Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
Después de la marca que definió la cantante norteamericana Danielle Gilson en Chile, la mayor continuadora en la interpretación de un antiguo repertorio de standards, baladas y canciones populares americanas del período clásico del jazz ha sido la actriz Bárbara Wilson, quien apareció en una escena poblada de jóvenes solistas vocales a fines de los años 2000. Egresada de Teatro de la Universidad de Chile se hizo cercana al pianista Giovanni Cultrera, quien la integró a las temporadas de jazz clásico en el subsuelo del Mesón Nerudiano, donde compartía con el saxofonista alto Alfredo Espinoza. Wilson tomó vuelo rápidamente en la consecución de una línea de estilo muy acentuada por sus histriónicas performances en vivo. Pronto apareció como cantante principal en conciertos de club, primero en Thelonious de Bellavista con otros maestros del swing, como el guitarrista Fernando Otárola, y luego en escenarios como el Club de Jazz, donde reclutó a músicos emergentes hacia 2009: Diego Riedemann (guitarra) o Edgardo Parraguez (piano).
José Luis Córdova Ballesteros es una de las leyendas del jazz chileno. Su figura representa el más importante referente dentro de la corriente denominada hot jazz, vale decir los preceptos del jazz en su más puro estado, asimilado por jóvenes músicos desde un lugar tan alejado como Chile. En esa observación, Córdova es un equivalente en peso específico a figuras pioneras como el director de big bands Pablo Garrido en el jazz melódico y el pianista Omar Nahuel en el jazz moderno. El baterista antofagastino fue además el mayor testigo de la historia del jazz, que protagonizó desde inicios de los años '40, como un generador de swing único, pero al mismo tiempo como su divulgador a través de la radio y la gestión cultural, como fundador del Club de Jazz de Santiago en 1943.
Como una joven promesa de la guitarra eléctrica en los comienzos de 1991, Mauricio Rodríguez traspasó rápidamente los territorios del blues-rock en que se desplazaba siendo miembro de La Banda del Capitán Corneta, para instalarse como uno de los guitarristas de jazz más activos y sobresalientes del período. Presente en la escena del jazz de la transición, Rodríguez fue parte de la generación que expandió esta música hacia una nueva época en la composición moderna y la autogestión discográfica, representada en uno de los trabajos pioneros en este ámbito: el disco Datriza, que produjo en 1998 con su primer conjunto como líder, Almendra Trío.
Guitarrista de jazz y rock, con participaciones en bandas como Los Armandos y Rey Choclo, además de colaborar con diversos nombres de las escenas del pop contemporáneo como la cantante y actriz Elvira López Alfonso, Camila Moreno, Juga di Prima, Patricio Cáceres y el grupo de poesía y rock González y Los Asistentes. Músico inquieto, también ha incursionado en los ambientes de la cueca urbana y de la bossa nova, en un dúo que mantuvo con la cantante Daniela Medel. Como músico de la escena jazzística de los años 2010 ha liderado un trío de clubes junto a Cristián Matas (contrabajo) y Carlos Nelidow (batería) y ha compartido sesiones con el tenorista Franz Mesko. En 2016 lanzó 18, disco solista de cinco canciones donde aparecieron como invitadas Natisú y el dúo Yorka.
La década de 1950 abrió sus puertas a una nueva generación de jazzistas. Los héroes del hot jazz de 1940 alineados bajo el llamado de Los Ases Chilenos del Jazz eran ya músicos profesionales. Desde los consagrados Luis Huaso Aránguiz (trompeta) y Mario Escobar (saxo tenor) hasta los más jóvenes, como el baterista Lucho Córdova. Entonces, el Club de Jazz capitalino contaba con nuevos habitués. Entre ellos estaban el pianista Pepe Hosiasson y el tubista Domingo Santa Cruz. Ambos generaron un eje creativo que se tradujo en 1953 (el mismo año de la formalización definitiva del club) en un nuevo ensamble jazzístico con propuestas hasta entonces algo desplazadas: los Mapocho Stompers.
Casi una década después de que la Conchalí Big Band se lanzara en la aventura del modelo de una orquesta jazzística compuesta únicamente por adolescentes, a orillas del lago Llanquihue iba a nacer una segunda agrupación con estas características. El saxofonista Carlos Ralil, quien tocaba jazz en los pequeños circuitos portomonttinos y portovarinos se puso en contacto con el trompetista Gerhard Morhninweg para adelantarle los bocetos del proyecto de la big band.
Alejandro Mota Riquelme confirma la historia fuerte de los músicos de Concepción y en su caso viene a remarcar una línea de bateristas de jazz que se han redirigido hacia nuevos destinos musicales conforme avanzaron los tiempos: desde Waldo Cáceres y más tarde Alejandro Espinosa, hasta Moncho Pérez y Pancho Molina. Riquelme ha sido un exponente de esta contemporaneidad de la música, con instrucción clásica, inspiración jazzística y una proyección latinoamericanista.
Franz Mesko ha sido un pionero en el encuentro entre el jazz y la "bam", vale decir la "black american music", las raíces de la música negra, que incluye aspectos del rap, el soul y el funk. Tenorista, sopranista, compositor, improvisador y líder de conjuntos logró un nombre en la escena jazzística de fines de los años 2000. Su consolidación definitiva tuvo lugar en el Festival de Jazz de Providencia de 2014, donde mostró esa propuesta que marcaría su ruta: el cruce del jazz con la música urbana en diversas formas, expuesto sobre todo en sus álbumes de 2015, 2018 y 2021, una saga titulada Técnica mixta.
Compositor y músico de fusión latinoamericana, parte de la oleada de cultores que hicieron las primeras transformaciones en esta amplia escuela creativa, Patricio Lisboa fue formado en la Universidad de Chile e integró el fundacional conjunto Cántaro, que fue un puntal en la música que fusionaba raíz folclórica y música docta durante el paso de los '90 a los 2000. También integrante del grupo de rock fusión La Comarca, y colaborador de diversos nombres en esa nueva visión latinoamericanista (Daniel Delgado, Daniela Conejero), Lisboa es bajista eléctrico y contrabajista de jazz, función que adoptó en su larga época de vida en Francia, primero con el grupo Cántaro, y luego, tras su separación, como nombre propio. En Francia, donde llegó a fines de los '00, lanzó su primer disco, con un trío de jazz contemporáneo: Penrose (2020).
Andrés Pérez Muñoz es uno de los saxofonistas de jazz de mayor contundencia aparecidos en el inicio del milenio, poco después de que arribara Agustín Moya, formado en la Conchalí Big Band, la misma orquesta educativa en la que él se instruyó. Ahí donde Moya tiene potencia como solista, Pérez exhibe un lirismo propio. Solista, compositor, líder de conjuntos, productor musical, investigador, gestor y dirigente gremial, además de sus trabajos estrictamente musicales, que incluyen la formación y dirección de la Mapocho Orquesta, Andrés Pérez es el responsable de la gestión editorial del Real book chileno.
Claudio Rubio es nombre central en una generación de músicos que marcó una época nueva para el jazz, desde la creación, la composición, la gestión y la proyección. Nombre propio y eslabón entre generaciones de dos momentos, Rubio fue un joven saxofonista tenor a fines de los '90 surgido desde los talleres de Marcos Aldana, pero alcanzó estatura sideman y como líder en simultáneo a partir de los 2000, con la influencia primera de tenoristas como Sonny Rollins, Charlie Rouse y Wayne Shorter, aunque más adelante con la de compositores como Lennie Tristano. Junto con David Pérez y Agustín Moya, Rubio fue uno de los tres saxos tenores de ese primer perído del milenio y ya avanzados los años desarrolló una serie de trabajos creativos centrados en la figura del quinteto.
Igor Saavedra tenía 22 años cuando tomó por primera vez un bajo eléctrico y antes de cumplir los 23 ya alineaba en el ensamble jazz-rock y fusión del violinista Roberto Lecaros llamado Kameréctrica. Un supergrupo al que Saavedra llegó en 1988 para sustituir al sideman original, Marcelo Aedo, y convertirse de esa forma en el primero de los bajistas eléctricos de fusión de la generación inmediatamente posterior a Jorge Campos, Pablo Lecaros y el propio Aedo.
La vida de la pianista, cantante y compositora Tania Naranjo ha transcurrido principalmente en la ciudad de Malmoe, en Suecia, donde en 1996 completó sus estudios de piano clásico y se convirtió en una destacada concertista. Pero en simultáneo, y echando mano de las influencias musicales que llevaba desde Chile, Naranjo ha concretado una propuesta compositiva que une aspectos de la música docta europea y la música popular, representada tanto en el folclor latinoamericano como en el jazz y sus lenguajes modernos. Es un enfoque que quedó reflejado en el disco La industria del miedo, la primera de sus grabaciones realizadas en Suecia.
Los más jóvenes conservarán la memoria de haberlo visto desde mediados de los años 90 sobre el escenario en las versiones sucesivas de La Yein Fonda. Y los mayores tienen edad para reconocer en Iván Cazabón a un contrabajista versátil y competente como ninguno en los ámbitos del tango, el jazz, la cueca y otros ritmos bailables a partir de los años 30. Siempre de pie junto al instrumento que lo acompañó hasta poco antes de su muerte en 2011, Cazabón estará en la historia como uno de los destacados instrumentistas chilenos a lo largo de más de medio siglo de música popular. Si bien el jazz es un punto de partida notorio en su carrera, llegó a esa música desde el tango que cultivó al comienzo como contrabajista de orquestas típicas, según se establece en Historia de jazz en Chile. A fines de los años 30 se aproximó al jazz como parte de la primera generación de músicos próximos al Club de Jazz de Santiago.
La historia del jazz de Concepción ha estado ligada a un pequeño clan de renombrados músicos: los Romero. Detrás del baterista de la vieja escuela Ramón Romero, y de los pianistas modernos Moncho y Marlon Romero, apareció una nueva exponente del jazz penquista: Carla Romero, estupenda pianista bop que desdobló sus funciones también al canto siguiendo la línea de una de sus mayores referencias, Diana Krall.
El pianista, compositor, productor y líder de proyectos Cristóbal Rey hizo un recorrido desde la música soul y funk de su juventud a la creación de una música acústica de cámara de inspiración latinoamericana en su primera madurez. Fue alumno de piano del jazzista Mario Lecaros y en esa primera edad, con los modelos de agrupaciones de acid jazz como Incognito o Brand New Heavies, Rey encabezó el grupo Octopus King. El nombre es una representación de su propia identidad, ya que Rey era conocido como Pulpo (la traducción al inglés de Pulpo Rey define esa marca).
El pianista y compositor Gonzalo Palma ha sido uno de los músicos referenciales del jazz acústico que llegó desde el puerto de Valparaíso —"la cuna del jazz chileno"—, desde mediados de los '90, cuando encabezó primero el grupo Valparaíso Jazz Trío y cuando después se volcó a un largo trabajo como líder de diversos tríos territoriales. Su piano siempre se nutrió además de elementos musicales propios de la orilla, y así fue como además la improvisación jazzística, sus composiciones tuvieron los sabores del bolero y el vals de la "costa oeste", junto a un importante componente latin bop. Su nombre aparece junto a otros marcados líderes en esta dirección, como Carlos Silva, Felipe Riveros o Mario Feito: solistas que desarrollaron en profundidad el "piano trío".
En una referencia musical, Rita Góngora ha sido conocida como la "Billie Holiday chilena". No sólo fue una de las primeras mujeres en el jazz vocal chileno, sino que marcó una presencia con su estilo personal, que tomaba distintos aspectos de esta cantante universal. Desarrolló un estilo de mucha emotividad en la interpretación de canciones, y sin estudios formales de música ni de canto instaló su nombre en espacios del jazz chileno desde mediados de los '60, donde además comenzó a programar repertorios de bossa nova, de la que fue una cultora principal. Tras una vida personal que la sacó de los escenarios, a comienzos de los años 2000 reinició su carrera y en 2006, casi cuarenta años después de su primera aparición en los escenarios, publicó su disco debut, Rita Góngora.
Encabezados por el virtuoso guitarrista Guillermo Jiménez, el trío Lamatraca puso nuevamente sobre la mesa las opciones de ciertos músicos más bien vinculados al rock por experimentar con improvisación jazzística. De pronto Lamatraca produjo algo cercano a un “revival” del jazz-rock de los '70, '80 e incluso los '90 en Chile, con nombres como Fusión, Quilín y La Red como referentes de esas décadas.
Desde el grupo de jazz y fusión Ainasetra (que es la palabra "artesanía" invertida), que condujo como solista desde 2006 junto al bajista eléctrico Maximiliano Flynn y el baterista Daniel Molina, el sonido de guitarra de Francisco Saavedra tomó una novedosa textura timbrística aproximada al órgano. Ese grupo y ese sonido fue un punto de apoyo para su llegada a una generación de guitarristas donde también figuran los nombres de Diego Riedemann, Sebastián Prado, Gonzalo Farías o Álvaro Severino en cuatro posiciones distintas.