Antonio Restucci

Son las seis cuerdas de la guitarra española y las cuatro dobles de la mandolina de todas las latitudes —pero en lo sustantivo, la propia mandolina— las que hicieron de Antonio Restucci uno de los más importantes, respetados e influyentes solistas chilenos en la música de fusión. Una estética de mixturas eminentemente acústicas, coloridas y cristalinas, que tuvo a Restucci como un punto de partida en la ruta lógica junto a otros dos guitarristas alineados este frente: Alberto Cumplido y Juan Antonio Sánchez.

Fechas

Santiago - 08 de octubre de 1956

Décadas

1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Iñigo Díaz

A los quince años Restucci tenía una guitarra eléctrica. Escuchaba a Hendrix y acompañaba al cantautor brasileño Manduka en conciertos junto a músicos de Los Jaivas. También grabó la canción «Canto al trabajo voluntario» con Osvaldo Gitano Rodríguez utilizando un perfecto wah-wah. Pero fue en 1975, mientras vivía en Perú, que abordó sus primeros ejercicios sobre ritmos folclóricos en su nueva guitarra criolla: huaynos, huaylas y música cuzqueña. Era un Restucci que aún no llegaba a la mayoría de edad y que iniciaba su catálogo de composiciones a la manera popular: sin pentagrama. Sólo sobre diapasón y la vieja caja de resonancia.

Hebras y cuerdas: hilando fino
Entre 1976 y 1986 se convirtió en luthier. Construyó instrumentos del viejo uso: charango, rabel, salterio. Durante esos diez años sólo hizo una mandolina, pero eso bastó para marcar su propia historia. A partir de entonces se convertiría en el máximo cultor del instrumento después de los últimos mandolinistas de las estudiantinas. Y mientras pertenecía a los grupos de fusión latinoamericana El Arca y Palisandro, en 1983 se unió al trío La Hebra. Era dirigido por el guitarrista Alejandro Escobar (también del grupo jazz-rock Quilín), junto a un segundo guitarrista, Cristián Reyes, y al flautista Juan Carlos Neumann (del grupo jazz-rock Bandhada).

Ahí fue cuando Restucci profundizó en el uso, técnica y expresividades de la mandolina, componiendo obras populares de cámara y sumergiéndose en el chorinho brasileño, pero a la manera de Hermeto Pascoal. La Hebra compartía estas motivaciones de avanzada con un naciente grupo Fulano, sumaba más repertorio de fusión de Egberto Gismonti, Airto Moreira o Chick Corea, y también composiciones de Restucci para cuerdas y vientos: «Hilando fino», «Recursos naturales» y «Atravesando mares». Las más recordadas melodías eran de Restucci y su mandolina.

Tras una estadía en Madrid donde se introdujo en los tablaos, acompañó a maestros del flamenco fusión o el flamenco-jazz como El Cigala, El Bola, El Vejín, Jorge Pardo o el bailaor Antonio Canales. Fichó para el sello Alerce y grabó música de la desaparecida Hebra, en su primer disco: Hilando fino (1992, junto al bajista Pablo Lecaros, el saxofonista Marcos Aldana o el percusionista Alejandro Reid).

Poco después llegaba el segundo título, Plaza del ángel (1995, con el bajista Marcelo Aedo) e iniciaba nuevas colaboraciones: un cuarteto con viola, cello y dos guitarras, un dueto de mandolina y «percutería» (batería a base de tambores y accesorios) junto a Juan Coderch, y ensambles de guitarras acústicas con dos de sus «discípulos indirectos»: Emilio García y Juan Antonio Sánchez.

A esa altura, Restucci era un músico transversal. Estudiaba la mandolina mediterránea, céltica y bluegrass. Tocaba música acústica instrumental con Felipe Martínez, jazz fusión con Enrique Luna, acompañaba a Joe Vasconcellos (Verde cerca, 1992), Los Tres (Unplugged MTV, 1995), escribía canciones para Francesca Ancarola (Que el canto tiene sentido, 1999; Pasaje de ida y vuelta, 2001; Jardines humanos, 2003) y Claudia Acuña (Luna, 2004), lanzaba sus siguientes álbumes solista Vetas (1996), Cenizas en el mar (1999), Bosque nativo (2000), Crisol (2005) o Ancestros (2008), y terminaba de convertirse en modelo para músicos de cuerdas y fusión que reconocieron su influencia directa: Juan Antonio Sánchez, Ángel Parra, Emilio García, Marcelo Córdova (quien escribió la composición «Restucciana») y Christian Gálvez. Un emblema en la militancia armada por la música mestiza.

Dos pájaras de un tiro

Natalia Contesse y Javiera Bobadilla, más conocida en los círculos musicales como La Pájara, comparten escenario con nuevo material de cantautoría que cruza el folclor y las músicas del mundo con la trova y el pop. Este viernes 18 de octubre ponen música al ciclo «Nosotras que nos queremos tanto», en la Sala SCD Egaña.

Milagros al escenario

Fernando Milagros acaba de lanzar el tercer sencillo de su disco Serpiente: «Antirevolución», que canta junto a la trapera Catana. El disco se lanza el 1 de noviembre, pero este miércoles se adelanta en el Teatro Nescafé.