Música experimental
La música experimental describe las manifestaciones que están detrás de los bastidores y cuyo gesto estético trasciende más allá de los modelos de una música convencional y comercial. En un permanente desafío a las normas de creación comunes, las variantes de la música experimental se multiplican y avanzan en distintas direcciones: desde la composición docta contemporánea y los experimentos en laboratorios de sonido, hasta la improvisación libre, el ruidismo, el jazz vanguardista y la creación a través de cintas magnetofónicas y de soportes digitales, sin omitir la diversidad del arte sonoro o, simplemente, la música creada con las armas tradicionales del rock.
Mambotaxi nació en 1998 como un proyecto circunstancial, luego de que el músico y arquitecto Philippe Boisier recibiera el encargo de musicalizar un cortometraje independiente (Ese olor). El tecladista desarrolló la banda sonora junto al chileno Juan Guillermo Dumay, integrante de Pánico al igual que Boisier, y el DJ inglés Graham Wakefield, entonces de paso por Chile. La banda fue reconocida como un exponente local del posrock y en su música combinó ideas próximas al ambient, el free jazz y los sonidos análogos.
Julio Denis es uno de los más bateristas más modernos del jazz de la década de 2000 y evidentemente uno de los aventajados seguidores del concepto de percusión desarrollada por el baterista Andy Baeza. Junto a Arturo Salinas y Nicolás Ríos, Julio Denis impuso también su presencia entre los solistas adiestrados por Baeza y que luego aprovecharon los espacios musicales integrando series de proyectos, ensambles, pequeñas orquestas y conjuntos de club. Denis ha sido sideman de los guitarristas Gabriel Feller, Jordi Adriazolla y Gastón Apablaza, la contrabajista Alejandra Santa Cruz, la cantante Paz Court e integrante de las orquestas creativas de Ramiro Molina y Esteban Sumar, además de integrar el trío de jazz-funk y música electrónica El Bueno, el Malo y el Feller.
La historia del grupo de rock experimental y progresivo Ábrete Gandul aparece dividida en dos etapas definidas por su estética musical que hacen pensar en la puesta en marcha de dos bandas distintas que operaron bajo el mismo nombre.
La Neura es uno de los escasos representantes en Chile de la cruza musical entre punk y el llamado rock in opposition (cuyos ensayos previos a nivel europeo desarrollaron bandas referenciales como This Heat, Aksak Maboul o Etron fou Leloublan, desde fines de los ‘70). La Neura se ubicó en aquel intenso terreno del caos controlado y el orden complejo no descifrable en la escucha fácil y superficial. Pero su presencia fue demasiado underground —incluso para el underground— durante la década de 1990 como para resonar con la contundencia de otro grupo pariente: Akinetón Retard.
Contrabajista, compositora, improvisadora y experimentadora en varios frentes musicales, Amanda Irarrázabal ha sido un nombre de la música experimental, desde su formación como intérprete clásica, el jazz contemporáneo y la improvisación libre, hasta la autoría de canciones que plantean una discusión acerca de lo que convencionalmente se entiende por canción. Dicha propuesta quedó establecida en el tal vez más autoral de todos sus trabajos, un álbum grabado en México con el título de Caudal (2020). Antes de ello, desde luego, Amanda Irarrázabal dejó registrados una serie de discos colaborativos, sobre todo de improvisaciones con solistas en Europa, Sudamérica y mayormente Estados Unidos.
No sólo su nombre y presencia frente al micrófono del grupo experimental, rockero y subversivo Fulano marcó una línea de música en dictadura. También fue el enfoque vanguardista que Arlette Jequier le dio al canto popular el que instauró toda una escuela musical desde el underground. Ocurrió desde mediados de los ‘80, cuando el sexteto apareció por primera vez en universidades y subterráneos con esta joven cantante, y también en las décadas posteriores cuando dos generaciones de voces femeninas encontraron en Jequier un sello musical y una inspiración absoluta. Independizada después de 30 años, Jequier abrió otra rama del canto cuando inició su camino solista con una propuesta que ella definió como "la música de lo impermanente", representada en las canciones de su primer disco, Aire (2018).
Experimentaciones acústicas, improvisaciones rítmicas, paisajismos sonoros y artes mixtas describen el trabajo de esta compositora que completó una formación docta en Francia tras su experiencia inicial en Chile, como cantante cercana a influencias que fueron desde el pop y el folk hasta el jazz. Renata Anaya (conocida también como Renata Carrasco) dio un giro radical en su aproximación a la música cuando regresó a Chile, ya convertida en compositora de una avanzada música electroacústica autoral, que dio curso a través de distintos proyectos, tanto solistas como colectivos.
Cellista, compositor, improvisador, pero ante todo un músico experimental, desde Francia y desde España Matías Riquelme ha sido cultor de una música moderna y subterránea, llevada a cabo en solitario pero también a través de distintos ensambles que ha dirigido, como Cellp, proyecto que abordó el jazz, la electrónica, el rock, la música docta y la música improvisada en diversas dimensiones.
El guitarrista Alberto Cumplido fundó Quarto Mundo en Barcelona en 1984. Un proyecto de ensamble de cámara —de intermitencia entre actividad y silencio— ideado como una vía de acceso y proyección de cierta música de su catálogo que no estaba escrita para guitarra solista, duetos (con el percusionista Ricardo Vivanco) o tríos de jazz contemporáneo.
Uno de los grupos experimentales más libres y abiertos dentro la naciente escena de los 2000 fue Yonhosago. No por nada fue llamado por la crítica especializada como "la gran promesa del rock de vanguardia" hacia 2002, en una época en que llegó a ocupar espacios junto con Akinetón Retard, como propuesta de rock de guitarras, improvisación libre y música de cámara contemporánea.
La ortografía del ensamble ojO no está equivocada. Se escribe y se lee al revés, con minúsculas primero y mayúscula al final. Nació a principios de siglo como una instancia de liberación a través del sonido para tres integrantes de las bandas hardcore Marcel Duchamp y diAblo, pero con el tiempo se amplió hasta convertirse en un colectivo, donde rotan miembros de Fracaso, Antitrust o Colectivo NO. ojO es el gesto por sobre el resultado, como reconocen en su declaración de principios “no sabemos nada de música y no nos interesa”. Es en la inexactitud e imprecisión donde, según ellos, «surge el yo interno, innato, no estereotipado de ninguna manera y fluye la empatía melódica, rítmica o disonante».
Yadak es un nombre ficticio, aunque bien podría ser el de un personaje en una película de ciencia ficción. La artista visual y lumínica Andrea Gana ha realizado investigaciones en este género cinematográfico desde el área de la Estética, que como consecuencia directa transfirió a sus proyectos creativos desde la luz y desde el sonido. En ellos se puede advertir ese ambiente irreal de lo que se entiende como ciencia ficción. Conocida sobre todo como integrante del colectivo Delight Lab, desde 2018 comenzó a realizar experimentaciones en la electrónica de escucha, apreciación y reflexión, siempre en el cruce con otras disciplinas artísticas, como el video, la danza o la performance.
El cruce entre una formación particular como instrumentista, de compositor en academias y la colaboración con músicos pop encauza el particular camino creativo del cantautor Juan Pablo Abalo, quien diversifica su trabajo entre proyectos solistas —para disco y escenario—, la asociación con otros autores e intérpretes y también algunos años como comentarista musical para medios. Es una vocación amplia y diversificada, que el autor aborda sin ansiedad: «He pasado por muchas músicas, y modos de pensarla, y gustos y convicciones», explica. «Es un proceso legítimamente lento, pero enfrentado a un modo de escucha. En ese desfase, lo difícil es encontrar la voz propia».
El sentido del riesgo es la característica distintiva de la cantante, autora y compositora Camila Moreno, expresada en un acercamiento personal a los sonidos acústicos, a la electricidad del rock y la producción electrónica. Ha conseguido difusión internacional, buscando un vínculo entre su cantautoría y procesos sociales más amplios, situándose entre las voces destacadas de una generación de cantantes chilenos que comparten una inclinación a la raíz folclórica por instinto y un canto personal y testimonial al mismo tiempo.
Un poeta-músico o un músico-poeta es Mauricio Redolés dentro del arte contemporáneo chileno, dependiendo de a quién se le pregunte o qué formato se privilegie en el análisis. Hay libros y discos en el trayecto profesional de este hombre que ha pasado gran parte de su vida como vecino del capitalino barrio Yungay, aunque también canciones que se cruzan con poemas (y al revés) y que quizás sea mejor no clasificar del todo. El propio Redolés se ha definido, sencillamente, como «un poeta que tiene una gran admiración por el rock», y desde esa cruza ha inscrito observaciones inolvidables y agudas sobre la cultura popular chilena, de un caracter autoral distinguible y hasta ahora incisivo.
Cristián Heyne se ocupaba como bajista y parcial compositor en el trío Christianes cuando comenzó a trabajar paralelamente junto a Shogún; inicialmente un dúo, también con Jaime Laso. Con el tiempo, Shogún se convertiría no sólo en su principal cauce creativo, sino también en su proyecto individual, con lanzamientos y presentaciones intermitentes a lo largo de más de dos décadas. Aunque mantiene su nombre de grupo y suele incorporar a algunos colaboradores, Shogún debe verse como un vehículo comandado únicamente por Heyne, quien ha ido granjeándose en paralelo gran prestigio como productor pop. Aunque cotizada, la discografía de Shogún es en extremo esquiva, y, a estas alturas, casi sólo puede encontrarse como descarga digital.
Como Cuchufleta Punk y Cuchufleta (a secas) trabajó durante su historia esta banda liderada por el compositor Gregorio Fontén un sonido peculiar, inspirado en el rock, la improvisación y la raíz folclórica. Tres ex integrantes de Chupilca del Diablo –Gregorio Fontén, el trompetista Hernán Fontaine y el baterista Joaquín Subercaseaux– se integraron a la creación de un repertorio de canciones libres, sin convencionalismos, con un evidente e intencional descuido. Esos experimentos a puertas cerradas no tardaron en ordenarse en los discos Cuchufleta Punk (2004) y Lencería fina (2005). Para su tercera publicación, el grupo tuvo la asesoría en producción de Eduardo Lira (de Elso Tumbay) y la participación de Eduardo Parra, tecladista histórico de Los Jaivas.
Mitos, rumores y vagos recuerdos subsisten en el relato sobre Malalche, banda activa desde fines de los años 70 con una formación combinada entre músicos profesionales y aficionados, nunca identificados con sus nombres, y que por opción conjunta no llegaron a presentarse en vivo. El título elegido para su única publicación, el cassette Cahuineando, es representativo de su hábito creativo: un hacer doméstico y «enfiestado», sin ambiciones materiales; que ante las circunstancias de un país en dictadura aparecía como un refugio para «gente acorralada». Malalche definió un territorio sonoro propio que con el tiempo ha ido siendo cada vez más valorado, y que retrospectivamente sólo parece guardar algún tipo de ligazón con lo que en esa misma época y hasta bien entrados los 90 hacían sus amigos de la Agrupación Ciudadanos.
Electrónica, pop, sonidos precolombinos, música incidental, rock y jazz. Casi no hay género musical que Guillermo Cuti Aste no haya trabajado en algún momento, animando una carrera que destaca como una de las más versátiles de las últimas décadas en Chile. Ejecutante de diversos instrumentos, el penquista es también compositor y arreglador, y ha llevado su música a teatro, cine y televisión. En el año 2009 presentó su primer álbum solista, Estatuas de sal.
Formado por músicos de jazz, compositores de música contemporánea y exponentes de la improvisación, Nichunimu es un ensamble de libre pensamiento y propuesta, que explora las difusas líneas fronterizas entre el free jazz, el ruido, el minimalismo, el ritualismo y la corriente alemana del krautrock, que ha sido influencia de varias oleadas de músicos experimentales. Benjamín Vergara (trompeta), Nicolás Carrasco Díaz (sintetizador) y Matías Mardones (percusión), que han participado en la escena de las vanguardias desde la década de los 2000 (Yonhosago, LaKut, Normaldis, Cariñito 3, Ensamble Majamama, Dubitativos), integran este trío cuyo nombre hace referencia a aquello que deliberadamente no está del todo definido: "ni chu, ni mu", una expresión chilena para decir "ni lo uno, ni lo otro". Sus ideas se escuchan en el disco Un cacho de metal, un resto de vaivén (2022), que se grabó al día siguiente de su actuación en el Festival Relincha de Valdivia ese año y que fue editado por el sello de música experimental neoyorquino 577 Records.