Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
El año 2003 Los Tetas grabaron un dúo con Germaín De la Fuente y ese encuentro fue la base del proyecto The Black Angels. El cantante Camilo Castaldi, se acercó a partir de entonces a la música de Los Ángeles Negros, redescubriendo su potencial funk, y así comenzó a fraguar, en sus palabras, “la idea de merodear los coros de Los Ángeles Negros con mis propias historias”. Junto al guitarrista de jazz Nicolás Vera, su compañero en Criminal Jazz, y la aprobación del autor Orlando Salinas, el 2015 obtuvieron un Fondo de Cultura para hacer el disco Canción negra. Allí plasmaron diez canciones de Los Ángeles Negros con una base instrumental dirigida por Vera, que convocó varios invitados, como Paz Court, Panty (de La Habitación del Pánico) , y músicos de Los Tetas como Rulo y Cee-Funk. El rapeo de Castaldi, con sus propias letras, dio el sello final al disco, que fue lanzado a fines de 2016.
Karen Rodenas es una cantante y profesora de voces. Integra la generación de solistas de mediados de los años 2000, que comenzaron en el repertorio tradicional del swing pero luego estallaron en distintos espacios musicales, entre ellas los nombres de Natacha Montory, Camila Meza, Nicole Bunout y Javiera Tagle. Rodenas se convirtió en una estudiosa solista de la música improvisada y la fusión en sus diversas formas, encabezando proyectos de jazz propios o como parte de conjuntos. Su único disco es Karen Rodenas Cuarteto (2013).
Abogado de profesión, Claudio González ha mantenido en paralelo una vida como guitarrista y compositor en los círculos musicales de Concepción, su ciudad natal, y de Santiago, donde se radicó luego para ejercer su trabajo formal. González se aproximó a la estética del jazz rock en sus primeros tiempos. Luego fue alumno del guitarrista Jorge Díaz y más tarde organizó un sexteto de jazz fusión con un enfoque latinoamericano, bien representado en su álbum Púrpura (2017), donde comparte protagonismo con el también guitarrista, profesor y productor del disco Emilio García. Allí, González reúne sidemen como Sebastián Jordán (trompeta), Lautaro Quevedo (piano), Nelson Arriagada (contrabajo) y Nelson Oliva (batería).
Confluencia es un cuarteto femenino con una idea del jazz desde un marcado mestizaje, tanto en términos musicales como de su planteamiento. Desde el lenguaje jazzístico como centro, su enfoque alcanza espacios del neosoul, del hip-hop e incluso elementos provenientes de la música flamenca, lo que ellas denominaron "urban jazz". También presentado como Confluencia Cuarteto, tomó el concepto central como "el punto de encuentro" entre cuatro componentes que provenían por distintos caminos hacia esa convergencia o confluencia. Su primer trabajo, homónimo, fue publicado tras con la participación del cuarteto en el DC Jazz Festival, en Washington, en 2024.
Samuel Maluenda, también conocido como Samy Maluenda, es un bajista de versátil disposición en la música popular y el jazz, donde ha encontrado un espacio para proyectarse como nombre propio desde los ángulos de la composición, la organización de agrupaciones y la experimentación con el instrumento. Sus bajos de seis y hasta siete cuerdas están presentes como sonido central en álbumes de jazz fusión que ha producido, con música para cuarteto, octeto e incluso trabajos de dinámica solista como Luna (2021), el más experimental de su trayectoria.
Félix Lecaros es parte de una reconocida familia de músicos de jazz, pero a su vez su nombre es uno de los más representativos del jazz de inicios del siglo XXI, la llamada generación cero-cero. Pocos solistas se han convertido tan precozmente en referentes entre sus pares como lo fue desde esos comienzos, que él forjó con un dinamismo percusivo único, basado tanto en la intensidad y el sonido como en la narrativa musical desde la batería. Su conocimiento acabado de los distintos lenguajes jazzísticos lo convirtió en el músico que más discos grabó en la historia del jazz chileno.
Los Ases Chilenos del Jazz fueron una selección de grandes músicos de hot jazz, la generación de exponentes que terminó por enterrar al jazz melódico y popular que había dominado la escena en los años '30. Su nombre es la versión chilena de lo que en Estados Unidos se denominó all stars, y fue una agrupación elegida por el público con los mejores exponentes de cada instrumento. La elección se llevó a cabo poco después de la fundación del Club de Jazz de Santiago en 1943, pero solo se realizó los años 1944 y 1945. Con todo, Los Ases Chilenos del Jazz se convirtieron en la primera experiencia del jazz llevado al disco.
Mario Feito ha sido uno de los pianistas de jazz contemporáneo que mayor énfasis pusieron al formato del trío. Su formación académica y clásica también repercutieron en una obra de marcada intención camerística, de modo que los sucesivos tríos, y desde luego también otros ensambles bajo su liderazgo, evidenciaron aspectos tanto de un jazz de la llamada tercera corriente, como de la música contemporánea. Forma parte de una generación de solistas de los '90, junto a Carlos Silva, Gonzalo Palma, Felipe Riveros, Pablo Vergara, Ariel Pino, Carmen Paz González y Lautaro Quevedo, que reubicaron el peso del piano como instrumento protagónico del jazz.
Marlon Romero es posiblemente el símbolo del jazz en Concepción, desde su temprana participación en distintos grupos de jazz, de fusión y de música experimental en los '70 hasta su rol como educador y gestor, y parte clave de una linaje de músicos en la ciudad.
Mitchel Urrutia ha sido uno de los saxofonistas de jazz con mayor conocimiento en el trabajo de bloque y el lenguaje del swing orquestal. Pertenece a la generación de la década de 2000, aunque se inició a fines de los ’90 como un nóvel hombre de la primera de sus orquestas, la Los Andes Big Band (1999), dirigida por el trompetista Santiago Cerda. Desde esa fila, en la que llegó a convertirse en el primer saxo alto, su instrumento principal, Urrutia se diversificó en big bands de todas las líneas y en registros del saxofón que incluyen el soprano y el tenor.
Marco Reyes es integrante de una familia de contrabajistas clásicos: su padre es el reconocido profesor José Miguel Reyes Roco y su hermano músico de la Orquesta Sinfónica de Chile José Miguel Reyes Salgado. Pero si bien el linaje musical se concentró en la música docta sinfónica, Marco Reyes cambió la norma y orientó su creatividad hacia el contrabajo jazzístico. En 1997 continuó en la ciudad de Graz sus estudios que había realizado antes en la Universidad Católica entre 1994 y 1995. A su regreso a Chile en 2009 se integró a la entonces muy nutrida escena de contrabajistas de jazz, que tuvo otros de esa generación: Nelson Arriagada, Rodrigo Galarce o Patricio Rocco, y los más jóvenes Pablo Menares, Alonso Durán, Pablo Vidal o Cristián Orellana.
El jazz contemporáneo, la raíz brasileña y otras variables de fusión latinoamericana han determinado los lenguajes de la fina guitarra de Gabriel Reyes, quien pertenece a una generación de solistas que aparecieron en la primera mitad de los años 2000: Cristóbal Menares, Nicolás Vera, Sebastián Prado, Armando Ulloa, Nicolás Yankovic o Gabriel Feller, con quien colideró un poderoso cuarteto post-bop a dos guitarras eléctricas. Su trabajo de creación de obras para ensamble de jazz moderno desembocó tiempo después, con el disco Trébol (2008), que Reyes editó con el sello Vértice Records.
El solo de guitarra eléctrica sobre “Gracias a la vida” ejecutado ante 70 mil personas en el Estadio Nacional en marzo de 1990 como saludo al regreso de la democracia, no sólo representa el último momento de Edgardo Riquelme en un escenario importante. Es también una tesis de grado para sus propios años de estudio sobre una nueva música chilena, que se remontan a 1974 en Concepción. Esa tarde Riquelme puso una rúbrica de lenguaje contemporáneo y sonido desafiante a la interpretación del himno de Violeta Parra realizado por la Orquesta Sinfónica de Chile. Edgardo Riquelme es uno de los primeros ejecutores del encuentro entre la modernidad con la raíz.
Ha sido una excepción en el jazz mundial, y ciertamente en el jazz local, el liderazgo de los contrabajistas, músicos hechos y formateados para el apoyo de un solista o como parte de una sección de ritmo. Salvo grabaciones como las de René Sandoval, Marco Reyes y Daniel Navarrete, el contrabajo permaneció por décadas en el plano secundario. Por eso la aparición de Rodrigo Álvarez desde Concepción señala también una vía de acceso a estas variantes. Álvarez publicó Creciente (2010) junto a otros músicos de esa ciudad sureña, y más tarde, con Concepción (2015), consolidó una faceta como compositor de jazz. Luego, Álvarez alcanzaría también la composición para música de cámara contemporánea, con obras para piano, cuarteto de cuerdas o clarinete solo.
Iniciada a mediados de los años '90 en un circuito de pubs y locales capitalinos, poco a poco la voz de Ivonne Jaña fue tomando cuerpo y poderío hasta convertirse en una intérprete de repertorios variados de pop, soul, R&B, balada y blues, e incluso dando un paso más allá en la aproximación del cancionero standard del swing, que ella llevó a puerto durante la década de los 2000. Así, se integró a la abundante escena de voces femeninas en el crossover musical de incios del siglo, con nombres como Consuelo Schuster, Nicole Bunout, Karen Rodenas, Andrea D'Arriarán, Thais Marie y Natacha Montory, entre otras cantantes.
Rodrigo Espinoza ha sido uno de los contrabajistas más fuertes y activos del jazz contemporáneo desde la segunda mitad de los años 2000, cuando inició su serie de militancias junto al trío del pianista Moncho Romero. Su sonido voluminoso y profundo apareció en una decena de discos de jazz, y al mismo tiempo Espinoza amplió las fronteras musicales integrando el conjunto de música latinoamericana de Natalia Contesse, lo que le significó una presencia musical frente a nuevos públicos. En una panorámica de habituales contrabajistas acompañantes, Espinoza se estrenó como compositor y líder en 2018 con el disco Siete flores negras.
Pianista, compositor, arreglador, conductor de orquestas y productor discográfico, Francisco Aranda Reinoso es el ejemplar más joven entre los músicos que se iniciaron en conjuntos de la Nueva Ola y que luego se reconvirtieron en figuras autónomas como directores y productores. Es una camada de talentos en la pluma, la batuta y la gestión, que comienza en los años ’60 con gente como Juan Azúa, Toly Ramírez y Jorge Pedredros y deriva en Horacio Saavedra, Juan Salazar, Miguel Zabaleta y Pancho Aranda, nombre recurrente dentro del círculo del Festival de Viña del Mar y la industria televisiva de los años '80.
Así como ocurrió con otros intérpretes del swing (Rodrigo González, Myriam O), sólo cuando Minerva Carrizo llegó a sus treintas se lanzó en la carrera solista como cantante, en un trabajo bilateral con el pianista Jaime Pinto que había comenzado diez años antes de editar su álbum debut. Pero aunque Carrizo se autodefinió como intérprete swing y no como cantante de jazz, también fue cierto que se apuntó un espacio como compositora de piezas que nutrieron su disco Brand new. Conversations with James (2006).
Pedro Rodríguez es uno de los mayores nombres de la guitarra eléctrica desde los tiempos de la transición, un referente entre la generación de jazzistas de los años '90 y uno de los fundadores y líderes del grupo de blues rock La Banda del Capitán Corneta, que bien representó esa época. Su profundo conocimiento de la música, sus estudios en Estados Unidos y Alemania, y su habitual despliegue como solista en terrenos del blues, el rock y sobre todo el jazz le han dado jerarquía en el mapa de la música popular. Rodríguez forma parte de una tríada de guitarristas de esos tiempos, junto a Álvaro Bello y Ángel Parra , el más popular de ellos.