Pop
Diversa por definición, la música pop apela sobre todo a un vínculo con el oyente, por sobre un tipo de sonido o un estilo. Pop como abreviatura de "popular", esta música tiene como pocas un objetivo, el de generar identificación con la audiencia por medio de ritmos contagiosos, melodías recordables y composiciones de duración ajustada a los estándares de difusión de medios como la radio y la TV y, sobre todo, a los requerimientos de una industria que necesita vender canciones a ese gran público. Como tal, se puede dar con eficacia en los más diversos campos. La Nueva Ola de los años '60 es una de las primeras manifestaciones generacionales de música pop chilena, y desde entonces han continuado en esa senda baladistas y cantantes popularizados por la televisión así como diversos músicos y productores que han aplicado los sonidos del rock o las bases electrónicas a esta música.
La amistad y diversos proyectos profesionales mantenían cerca a la cantante Javiera Parra, la chelista Ángela Acuña y el guitarrista Cristián López cuando hacia 20007 decidieron encauzar esa sintonía en un proyecto musical más ordenado. Para López y Parra, Malabia fue la banda paralela a su trabajo de entonces en Javiera & Los Imposibles, mientras que Acuña ordenó ahí una vocación pop diferente a la mostrada por ella en la composición de música incidental para teatro y televisión. Su único disco, Malabia, apareció en 2008, y Javiera Parra lo definió como el conjunto de «canciones bien diversas, algunas con sonido más rockero, otras electroacústicas, hay harta mezcla des chelos, vientos, bases programadas. Es un trabajo bien interesante y libre». Los tres integrantes se alternaban funciones dentro de la banda, que en septiembre de 2009 ofreció su primera presentación extranjera durante un viaje a Panamá.
El abrazo al pop más luminoso, bailable y gozoso guía a Giovanni Gellona en su trabajo musical. «No soy un músico docto ni estoy al nivel de los nuevos consagrados en la música nacional. Me siento más atraído por la genialidad de Cecilia Pantoja, la pelvis de Juan Antonio Labra y la energía de Raffaella Carrá», admite el cantante sobre su pauta de influencias y el alcance de sus canciones.
Formada como adolescente rapera, improvisadora y grafitera, Josefina Cáceres ha construido una música propia que se surte de los beats y las rimas del hip-hop pero que en su evolución alcanza transformaciones mayores y se sitúa en el trap, el reguetón, el pop urbano latino, toques de música flamenca e incluso cruces hacia la cumbia, a través de trabajos con nombres como Santa Feria. Con su pseudónimo musical de Sirena DLR —donde la sigla significa "de la rima"—, en 2019 lanzó sus primeras canciones, "Don’t wait more" y "Paso firme", que tuvieron alta presencia en plataformas de escucha. Luego se instaló en la escena urbana de la pospandemia, mostrando colaboraciones con Loyaltty, Aura Bae o el colombiano C. Flee. En 2025 debutó con el EP Ala5, producido por Dbs y donde ella también cantó "Secreto de luna", a dúo con Denise Rosenthal.
La intensidad de un pop rítmico y colorido, hecho para la pista de baile, ha marcado la primera aproximación de Pilar Aragón en la música, una solista que apareció en la escena a los 22 años con canciones de estética discoteque como "Sensacional", la evidente demostración de su atrevimiento e ímpetu juveniles. Nacida en Cuba de padres chilenos y residente en Chile desde sus diez años, la cantante y autora fue alumna del colegio artístico Leonardo Da Vinci. También cuenta con estudios de piano y danza. Ello le dio herramientas tanto para la composición de canciones como para la puesta en escena de sus primeros conciertos. Inspirada en figuras del pop, el R&B y la música dance de su época, como Bruno Mars, Jessie J, Beyonce o Joss Stone, además de una influencia de las chilenas Mamma Soul, Aragón desarrolló así su propuesta musical. Su álbum debut, Sígueme el rumbo (2015), fue producido por Pablo Stipicic y Nicolás Alba y allí desplegó canciones pop como "Hasta saber quién eres", "Sígueme el rumbo", "Parece ficción" y la misma "Sensacional", además de baladas como "Creo".
Aprovechar al máximo la vida y estar enviciado con ella es la traducción del nombre de Biovicio, un cuarteto santiaguino nacido a fines de los años noventa y que legó sólo un disco en sus seis años de recorrido. Con influencias de bandas como Alice in Chains, Stone Temple Pilots o Blind Melon, asociadas a la popular oleada grunge y alternativa de esa época, el grupo fue al mismo tiempo cercano a músicos como Elso Tumbay y Michu.
Cantante y actriz, Valeria Cox apareció en pantallas durante la última temporada al aire de popular programa televisivo "Rojo, fama contrafama", que dominó las audiencias juveniles hasta 2008 (ese año triunfó Carolina Mestrovic). Allí hizo sus primeras armas como cantante romántica y aspirante a estrella latina. Más tarde se trasladó a México para estudiar teatro en la Unam de Ciudad de México y así extender sus estudios en artes escénicas que inició en Santiago. En 2011 participó en el concurso de talentos "La academia", realizado en ese país, donde fue conocida por su pila, siemplemente Valeria. De esta manera, la chilena engrosó un listado de cantantes nacionales que actuaron en certámenes internacionales, como Loretto Canales, Francisca Silva, Licetty Alfaro, Karen Olivier, Gabriel Suárez, Miguel Garcés y Rubén Álvarez, entre otros.
El hardcore punk que nace en las esquinas de altos bloques de concreto y entre el ruido de autos manejados con violencia no siempre está más expuesto que el que llega desde la periferia de la urbe caótica. La prueba es S.I.A. (Sin Instrumento Alguno), una banda oriunda de Paine, en la provincia de Maipo, que desde 1998 viene llenando la cartelera nacional de conciertos y viajando región por región para tocar con persistencia.
Aleste fue un grupo de estampa rockera pero innegable sonido pop. En los años noventa, la banda protagonizó un auténtico fenómeno de masas al editar el disco Rastros (1993), cuyo primer single, “Hay un límite”, les granjeó una popularidad que les permitió recorrer Chile, Ecuador y Perú, y dejó su recuerdo instalado por más de una década gracias a su adherente estribillo. El conjunto está asociado a un momento puntual de la música chilena y de su industria (antes de internet, de la autogestión y la cuarta ola feminista), pero en 2019 rearticuló sus piezas originales para presentar un nuevo disco.
Antes de convertirse en uno de los escasos ejemplares del jazz vocal masculino sobre el final de la década de los 2000, Juan Pablo Rivera hizo una larga carrera como bajista eléctrico. De hecho fue uno de los más jóvenes exponentes del jazz en los años '90 (junto a Felipe Chacón en sus inicios y a Christian Gálvez). Sólo un cambio de ruta radical lo transformó en intérprete de swing una vez que descubrió otras propiedades musicales durante sus largas estadas en Norteamérica como estudiante y músico. Así se ubicó en un mapa de voces dominado por mujeres y con la sola presencia del barítono Rodrigo González como jazz singer.
La música de Violeta es puro pop. No podía ser de otra manera, si su música ha surgido casi completamente de Liverpool donde ha vivido por una década especializándose en Estudios de Música Popular. Violeta asistía a las fiestas organizadas por Hive Collective en esa ciudad, donde se montaban shows de electrónica con DJs locales.
María Magdalena Valdivieso es María Magdalena, figura de un pop contemporáneo que cruza la electrónica, la canción bailable y la reutilización de los teclados y las guitarras eléctricas. Se inició como solista en 2011 con un proyecto que también incopora el diseño gráfico y el diseño escénico, y que ha transformado la música y el sonido en una experiencia visual. Debutó con el disco María Magdalena (2012), trabajo producido por Miopec y que tuvo canciones como "Dulcera" y "María bonita"; y pronto contratacó con CVMC (2013), producido esta vez por Pol Infante (Efectos Espaciales, Compiuters), con singles como “Cada vez más cerca” y “Niñas hardcore”. Ha actuado en Lollapalooza y ha realizado giras por Sudamérica y Estados Unidos.
Desde la atmósfera sadcore del canto con guitarra hacia un pop construido con banda, instrumentos, máquinas y electrónica, Nando García se instaló en la escena de los solistas contemporáneos empujados a la creación de música por la pandemia del covid-19. De hecho, hasta antes del acontecimiento sanitario, había tenido presencia como integrante de los grupos de (Me llamo) Sebastián y Fármacos. Nando García comparte una escena de cantautores en la que se pueden identificar los nombres de Nico Carreño, Martina Lluvias, Simón Campusano, Idea Blanco, Laurela o Clara Löffel. Sus canciones tienen una carga existencialista, como breves párrafos de una autobiografía en estado de avance, y hablan de las enajenaciones en la era digital, que es su época, junto con la inseguridad, el miedo, el fracaso, la homosexualidad, el amor destruido y también la muerte.
Inicialmente conocida como figura en el programa juvenil “Mekano” (Mega), Catalina Palacios sobrepasó esas fronteras de la tarde bailable para convertirse luego en rostro de la estación privada. Pero a su primer perfil de bailarina, la «chica angelical», como la llamó la prensa, pasó a ser animadora, actriz y finalmente una cantante audaz. Incursionó en el pop y la balada, mostrando arrojo en las canciones bailables y puesta en escena, y utilizando el nombre de Kata Palacios.
Es inevitable citar a Stereo 3 como la respuesta masculina a Supernova. También un trío vocal de jovenes debutantes, el conjunto contó con la misma dupla de composición y producción que había conceptualizado al exitoso grupo de "Maldito amor" (la de Cristián Heyne y Koko Stambuk). Como el suyo, el de Stereo 3 fue un chispazo de éxito, pero que dejó al menos dos temas en el recuerdo colectivo y un solo disco para el recuerdo.
"Música electrónica en español y formato canción", es como define Teresita Cabeza el estilo musical de su camino solista, que arrancó a fines del año 2015, luego de que su anterior banda, Galatea, descendiera en actividad ante las múltiples ocupaciones de sus músicos. Testa es el nombre que adoptó la cantante, la voz en italiano para decir Cabeza, su apellido. Con ese alias entonces compuso en solitario una serie de canciones en el estilo dance, que fue mostrando en pequeños escenarios de Chile y México. En 2018 ampliaría ese espectro pop con un segundo disco, titulado Simbiosis.
Muchas veces aportó canciones el periodista y realizador audiovisual Álvaro Díaz a proyectos con nombres de banda o a discos de amigos músicos. Y cuando se decidió a debutar con su propio cancionero en disco tampoco quiso ocupar su propio nombre, sino resguardarse en un seudónimo literario (Benito Cereno es una novela del estadounidense Herman Melville), como separando aguas entre sus muchas actividades y proyectos creativos.
El que fue el trompetista estable del grupo Feria ha sido mucho más que un músico de sección de bronces. En efecto, gran parte de su etapa formativa la desarrolló practicando grooves adjuntos a una banda pop. Pero su perfil de improvisador jazzístico lo orientó en definitiva hacia otros ámbitos justo en una época de revitalización de las trompetas (que en relación a los saxofones, habían sido siempre muy escasas).
Natalia Vásquez es Mora Lucay, cantautora porteña que comenzó a aparecer a mediados de los 2010 en un proyecto pop reunido primero como dúo y luego como cuarteto en Valparaíso que se dio a conocer con ese nombre. Su música ha articulado distintas influencias y vertientes, desde una aproximación a la trova latinoamericana hasta la saya y la cumbia en un aspecto más festivo. La mezcla fue definida en sus primeros tiempos como "dramatic pachanga", debido a sus canciones de corte dramático pero al mismo tiempo bailables y coloridas.
May Villalobos es una cantante de la generación Z, iniciada en la composición desde los 15 años, cuyas canciones ciento por ciento pop debieron bregar en un contexto dominado por la música urbana y sus figuras a inicios de la década de 2020. Con referentes que van desde el k-pop y estrellas globales como Ariana Grande, Billie Eilish y Chappell Roan hasta chilenas como Supernova, Denise Rosenthal, Princesa Alba, Soulfía o Shirel, May Villalobos presentó una serie de canciones desde distintos ángulos del pop que reflejaban su historia personal, los difíciles años escolares, la búsqueda de una identidad, la exploración de la sexualidad, el amor y el trauma de dejar atrás la niñez y la adolescencia. Producido por Francisco Victoria, el material de su primera época, a partir de 2020, incluyó "Digan lo que digan", "En otra vida", "Perdonar" y "Papel", que cantó junto a Karla Grunewaldt. Más adelante May Villalobos publicó sus primeros discos EP como si se tratara de capítulos de su biografía, entendida como estaciones de un año. Primero, Lo que el invierno me dejó (2023), con canciones centrales como "Huir" y "Cómo vuelvo"; Alergia (2024), que apareció como un florecimiento primaveral en su vida y que estrenó canciones de alta escucha como "1, 2, 3", y Te esperé mil otoños (2025), que contó con la participación de Dindi Jane en "Pobre niño".
Entre la tradición del R&B y las corrientes de la música urbana de su tiempo, la viñamarina Paula Mena-Campbell inició un recorrido en el pop con el nombre artístico de Esteza, luego de participar en el programa de talentos "The voice", en 2016, donde llamó la atención por su interpretación de "Almost is never enough", de Ariana Grande. Formada en el canto gospel y también en el canto jazzístico, al año siguiente de su experiencia televisiva dio paso a un trabajo autoral con un EP de título decisivo: Esteza has born. Sin embargo su nombre adquirió mayor resonancia tras grabar la canción "Remember", junto al rapero Ceaese, incluida luego en su disco Bindi love (2020).