Jaime Atria
Foto: Archivo de Jaime Atria Rosselot

Jaime Atria

Jaime Atria es un activo autor de tonadas, valses, cuecas y canciones festivaleras con gran presencia en la industria del folclor de masas y la música típica, además de el responsable de una de las piezas más representativas de la identidad chilena del siglo XX. Ese himno canción nacional comienza con el trallazo cuequero de “Déjame que te llame / la consentida”, y se llama, justamente, “La consentida”, obra que le significó a Atria un espacio entre los grandes autores de canciones chilenas de todos los tiempos.

Fechas

Santiago - 23 de febrero de 1919
Santiago - 13 de marzo de 1984

Décadas

1930 |1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |

Géneros

Grupos

Jaime Atria

Iñigo Díaz

La pieza se titula “La consentida” (1961),  y a través de rasgueos de guitarra criolla y sin los formalismos de una canción nacional representa al chileno común. Es la cueca que convirtió a Atria en un miembro del cuadro de honor de los compositores de música de raíz folclórica y popular latinoamericana.

Perteneciente a una familia tradicional, Jaime Atria llegó a ser considerado una “oveja negra” dentro de su núcleo. Su padre era un connotado médico y sus hermanos brillantes profesionales. Jaime no sólo se interesó por la música, sino que en lugar de transformarse en un pianista o violinista clásico, como ocurría con algunos miembros de familias de alcurnia, optó por la música popular, poniendo mucha atención en la obra múltiple de creadores chilenos tradicionales como Osmán Pérez Freire (1880-1930),  Nicanor Molinare (1896-1957) y Francisco Flores del Campo (1908-1993).

Las canciones mexicanas
Pero Jaime Atria iba a tener una muy fuerte influencia durante toda esa etapa formativa de los primeros años ’30 desde la invasión mexicana, a través de los magistrales discos y apariciones en películas de cantantes y charros cantores como Pedro Vargas, Jorge Negrete y Pedro Infante. Fueron las armas iniciales de Atria en la música popular y que luego derivarían en una extensísima obra, con más de mil títulos en su catálogo, divididas en tres tercios bien balanceados: la misma cantidad de composiciones de raíz folclórica, de canciones latinoamericanas diversas y de música mexicana.

Una vez en la carrera de Leyes en la Universidad Católica, consolidó sus primeras intenciones de conformar grupos folclóricos de guitarras y voces, siguiendo la experiencia fundacional del cuarteto Los Cuatro Huasos y que luego se repitió masivamente entre la comunidad estudiantil de la UC. Jaime Atria fundó una serie de estas agrupaciones. Los Caporales (1937), junto al compositor Ernesto Gómez y con actuaciones en Radio Otto Becker, y Los Huasos Sureños (1942), cuya solista era Isabel Cruz y que actuó en las radios Agricultura y Corporación. Atria llegó incluso a tener una breve militancia informal en Los Huasos Quincheros en 1962 (que ya habían grabado sus piezas “Mi kutrán” en 1942, “Mahuida” en 1944 y “El velerito” en 1950, entre otras). Pero el autor debió retirarse a causa de un accidente que lo imposibilitó momentáneamente de continuar de manera activa en los escenarios.

Entre esos episodios se destaca su incorporación en 1938 al grupo criollo de charros cantores Los Queretanos, con quienes permaneció activo hasta 1947 y que gracias a esta membresía dio además una probada al éxito popular de la música mexicana. En 1940 realizó una larga gira por todo el borde Pacífico a bordo del barco mexicano Durango, hasta alcanzar la costa mexicana y presentarse en diversos escenarios locales o emisoras radiales vestidos de charros. Atria era apenas mayor de edad. Los Queretanos obtuvieron el premio del mejor grupo de música mexicana otorgado por el programa “Radiomanía” en 1943 y la revista Ecran los comparó en resonancia popular con los mismos Quincheros y Los Provincianos. Poco después el cuarteto grababa para RCA Victor los corridos “¡Ay Jalisco no te rajes!” (Manuel Esperón) y “Así se quiere en Jalisco” (Ernesto Cortázar).

La consentida y los festivales
Los años ’50 encuentran a Jaime Atria alternando sus actividades como compositor de música de raíz folclórica y regional con trabajos profesionales como relacionador público. En 1948 entrega a Raúl Videla la primera de sus tres canciones trascendentales, el bolero “Noche callada”. (“Sabes / que ya no importa más / aquel cariño inmenso que te dí / que ya no vale nada / mi pena y mi sufrir / que ni recuerdos quedan de este amor / que en mis noches calladas a tu alma entregué / y ahora en silencio, después que te has ido, triste lloraré’’). Una década más tarde sería grabada nuevamente por Los Huasos Quincheros en compañía del pianista Valentín Trujillo. Luego de tres décadas sería elegida como uno de los boleros más importantes de la música latinoamericana de todos los tiempos (en el concurso “ La Gran Canción”). Y cinco décadas después comenzaría a ser grabada por un generaciones nuevas de intérpretes, como Luis Jara, Ema Pinto o María Jimena Pereyra.

Pero fue en 1961 cuando llega la gloria absoluta para el compositor con la segunda de sus canciones clave. El Festival de Viña del Mar inauguró su competencia de raíz folclórica y Jaime Atria presentó “La consentida”, una de las primeras cuecas en tonos menores que se tenga registro (la comunidad cuequera ortodoxa no la acredita como cueca estructuralmente), escrita para sus cuatro hijas, aunque según se ha dicho en realidad estaba dedicada a la madre de ellas y su primera mujer, Alicia Rosselot (la canción habla de una sola consentida).

En una ocasión escuchó cantar su composición por un grupo regional, y en ese momento Atria comprendió que había perdido definitivamente la autoría de “La consentida”, una melodía que pasaba a ser parte patrimonial del folclor chileno. Fue grabada originalmente por Sylvia Infantas y los Cóndores en el LP Rosita de Cachapoal (1962), registrada luego por Los Huasos de Algarrobal, defendida nuevamente en Viña del Mar en una versión de etiqueta por Santiago 4 y designada como pieza oficial para la enseñanza escolar del baile de la cueca.

Atria continuó participando activamente en festivales de toda índole con sus gruesas carpetas de composiciones. Los logros más importantes ocurrieron en Viña del Mar, cuando ganó la competencia internacional de 1965 con la balada de coautoría con Marco Aurelio “Por creer en ti” (interpretada por Isabel Adams) y el tercer lugar de 1961 con el vals “Sí, sí, no, no” (Sylvia Infantas y los Cóndores). Fue finalista en 1962 con la canción “No sé llorar” y en 1963 con los boleros “En mi soledad” y “El beso de tu amor”. Participó además en festivales de la Canción Mundial (1962, “La carreta”, “Toda la noche” y “Cada noche contigo”), del Loa (1965, “Desde Calama hasta el mar”), de la Costa Azul (1967, “¿Por qué ríes y lloras”) y del Huaso de Olmué (1977, “La veredita de Olmué”, interpretada por Sergio Lillo).

La polémica por Violeta Parra
En 1970 escribió la que sería su tercera canción fundamental: la cueca “ La Violeta y la parra”, que fue preparada en 1971 para la competencia folclórica de Viña del Mar, en una versión grabada únicamente con guitarra criolla y aquella voz suya insuficiente para un intérprete solista. Cuando fue arreglada para Carlos Villadiego Barrios por la orquesta de Horacio Saavedra, con voces de apoyo realizadas por Gloria Benavides, Gloria Simonetti y Patricia García (de Frecuencia Mod), se convirtió en una pieza maestra, una cueca futurista con filas de bronces, cuerdas e implantes corales pop. Pero fue acusada de plagio y descalificada de la competencia por José Goles (entonces en el jurado del certamen).

Sus versos de cueca campesina explicitaban una gran admiración por Violeta Parra, folclorista que Atria jamás conoció en profundidad (“Y pa’ ser la más hermosa / cantando se vino, cantando se fue / Dios le dio voz y guitarra / cantando se vino, cantando se fue”). La trilogía de canciones populares estaba sellada: “Noche callada” (1948), “La consentida” (1961) y “ La Violeta y la parra” (1970).

Al final de sus días, Jaime Atria se mantenía cantando como solista en diversos locales tras haber escrito canciones para innumerables intérpretes en cincuenta años de composición (Los Cuatro Hermanos Silva, Ester Soré, Sonia y Myriam, Lucho Gatica, Pedro Messone, Los Cuatro Cuartos, Las Cuatro Brujas, Gloria Aguirre, Julio Zegers, María Inés Naveillán y Andrea Tessa, entre otros). En 1982 le fue detectado un cáncer que terminó con su vida el 13 de marzo de 1984. Su obra seguiría siendo interpretada y resguardada por sus únicos hijos dedicados a la música, Jaime Atria Rosselot (del grupo Causa y Efecto) y Magdalena Atria (del dúo pop Delisse), la última “consentida”.

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