Segundo Zamora

La cueca es la credencial mayor de Segundo Zamora, un hombre nacido en la pampa nortina que legó las composiciones «Adiós, Santiago querido», «Mándame a quitar la vida», «El marinero» y «El cuerpo malo». Ya su firma en esas glorias es historia trascendente, pero la música de este autor es aún más cuantiosa. Zamora —conocido más familiarmente como Guatón Zamora— fue autor de guarachas, corridos (como «Buen consejo») y también tocó tango, como acordeonista de la orquesta de Armando Bonansco. Murió en 1968, pero la música es cuestión de familia: su hija, María Esther Zamora, forma junto a Pepe Fuentes un dúo activo hasta la actualidad, que se presenta en vivo con frecuencia y que mantiene vivos los genes musicales populares de uno de los grandes hombres de la cueca nacida y animada en la ciudad.

Fechas

María Elena - 22 de marzo de 1915
Viña del Mar - 19 de septiembre de 1968

Décadas

1940 |1950 |1960 |

Géneros

Segundo Zamora

Marisol García

El nacimiento de Segundo Zamora marca una bandera sobre una oficina salitrera del Norte Grande. En María Elena, cerca de Antofagasta, trabajaba hacia 1915 Subitanio Zamora, minero calichero que como otros tantos se vería afectado al poco tiempo por la caída en la demanda para esa industria. Así, los Zamora-Alfaro se trasladaron varios cientos de kilómetros, primero a San Felipe, donde el joven Segundo se hizo asiduo a la práctica del acordeón a botones.

Se integró entonces a una estudiantina. Y allí llama la atención del cantante Armando Bonasco, popular cantor de tangos. Registra en una crónica Nano Acevedo: «Lo contrata en el año de 1938 para integrar su grupo: el músico no lo piensa dos veces y a su vez crea la Orquesta Característica de Segundo Zamora, con músicos de primer nivel y cantantes como Pepe Aguirre y el mismo Bonasco». Con esa agrupación, Zamora accede por primera vez a los estudios de grabación de Odeon y RCA-Victor.

El Trío Añoranzas fue su experiencia de grupo más importante. Desde 1942, por el conjunto pasaron grandes guitarristas de la época, como Jorge Novoa y Humberto Campos. La buena recepción a discos como «Perdida» y «La pobre loca» llevó al trío a giras por Perú, Bolivia Ecuador y Venezuela, así como a los más importantes escenarios capitalinos para la música en vivo, como El Rosedal y El Pollo Dorado.

El Guatón Zamora y sus Guatones, la Orquesta de Huasos de Chile y El sargento Zamora y sus Pelados fueron otras de las experiencias musicales de Zamora en conjunto, todas ellas con al menos un disco publicado, y citas de trabajo en espacios tan inesperados como el circo Las Águilas Humanas. Pero no está necesariamente en esas publicaciones la marca más significativa de Segundo Zamora, sino en el repertorio que otros muchos músicos chilenos tomaron de su autoría y difundieron como parte del cauce central de la cueca.

El título más importante en ese acervo es «Adiós, Santiago querido», cueca compuesta en 1946 que Zamora interpretaba y compartía como un saludo de homenaje a la ciudad que le permitió convertirse en músico profesional. El Parque Forestal, el cerro Santa Lucía, las calles San Pablo y Bandera, y el Parque Cousiño aparecen en esa letra como paradas urbanas de nostalgia y pertenencia. La versión más popular es la de Los Hermanos Lagos, hecha en 1953, pero existen también grabaciones de Los Cuatro Cuartos, el Dúo Rey-Silva, Ester Soré, Silvia Infantas y Los Cóndores, Carmencita Ruiz, Los Pulentos de la Cueca, Los Santiaguinos y Clarita Parra, y por supuesto de María Esther Zamora, la hija del músico que hoy más vivamente mantiene su recuerdo como cantante y gestora de celebración chilena. En un sondeo entre músicos hecho en 2015 por El Mercurio, «Adiós, Santiago querido» fue elegida como la obra más memorable dedicada a la capital chilena (por encima de otras canciones de Violeta Parra, Silvio Rodríguez y Santiago del Nuevo Extremo). El título también entró en competencia en el Festival de Olmué 2009 por la «mejor canción chilena de la historia», entre diez composiciones.

Los temas inscritos de su autoría superan los 150, y además de ése, el más famoso, están «Mándame quitar la vida», «El marinero», «Santiago de fiesta», «Huaso de cepa», «Calle Bandera» y «Soy del puerto». Cuecas suyas figuran grabadas por decenas de intérpretes y conjuntos chilenos. Y aunque la impronta discográfica de Segundo Zamora está sobre todo asociada a la cueca, muestra también paradas en el vals, el corrido, la cueca, el fox-trot, la polca-tonada, el tango, pasodoble, ranchera, esquinazo, mambo, bolero, guaracha y la cumbia.

Segundo Zamora fue activo en la lucha por derechos colectivos para los músicos, y en diferentes momentos integró sociedades como Sochayco, el Departamento del Pequeño Derecho de Autor, el Sindicato de Folcloristas y Guitarristas y el Sindicato Orquestal. Tuvo además una quinta de recreo, la Hostería Guatón Zamora, donde se lució como cocinero y administrador.

Las circunstancias de su muerte lo atan a las celebraciones patrias, como un símbolo de aquello que le llevó la vida casi completa. Luego de actuaciones por contrato en Valparaíso, la madrugada del 19 de septiembre de 1968 fue a celebrar junto a amigos a un local de Viña del Mar, el Sausalito. El entusiasmo de los presentes ante su llegada lo obligó a subir al escenario, donde cantó algunas cuecas. Momentos después de bajarse del escenario, un derrame cerebral lo hizo caer al suelo.

«Que Dios te tenga en la gloria, / como el rey del folclor con tu acordeón» avanza la cueca «Adiós al Guatón Zamora», compuesta y grabada por Mario Catalán, y que remata: «El pueblo en su memoria / te lleva, Guatón Zamora». También Nano Núñez grabó su despedida: «Se nos fue el Guatón Zamora / nos lleva la delantera, / porque allá nos juntaremos / a cantar cueca chilena».

 

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