Coquimbo, la pampa del desierto de Atacama, las oficinas salitreras y el el santuario de Andacollo, fueron escenarios e inspiraciones de la autora nortina, que dejó escrito ese sentido canto de devoción mariana llamado "Mamanchi".
En el nutrido panorama de cueca urbana, Nano Parra marca al menos dos distinciones: ha sido uno de los cuequeros más vendedores de la historia de Chile, con canciones y discos que hacia fines de los '60 aportaron a la difusión masiva del género. Por otro lado, su interés en que las composiciones reflejaran sus observaciones callejeras fortalecieron un estilo que luego pasó a ser socorrido por otros autores como marca de carácter. Él asegura ser el primero en haber usado el concepto de «cueca chora».
Antonio Contreras, El Torito de Collipulli, es uno de los hombres en los que confluyen los múltiples oficios del canto a lo poeta. Cantor a lo humano y lo divino, poeta popular y payador, también es gestor del Encuentro Nacional de Payadores de Portezuelo, en Chillán, y además de participar en grabaciones compartidas con otros payadores tiene en Poeta, guitarra y canto (2002) un disco propio hecho de canto a lo humano y lo divino.
Los Hermanos Lagos son un trío que desde fines de la década de 1940 marcó una importante etapa en la vida radial, discográfica e incluso cinematográfica de nuestro país. Son los intérpretes de las versiones más populares de las cuecas "El guatón Loyola" y "Adiós Santiago querido", y cuentan en su repertorio con los más variados registros de música tanto nacional como latinoamericana.
Parte de una tercera generación de cantores chilenos luego de Arnoldo Madariaga Encina (n. 1938) y Arnoldo Madariaga López (n. 1965), Máximo Retamales es el más joven de esa familia nacida en la localidad campesina de Casablanca, en la provincia de Valparaíso, y dedicada a la poesía popular. Cantor a lo humano y lo divino y también payador, ha actuado desde 1999 en encuentros de paya en Coronel (provincia de Concepción), el puerto de San Antonio, Putaendo (provincia de San Felipe de Aconcagua) y la propia Casablanca (desde 1994), y ha participado en vigilias, novenas y cantos de angelito, todas expresiones de la poesía popular religiosa. Desde 1992, cuando tenía doce años, es cantor permanente de las vigilias de canto a lo divino del Templo Votivo de Maipú, y a los veinte años participó junto a sus mayores de la familia en el disco Décimas a María (2001).
La actriz Patricia Díaz Vilches y la pianista Claudia Belén Mena Cáceres formaron El Parcito, un dúo de repertorios tradicionales y folclóricos centrinos, que fueron parte de la oleada de conjuntos de cueca femenina que tuvieron intensa actividad a lo largo de la década de los 2000. Con el tiempo su trabajo se amplió a la interpretación de tonadas, valses, polkas y otros ritmos, luego de que ambas cultoras iniciaran un estudio directo con los folcloristas e investigadores Margot Loyola y Osvaldo Cádiz.
El tránsito entre el florecimiento de la Nueva Canción Chilena interrumpido en 1973 y su continuidad en el Canto Nuevo tuvo entre sus hombres más activos a Nano Acevedo. Cantante, autor, gestor musical y sindical, Acevedo es un cantor urbano de raíz folclórica que se inició en escenarios como la precursora Peña Chile Ríe y Canta en 1968, ganó el festival de la OTI en Chile en 1977 y ha sido un activista del gremio en dictadura y democracia, con cuarenta años de trabajo en los que ha escrito canciones como "Rin del amor" y el auténtico éxito setentero chileno "Oda a mi guitarra".
Por años el guitarrón más antiguo de Pirque estuvo en buenas manos. Fue el que tocó hasta el final Manuel Saavedra, cantor y poeta popular de esa ciudad de la región metropolitana que es, a su vez, la cuna de ese instrumento tradicional chileno. Fallecido en 2013 a los noventa años, Saavedra dedicó buena parte de su vida al guitarrón y el canto y fue el más veterano cultor de esas tradiciones ya entrado el nuevo siglo.
Humberto José Miguel González pasó a la inmortalidad como Pollito, uno de los representantes de la denominada bohemia tradicional porteña, que animó en Valparaíso desde mediados del siglo XX y hasta entrado el siglo XXI. El piano fue su principal instrumento, con el que dominó un abanico sonoro que abarca desde el tango a la cueca, y el tradicional bar Cinzano fue el territorio donde su nombre quedó asociado para siempre a un patrimonio popular porteño, que se forjó en la cotidiana experiencia de la música en vivo antes que en la producción discográfica.
El de Pancho Valdivia Taucán es uno de los nombres de la diáspora de chilenos que han ejercido tanto en Chile como en otros países su trabajo en la fusión y las raíces latinoamericanas. Desde sus inicios en Chile ha tocado y grabado discos como solista y también con diversos grupos en Ecuador, Francia, Suiza y Argentina. Su trabajo de creación e investigación ha merecido el Premio Regional de Creación Artística (CNCA, 2013) y el Premio Aporte al Desarrollo del Arte y la Cultura Indígena (Conadi).
El Flaco Morales es un requintista, guitarrista y acordeonista avecindado desde comienzos de los años '70 en Valparaíso e integrado desde 2001 a la agrupación porteña La Isla de la Fantasía, de la que ha participado activamente como músico y también prolífico autor de cuecas. Algunas de ellas han sido registradas además por conjuntos tan populares como Daniel Muñoz, Félix Llancafil y 3x7 Veintiuna.
Si las expresiones más fuertemente arraigadas a la música popular chilena en los años de oro de la música típica fueron siempre la tonada y la cueca, también existió una tercera variante, creada por el compositor Fernando Lecaros. Tuvo gran éxito en los años '40 y a través de ella su nombre fue recordado históricamente: la "mapuchina". Una denominación genérica para referirse a un tipo de canción urbana con una directa temática mapuche, de giros melódicos y rítmicos que evocaban la música ancestral de esta cultura originaria. La más conocida fue "A motu yanei", dedicada a Ester Soré en 1940 e interpretada luego por la estrella mexicana Pedro Vargas en 1942 y por la estrella chilena en Europa Rosita Serrano en 1948. Aunque también hubo otras mapuchinas famosas de su catálogo, como "Mi tierra es mi fortuna", "Huelén" y "Nahuelbuta", y otras canciones de inspiración indígena: la canción-slow "¡Ayún-ayún!" y la canción-bolero "Mapuche soy".