Pop
Diversa por definición, la música pop apela sobre todo a un vínculo con el oyente, por sobre un tipo de sonido o un estilo. Pop como abreviatura de "popular", esta música tiene como pocas un objetivo, el de generar identificación con la audiencia por medio de ritmos contagiosos, melodías recordables y composiciones de duración ajustada a los estándares de difusión de medios como la radio y la TV y, sobre todo, a los requerimientos de una industria que necesita vender canciones a ese gran público. Como tal, se puede dar con eficacia en los más diversos campos. La Nueva Ola de los años '60 es una de las primeras manifestaciones generacionales de música pop chilena, y desde entonces han continuado en esa senda baladistas y cantantes popularizados por la televisión así como diversos músicos y productores que han aplicado los sonidos del rock o las bases electrónicas a esta música.
Hija del fundador de Quilapayún, Eduardo Carrasco, Manuela Carrasco debutó el año 2010 con el disco Contando estrellas, con canciones que van de la trova latinoamericana a los aires y nuevos ritmos del reguetón, mezclando letras originales de su padre con música del compositor Quirino Ríos, y que contó con la colaboración de importantes músicos locales.
Cantautor santiaguino, que en su composición roza ámbitos exigentes de producción y arte sonoro. Su primer disco, Heridas (2024), se ganó en prensa calificaciones de «vanguardista», por su propuesta sugerente, en capas sonoras y texturas atípicas en el pop. El propio músico prefiere hablar de una exploración desde la letra y la música, que nunca se aleja por completo de lo convencional. Se trata de un trabajo coherente con la influencia que reconoce en nombres estadounidenses como Bon Iver y Sufjan Stevens: «Sigo mucho esa camada de artistas gringos que partieron muy indie, muy en la guitarra y muy en la canción folk-pop para después transformarse en una cosa media incomprensible», le comentó al medio Expectador. La música ha sido para él un trabajo persistente, de muestra en vivo en formato de banda, desde la publicación de un primer single en 2020 ("Daga").
Luciano González Astorga integra una amplia camada de bajistas orientados al jazz fusión, que han desarrollado un sonido contemporáneo y le han proporcionado protagonismo al instrumento desde la posición de solista y de líder de bandas, una línea sostenida en el tiempo por Christian Gálvez como primera referencia. Entre ellos se encuentran nombres de la generación de 2010 como Stefano Rojas, Matías Martinoli, Felo Bustamante, Samy Maluenda, Pedro Olivares. González protagoniza su música desde el bajo eléctrico de seis cuerdas, con un enfoque que le permite incorporar aspectos armónicos y melódicos del piano, la guitarra clásica y el saxofón, en paralelo a las funciones tradicionales del contrabajo y el bajo eléctrico de cuatro cuerdas.
La compositora, cantante y gestora cultural Paulina Pérez es parte de una generación de músicos que ha revitalizado la raíz de la canción latinoamericana, con enfoques que consideran influencias de un abanico que va desde el jazz al pop, como lo han experimentado Valentina Rodríguez, Cecilia Gutiérrez, Liliana Riquelme o Sara Pozo, en sus distintos ángulos. Su propuesta autoral se mueve entre esos límites para llegar a una fusión que quedó de manifiesto en 2016 en su disco debut, Cuando la mujer se vuelve canción.
A modo de acrónimo, Nachozen es el nombre musical de Ignacio Zenteno, cantautor rock-pop, guitarrista y profesor de Filosofía, un solista espontáneo cuya música ha surgido desde la composición a puertas cerradas y el trabajo en el estudio de grabación, más que en los escenarios y la experiencia de la música en directo. Una cultura musical profunda y vínculos con el blues, la era del rock clásico, el rock argentino y el folclor latinoamericano definieron esa propuesta autoral, que dejó tres álbumes manufacturados de manera independiente durante la década de los 2000.
Ensamble de grandes dimensiones formado por músicos de nueve nacionalidades, LaSmala ha definido su propuesta como “fusión latino-explosiva”, a través de un paisaje musical étnico y a la vez contemporáneo que se construye con músicas gitana, árabe, mediorental, flamenca y africana, pero también ritmos de reggae, hip-hop, funk y otros ingredientes afrolatinos. Su nombre proviene de la voz arábiga “zmâla”, que denota las grandes reuniones que realizaban las familias caravaneras en sus encuentros en el desierto. Nacido en 2010, en Francia, el proyecto comenzó a partir del encuentro del músico andaluz Carlos Lobo y el franco-marroquí Samir El Khomsi, la vía de acceso a la llegada de una serie de integrantes, hasta que un año después completó su fisonomía y se trasladó a Chile. Con base en Valparaíso, en 2013 editó su disco Por el camino, y presentó una formación de doce músicos, con instrumental mixto, vestuarios coloridos y la voz de la chilena Andrea Zárate, que también integraría el grupo Reptila. Entre 2013 y 2015 realizó cuatro giras por Sudamérica y nuevos viajes a Europa, donde actuó con ese repertorio en Francia, España y Portugal. En 2014 presentaron el EP Caravana.
Penthouse fue una banda chilena con nombre y sonido inglés que recogió distintas influencias de las islas británicas, y las pasó por un filtro melancólico. Formado a fines del 2003, el grupo de amigos convertido en banda se presentó por primera vez en un festival de la santiaguina Universidad Tecnológica Vicente Pérez Rosales cerrado por Congreso, en el que Penthouse quedó seleccionado entre los ocho finalistas. Grabaron un primer álbum, Penthouse (2005), con la producción de Alejandro Gómez y Ricardo Contesse, ambos de Alamedas, pero el disco nunca tuvo una edición formal, hasta que el grupo juntó esas canciones con otras nuevas y presentó su debut oficial, Todos contra todos. A la larga, el registro quedó como su única publicación.
Una cantautoría que no omite los atributos de la canción pop aunque sitúa sus atmósferas melancólicas siempre en ese universo poético personal, conduce la música de Francisca Quintero. Es parte de una generación de compositoras guitarra en mano y madura escritura de textos en la que se pueden encontrar los nombres de Martina Lluvias, Antonia Navarro, Catalina Navarro o Dulce y Agraz, entre otras creadoras. Sus colaboraciones con músicos como Benjamín Walker, en la canción "Silencio acelerado", y sobre todo el resultado de una ópera prima como La carta (2022), cruzada y definida por la pandemia, le valieron un espacio en la escena de los años '20.
Como rótulo, Octopus King responde al nombre del compositor y teclista Cristóbal Pulpo Rey (n. 1978). Es el responsable de la gestación de esta banda que lleva su propio nombre, pero que más que una agrupación estable se configuró como un "sistema de sonido" tal como lo plantearon otros proyectos afines como Júpiter Jack o Alüzinati. La esencia musical de Octopus King fue la rotativa de caracteres para las composiciones de Rey, una banda inamovible como respaldo y la convocatoria abierta de solistas vocales muy distintos.
Más que la balada en su estado natural, la cantautora Cristina Santiagos se volcó hacia un pop romántico en su propuesta musical. Sus canciones, sean de amor o de pérdida del amor, se han desplegado con más ritmo pegadizo que con el dramatismo propio del género. En 2011, a los 15 años de edad, escribió "Déjame", su primera canción, y ya tres años después Cristina Santiagos reunía un cancionero que llegó al disco en 2015 en Sin parches en la herida. El primer álbum de Cristina Santiagos contó con la producción de José Miguel Alfaro (y de Gonzalo Yáñez en dos temas), con quienes modeló el estilo juvenil, aunque incluso añadió matices de rock al sonido. Su primer single fue "Citas al cine" (con un videoclip rodado en Nueva York), pero allí presentó, además, un versión propia de "Luna roja", de Soda Stereo. En 2016, su canción "Cara o sello" fue parte de la teleserie "Preciosas" de Canal 13, y "No conmigo" de "La colombiana", de TVN, lo que le dio una nueva difusión radial. En 2018 lanzó Cassette, un segundo disco, que incluyó el sencillo "Lo que era antes de ti". Fue producido entre Chile y México, y esa primera experiencia de internacionalización le permitió reaparecer con canciones en teleseries, esta vez en la producción mexicana de Televisa "Ya mañana será otro día... mejor".
Camilo Salinas Carbonell es Camilo A Secas, solista aparecido a comienzos de la década de 2010 con un activo trabajo de autoría desde la canción eminentemente pop y ciertos rasgos que se mueven entre el rock melódico y el folk. Ha puesto especial énfasis en una escritura poética libre dentro de los márgenes de la música pop. Sus álbumes, por ejemplo, llevan títulos serpenteantes como Una calle llamada porvenir y La tristeza de los galgos, ambos de 2017, o el EP Las víctimas de Eros, de 2019.
Nacida en Chile, pero con una historia musical intensa en Barcelona, Manuela Paz Covián Muñoz tuvo su mayor difusión en nuestro país en 2015, cuando viajó a presentar el disco Algo nuevo. Definida como rockera y romántica por la prensa española, ha recorrido los caminos del pop y la balada con canciones como "Sigue" o "Y volar", que describen ambas líneas creativas.
Una de las cantautoras independientes más interesantes surgidas en la década de 2010 es la portomontina Sara Pozo. Pianista, acordeonista, guitarrista, violonchelista y con un trabajo poético sobre temas existenciales pero también sociales y medioambientales, ha venido desarrollando una propuesta que mezcla influencias del folk, la música pop de sus tiempos y el folclor sureño que ella conoció siendo niña en la Península de Chayahué. Su primer disco es Atmósfera (2016), un caleidoscopio de esas coloridas líneas musicales que se entrecruzan en el movimiento.
Inicialmente reconocible como guitarrista, acordeonista, pianista o tecladista en bandas de música tan distinta como las de Javier Barría, Camilo Eque o Mauricio Barraza, Daniela Medel alcanzó su dimensión solista a través de Sincronía (2017), disco con el que puso en circulación un primer cancionero autoral que la respaldó como compositora y que presentó como propuesta un pop intenso, de bordes íntimos y auténtica poesía existencialista juvenil, en el siempre insondable desencuentro de los pensamientos y las emociones.
Luego de ser parte del grupo Wentru, la cantante y compositora Francesca Santoro inició un camino como solista, construido con canciones que transitan por delicados arreglos pop, letras reflexivas, melodías nostálgicas y pasajes oscuros y eléctricos.
Melodías, coreografías y bases electrónicas fueron los tres componentes que sumaron Francisca Villela y Javiera Mena en este dúo de pop apropiado para bailar, cantar y escuchar, y que fue una de las primeras plataformas que expusieron a la futura estrella del pop independiente, cuando ella por entonces merodeaba sus 20 años. Cuando empezaron el dúo en 2003 con el nombre de Tele-Visa, Javiera ya actuaba como solista y Francisca provenía de los grupos Canción de Amor Desea Verle y Exfiesta. En 2006 grabaron su disco debut, Ni tú ni yo, y también figuran en las compilaciones Futuro esplendor (2005) y Electric melodies: Música para una vida feliz (2005). La actuación con la que estrenaron el nombre de Prissa, en septiembre de 2006 en el subsuelo de un club céntrico santiaguino, fue también la última antes de que el dúo se disolviera por la partida de Francisca Villela a Alemania, donde tiempo después formó un conjunto pop de chilenos en ese país, llamado Samanta.
Poco más de un año después de la primera disolución de Los Prisioneros, el baterista Miguel Tapia regresó a un estudio de grabación. La incondicional confianza de un sello multinacional le daba ánimo para desarrollar lo que desde hacía un tiempo venía diseñando con Cecilia Aguayo, la tecladista que había acompañado la última gira del grupo sanmiguelino: un grupo tecno-pop anclado en la tradición de la música chilena. Le llamaron Jardín Secreto, y pudieron avivarlo por un total de cinco años y dos discos. Sin embargo, la escasa repercusión radial del grupo, que nunca quiso ser considerado de elite, terminó por dirigir a sus integrantes en proyectos individuales.
Cantante del cuarteto de pop ochentero Q.E.P., tras la disolución de ese proyecto Paulina Magnere fue parte del dúo Claudio y Paulina (junto a su pareja Claudio Guzmán), con quien publicó el disco Se fue abril (1987). Poco después se lanzó como cantante pop solista y su disco Paulina (1990). Durante los años '90 un frecuente rostro televisivo en programas juveniles y magazinescos, aunque hace varios años está alejada de ese medio. Su carisma y calidad vocal, en todo caso, la han permitido abrirse una significativa carrera radiofónica, oficio del que además es profesora en un instituto profesional.
Aunque primeramente asociada a la armada femenina de la música urbana en la década de 2020 (Aura Bae, Vania Joplin, Amikiraa), la cantante y compositora Florencia Cruz Sotomayor exhibe nítidos bordes pop en sus canciones, lo que la define en un campo más amplio en la música y la composición. En sus inicios se hizo seguidora de figuras globales como Rihanna y Ariana Grande en ese lado del pop que se filtra hacia el R&B, una zona en donde ella se mueve con soltura vocal. Su debut discográfico quedó marcado en 2023 con el EP 4:44. Antes de convertirse en Lua Lacruz, Florencia Cruz fue finalista en el Concurso de Composición Luis Advis de 2019, en parte resultado de sus estudios de Música en la U. Católica. En 2022 tomó contacto con Latin Bitman, quién sería clave en la llegada de Lua Lacruz al sello Universal Music México. "Di que sí" y "Waterfalls", sus primeras canciones, esbozaron ese punto de encuentro entre el pop radial y el trap y los ritmos urbanos más duros. Ambas canciones llegaron al citado disco 4:44, la antesala de su participación en Lollapalooza de 2024.
Canciones de Valija Diplomática como “Mi vida vale más” y “Tú lo sabes bien” muestran la cara optimista del pop que se hizo en Chile durante los años '80, y quizás por eso están ancladas en el inconsciente colectivo de sus contemporáneos. La banda ocupó con ellas radios y escenarios, para luego ser arrastrada por la abrupta caída de ese movimiento al final de la década. Perduran sin embargo hasta hoy como melodías coreadas y bailadas. Desde 2002, y alimentados por la innegable nostalgia de su audiencia, la banda articula esporádicas reuniones, sobre todo para presentaciones en vivo, aunque también la grabación de discos de versiones y/o creaciones nuevas.