2000
Surgida con los años '60, Blops fue una de las pocas bandas de la época que pudo trascender su inspiración anglosajona para dar paso a creaciones originales y de poderosa identidad propia. El resultado fue un rock inteligente, con una poesía y un suave sonido que se mantienen frescos hasta hoy. Tras su disolución, en 1973 , sus tres discos constituyeron un patrimonio perdido hasta que el esfuerzo personal de sus integrantes permitió su reedición, en el año 2001. Fue ése un acto de justicia con un nombre fundamental del rock chileno. Su historia incluye dos fugaces intentos de reagrupamiento, un clásico de la envergadura de "Los momentos" y un impacto que, si bien nunca fue masivo, caló hondo en un sector del público y en la comunidad musical chilena.
El de Pancho Valdivia Taucán es uno de los nombres de la diáspora de chilenos que han ejercido tanto en Chile como en otros países su trabajo en la fusión y las raíces latinoamericanas. Desde sus inicios en Chile ha tocado y grabado discos como solista y también con diversos grupos en Ecuador, Francia, Suiza y Argentina. Su trabajo de creación e investigación ha merecido el Premio Regional de Creación Artística (CNCA, 2013) y el Premio Aporte al Desarrollo del Arte y la Cultura Indígena (Conadi).
Desde la guitarra utilizada como una herramienta no convencional, Ramiro Molina ha sido uno de los solistas más comprometidos con la música liberada, un referente en este campo de la experimentación desde los comienzos del siglo. Compositor pero sobre todo improvisador, sus discursos acerca de la creación en tiempo real fueron definiéndose conforme avanzó el tiempo, primero desde el jazz de vanguardia con el grupo Fedón (1996), más tarde con el trío de experimental Turangalila (2001), y finalmente con sus diversos ensambles y asociaciones con diversos cultores de la improvisación que tuvieron espacio en Piso 3, gran epicentro capitalino de esta corriente, creado por el propio Ramiro Molina.
En capitales de la música electrónica como Londres, Berlín o Ibiza, la fecha que Ricardo Villalobos eligió para lanzar su primer disco es como cualquier otra: un 18 de septiembre. Pero para él fue un guiño. Aunque establecido en Alemania desde 1973, Villalobos es chileno e integra la comunidad de músicos que, nacidos o iniciados en este país, han ganado el reconocimiento de la audiencia internacional. Como es habitual en su gremio, debe buscársele en discos con su nombre pero también bajo seudónimos como Bajo Tierra, y en dúos de desarrollo intermitente, como Ric y Martin (también con el chileno Martín Schopf), Sense Club (con Lucian Nicolet), Gucci (con Tobi Neumann) y Hombre Ojo (con Markus Nicolai), entre otros. Con el alemán Tobias Menguser, Villalobos ha publicado discos bajo los nombres Bispeed Black, Quartz Driver y Chirurgie Boutique.
Por sus muy diversos encargos como productor, DJ Raff fue un tiempo uno de los colaboradores y asesores más importantes del circuito hip-hop chileno. Pero su decisión de defender su trabajo propio lo llevó también no sólo a la composición electrónica propiamente tal sino que también a una fabulosa proyección internacional.
Zonora Point se define desde su origen como una sonora de raperos, en vez de una sonora de cumbias. El nombre lo adoptaron cuando los dos MCs del grupo, Camilo Parraguez (Camileazy) y Jamez Manuel, estaban estudiando en Argentina carreras relacionadas con Arte. Desde su regreso a Chile el año 2007, han editado cinco “mixtapes” y el 2013 su único disco de estudio: 24/7.
Abya Yala es un grupo que fusiona las raíces del reggae natural con influencias de la música latina y elementos contemporáneos del rock. Es un ensamble de grandes dimensiones, hasta doce integrantes, que se formó en 2005 alrededor del bajista Kai Markus, con miras a una música que transmitiera un mensaje global. Abya Yala era el nombre con la etnia prehispánica kuna llamaba al continente americano, y que significa "tierra de sangre vital". Con secciones de vientos, ritmos y voces, el grupo ha editado los discos Cambia (2011) y Día y noche (2014), que contó con la presencia del cantante mexicano Rubén Albarrán para una versión especial de "Arauco tiene una pena” (de Violeta Parra). Abya Yala se ha presentado en escenarios de Centroamérica y Estados Unidos, en el festival Reggae on the River, además de una gira por ciudades de la costa oeste como Los Angeles, San Francisco y San Diego. Hacia fines de la década de los 2000, una serie de músicos dejó la formación del grupo para iniciar otro proyecto, llamado Newen Afrobeat.
«Andino urbano», como el título de uno de sus discos, es el encuentro que define a la agrupación Ayllu Pacha (cuyo nombre significa «hermandad de las tierras»). Nacida en la ciudad metropolitana de Talagante, cultivan la música andina urbana en una fusión con jazz, pop, rock y otros sonidos mestizos, al mezclar timbres ancestrales de zampoña o quena con instrumentos contemporáneos como saxo, piano y batería. Tras emerger como un taller en 1994, el grupo ha actuado sobre todo en festivales folclóricos, en algunos de los cuales han acumulado premios (como en el festival Faroles y Trapiches de 1998, con la canción "Mi bella luna de Alhué"; en el Festival de la Canción Indígena 2003, con "Ciudad antigua"; y el Festival de la Canción de Raíz Folclórica de Lonquén de 2002, con "Espíritu de carnaval").
Su conjunción chileno-bolivana hizo de Kollahuara uno de los grupos andinos más destacados de la historia musical de nuestro país porque consiguió, quizás como ningún otro, atrapar y luego proyectar las raíces más genuinas de la cultura altiplánica. Nacido a la par que Illapu, a comienzos de los años '70, Kollahuara se diferenció desde un comienzo del grupo antofagastino por plasmar un repertorio absolutamente plegado al acervo andino. Por ello tal vez su popularidad no se encumbró tanto como la de Illapu, pero a cambio logró el reconocimiento de los entendidos.
El más representativo de los bateristas de jazz de la generación de los '90 fue también una personalidad de la música pop como integrante de Los Tres, desde los profundos inicios del grupo en una rockera Concepción durante los '80 hasta su abrupto final en los conciertos de despedida en el Teatro Providencia y el subsiguiente álbum Freno de mano (2000). Pancho Molina tomó un camino propio en esa revuelta y se posicionó identitariamente como un músico de jazz ante cualquier otra cosa. Una vida de más de diez años en Boston y Nueva York marcaron entonces esa nueva categoría que obtuvo como compositor de jazz, y tres discos solista publicados en ese período confirmaron su estatus tras finalizar el trabajo al mando de su histórico grupo Los Titulares.
Santiago Lupino, el seudónimo del cantante y tecladista Mito Sanhueza, es quien mantuvo a este grupo de rock durante más de una década, legando tres álbumes y un sonido funk-rock pulido durante su paso por las Escuelas de Rock.
Samuel Maluenda, también conocido como Samy Maluenda, es un bajista de versátil disposición en la música popular y el jazz, donde ha encontrado un espacio para proyectarse como nombre propio desde los ángulos de la composición, la organización de agrupaciones y la experimentación con el instrumento. Sus bajos de seis y hasta siete cuerdas están presentes como sonido central en álbumes de jazz fusión que ha producido, con música para cuarteto, octeto e incluso trabajos de dinámica solista como Luna (2021), el más experimental de su trayectoria.
A través de diversas formaciones, ediciones discográficas y niveles de difusión, Los Miserables han mantenido al menos una valiosa seña de identidad que permite reconocerlos de inmediato en el panorama rockero local: su concepto del punk está más vinculado a la esencia de la canción-protesta que a aspectos formales de indumentaria o reglas de sonido. Los Miserables son por ello una banda que asocia su nombre a valores profundos del activismo, como la reflexión social, la crítica al poder y la energía propia de la juventud. Más allá de puntuales hits de gran difusión, su circuito natural de difusión está al margen de los grandes medios, y su canto representa mucho mejor a los suburbios de las grandes ciudades chilenas que al centro de toma de decisiones y de bienestar.
Pop-rock melancólico fue el de este grupo santiaguino, que, con guitarras y armonías de voces, recibió su sonido desde las islas británicas y lo combinó con guiños al pop latino. Durante su casi década de trabajo, Astrolabio se distinguió tanto por la combinación de dos cantantes-guitarristas y el sello urbano de sus canciones.
Tiene nombre de persona, pero Fredi Michel es un quinteto santiaguino formado en 2002, que desde esa fecha ha pasado de tocar noise en subterráneos locales a animar fiestas con una exuberante mezcla entre noventeras bases electrónicas bailables, sicodelismo y guiños a ritmos latinos como la cumbia sound, la pachanga o el axé, siempre con la característica voz hiperaguda e infantil de Andrea Guerrero.
José Seves posee una de las voces mejor dotadas de la historia musical chilena. Y aunque la mayor parte de su historia está vinculada a Inti-Illimani (cuya voz corresponde a clásicos como “Vuelvo”, “Sambalando” o “Medianoche”), el cantante es también compositor y tiene una carrera solista antes y después de su paso por el Inti. Antes como cantante radial e intérprete folclórico del dúo Anita y José, y luego, tras su retiro temporal de su conjunto en 1998, como cantautor y folclorista. Hoy es parte de la facción histórica de Inti Illimani, al mismo tiempo que continúa su trabajo creativo independiente.
Una vida repartida entre Chile y Suecia tuvo Lautaro Parra Sandoval, hermano menor de los célebres Violeta, Lalo y Roberto; y, como ellos, creador hábil en el canto y la poesía popular, además de reconocido en su destreza como guitarrista. Ese canto y las décimas fueron las expresiones preferidas por un artista que también expuso pinturas y publicó novelas, como Jacinto Laguna y La Pacha Mama.
La carrera de Manuel Gatti ha crecido armónicamente al lado de su padre, el cantautor Eduardo Gatti, uno de los más importantes de la trova chilena. Y aunque se ha presentado con él ocasionalmente, sus caminos transitan por otros derroteros musicales, vinculados al rock y al folk. Su historia musical comenzó el año 2009, con un disco que tuvo una escasa difusión, en parte porque Manuel Gatti emigró a Europa por una temporada que se extendió por dos años. A su regreso retomó su oficio, pero como banda, rubricada como Manuel Gatti & Los Volks. En ese formato editó un single, "Gente del sol", donde delata cercanía también a la música country.
Los Chileneros albergaron a una importante generación de cantores que inauguraron la nomenclatura de “cueca brava”, estilo cultivado popularmente durante el siglo XX en Santiago y Valparaíso. Eran hombres de registro vocal alto y con la tradición del “canto a la rueda” siempre viva. Bajo la figura del cantor, poeta popular y autor Hernán Núñez, Los Chileneros serán uno de los principales referentes estéticos e identitarios de las generaciones de cuequeros ubanos del siglo XXI.
Marcetribu es un ensamble instrumental de inspiración en la raíz folclórica y proyección en la fusión latinoamericana, que se estableció en 2001 alrededor de la cantante y compositora Marcela Rojas: La "tribu de Marcela". Además de integrar el grupo de música infantil Agualuna como percusionista, fue el nombre, el rostro, la voz y el émbolo de uno de los múltiples conjuntos en esta línea que poblaron la escena de los años 2000, como Sur-Gente, Santa Mentira, La Comarca, Bombyx Mori y Sonámbulo, entre otros.