Música infantil

Rondas, adivinanzas, trabalenguas y juegos, la música infantil se nutre en su esencia de canciones simples, breves y de pocos acordes. Sin embargo, con el tiempo el género ha evolucionado hacia grabaciones más sofisticadas, con abundantes instrumententos y composiciones experimentales que caben por igual en ese campo de la música para niños. Orientada a veces a lactantes y en otras a prescolares o preadolescentes, en lo que usualmente se cree es una categoría reducida y acotada, caben propuestas musicales diversas que pueden sostenerse en el humor, un enfoque didáctico o la evocación poética. Se trata de música cantada y con letras dirigidas a una audiencia de menores de doce años, y en ocasiones se encauza en bandas sonoras de trabajos audiovisuales en televisión, teatro o cine.

Zapallo

Junto al reconocido grupo Mazapán, el ensamble convocado por el flautista Rodrigo García y el violinista Gonzalo Pinedo bajo el nombre de Zapallo, es una de las columnas más firmes y estables en la música infantil. Con una historia prolífica en cuanto a composición original, recopilación de material y grabación de discos desde los inicios de la década de 1980, sus canciones dibujaron la escenografía colorida y construyeron la imaginería para sucesivas generaciones de niños.

Los Plumabits

El origen de los Plumabits es un programa de la productora Zumbástico en TVN el año 2009:  El experimento Wayápolis. El programa se trataba de un perverso (y delirante) plan de educar a los simios de una isla con un televisor que daba distintos programas. Uno de ellos era una banda de cuatro corpóreos que cantaban canciones como “Amor amoroso” o “Dinosaurio Rex”. Tras el final de programa, los videos de las canciones siguieron circulando en Internet, y el año 2011 fueron invitados a la sección infantil de Lollapalooza. Desde entonces, han regresado varias veces a ese escenario, grabaron dos discos y se presentan regularmente en vivo.

José Miguel Miranda

Una trayectoria con énfasis en la composición de música para cine, teatro y danza ha sido el camino profesional del pianista José Miguel Miranda. Junto a su habitual socio, José Miguel Tobar, se ha hecho cargo de muchísimas bandas sonoras de filmes y programas televisivos locales, aunque también deben destacarse trabajos suyos a solas para directores teatrales y coreógrafas. Su huella asoma en porciones del trabajo de nombres tan diversos como Electrodomésticos, Isabel Aldunate y Cometa, a los que ha apoyado como sesionista. El exitoso proyecto Tikitiklip lo vinculó por primera vez a la música infantil.

Antonia Schmidt

Cantante, autora, instrumentista y educadora de pedagogía Waldorf, desde ese ángulo Antonia Schmidt ha sostenido su propuesta creativa de una música para niños que supera el mero enfoque didáctico tradicional. En sus palabras, la suya es una "música para sentir". Desde esa perspectiva, ha compuesto canciones con temáticas sobre meditación y medioambiente, además de recopilación de cuentos, mitos y leyendas de Chile y Latinoamérica que presentó en sucesivos trabajos. En esa discografía destaca Música para la Tierra (2014), el álbum que la puso de lleno en el circuito de la música infantil.

Tita Munita

Compositora, cantante y poeta, Tita Munita nació en Santiago y es hija de la también poeta Marta Zañartu. Luego de cursar dos años de arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso optó por la música e hizo sus principales estudios en la Escuela Moderna de Música (guitarra), la escuela Antilhue y el Taller 666 (teoría), histórico reducto de resistencia cultural en los primeros años de dictadura.

Tikitiklip

La reinvención del disco Tolín, Tolín, Tolán, de Charo Cofré y María de la Luz Uribe de 1972, es la base de este proyecto, uno de los más brillantes de la música infantil de los 2000. Gestado por Alejandra Egaña y Paz Puga, Tikitiklip es una serie de 12 capítulos de microprogramas, donde se combina una canción de ese disco, con animaciones de motivos artesanales chilenos. El 2010 tuvo una segunda parte, con el subtítulo Precolombino, realizado a partir de piezas de arte del Museo Chileno Precolombino de Santiago. Todas las canciones fueron hechas por la dupla de José Miguel Miranda y José Miguel Tobar y, desde el 2012, cuentan con un espectáculo en vivo que realiza una banda de conocidos músicos.

Mazapán

El lugar común de designar a Mazapán como un conjunto de música infantil no es sólo un lugar común, sino una imprecisión. Mazapán es un grupo que lo mismo ha tocado música antigua, pop, folclor, rock y hasta se ha internado en el método de la composición contemporánea para armar una de las discografías más ricas de la música reciente en Chile, destinada a los niños, pero también a cualquiera que sea capaz de conmoverse con armonías y melodías.

Nino García

Nino García fue un músico chileno como pocos, y no es un lugar común a propósito del trágico suicidio con el que terminó su carrera y su vida: es evidencia palpable. Son raros los casos de autores y compositores locales activos con propiedad en campos tan diversos como los de la televisión, el conservatorio, la música pop o la composición contemporánea, así como en oficios que fueron desde el canto hasta la dirección de orquesta. El grueso de su trabajo no puede encontrarse hoy en discos propios, sino entre los créditos que repartió como autor y/o arreglador en canciones grabadas por Gloria Simonetti, Ginette Acevedo, Fernando Ubiergo y De Kiruza, entre muchas otras colaboraciones.

Charo Cofré

La música para niños, por un lado, y el canto de raíz con contenido levantado por la Nueva Canción Chilena son las dos grandes puertas de entrada a Charo Cofré, aunque están también en su trabajo la calidez del folclor campesino y el coraje de la cantautoría en el exilio. Inspirada desde un inicio por Violeta Parra, y expuesta luego a las nuevas influencias que encontró en Europa, Charo Cofré firmó un cancionero reflexivo, a veces denunciante, apegado al paisaje chileno y a quienes lo habitamos.

Bendita Prudencia

No hay sala de conciertos ni subterráneo donde el cuarteto Bendita Prudencia no pudiera montar uno de sus espectáculos experimentales: rock con instrumentos no afines, improvisación colectiva, puestas en escenas teatrales y canciones existenciales fueron parte de una propuesta que puso a Bendita Prudencia entre los proyectos de la vanguardia musical de su época.