Altamar

Cueca pulenta. Cuecas con aroma de mujer. La revolución de la cueca. Basta leer los títulos de algunos de sus discos para darse cuenta de que su propuesta no es convencional. La osadía ha sido parte esencial del estilo de Altamar, un conjunto santiaguino (pese a su nombre) con más de dos décadas de trabajo en lo que ellos han descrito como una búsqueda de innovación en las melodías y arreglos de la cueca urbana tradicional. Ese esfuerzo se retribuye con un estilo distinguible, de música melódica y valiosa poesía romántica, empeñado —en sus palabras— en «reencantar a la gente con la cueca».

El grupo ha ganado los mayores festivales nacionales con apartados folclóricos, incluyendo el de Viña del Mar y dos primeros lugares en el Festival del Huaso de Olmué.

 

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Años

Santiago, 1993 -

Décadas

1990 |2000 |2010 |

Géneros

Altamar

Integrantes

Víctor Hugo Campusano, voz y acordeón (1993 – •)
Ricardo Castro, voz y guitarra (1993 – 2000 / 2005 – •)
Claudio Gyllén, voz y guitarra (1993 – •)
Rodolfo Henríquez, acordeón (1993 – 1999)
Roberto Isamitt (1999 – 2001?)
Pedro Zamorano (1999 – 2001)
Joselo Osses, teclados (2000 – 2005)
Iván Ángel, batería (2000 – ?)
Osvaldo Martínez, voz y teclados (2005 – •)
Víctor Manuel Campusano, voz y bajo (2005 – •)
José Lema, batería

Marisol García

Cueca melódica
En sus inicios, principios de los años noventa, el concepto de cueca urbana era una rareza que a los integrantes de Altamar les interesó tomar como un atrevimiento sin mayor proyección que su propio disfrute. «Lo que dominaba era la cueca campesina. Pensábamos que no íbamos a llegar a ninguna parte», confiesan hoy sobre un gesto que consideran pionero: darle a la cueca un sonido poderoso y eléctrico, anclado prioritariamente en la melodía, e innovando además en letras, armonías y arreglos. Al acordeón, piano y guitarra, Altamar sumó batería y bajo eléctrico, antes que cualquier otro conjunto considerara esos códigos en la composición chilenera. Sus voces armonizadas aprovechaban su registro natural, sin impostaciones. «Nuestra idea era competir con los grupos de rock. Queríamos un sonido igual de poderoso. La gente no lo sabe, pero una de nuestras principales influencias son los Beatles».

La marca desprejuiciada del grupo Los Afuerinos y de Pepe Fuentes es otra que el grupo cita entre sus referentes. Apenas tomaron la decisión de ser un conjunto urbano, nunca más se vistieron de huasos.

En competencia
El circuito de festivales regionales se presentó como el espacio lógico de divulgación para Altamar en esos primeros pasos artísticos. Las composiciones de Víctor Hugo Campusano (profesor de Música) se presentaron como cartas ganadoras en importantes competencias nacionales, como el Festival de Santa Cruz (“Valís callampa”), el Festival de Viña (“Cueca pulenta”), el de la Patagonia (finalistas con “La abuela Natalia”), de Valparaíso (“A Los Perlas”, “Di no a la droga”), de Molina y el Festival del Huaso de Olmué. En este último se han quedado dos veces con el primer lugar; en 2005 con “María de La Pintana”, sobre un dramático caso real de pobreza, y, ocho años antes, con “Cueca del circo”, un tema que interpretaron en vivo vestidos de payasos.

Esas pequeñas pero significativas alteraciones en letras y arreglos han puesto en guardia a más de un purista. «Mucha gente consideraba que lo que hacíamos no era cueca, pero nunca nos hemos salido de la estructura ni de la métrica de la cueca. Creemos que para innovar se necesita, primero, conocer muy bien la raíz».

Por lo anterior, no sorpredente que uno de los discos de Altamar se titule La revolución de la cueca (2002). Es una de más de una docena de producciones, que el grupo ha mantenido en un ritmo constante de grabaciones desde su debut en el compilado de triple casete Cuecas electorales (1993, también con Los Hermanos Campos, Los Afuerinos, Chacareros de Paine, Los Paleteados del Puerto, Chilhué y otros). Cueca concebida y desarrollada para una amplia divulgación, capaz de sumar adeptos incluso por fuera del circuito de entendidos.

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