Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
Se cuenta que Aránguiz adoptó el pseudónimo de Huaso porque vivió gran parte de su niñez en un burdel dirigido por una dama a la que se conocía por Huasa. Aránguiz se hizo a punta de días solitarios y noches ruidosas. Se inició en la trompeta en 1938, escuchando, como todos los músicos de la época, los solos de Armstrong a través de los viejos discos que lograba conseguir. Fue hombre de la orquesta de Lorenzo Da Acosta, pero tras renunciar a ella se volcó directamente hacia la improvisación jazzística caliente, el “hot jazz”. En 1941 puso en el escenario del salón Olimpia a uno de los más significativos conjuntos del hot jazz: Los Ases del Ritmo, en cuyas líneas estaban los mejores hombres de la época: Mario Escobar (saxo tenor), Woody Wolf (clarinete), Hernán Prado (piano), Raúl Salinas (guitarra), Iván Cazabón (contrabajo), Víctor Tuco Tapia (batería). En 1944 y 1945 fue músico de Los Ases Chilenos del Jazz y fue y volvió de múltiples agrupaciones hot hasta fichar en 1973 en los Santiago Stompers. Tocó con esta banda hasta 1978.
Una historia de múltiples variantes musicales instalan al tenorista Cristián Mendoza como un exponente muy particular en la escena del jazz chileno. Su doble militancia en las escuelas de Miguel Villafruela (música contemporánea) y Marcos Aldana (jazz moderno), le dieron una categoría única en técnica y lenguaje, transformándolo en definitiva en uno de los más fuertes, agresivos y arrolladores solistas del bop en los 2000.
Más de cincuenta años como guitarrista de oficio, estilos y diversidad dieron a Fernando Otárola la categoría de último sobreviviente de la bohemia musical capitalina. Es la era de los locales nocturnos del centro, las boites, los salones de baile, los auditorios radiales y los cancheos, animada por una generación de astros de la música popular a la que Otárola se sumó siendo un joven de diecinueve años. Su estatura musical alcanza los campos del tango, el bolero, la canción melódica, el swing y las orquestas populares, frentes que jamás abandonó.
Cultora de diversas formas de canción melódica e intérprete de jazz, Geraldine Thenoux tuvo sus primeras apariciones como parte de elencos de gypsy jazz como Golosa La Orquesta o el grupo Panchito Hot Club, que celebraba al maestro chileno de la guitarra manouche, Panchito Cabrera. En paralelo, la cantante ha desarrollado una propuesta de jazz vocal propia, liderando conjuntos sin batería con los que reproduce repertorios de standards americanos, clásicos de la chanson e ineludibles de la bossa nova.
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Cantante y autora, Daniela Vivar ha asimilado diversas influencias estilísticas como intérprete, con formación vocal y horas de vuelo en los escenarios. Formada en el canto gospel, además de canto jazzístico, siendo niña se incoporó a la Conchalí Big Band, primero como trombonista y luego como solista vocal. Alumna de canto de Marcela Mahaluf, Daniela Vivar proyectó ese conocimiento de los repertorios hacia una serie de conciertos programáticos de jazz, blues y bossa nova, interpretando canciones universales. Como cantautora desarrolló un repertorio de canción pop que se nutre de esas mismas influencias, gospel, soul, jazz y raíz latinoamericana, lo que derivó en su álbum debut, Canción para ella (2025). Allí se rodeó de músicos de jazz como sesionistas en una producción musical depurada y que contó con la colaboración de Gustavo Figueroa, cantante de Raiza, en su canción "Solo por un momento más".
Luego de la irrupción de modernos guitarristas como Ángel Parra y Pedro Rodríguez, el jazz chileno de la década de los '90 vería la aparición de una nueva oleada de estos solistas. Entre ellos destaca la tríada de guitarristas nacidos en 1974: Mauricio Rodríguez, Jorge Díaz y Roberto Dañobeitía. Este último se transformaría luego en uno de los más interesantes compositores de un nuevo y moderno repertorio jazzístico, modelado en un importante paso por Europa y consolidado en su trabajo para ensambles mayores, como Quintessence, o el noneto que más tarde reunió para dar sonido a su catálogo más avanzado de composiciones.
Pianista, compositor, arreglador, conductor de orquestas y productor discográfico, Francisco Aranda Reinoso es el ejemplar más joven entre los músicos que se iniciaron en conjuntos de la Nueva Ola y que luego se reconvirtieron en figuras autónomas como directores y productores. Es una camada de talentos en la pluma, la batuta y la gestión, que comienza en los años ’60 con gente como Juan Azúa, Toly Ramírez y Jorge Pedredros y deriva en Horacio Saavedra, Juan Salazar, Miguel Zabaleta y Pancho Aranda, nombre recurrente dentro del círculo del Festival de Viña del Mar y la industria televisiva de los años '80.
Patricio Chico es un guitarrista situado en el cruce entre el swing y el pop. Como lo hicieron otros solistas como el pianista César Ibacache o el tenorista Marcelo Moncada, aprovechó muy bien la residencia del músico y profesor Roberto Lecaros en Temuco desde 1997. Fue cuando el joven guitarrista se inició en el lenguaje jazzístico, a esa altura ya interesado en solistas de fusión como George Benson, Pat Metheny, Lee Ritenour y el argentino Luis Salinas. Chico realizó algunas colaboraciones con el bajista Jorge Campos, el baterista Pedro Greene y el compositor Leonardo Álvarez, además de musicalizar cortometrajes. En 2003 formó la banda Smooth Machine, con la que participó del circuito naciente del jazz temuquense, el paso lógico y previo a la edición de su primer álbum, Navijazz (2005), orientado directamente hacia el sonido smooth jazz.
Tres anteproyectos llamados Construcciones Ornetológicas, Dialéctica Negativa y Núcleo de Resistencia Estética dieron origen a este colectivo de improvisación y librepensamiento sonoro comandado por unos muy jóvenes hermanos Diego Manuschevich (saxo alto, saxo sopranino, flauta traversa y clarinete bajo) y Hugo Manuschevich (batería). Más que un grupo, un proyecto de música experimental, un punto de vista antinorma desde la plataforma jazzística que logró una fisonomía definitiva al promediar los 2000, cuando dejó su nombre de discurso político como Núcleo de Resistencia Estética (NRE) a uno definitivo de un nuevo discurso estético llamado Los Ogros del Swing.
El versátil saxofonista Raúl Gutiérrez es uno de músicos más prolíficos en el jazz chileno. Su historia, siempre escondida y lejana debido a su larga estadía fuera de nuestras fronteras, está asociada al latin jazz, la música afrocubana y la música tropical, además del liderazgo de una serie de big bands. Es el fundador y director de Irazú, proyecto que desde comienzos de la década de 1980 condujo en Alemania y que luego sustuvo en una larga permanencia entre Cuba y México desde la década de 2000. Bajo el cartel de Raúl Gutiérrez & his Cuban Big Band o bien como Raúl Gutiérrez y sus Estrellas Cubanas, el saxofonista, director y arreglador chileno abordó abundantes repertorios de música cubana, son, bolero, mambo, salsa neoyorquina y standards jazzísticos cubanizados en una serie imparable de álbumes publicados a partir de 2010.
Diestra cantante y pianista, compositora, autora de canciones, maestra de canto, académica universitaria, fonoaudióloga, solista y acompañante, la vida musical de Francisca Paquita Rivera ha transcurrido en diversos frentes del oficio. Desde inicios de los '90, marca presencias y participaciones en los campos de la bossa nova, el tango, el bolero, la canción romántica y folclórica, el pop y el jazz. Pero esa posición aparentemente secundaria quedó desplazada cuando en 2013 llegó a Fulano, tras la salida de Arlette Jequier.
Un experimento sin precedentes en la historia del jazz chileno condujo Gerhard Mornhinweg, un cornista clásico de la Universidad de Chile reconvertido en trompetista swing, cuando se decidió a diseñar y desarrollar en 1994 su proyecto educativo: la Conchalí Big Band. Un prototipo de la primera orquesta de jazz formada sólo por adolescentes, establecida Conchalí, una de las comunas más populares y con mayor índice de riesgo social.
Las músicas vernáculas diaguita y aymara, los bailes chinos de la fiesta de Andacollo, la guitarra traspuesta, el guitarrón chileno, y el jazz contemporáneo describen los frentes creativos de Orlando Sánchez, músico instalado en la escena de Coquimbo, y quien en 2012 hizo su estreno en el disco con una propuesta de mestizaje y manifiesto musical: Antijazz, grabado en directo desde el Observatorio Cruz del Sur, de Combarbalá.
A lo largo de la historia de la música popular chilena, la Retaguardia Jazz Band se adjudicó una emblemática posición de estandarte del jazz tradicionalista, sobrepasando largamente a la gran cantidad de conjuntos hot que surgieron a través del tiempo con la misma facilidad con que pronto desaparecieron. Manteniendo intacto su carácter de agrupación compuesta por músicos aficionados, este ensamble fundado en 1958 pasó a ser en sí misma una institución nacional a partir de la “preservación jazzística”, todo un concepto en Nueva Orleans, donde espacios como el antiquísimo club Preservation Hall y su banda se han encargado de perpetuar este clásico estilo.
Su aparición en las filas del ensamble del eminente compositor, director y arreglador estadounidense Jim McNeely, que en agosto de 2023 dio diez conciertos en el club Thelonious, marcaría el punto de partida en la historia del trompetista de jazz Cristián Aros. Seis meses después se estrenaba como líder de conjuntos, con 21 años, a través de un disco de nítida mirada revisionista de la era del hard bop: Ester (2024).
Marco Reyes es integrante de una familia de contrabajistas clásicos: su padre es el reconocido profesor José Miguel Reyes Roco y su hermano músico de la Orquesta Sinfónica de Chile José Miguel Reyes Salgado. Pero si bien el linaje musical se concentró en la música docta sinfónica, Marco Reyes cambió la norma y orientó su creatividad hacia el contrabajo jazzístico. En 1997 continuó en la ciudad de Graz sus estudios que había realizado antes en la Universidad Católica entre 1994 y 1995. A su regreso a Chile en 2009 se integró a la entonces muy nutrida escena de contrabajistas de jazz, que tuvo otros de esa generación: Nelson Arriagada, Rodrigo Galarce o Patricio Rocco, y los más jóvenes Pablo Menares, Alonso Durán, Pablo Vidal o Cristián Orellana.
Ankatu Alquinta —el hijo de Gato Alquinta— siempre fue músico, pero hasta fines de los '80 tenía otros planes en su vida. De hecho, fue estudiante de Ingeniería de la Universidad Católica, hasta que en 1991 se fue a vivir a Francia con su padre y se encontró directamente con el patrimonio y la comunidad de Los Jaivas. Un momento duro para la banda, que se recuperaba del duelo de la muerte de Gabriel Parra, ocurrida en 1988. En 1995, con ese aprendizaje, regresó a Chile, y junto a su hermano Eloy y otros amigos, formaron el grupo de rock fusión Huaika. El 2003 se integró a Los Jaivas, como guitarrista, en lugar de su padre, fallecido súbitamente ese año, y permaneció allí hasta el año 2013. En 2017 publicó el disco de canciones Dicen que, en paralelo a su trabajo en otros colectivos, como Chilatin Beats y su conjunto de jazz fusión, que él presentó como Alquintet.
Según apunta la historia de la música popular en Chile, el primer bajista eléctrico del jazz nacional fue este legendario músico peruano. Enrique Luna antes que Jorge Toscano Vidal, Ernesto Holman o Pablo Lecaros. Luna marcó la orientación con su particular operativa improvisacional sobre las cuatro cuerdas y, sobre todo, como pivote de un grupo de jazzistas modernos desde fines de los '60.
Saxofonista tenor principalmente, compositor y orquestador, el músico de origen argentino Alejandro Sánchez es parte de un capítulo de la historia del jazz chileno, sobre todo durante la década de 2010, cuando vivió en Chile, se vinculó a las escenas modernas de la música y terminó siendo decisivo a nivel editorial gracias a la puesta en marcha del sello discográfico Vértigo. Creado y gestionado por Sánchez, puso en circulación a una abundante cantidad de compositores de jazz pertenecientes a la generación de esa misma década.