Mario Catalán

El cantor y autor, comerciante y veguino Mario Catalán representa uno de los nexos fundamentales entre la cueca chilenera, centrina o brava, que se cultivaba en los barrios populares, y el mundo de la industria discográfica de los años ’50, ’60 y ’70. Su voz y estilo de canto aprendido desde su infancia en la Vega Central de Santiago, centenario epicentro comercial de intercambio y distribución de productos agrícolas para la capital, era como el pregón del propio vendedor veguino: un grito de alto volumen, estentóreo, agudo y hasta violento, pero a la vez gracioso, festivo, coloquial y que atraía fuertemente la atención de los oyentes.

Fechas

Antofagasta - 23 de diciembre de 1913
Santiago - 29 de diciembre de 1979

Décadas

1940 |1950 |1960 |1970 |

Géneros

Mario Catalán

Felipe Solís Poblete

Catalán fue un hombre criado en la venta callejera, forjador de una situación económica que lo alejó de la pobreza de su infancia pero nunca del barrio que lo vio crecer. Sujeto imponente, encumbrado sobre el metro ochenta de estatura y que en sus mejores tiempos no bajó de los 130 kilos, descolló además con una personalidad fuerte, divertida y aguda tal como fue su canto. La visionaria claridad que tuvieron para perpetuar la calidad de Catalán como cantor y autor de cuecas, se le debe al Dúo Rey-Silva, tradicional conjunto con quienes grabó decenas de discos en casi dos décadas de trabajo en conjunto.

Antofagasta y Santiago: de Chimba a Chimba
Nacido en Antofagasta, Mario Emilio Catalán Portilla alcanzó a vivir muy poco en esta ciudad nortina. En 1920 arribó junto a su madre a la capital, para instalarse en la comuna de Recoleta, donde permaneció prácticamente toda su vida. El que desde la época de la Colonia había sido conocido como el barrio de La Chimba, al lado norte de río Mapocho, era entonces un sector del extramuro de Santiago, tradicionalmente dedicado al comercio. Allí, la Vega Central era un ruidoso sector donde la vida social giraba en torno a la compraventa principalmente de hortalizas, un barrio con una alta población flotante de compradores y gente dedicada al flete, cargadores, cocinerías y comerciantes ambulantes.

Mario Catalán tuvo allí sus primeros acercamientos a la cueca: “A los nueve años me supe ganar la vida en la Vega. Yo era el más entonado para gritar, y ¡qué bonito era mi pregón…! ‘¡La chaucha de ajo caseraaaa!’. Créame que se escuchaba hasta en Recoleta. Fui cuequero desde chico y, como no faltaba a ninguna fiesta, de pobres y ricos, me conocí todos los conventillos de los alrededores”, recordaba el cantor.

En 1935, Mario Catalán llegó a la fonda La María Chica, en uno de sus primeros trabajos de músico. “Me contrataron para que cantara cuecas cuatro días seguidos. Había que tener garganta para hacerlo. Me pagaron treinta pesos diarios. Se cantaba desde las diez de la mañana. Por esa época había muy buenos cantores. Eso si que yo conozco las fondas desde antes: las que se hacían con carreras a la chilena en Villa Moderna. Se armaban conjuntos muy buenos; ahora me acuerdo del panderetista y tañedor, el finao Rosamel; del baterista Juan el Nene; de los cantores el Chute Guillermo, Jorge Abril, el Ñato Tordillo”.

Encuentro con el Dúo Rey-Silva
En 1941, Mario Catalán había participado en la Compañía de Francisco Mieres, quien presentaba el espectáculo folclórico “La Fiesta en los Campos Chilenos”. Pero fue sin duda en 1948 cuando un hecho define su acercamiento a la industria discográfica. En el restaurant que Carlos Mervilles tenía cerca del Club Hípico, se habría producido el primer encuentro entre Catalán y el Dúo Rey-Silva, integrado por el arpista Alberto Rey y el guitarrista Sergio Silva. Tres años después estarán grabando las primeras cuecas como trío de artistas.

En 1951 se edita su primer disco de 78 rpm, bajo etiqueta RCA Víctor, que incluyó las cuecas “Aló, aló”, “Mi caserita”, “Desde que vine al mundo” y “Va atracando barco al muelle”. Allí se aprecian las cualidades vocales de Catalán que definen al estilo de cueca urbana, también adjetivado como “chilenero”, “centrino” o “bravo”. Este estilo de canto de gran volumen e impostación nasal, fue el que llevó al disco Mario Catalán, un contrapunto con la performance de Silva y Rey, más adaptada a las características del mundo del espectáculo y del disco, con cuidadas armonizaciones, pronunciación clara y potencia vocal medida por el uso del micrófono.

A principios de 1953 Catalán ya figuraba en un recuento de los autores de música folclórica más destacados del año en la revista “La Voz de RCA Victor”. Para 1954, participaba en el primer Festival RCA Victor organizado por la Corporación de Radio de Chile, donde se presentó con el Dúo Rey-Silva en abarrotados teatros de la capital.

Para las Fiestas Patrias de ese año, Catalán aparece retratado en esta misma revista con un impecable traje, mientras se le reseña largamente: “En la actualidad, se ha perfeccionado mucho: usa dos platillos de loza, de esos de tazas de café, con los que lleva el ritmo con gran sonoridad. Pero tal vez su mayor mérito reside en su vocalización, ya que produce con la garganta toda clase de sonidos y lanza divertidos gritos típicamente chilenos, a imitación de las viejas cantaoras”.

El hecho de que Catalán fuera integrado a la casa disquera de mayor importancia en Chile y su alianza con los prestigiados Alberto Rey y Sergio Silva, eran garantía de su difusión en los medios. Sin embargo Catalán se destacaba como cantor, cuyas características interpretativas llegaron a ser novedosas dentro de los artistas folclóricos más conocidos. Su categoría de autor de cuecas, le da, de paso, otra jerarquía. Para el verano de 1954, RCA Victor presenta a sus “artistas favoritos” en un “cuadro de estrellas” que incluyen a Pepe Carrera, Frankie Crale, Luis de Castro, Mario Catalán, Emil Coleman y su orquesta, entre otros.

La vida de Catalán siguió entrelazada con la del Dúo Rey-Silva. Si bien el cantor recibía royalties por la venta de los discos, su fuente de ingreso principal siempre fueron los negocios que efectuaba en la Vega. Catalán gustaba del buen vestir y del buen comer, y muchos lo recuerdan como un activo promotor de fiestas y comidas.

La cueca en LP
A la producción conjunta entre el dúo y Catalán que comenzó en los años 50 con el formato de 78 rpm reproducido en victrolas, le siguió el microsurco en sus formatos EP y single (ambos de 45 rpm), y para la década de 1960 fue en el formato long play con el que siguieron registrando sus cuecas. Entre 1963 y 1971 editaron seis LP, entre los que destacan Cuecas (1963), donde participa la cantante Elia Ramírez; Los grandes de la cueca (1965), con Carmencita Ruiz; Cola pa’ las cuecas (1967); Puras cuecas (1968); Cuecas bravas (1970) y Esto es cueca compañero (1971), con la aparición de Juanita Vergara. Como autor, las cuecas de Mario Catalán fueron registradas incluso antes de que él destacara como cantor, con grabaciones que datan de 1948, por el Dúo Bascuñán-Del Campo.

A través de los LP editados en esta década, puede escucharse a un cantor con mayor dominio y confianza en su interpretación, así como diestro en la animación de las cuecas y en la composición. En general, cantaba en primera voz la segunda estrofa y en el remate de las cuecas, aunque también grabó algunas como voz solista en toda la extensión, incluso con acompañamiento orquestal en un par de ocasiones. Uno de los momentos donde puede apreciarse la chispeante e ingeniosa personalidad de Catalán, es en el LP Cuecas con escándalo (1970), gestado por el propio Alberto Rey. En este disco, que es más bien el registro de una fiesta, despuntan junto a Catalán una buena cantidad de cantores de la Estación Central, la Vega y el Matadero, recreando en el estudio las fiestas donde la cueca se interpretaba entre varias voces masculinas.

Ya en la década de 1970 y probablemente debido a la cirrosis hepática que comenzó a aquejarlo, Catalán deja de participar en grabaciones, pero sigue siendo una figura, entrevistado en diarios e invitado a programas de TV como “Canturreando” y “Sábados Gigantes”. En 1975, el Sindicato Profesional de Comerciantes Mayoristas en Frutas de Santiago, es decir sus antiguos amigos de la Vega Central, le rinden un homenaje en vida en el Gimnasio República de Venezuela en Av. La Paz. En mayo de 1979, y ya visiblemente delgado debido a su enfermedad, participó en la celebración de los 44 años del Dúo Rey-Silva, pero unos meses más tarde y a sólo seis días de haber cumplido los 66 años, se despide del mundo.

Su funeral contó con la presencia de unos 200 asistentes, incluyendo a músicos de Valparaíso, quienes lo despidieron en el Cementerio General. El investigador Juan Uribe Echeverría, presente en el sepelio, dedicó días después su columna del diario Las Últimas Noticias a despedir al “rey de la cueca”.

“En la soleada mañana del domingo 30 de diciembre, frente a la casa de Mario Emilio Catalán Portilla, en Recoleta, se volcaron centenares de cuequeros, comerciantes y cargadores de la Vega para despedir los restos del más notable cantor de la cueca tradicional, fallecido el día anterior. (…) Allí lucieron entreverados los más notables cantores del canto criollo de la vieja guardia: Rafael Andrade (El Rafucho), Carlos Espinoza (El Pollo), Hernán Araneda (El Baucha), Raúl Lizama (El Perico), Carvallito, Hernán Núñez, Luis Téllez Viera, Lucho Castro y Fernando González Marabolí, estudioso del folklore nacional. Junto a ellos cantaba una nutrida delegación de cuequeros porteños: Manuel Rodríguez Pacheco (El Cuadradito), Víctor Oyarzún (El Vito Lolo) Estolio Bastidas, El Peso, Juan Pou, Ramón Benavides y El Periquín”, escribió el cronista.

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