Ana María Meza

Proveniente de una familia vinculada a la música docta, el Teatro Municipal y la Orquesta Filarmónica de Santiago, la cantante Ana María Meza abrió la paleta cromática para profundizar en algunas variantes de la música popular más allá de los territorios del canto lírico. Se transformó en una importante intérprete de jazz clásico y pop-jazz y de paso en una de las más activas maestras de voces, como lo había hecho previamente la legendaria Inés Délano.

Fechas

Santiago - 21 de abril de 1955

Décadas

1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Ana María Meza

Iñigo Díaz

Sus estudios iniciales de flauta traversa y cello quedaron definitivamente en el olvido cuando Meza se integró en 1975 al cuarteto vocal Causa y Efecto (encabezado por el compositor Jaime Atria Rosselot). El grupo, que grabó una serie de piezas originales, abrió la ventana del mundo de la música popular a la cantante. En 1978, por ejemplo, Ana María Meza interpretó un papel protagónico de la ópera rock “1984”, escrita por Pepe Gallinato y John Elliot, que fue estrenada en el antiguo Teatro Marconi de Av. Manuel Montt.

Por esos años también fue parte del staff de cantantes juveniles convocados por el propio Gallinato al programa de televisión “Viva la música”, que tuvo a solistas emergentes como Jorge Caraccioli y Miguel Piñera, entre otros. En 1980 se incorporó como voz principal a Disco Boogie, un exitoso experimento de pop y música disco dirigido por Sergio del Río (ex guitarra de Los Jockers y Tumulto).

Junto con el guitarrista George Abufhele, en 1985 fundó la escuela de música popular Projazz y se abocó por completo a la formación de cantantes, desarrollando distintos métodos y técnicas interpretativas. Algunas figuras entrenadas por Meza fueron Gisa Vatcky, Nicole y Denisse Malebrán en los ’90, y Paula Barouh, Bárbara Lira o Paula Liz entre las voces de los años ’00. Entre tanto, la cantante compartía los micrófonos en sets televisivos con una iniciada Claudia Acuña.

Tras ingresar en el estudio del canto lírico (de la mano de la soprano Claudia Parada), Meza se sumergió en la interpretación de la bossa nova, el pop-jazz y el swing, llegando a instalar su nombre entre una generación de solistas vocales más jóvenes asociados al pianista de jazz Moncho Romero. Desde 1999 actuó con él en espacios del jazz capitalino y junto a su trío acústico grbó su primer álbum. Smile (2004) evidenció en la cantante su acercamiento al cancionero del swing, el jazz standard y unos interesantes ensayos del estilo vocalese (transcripción a textos de líneas melódicas que originalmente eran coros o solos instrumentales). En este ejercicio de música swing también se registran apariciones en vivo como cantante apoyada por la Projazz Big Band.

Mucho tiempo después de ese estreno en el disco, Ana María Meza experimentó una aproximación a la música sudamericana de raíz, y en su segunda grabación titulada Atrapasueños (2012), se desmarcó notoriamente de la canción norteamericana para darle espacio a un repertorio escrito por compositores chilenos a partir de ritmos y aires latinoamericanos, como Jaime Atria Rosselot, Antonio Restucci, Rodrigo Santa María, Cristóbal Rey y Martina Lecaros.

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