2010
Con estudios de composición docta y guitarra clásica, la ruta de Nicolás Reyes en la música se fue acercando al jazz a medida que tuvo acceso a discos de referentes como Kurt Rosenwinkel o el israelí Gilad Hekselman, y también a adiestramiento clases con guitarristas chilenos clave como Jorge Díaz y Federico Dannemann. Sus composiciones modernas para trío de jazz y cello quedaron registradas en un primer disco, titulado Naturaleza abismal (2016), donde Reyes mostró sus conocimientos en el campo de la creación e interpretación, con un sonido expandido y una narrativa contemporánea.
Es el cantante que mejor resume las características del nuevo pop consolidado desde 2010 en Chile. Gepe se inició en la década previa en el circuito independiente y desde esa base ha evolucionado hasta hacer llegar su música a un público amplio, con éxitos sucesivos y creciente presencia internacional. Así como fueron muy variadas las músicas que escuchó antes de ponerse a tocar, también han sido diversas las opciones de Gepe para hacer sus canciones, y se ha valido de ellas para aparecer como uno de los cantantes y autores distintivos de su generación. Desde su inicio como solista en 2004, Gepe ha pasado por los instrumentos acústicos, el pop electrónico, una exitosa inclinación por los ritmos andinos, la tonada y tradición campesina, e incluso elementos del reguetón y la bachata en su búsqueda sostenida.
Una canción ambientada en el capitalino barrio Bellavista de comienzos de los '80 es la nítida postal con que empieza a sonar la historia de Rudy Wiedmaier, un autor y cantante que se inició como trovador de canciones acústicas y que derivó desde el Canto Nuevo hacia el rock, el soul y la adaptación musical de poetas chilenos.
Compositor, productor y cantante, Juan Carlos Duque ha sido un nombre recurrente en circuitos de la música popular chilena, aunque desde veredas muy diversas, incluso contrastantes. Como voz del grupo Miel, en los años '70, se desenvolvió en espacios pioneros asociables al rock progresivo. Destacó más tarde como baladista solo, y en la calidad de tal impuso las magníficas "Promesas" (1979) y "Ausencias" (1982) en la competencia internacional del Festival de Viña. Como productor pop ha estado a cargo de populares grabaciones de vocación radial, y hits como "Para que no se muera este amor" (Ariztía), "Quiero saber" (Myriam Hernández) y "Tal vez me estoy enamorando" (Nicole) llevan su nombre en los créditos autorales.
Una serie de tempranas canciones autorales como "Sólo para los dos", "Conquistando montañas" o "Sol quiero en tu vida" son las que Daniela Foureré reunió en sus discos EP Bestia solitaria (2015) y Sol quiero en tu vida (2017). Sanmiguelina de origen, sanjoaquina por adopción y zurda como Gepe, la música de esta cantautora se mueve en el ámbito del pop independiente matizado con elementos del rock y el folclor, con letras de crítica social alternadas de historias personales. Foueré, que integra el colectivo Masa (Músicos Asociados por la Autogestión), ha compartido escenario como una cantautora emergente de mediados de la década de 2010 con músicos como Manuel García.
Músicos de generación espontánea y con una mente abiertamente musical aparecen muy de cuando en cuando. El guitarrista y profesor Jorge Díaz es posiblemente uno de ellos, pues sin más instrucción que sus propios trabajo y estudio, hizo sus armas como músico autodidacta llegando a transformarse en uno de los solistas mejor preparados y más dúctiles en el jazz desde mediados de los '90. Es parte de la generación de la transición, que incluye a referentes como Cristián Cuturrufo, Carlos Silva, Christian Gálvez, Rossana Saavedra o Felipe Chacón, los nombres que giraron alrededor del Club de Jazz en sus tiempos en Ñuñoa.
El guitarrista, percusionista, cantante y compositor Manuel Prieto es el músico detrás de Manu da Banda, agrupación que en 2009 se formó en torno a su liderazgo, y de hecho ese nombre es una forma de referirse a la “banda de Manuel”, influenciada por el folclor de América Latina, ritmos, coloridos y aires afrolatinos y sudamericanos, apuntó su propuesta a lo que llamaron “música emigrante”, fusión que se plasma en una discografía registrada en distintos momentos de sus recorridos.
Inspirada en la figura de la mexicana estadounidense Selena, y conocida en círculos tropicales y públicos populares como "la reina de la cumbia" o "la nueva reina de la cumbia", Marilda González se hizo un espacio en la música tropical durante la primera mitad de la década de 2010, con sus pegadizas canciones "Que me gustan todos", "Me casé contigo", "La cumbia del pipí", presentada como una defensa de género, y "La Roja va al Mundial", cumbia futbolera que ella estrenó en vísperas de la Copa del Mundo de Brasil 2014. Un año después haría lo propio con la cumbia "Copa América", difundida durante el campeonato que se jugó ese año en Chile. Sanmiguelina de nacimiento, Marilda formó parte de una partida de cantantes femeninas tropicales que tiene nombres como los de Marcela Toledo, Zafiro, Paula Rivas, Astrid Veas, Costa Morena, la boliviana Laura Serrano y la argentina Bárbara Vos, entre las más visibles de su tiempo.
Entre pianistas del jazz moderno como el refinado Omar Nahuel y el desafiante Manuel Villarroel, desde comienzos de los años ’60 se ubicó Mariano Casanova. Considerado como el primer pianista chileno en interesarse en el lenguaje contemporáneo de Bill Evans y es ciertamente el primero que tuvo contacto directo con el primer mundo jazzístico al iniciar en 1960 el éxodo de músicos nacionales a la academia de Berklee en Boston.
Mirtha Iturra Bernales es una cantora de rodeo a la vez que figura de la música típica en la ciudad, activa intérprete y divulgadora del folclor centrino en los escenarios y los discos. Nacida en Constitución en el seno de una familia de agricultores y músicos, tuvo estrecho contacto con la vida campesina, la tierra y las canciones. Llegó al Puente Alto rural y entonces ha proyectado la canción campesina, más de 800 cuecas y tonadas, desde la ciudad. Su nombre es ineludible en el panorama de la canción folclórica desde los años '80 en adelante, y ha sido considerada, durante 30 años, una de las principales representantes de las cantoras de rodeo y la más influyente para toda una generación de jóvenes intérpretes que llevaron estos repertorios al disco.
La doble militancia entre ser productor y músico solista no es frecuente en el panorama chileno, pero Mowat la ha llevado adelante sin interrupciones ni tropiezos por más de una década. Estudiante de Música de la Universidad de Chile, perfeccionó su formación en Berlín, donde sumó nuevas lecciones en composición y dirección de orquesta, y además se abrió a los primeros encargos de producción con músicos extranjeros. Han sido, sin embargo, la canción y la creación chilena los cauces más gruesos para su trabajo.
Aunque forjó su identidad musical como baterista y fundador de los populares Lucybell, con los años Francisco González fue adquiriendo la habilidad y entusiasmo suficientes para tentarse también con el trabajo solista. Consciente de que el nuevo cauce de su búsqueda era incompatible con la dirección de Lucybell, González renunció a la banda en mayo de 2005, luego de editar un primer álbum sin el grupo, Óvalo, y tras catorce años de lealtad. Desde entonces, su discografía solista refleja los avances de un autor pop que busca una identidad distintiva y que se acomoda sin problemas en el canto.
De Patienquincha, o también reconocido como Los Patienquincha, es el proyecto de folclor que espontáneamente iniciaron la cantora Pati Díaz y el guitarrista Marco Palma, luego de la disolución del grupo El Parcito, donde también actuaba la joven intérprete y recopiladora Claudia Belencha Mena. El conjunto se organizó en torno a ese núcleo aunque rápidamente se amplió a un elenco de tres guitarras y voz. Se bautizó así como un juego de palabras entre el nombre de su cantante, conocida como Pati, y la expresión campesina "de pata en quincha". Su primer disco es Vanidad, publicado en 2018 con el título del famoso bolero "Vanidad", de Armando González Malbrán, que ellos recuperaron en su estilo original de los años '30: el slowfox.
La muerte de Gato Alquinta en enero de 2003 precipitó la aparición tardía de Aurora Alquinta Monsalve como cantante y cantora en el medio chileno. La hija menor del emblemático músico de Los Jaivas tomó entonces el mando de la voz del grupo, aunque brevemente. Casi dos décadas después Aurora Alquinta reapareció desde Francia como nombre propio y con un proyecto musical en compañía de músicos chilenos en París, donde ella dio tiraje a su amplio conocimiento de las músicas afroperuanas, landó, festejo y vals, además su gusto por el bolero y los folclores de diversos rincones de Sudamérica. Su primer disco es Aurora en el sur mestizo (2021).
Parte de los nombres masivos de la música urbana chilena de la post pandemia, la música de Gino Mella se ha distinguido por un cuerpo de canciones románticas y tristes, aunque siempre ajustadas a los patrones del reguetón. Con una prehistoria como cantante pop y televisivo, entre 2021 y 2022 tuvo varios éxitos bailables que contaban con atrevidos contenidos, propios del género urbano. Paulatinamente fue sumando a su identidad musical canciones de amor o “carros”, como se les denomina en el argot urbano. La fómula, poco explorada en Chile, consiguió una llamativa popularidad y pusó a Gino Mella entre los nombres centrales de este movimiento en la década de 2020.
El vínculo con el entorno es rasgo natural en la obra de todo cantautor, pero en pocos esa ligazón es tan marcada como en Nicasio Luna. La Patagonia chilena es presencia constante no sólo de las letras del cancionero de este creador nacido en Cochrane, región de Aysén, sino también de las reflexiones en sus entrevistas con prensa y hasta en sus fotos promocionales. En sus discos, la zona extrema del sur de Chile es plataforma de historia y descripciones paisajísticas, pero también de denuncia y alerta sobre los intereses económicos allí en juego.
Pablo Ardouin Shand es músico, escritor y ocasional periodista, que fue parte de una generación de cantautores jóvenes de la década de los '70, junto con nombres como Jorge Venegas, Raúl Acevedo y más tarde Carlos Justiniano, quienes abrazaron un canto político altamente comprometido. Reside en Alemania desde 1983, el año del levantamiento ciudadano frente a la dictadura cívico militar, y desde allí ha producido toda su discografía. En ese contacto con el mundo, Ardouin se mantuvo como cultor de la trova latinoamericana, pero además exploró en otras músicas, como el tango, con diversos ensambles de cámara bajo su dirección.
El proyecto musical liderado por la destacada actriz y dramaturga Manuela Infante es Bahía Inútil. El grupo tomó forma con la grabación de su primer disco, montado en un estudio casero de Punta Arenas durante el verano de 2011. Allí se registraron un puñado de canciones de tono melancólico, todas cantadas en inglés (Infante vivió su parte de infancia en Canadá), y que luego contó con la producción de Fernando Milagros, parte del grupo durante unos años. Es un trabajo que su cantante asegura que «surge del placer de cantar y llorar cantando». Su nombre es una referencia a una zona de Tierra del Fuego que se llama justamente así (por ser un sector que, aunque geográficamente es una bahía, no tiene los requisitos para albergar barcos), y que conjuga bien el concepto de su música: «Un territorio que se caracteriza por ser de pura desolación y silencio, pero, a la vez, grandioso y sobrecogedor. Un espacio que no sirve para más que emocionarse».
Iniciada en la música como voz del Ballet Folclórico de Chile (Bafochi), Marcela Moreira —también conocida como Marcela Morei— ha emprendido un rumbo solista ya desde fines de los años '90 en el ámbito del folclor, aunque con una mirada personal que matiza el canto tradicional del campo y lo sustituye por una interpretación engalanada y una voz con entrenamiento. No por nada Moreira es, además, fonoaudióloga. En ocasiones autora y compositora, ha sido principalmente una intérprete que también ha probado la canción romántica.
Encabezados por el virtuoso guitarrista Guillermo Jiménez, el trío Lamatraca puso nuevamente sobre la mesa las opciones de ciertos músicos más bien vinculados al rock por experimentar con improvisación jazzística. De pronto Lamatraca produjo algo cercano a un “revival” del jazz-rock de los '70, '80 e incluso los '90 en Chile, con nombres como Fusión, Quilín y La Red como referentes de esas décadas.