1980
A sus 19 años, Pablo Herrera abrió con su primer disco la historia de uno de los solistas chilenos exitosos de la música local. Rubricado primero como trovador o cantautor, se movió en escenarios alternativos hasta comienzos de los años noventa, cuando por propia opción decidió acercarse a la balada y desvió su rumbo hacia nuevas audiencias y alcances. "Alto al fuego", "Entre dos paredes", "Tú eres mía" y "Amor, amor", son algunas de sus canciones ancladas en la memoria colectiva local de las últimas décadas.
Con la confianza ganada por su trabajo previo junto a Aparato Raro, el baterista Juan Ricardo Weiler y el guitarrista Boris Sazunic consiguieron en 1987 grabar para EMI el disco de su nuevo proyecto de pop de sintetizadores. Sin embargo, la salida de ese debut, Ciudad moderna, encontró un clima adverso para el pop chileno, y Pie Plano alcanzó sólo difusión discreta para los singles "Vendedores de la nada" y "Cantante pop". Su historia es tan rápida como breve.
No hay chileno que haya cantado con más desgarro el vals peruano y el bolero —haciéndose él mismo casi parte de cada drama relatado en esos versos— que Ramón Aguilera. Canciones suyas como "El día más hermoso", dedicado a las madres, y la temblorosa "Que me quemen tus ojos" son himnos de aquello que desde los años sesenta se identificó en Chile como «canción cebolla». En paralelo a sus trabajos como mecánico y por puro amor al canto, Aguilera se sumó desde joven a la tradición del bolero interpretado con guitarra acústica, marcado por un sonsonete vocal plañidero y con canciones plagadas de tristezas y tragedias. Fue ascendiendo así como un símbolo de la expresión popular, masiva y querida, aunque no justamente reflejada en difusión en medios ni en ventas, en parte por discriminaciones de clase y bobos complejos ante el sentimentalismo sin medidas.
Se llama Lucinda Gioconda Briceño Riquelme, pero es más conocida como Lucy Briceño a secas: una cantante porteña que inició su carrera en el baile antes de descubrir una vocación por el canto que la ha llevado a transformarse en un referente de la canción popular porteña, como integrante inicial de Los Paleteados del Puerto, solista y figura del elenco La Isla de la Fantasía. Costurera de oficio, Briceño ha llegado a ser la gran voz del canto tradicional en Valparaíso, un referente ineludible allí. En 2017, la U. Católica de Valparaíso editó el libro Historia de Lucy Briceño. La mujer en la música de la bohemia porteña, mientras que el Estado la reconoció en la categoría de Tesoro Humano Vivo. Y a los 90 años publicó su primerísimo disco propio: Sigo enamorada de la música (2021).
Margot Loyola es, junto a Violeta Parra, una de las dos grandes maestras del folclor chileno. Dedicada a la investigación y la enseñanza, contribuyó a renovar esa música al impulsar el trabajo de campo en los grupos de proyección folclórica de los años '50, difundió y estudió estas tradiciones en Europa y América y es la única folclorista que ha ganado el Premio Nacional de Arte, reconocimiento que recibió en 1994. Falleció en agosto de 2015, a la edad de 96 años, dejando un legado de estudios de campo, recopilación y canto de más ocho décadas. Desde 2016, cada 15 de septiembre, el día de su natalicio, se celebra el Día Nacional de la Cultura Tradicional y Popular Chilena.
Tras su regreso a Chile en 1993 después de un largo período de exilio impuesto a su familia, la cantante Cristina Gálvez apareció como uno de los nombres de la apartura y una figura en torno a la música en la que confluyen la inspiración latinoamericanista y los soportes jazzísticos. Su música de fusión y su presencia como intérprete de MPB la llevaron a abrirse paso en la escena con un especial vínculo con el Club de Jazz capitalino.
La enseñanza, el puente hacia las audiencias, la responsabilidad republicana y el vínculo entre compatriotas son baluartes que Fernando García considera parte de su ubicación como compositor. Se le ha considerado por eso «un músico cabal», destacado entre sus pares por la dimensión ciudadana de su obra. Premio Nacional de Artes Musicales 2002, su trabajo en la interpretación, la musicología, la composición y la docencia, ha cargado su extensa y diversificada obra de un contenido vinculado a su tiempo y a su país. Componer música ha sido para él una rutina sin pausa, desde sus tiempos de estudiante, más tarde en complemento con las labores universitarias, en medio de un exilio forzado y, pasados los 90 años de edad, en un ejercicio constante.
Son tan fuertes los rasgos de identidad de la cueca nacida en Valparaíso, que sus cultores han pasado a engrosar algo así como un subgénero, del cual Los Afuerinos son unos de los más poderosos representantes. El grupo fue pionero en una corriente que poco después se solidificó con conjuntos como Altamar, Los Palmeros y Los Paleteados del Puerto; y ha desarrollado su trabajo en una doble vertiente de interpretación e investigación.
León Schidlowsky es uno de los mayores nombres en el panorama de la música contemporánea del siglo XX y se le considera uno de los promotores del vanguardismo en Chile, a través de sus trabajos en el campo del serialismo, la atonalidad, el aleatorismo y la notación gráfica, que llevó a nuevas dimensiones. Compositor y pintor chileno-israelí, es autor de un catálogo de cerca de 300 obras, siempre muy diversas, que considera material para orquestas, conjuntos de cámara, coros, solistas, piano y gráfica-multimedia. Sus piezas han sido estrenadas e interpretadas en diversos países y ha recibido becas y premios en Chile, Israel, Alemania, Italia, Venezuela e Inglaterra. En 2014 León Schidlowsky obtuvo el Premio Nacional de Arte.
El éxito de los boleros grabados por artistas chilenos durante los años '50 tiene a dos primeras figuras en los nombres de este cantante y de Lucho Gatica, y es en sí misma una época dorada en la música popular del siglo veinte. Pero así y todo es sólo un comienzo para la trayectoria de Antonio Prieto, un hombre que desde entonces supo multiplicar su alcance más allá de bolero, como cantante de baladas y otras canciones populares, como actor de cine internacional y figura de la televisión de su tiempo, en una carrera que además fue reconocida y exitosa en países como Argentina, México, Brasil y España, y que lo transforma por añadidura en un adelantado para la estirpe de las figuras de exportación en la música popular chilena.
Heredera de una tradición musical y familiar a la vez, María Esther Zamora es una de las hijas del folclorista Segundo Zamora, autor de las cuecas "Adiós Santiago querido" (1942), "Mándame a quitar la vida" (1948) y "El marinero" (1950), entre muchas otras, y como cantante popular y folclórica ha sido constante animadora de escenarios chilenos ligados al folclor. Intérprete de cuecas, tonadas, tangos, boleros, chachachás, valses y otros ritmos populares, es en dupla con el músico y cantor Pepe Fuentes que protagonizó por décadas una de las parejas más activas de la escena y alcanzó gran impacto en el medio con la Casa de la Cueca, espacio que ellos habitaron como residencia en avenida Matta y que ha sido centro de divulgación de folclor. Desde 1996 ambos acompañron además a Álvaro Henríquez, en instancias como el festival sambernardino "Abril, cuecas mil" y las anuales versiones de La Yein Fonda, y figuran de hecho en los discos La Yein Fonda (1996) y La Yein Fonda II (2001), grabados en vivo en esas fiestas dieciocheras.
Una voz profunda y con matices, ideal para la interpretación de la canción de raíz folclórica más sentimental, distinguió a Ginette Acevedo desde los años sesenta, cuando inscribió su estilo en una exitosa apuesta por proyectar la raíz folclórica sudamericana a las grandes audiencias. Su nombre se extendió entonces por Argentina, Perú, Venezuela y México antes de que la intérprete cumpliera los 30 años de edad, y en una internacionalización excepcional incluso para los estándares actuales. Desde entonces se ha mantenida activa, sobre todo en espectáculos en vivo. Títulos como "La torcacita" y "Mujer en el tiempo" confirman su huella en la música chilena.
Investigador, intérprete y divulgador de la cultura mapuche, Lautaro Manquilef dedicó gran parte de su vida a la labor en torno a ese pueblo, aunque su trayecto musical se cruzó también con otras ramas del canto. Decía que dar a conocer los fundamentos de la cultura mapuche era «sostener nuestra raíz formadora de la identidad del ser chileno». En ese esfuerzo grabó discos, compuso canciones, fundó conjuntos, dictó charlas y recorrió infinidad de colegios de nuestro país.
Compositora, cantante y poeta, Tita Munita nació en Santiago y es hija de la también poeta Marta Zañartu. Luego de cursar dos años de arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso optó por un cambio, y continuó estudios en la Escuela Moderna de Música (guitarra), la escuela Antilhue y el Taller 666 (teoría), histórico reducto de resistencia cultural en los primeros años de dictadura. Ha alternado la docencia de la música con la conducción de talleres de guitarra, el trabajo solista y la participación en el conjunto musical para niños Agualuna.
Anfitrión por naturaleza además de cantor, Benito Núñez Zárate es el dueño de casa en La Isla de la Fantasía, el elenco de cantores y músicos porteños que funciona desde los años '80 en su casa empinada en el cerro San Juan de Dios, en Valparaíso, y que ha dado al público tres discos grabados entre 2001 y 2009. Crecido bajo el influjo musical popular del puerto, Benito Núñez se presentó en lugares legendarios como el Nunca Se Supo y también actuó en Santiago a comienzos de los años '50, junto al guitarrista Humberto Campos y en la Radio del Pacífico. Figura aglutinadora de La Isla de la Fantasía, Benito Núñez ha grabado cuecas y valses en los discos del conjunto, entre ellos la sentida versión para el vals "El mirlo" que hay en el segundo disco del elenco, A cueca limpia (2007).
Su inolvidable nombre, persistente autogestión y avanzado espíritu subversivo convirtieron a Pinochet Boys en una de las bandas más importantes del punk chileno —según muchos, la primera de todas—, pese a su corta vida y a que por décadas no existió registro alguno de su trabajo. El grupo mantuvo siempre una misma formación, y decidió su separación durante un viaje a Brasil. Todos sus integrantes se destacaron luego en diversos proyectos musicales en Chile y el extranjero. Pinochet Boys es ineludible en la revisión de los márgenes de la cultura santiaguina bajo dictadura; un logro que la banda jamás llegó siquiera a imaginar.
Pentagram fue un grupo pionero del metal en Sudamérica. Hasta hoy se la considera una de las bandas de death-metal más importantes e influyentes del underground mundial, siendo reconocidos por grupos como Entombed, At The Gates, Carcass, Dismember y Napalm Death (que incluso versionó un tema de la banda). De vida corta, su existencia fue un soporte para la prolífica escena metalera chilena de los años 90.
Mitos, rumores y vagos recuerdos subsisten en el relato sobre Malalche, banda activa desde fines de los años '70 con una formación combinada entre músicos profesionales y aficionados, nunca identificados con sus nombres, y que por opción conjunta no llegaron a presentarse en vivo. El título elegido para su única publicación, el cassette Cahuineando, es representativo de su hábito creativo: un hacer doméstico y «enfiestado», sin ambiciones materiales; que ante las circunstancias de un país en dictadura aparecía como un refugio para «gente acorralada». Malalche definió un territorio sonoro propio que con el tiempo ha ido siendo cada vez más valorado, y que retrospectivamente sólo parece guardar algún tipo de ligazón con lo que en esa misma época y hasta bien entrados los '90 hacían sus amigos de la Agrupación Ciudadanos.
Ariel Rómulo Aguirre Montaldo, mucho más conocido solo como Yelo, es un baterista de jazz que cruzó las décadas en el oficio musical y llegó a ser considerado un referente jazzístico en la Quinta Región. Con un estilo percusivo elegante y de gran swing, apareció como adolescente a fines de los años '60 en Viña del Mar y Valparaíso, sobre todo junto a su hermano mayor, el trompetista Pablo Aguirre. Pintor y músico, mantuvo un perfil bajo pero llegó a ejercer una influencia importante entre los músicos de ese eje territorial, cruzando generaciones y proyectos.
Intérprete, compositor y profesor de educación musical, Lincoyán Francisco Berríos González emprendió a mediados de los años '80 un recorrido por conjuntos como Callejón, La Vía, Kimantú, Apus Jazz Bank y Mangüé, en los que se ha dedicado a la fusión de la música latinoamericana desde un vértice jazzístico y popular. Su trabajo más importante es La canción del roble blanco (2001), una obra en cuatro partes inspirada en la pérdida y el legado de su padre, y que es al mismo tiempo un tributo a los detenidos desaparecidos de la dictadura de Pinochet.