Fusión latinoamericana
Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.
Compositora proveniente del mundo académico, Carmen Aguilera es una de las tres exponentes femeninas del piano jazzístico contemporáneo, junto a Carmen Paz González y Carla Romero, sin considerar a Tania Naranjo, que tuvo una vida musical en Suecia. Si bien fue formada en la Universidad de Chile en la música docta, derivó en el campo del jazz, donde se desarrolló mayormente como autora. Además de contar con un catálogo de obras de cámara, ha realizado sesiones de piano solo, piano trío y quinteto, pero sobre todo en una propuesta que ha explorado los cruces entre las tradiciones del jazz y las tradiciones doctas.
Samuel Maluenda, también conocido como Samy Maluenda, es un bajista de versátil disposición en la música popular y el jazz, donde ha encontrado un espacio para proyectarse como nombre propio desde los ángulos de la composición, la organización de agrupaciones y la experimentación con el instrumento. Sus bajos de seis y hasta siete cuerdas están presentes como sonido central en álbumes de jazz fusión que ha producido, con música para cuarteto, octeto e incluso trabajos de dinámica solista como Luna (2021), el más experimental de su trayectoria.
Para una cantante como Laura Fuentes, la doble militancia en la música de raíz latinoamericana y el mundo pop no significó en absoluto una contradicción estilística, sino más bien la posibilidad abierta de expresión y mestizaje musical. Fuentes, nacida en Chile, con padres norteamericanos y una larga vida en Estados Unidos, llegó a ser una de las figuras entre la comunidad de artistas que en los 2000 modernizaron las propuestas iniciadas por la Nueva Canción Chilena en los '60 y en el Canto Nuevo en los '80, aunque emparentada con cultoras de la música del mundo moderna como Verónica González o Catalina Claro.
El jazz eléctrico y el uso de ritmos latinoamericanos han sido dos vías musicales del grupo Motete, liderado en Copiapó por el saxofonista y flautista serenense Sergio Olivares. Su propuesta de un jazz fusión de carácter nortino quedó de manifiesto en discos como Tributo a Atacama (1999) y Evolución (2003), y así Motete apareció en un panorama que tuvo como antecesores a Alsur (1986), Apus Jazz Bank (1991) y La Marraqueta (1992).
Horacio Salinas es uno de los compositores más relevantes en la música popular contemporánea chilena, durante la era post Violeta Parra y Víctor Jara. El histórico director musical de Inti-Illimani y muy claramente la máxima fuente creativa de este conjunto capital de la Nueva Canción Chilena, entregó más de 80 piezas a su catálogo y fue parte del elenco desde la fundación en la ex Universidad Técnica en 1967, con apenas 16 años. Por desaveniencias musicales y personales Salinas dejó el grupo en 2001. Luego se convirtió en el director de Inti-Illimani Histórico.
Pianista de jazz contemporáneo y compositor, Federico Rocha forma parte de un frente de estos dinámicos solistas y autores de la generación pospandémica, como los pianistas Joaquín Fuentes, Camilo Aliaga, Clara Racz e incluso Valentino Baos, quien había aparecido en el circuito con anterioridad. Con estudios de licenciatura en la Universidad de Chile, dio un paso hacia la música popular en diversas dimensiones y sobre todo hacia el piano jazzístico, junto al belga Jasper Huysentruyt como profesor. Fue un acontecimiento que lo llevaría a editar más adelante el disco Despertar (2022), con el que Rocha se instaló en el relato desde el piano trío.
Autor, compositor y fundador del grupo Altiplano en 1976, Mauricio Aquiles Vicencio Alquinta es chileno pero está radicado desde 1978 en Quito (Ecuador), donde se dedica a la divulgación de la música andina. Ejecutante de instrumentos de vientos, cuerdas o percusión, como prueba su discografía solista, Vicencio es el compositor principal de decenas de grabaciones, y ha efectuado trabajos de investigación sobre chamanismo, organología, armonía, ritmos andinos e historia de las culturas andinas con seminarios y charlas por América Latina y Europa.
Cantante de repertorio de piezas francesas e italianas, temas de amor, baladas swing, boleros cubanos y mexicanos, además de algunos tangos. Marta Contreras Cáceres (no confundir con la actriz y cantante porteña Marta Contreras Laporte) tiene una historia musical tan insólita como fascinante. Fue colaboradora del francés Georges Moustaki por veinte años mientras vivió en París desde la década de 1970, aunque antes de eso ya había cantado en el Olympia como telonera de a Johnny Halliday, en una serie de presentaciones en pequeños bares de la ciudad junto a Sylvie Vartan. Paralelamente, Marta Contreras grabó free jazz con el saxofonista afroamericano David Murray. En 1993 se fue de gira con los holandeses Flairck y cuando regresó, Moustaki, quien no estuvo de acuerdo con la idea, la marginó del grupo. A Chile regresó en 2005 y desde entonces ha cantado en el hotel Brighton de Valparaíso y en clubes de jazz en Santiago con el espectáculo “Música à la carte".
Las músicas negras, desde el R&B y el funk clásicos al hip-hop, el neosoul y el acid jazz de los '90, aparecen en la propuesta de un dúo de mestizajes como Sundaya. Formado en Nueva York por cantante Karin Hofmann y el bajista Cristián Rozas, ex integrante de Dracma, ha sido un proyecto migrante y nómade por naturaleza. Inició un recorrido desde esa gran ciudad cosmopolita en 2013, obteniendo insumos de las culturas afroamericanas en barrios y distritos como Harlem, el Bronx y Brooklyn, y desembocó en Chile poco después. Sudaya tiene también influencia de la música de Los Tetas y de C-Funk, figura que tuvo cercanía con el dúo.
Nacido al alero de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile a partir del Taller de Música Latinoamericana instaurado en 1997 por el compositor, guitarrista y maestro Claudio Acevedo, Cántaro reunió a músicos de este taller, en su versión de 1999, y lo impulsó como ensamble acústico de geometría variable. Así se convirtió en un activo proyecto dedicado a la fusión contemporánea y la raíz americana en el nuevo siglo, parte de la renovación de un cruce entre músicas docta y popular propuesta por la antigua Nueva Canción Chilena en los años '60.
De formación clásica, Manuel Meriño Muñoz estudió varios años de composición como carrera profesional y en 1997 fue parte del núcleo fundador del conjunto de fusión Entrama, además de ejercer como sesionista de guitarra para muchos otros proyectos musicales. Desde el año 2001 se integró a Inti-Illimani, y el 2003 fue investido como director de la parte del conjunto que encabezan los hermanos Jorge y Marcelo Coulon, donde desempeñó como un esencial compositor y arreglador hasta el 2021, cuando dejó el conjunto. Ha colaborado con los trabajos de Isabel Parra y el 2021 lanzó su primer disco solista, Tu geografía, con canciones propias, y donde incluyó la musicalización de unos versos inéditos de Violeta Parra.
Vivir y haberse educado musicalmente en Santiago de Chile no le impidió a La Mano Ajena proponer un sonido influenciado por raíces tan distantes geográficamente como los sonidos tradicionales de los Balcanes y del pueblo gitano. La música klezmer y romá figuran así como fuentes importantes en la nutrición de este conjunto que trabajó con constancia durante más de quince años, y que legó cuatro álbumes y shows de energía inolvidable para quienes los atestiguaron.
Un cruce transversal y otro longitudinal del planeta traza el grupo Fractal para definir su obra musical. Es un ensamble acústico que navega sin límites por las sonoridades, coloraturas e instrumental múltiple de distintas regiones de los cinco continentes y que lo ha llevado a crear una música orientada de manera predominante hacia la fusión étnica. Así Fractal siguió la línea de avances previos de compositores como Subhira, Andrés Condon o Tomás Thayer, y se sumó a una generación de agrupaciones como Alkymia, Amapiola y Transubhiriano.
La Machi es el nombre musical de Eugenia Kena Toledo, cantante porteña y cultora de una música que combina la raíz latinoamericana con influencias del jazz, el pop, el soul y la fusión. Profesora de música y canto, además de arreglista, ha desarrollado toda su carrera en Europa, desde que llegó a vivir allí en 1990 para iniciar sus estudios de jazz vocal, armonía y arreglos en Barcelona, y proyectarse por tres décadas como un nombre de la música chilena fuera de nuestras fronteras.
Halchic es el nombre de una mujer de la etnia selknam que fue exhibida en Argentina. Es también el nombre del conjunto de fusión latinoamericana formado en el Cajón del Maipo por los jóvenes músicos cajoninos Catalina Urrutia y Gaspar Aedo. En un primer momento desde el rock fusión, el proyecto fue mutando hacia una música de raíces folclóricas que terminó por delinear la primera propuesta para Halchic (fonéticamente Jalchic). Ya como quinteto, con instrumentos como guitarras acústicas y eléctricas, flauta traversa, bajo y batería, el grupo inició un trabajo de composición que quedó expuesto en el EP de cinco canciones, Halchic (2018), producido por Marcelo Aedo, padre de dos de los integrantes. La música, si bien moderna, se surte de insumos e influencias andinas y folclóricas provenientes de la Nueva Canción Chilena, a través de referencias como Víctor Jara o Inti-Illimani, además de las sucesivas transformaciones de esta música, como las que se pueden apreciar en los trabajos más contemporáneos de Magdalena Matthey o Elizabeth Morris.
Miembro de un clan histórico, Pablo Lecaros surgió en el jazz chileno y la música popular como uno de los primeros solistas del bajo eléctrico en la era de la fusión, junto al peruano radicado en Chile Enrique Luna. Lecaros fue desde mediados de los '70 un ejemplar inédito, formado con las claves del jazz, las armas del rock y las raíces de la música popular chilena. Un punto de confluencia de tres líneas que queda bien representado en su composición "Tonada para la pachamama", una de las más fundamentales en este campo, que el músico grabó con grupo La Marraqueta.
Inspirado en la imaginería de García Márquez como base de un mundo latinoamericano paralelo, Makondo (o Macondo en algunas ocasiones) fue una breve transición musical entre los tiempos de los grupos Cometa y La Marraqueta. Impulsado por el bajista Pablo Lecaros, quien había quedado huérfano tras la disolución no anunciada del primero de estos elencos de jazz fusión, se organizó como un quinteto al que ingresaron otros músicos surgidos en los '70 y '80: Alejandro Chupete Vásquez (saxo alto), Roberto Toti Monsalve (piano), Alejandro Álex García (batería) y Santiago Santa Salas, (percusiones). Makondo trabajó principalmente en taller con la idea de mostrar un sonido de fusión que uniera las raíces folclóricas con el jazz de la vanguardia en aquellos tiempos. Como resultado de ello surgieron dos composiciones fundamentales de Pablo Lecaros, que fueron grabadas por Makondo en el disco colectivo Jazz Chile (1990), y luego ingresaron al repertorio de La Marraqueta, del que el bajista fue cofundador en 1992: "Chorinho para Bird" y la fundamental "Tonada para la pachamama".
Ensamble de cámara, principalmente en el uso de las cuerdas, que combina sonidos nobles y de perfil docto como el violín y el cello contrastados con los de la guitarra acústica y el bajo, procedentes de la música popular. Formados en 2015 alrededor del guitarrista y compositor Ricardo Tampier, su enfoque observa aspectos de la música latinoamericana de las raíces en un tratamiento libre que incluye elementos del folk, el jazz, la improvisación e incluso el rock progresivo. Su primer disco es Tierra (2016), con obras escritas para estas cuerdas provenientes de las músicas académica y popular, además de flauta traversa y batería, nuevos ejemplos del cruce de universos sonoros.
Dos vidas cohabitan en la historia de este músico. Quique Cruz vive desde 1980 en Estados Unidos, donde ha realizado un trabajo a partir de las raíces latinoamericanas cercano a la llamada world music o "música del mundo" y donde integra el conjunto internacional de fusión Quijeremá. Pero antes de ser Quique Cruz él es Claudio Durán, nacido en Chile, un país donde se inició en la música pero donde también fue detenido y secuestrado bajo dictadura en 1975 en campos de prisioneros como Villa Grimaldi, una marca que del mismo modo está presente en su trabajo.
Percusionista chileno de extenso e internacional oficio, Jorge Almonacid viajó con 18 años a Londres, Inglaterra, y forjó desde entonces allí su vocación musical. Especializado en ritmos afrolatinos, es hábil en tumbadoras, cajón, bongó y tamboriles uruguayos; y ha estudiado con maestros de diversas nacionalidades en cursos anclados en Londres, Lima, Ciudad de México y Madrid. Durante su residencia británica fundó al menos dos conjuntos de formación multinacional: Negrocan (con quienes llegó a los festivales Womad y Glastonbury) y Canfusión. Más tarde, de regreso en Chile, ha tenido colaboraciones en vivo y en disco con gente como Jorge Campos, Italo Pedrotti y Jeanette Pualuan.