Los Santiaguinos

En el documental titulado La cueca brava de Nano Núñez (2000), de Mario Rojas, registro clave en la revaloración de la cueca entre las generaciones jóvenes del nuevo siglo, el cantor Hernán Núñez Oyarce, uno de los máximos exponentes de la cueca urbana o brava, aparece junto a un grupo de músicos jovenes que lo acompañan en guitarra y piano.

Leer más

Años

San Bernardo, 1998 -

Décadas

1990 |2000 |2010 |

Géneros

Los Santiaguinos

Integrantes

Verónica Marinao

Los Santiaguinos han sido un conjunto que a partir de esa tradición dio el puntapié inicial al movimiento de la cueca urbana juvenil de fines de los años ’90 en adelante, que más tarde completaron Los Tricolores (2000), Los Trukeros (1997), Las Torcazas (1998), Las Capitalinas (2001), los Porfiados de la Cueca (2002) y varios otros.

A clases con Nano Núñez
Los Santiaguinos son el primer grupo formado bajo la influencia de Hernán Núñez, no obstante su evolución fue más allá de la raíz pura. Se juntaron oficialmente el 9 de marzo de 1998 y en la formación original estaban Gerardo Hofman (voz), Cristián Cáceres (voz y guitarra), Ignacio Hernández (acordeón y dirección artística), Claudio Rodríguez y Erick Silva, la mayoría de ellos con formación musical profesional.

A medida que iban sumando experiencia agregaron la presencia del bajo electroacústico, el piano y la batería a sus presentaciones en vivo. Hernández estuvo un par de años en el conjunto pero luego se retiró y formó Las Capitalinas, una agrupación de mujeres cuequeras que también ocupa un lugar importante en el movimiento. Y Los Santiaguinos hicieron con Hernán Núñez su primer aprendizaje musical y poético.

Núñez solía recordar que este tipo de cueca, también llamada «chilena», era ama y señora de la ciudad, en especial en La Vega, los mataderos y prostíbulos. Entre los años ’40 y ’70, la chilena, por definición «achiquillá, añiñá y acarambolá», era sinónimo de guerra y con facilidad podía correr sangre en una rueda de cantores si alguien se «pifiaba» (desafinaba) o tenía la mala fortuna de repetir un tema. Pero durante décadas su recuerdo no fue más que nostalgia, resignada o indignada ante la cueca relegada a los festivales folclóricos y ante el símbolo del huaso y la china como «imagen oficial» del ritmo nacional.

Los jóvenes que tuvieron el privilegio de estar cerca de Núñez aprendieron las claves de la cultura cuequera, que él añoraba con platillos en mano y con una memoria envidiable. A su lado varios músicos aprendieron la paradoja esencial de la cueca brava: «que la cueca no se enseña, se aprende». Nada de cursos explicativos, cero fórmulas, adiós a los esquemas. La cueca se vive y punto. Eso era lo único que, en rigor, «enseñaba» Nano Núñez. En un contexto diferente, grupos como Los Santiaguinos intentaron revivir o representar la cueca urbana sin que peligraran sus vidas, pero conscientes de la importancia de saber muchas letras, improvisar melodías y tener buen «pito» o registro de voz.

Cuecas y más: capitalina y urbana
Los Santiaguinos ya habían tocado en escenarios pequeños en San Bernardo cuando en 2001, un año clave para el grupo, acompañaron a Los Chileneros en el histórico concierto que el trío ofreció en la Sala SCD de Santiago y que dio origen al disco Los Chileneros en vivo (2002).

Desde entonces el conjunto tocó de manera periódica en lugares de la capital como El Huaso Enrique, El Mesón Nerudiano o La Habana Vieja, escenario de música cubana donde inauguraron el ciclo de conciertos «Son Cuecas». De esta forma moldearon un circuito crecido de la mano de un movimiento que, por fin, lograba sacar a la cueca de la típica agenda obligada del 18 de septiembre.

Al mismo tiempo Los Santiaguinos grabaron su primer disco, La cueca capitalina (2000), con dieciséis cuecas, doce de ellas de creación propia. El público ha respondido con interés a la propuesta de este grupo, que ha continuado grabando discos: Cueca urbana (2001), Folklore urbano (2002), en conjunto con Mario Rojas, Los Santiaguinos en vivo (2005) y Desde la cumbre (2006) han sido siguientes trabajos.

En ellos hay temas de la tradición popular, como «Yo soy dueño del Barón» y «Por amor a las joyas», pero también otros de la autoría de Cáceres como «En Iquique se enfrentaron», y dos infaltables canciones del repertorio del grupo no son cuecas: el foxtrot «En Mejillones yo tuve un amor» y la tonada «Yo vendo unos ojos negros». «Partimos haciendo puras cuecas, pero el mismo Nano Núñez nos decía ‘las niñas se les van a aburrir con puras cuecas, tienen que tocarles un vals, un bolero, un tango también’, y así empezamos a ampliar el repertorio», explica Cristián Cáceres.

En efecto, el repertorio de las actuaciones de Los Santiaguinos consiste en un setenta por ciento aproximado de cuecas, y el porcentaje restante corresponde a foxtrox, tonadas, baladas y, si la ocasión así lo requiere, hasta cumbias. «No hay que ser más papistas que el papa», es la explicación del conjunto, en el cual la voz privilegiada y aniñada de Gerardo Hoffman aporta un sello inconfundible a esa apuesta por una identidad no exclusivamente cuequera.

Nicole a 30 años de «Tal vez me estoy enamorando»

La cantante y figura capital del pop chileno mira hacia 1989 cuando grabó su primer disco, con 12 años de edad. Este 5 de junio, Nicole presentará en el Teatro Nescafé de las Artes el segundo volumen del álbum Nicole 30 años, además de la película Panal vivo, que documenta el proceso de creación de su disco de 2013.

Américo es de toda América

El astro ariqueño de la cumbia romántica se convirtió en el primer chileno en obtener uno de estos galardones que premian lo mejor de la música latinoamericana. Lo hizo en la categoría de Mejor Artista Sur.