2000
Nombre importante para el hardcore chileno de los años noventa, gracias a su continuidad histórica e ideológica, de visos e ideario que los acercaron al metalcore y el vegan straight edge, Asunto es también una banda admirada e influyente en su circuito. Además de la persistente autogestión en Santiago, la banda ha podido, en sus más de dos década de historia, mostrar su trabajo a través de compilados extranjeros, realizando también presentaciones en Europa, México, Argentina, Perú, Colombia y Brasil.
Detrás del pseudónimo artístico de Moca está la intérprete Mónica Castillo (la unión de las primeras sílabas de sus nombre y apellido). Es dueña de una voz y una cuidada imagen (incluido el uso de un micrófono retro) que evocan la estética de los antiguos cabarets alemán y francés. Y es además una las artistas que ha llegado a profundizar en la figura de Edith Piaf como activa participante de un circuito de hoteles de lujo y bares universitarios de Valparaíso y Viña del Mar.
Los hitos contemporáneos se recuerdan muchas veces a través de las canciones que acompañaron a sus protagonistas. En Chile, la llegada al poder de la Unidad Popular, en 1970, tuvo dos grandes himnos, reconocibles popularmente hasta hoy, y no sólo en nuestro país. "Venceremos" y "El pueblo unido jamás será vencido" son las dos creaciones más famosas de Sergio Ortega, un músico nortino que califica entre los grandes nombres de la música chilena del siglo XX, y que también se ocupó en obras para el mundo docto, teatral y cinematográfico. Se asoció, además, en proyectos creativos con los más grandes nombres de la Nueva Canción Chilena, como los conjuntos Quilapayún e Inti-Illimani.
En Juan Carlos Bustamante coinciden las dos ramas del canto a lo poeta: el canto a lo humano y a lo divino. En ambas se ha destacado entre las nuevas generaciones de la poesía popular chilena a contar de los años 90, con amplios recursos de cantor, poeta popular, payador y guitarronero. Nacido en la Séptima Región, vive en Rancagua, donde ejerce su oficio de profesor, pero a menudo viaja por los diversos encuentros nacionales de poesía popular en los que se muestra como intérprete de guitarrón, rabel y guitarra traspuesta.
Hermano menor de la cantautora Nancy Torrealba, Freddy Torrealba apareció a mediados de los años '80 por la Casa Kamarundi siendo adolescente. Destacó de inmediato por su facilidad para tocar guitarra y charango. En poco tiempo alcanzó y superó a César Palacios, uno de lo mejores charanguistas de Chile. Integró el Trío Kamarundi, que acompañó a Tilusa (Manuel Escobar), tanto en Chile como en el extranjero.
La de Rebeca Godoy es una de las voces más persistentes en la canción comprometida en Chile, entregada a su vocación por la música latinoamericana entre sones de bolero, ranchera, tango, vals peruano y la raíz folclórica chilena así como a las causas sociales de las que siempre se hizo parte desde los escenarios, a partir de sus inicios a mediados de los años '70.
Cuando en diciembre de 1988 se estrenó en Santiago La Negra Ester se largaba no sólo uno de los fenómenos teatrales más significativos en la historia de las tablas en Chile, sino también se afirmaba la puesta en escena de música que llegaría a ser entrañable. En ese montaje del director Andrés Pérez para la narración en décimas de Roberto Parra, se desplegaba el trabajo de la compañía Gran Circo Teatro junto a la interpretación en vivo de un trío con nombre de gran ensamble: La Regia Orquesta era un conjunto comandado por Cuti Aste, y que en las primeras temporadas de la obra incluyó también a Álvaro Henríquez y al trompetista Jorge Lobos. El propio Roberto Parra acompañó la preparación de su trabajo musical, recorrido de folclor, jazz, bolero y tango bajo auténtica clave de jazz guachaca.
Con una historia excepcionalmente atribulada, Gufi ha sido una banda con un valioso empeño de supervivencia. Si bien nació como el proyecto de un par de productores, hoy se asienta como una banda autónoma, asociable al punk-pop. Sus publicaciones en largaduración han sido espaciadas, aunque el grupo presenta constantes singles (destacan, entre ellos, "Eso es todo lo que soy", "Paul" y "Por ella"). El más serio quiebre en la historia de Gufi, motivado por la muerte de un integrante, dio vida a los también exitosos Tronic.
Para Roberto Lecaros —el patriarca del clan de jazzistas chilenos que lleva ese apellido— la enseñanza fue tal vez la más trascendental de las artistas de su historia como músico. Desde que en 1979 fundara una de las primeras academias de formación en estos rudimentos, Lecaros tuvo siempre la mirada atenta en los "diamantes en bruto" que pudieran aparecer en su entorno. Su club, el recordado L'Atelier, operó como escenario de lanzamiento de nuevas figuras desde los años '80: los guitarristas Mauricio Rodríguez o Roberto Dañobeitía, los contrabajistas Jorge Rocha o Rodrigo Galarce, y el baterista Cristóbal Rojas se llevaron su primeros aplausos en L'Atelier o tocando al interior de las bandas de Roberto Lecaros.
Versátil baterista y estudioso de las músicas actuales, Cristóbal Tobar tiene una historia que transita en diversos caminos simultáneamente, entre el jazz sanguíneo en el que se inició hasta el drum and bass y sobre todo el funk en sus distintas dimensiones. Ocasionalmente DJ y activo músico de figuras del pop independiente como Pedropiedra, Mariel Mariel, Andrés Landon, Marcelo Vergara y el grupo Uruz, Tobar tuvo su estreno como líder con un proyecto de jazz funk al que denominó Nasty Trío y con el que en 2017 llegó al disco: Sucio y sensual.
En la fuerza del primer punk de resistencia nacido en Chile se inscribe la historia de Políticos Muertos, banda activa desde fines de los años ochenta, y que en un cruce intermitente de tres décadas, ha mantenido en el recorrido un inalterado y firme mensaje pensante sobre la convivencia en Chile. Políticos Muertos concentra su legado en un cassette (Políticos Muertos, 1997) y un CD (Todas las tumbas, 2015), además de un libro con su historia y sus letras, titulado este último con la definición que mejor se les ajustó durante su historia: «Rock paria».
Rasgos peculiares marcaron la carrera del cantante santiaguino Roberto Viking Valdés, partiendo por su nombre artístico y culminando en un confuso fallecimiento, tras el cual su familia batalló en tribunales una probable negligencia médica. Aunque nunca editó álbumes a su nombre (sí varios singles), Valdés tuvo en la pantalla de televisión tribuna suficiente para convertirse en uno de los baladistas chilenos más conocidos de los años ochenta, imponiendo éxitos como "Vuelve y te diré cuánto te amo", "Por fin logré tener tu amor" y "Una noche de amor", esta última ganadora de la competencia del Festival de Viña en 1976.
Desde su surgimiento en la comuna de Ñuñoa, La Banda del Capitán Corneta fue uno de los íconos en la nueva generación de músicos durante la transición, menos visibles que Los Tres y Lucybell , sus contemporáneos en el rock y el pop, pero igualmente decisivos en una época donde el terreno aparecía llano e insondable. El quinteto cultivó el blues rock y tras cinco años alcanzó cierta categoría de "banda de culto", con una vida intensa en creación musical, estridencia eléctrica y muchos desencuentros entre sus integrantes. Una segunda época activa reencontró a sus músicos 20 años después.
El jazz eléctrico y el uso de ritmos latinoamericanos han sido dos vías musicales del grupo Motete, liderado en Copiapó por el saxofonista y flautista serenense Sergio Olivares. Su propuesta de un jazz fusión de carácter nortino quedó de manifiesto en discos como Tributo a Atacama (1999) y Evolución (2003), y así Motete apareció en un panorama que tuvo como antecesores a Alsur (1986), Apus Jazz Bank (1991) y La Marraqueta (1992).
Primos y amigos aficionados al fútbol y el rock británico dieron forma hacia el año 2000 a Bellyco, banda que ha sustentado con su trabajo en vivo un esfuerzo de promoción enfrentado a diversas dificultades para darse a conocer. Recién en diciembre del año 2006 el grupo pudo editar el álbum que había grabado casi dos años antes en medio de promesas corporativas que nunca llegaron a concretarse. Canciones de melódica electricidad han caracterizado el trabajo de un grupo que se enorgullece de su autodefinido rótulo de «rock pegajoso».
Sin contar con nombres como los de Paula Schopf y Alejandra Iglesias en Alemania, Paula Burgos Nielsen figura como una de las primeras DJs mujeres en la escena de la música electrónica de baile chilena. Hacia 1998 Burgos trabajaba como modelo cuando hizo contacto con músicos alemanes que la introdujeron en el oficio de las tornamesas y el arte de las mezclas. Su nombre llegó a ser principal en la escena electrónica en el inicio del siglo. En 1999, la osornina ya aparecía como figura en extensas sesiones de música house con una residencia en el club Meridiano, y luego fue rostro y propuesta en continuas fiestas asociadas a Módulo Central, además de festivales realizados a lo largo de toda la década siguiente y espacios como La Feria, Tantra, Quinto Sol, La Batuta y La Salita. Se le ha asociado a esa misma armada chilena en Alemania (Dandy Jack, Ricardo Villalobos, Chica Paula, Dinky), y ha aparecido en sesiones de diverso formato con nombres que van desde Atom Heart y Jorge González hasta Mambotur, Marcelo Umaña, Zikuta, Kinaytra, DJ Larva y Latin Bitman. Junto al músico Rubén Roli Urzúa (Fiskales Ad-Hok), apareció en fiestas que introdujeron el pulso firme del electropunk. Luego de algunos años de trabajo en el sur del país, en la década de 2010, Burgos siguió activa en Santiago, asociada en colectivos de gestión y opinión, como Woman In Power (que codirigió junto a Adine Frost y Alisú).
Duobit partió como el proyecto a dúo de Víctor Mahana y Daniela Jordán (María Perlita), quienes se asociaron por tres años de acuerdo a un esquema de total colaboración: programaciones y bases a cargo de Víctor; y letras y voz, bajo la responsabilidad de Jordán. El fruto de su trabajo quedó registrado en el disco Mis amigos (2008), que el dúo puso a disposición para descarga gratuita y definió de un modo peculiar: «Atari and Nintendo chipsounds, analog vintage drum machines, power bass y guitarras; grandes coros, voces claras y mucho sentido del humor». Negro sarcasmo, ambientaciones densas y versos dramáticos eran algunas de sus marcas. Un viaje de Daniela Jordán a Europa, en el 2008, dejó a Duobit con una nueva vocalista, María José Andrade (Mahose). Con esta nueva formación el dúo mantuvo presentaciones en vivo y la composición de canciones. En 2009, Víctor Mahana presentó un disco solista, El jardín escondido, parte de una exposición homónima de su trabajo como artista visual, y con el registro de tracks trabajados en proyectos previos como VicVeyond, RamadanZ y Vmproject.
Hacia fines de los años '90, ciertos barrios de Brooklyn se fueron convirtiendo en un reducto de arte chileno, con pintores, escritores y músicos inmigrantes enlazados entre sí por amistad e instalados en barrios como Williamsburg. Nutria fue uno de ellos, el más interesante desde la perspectiva musical, autor de álbumes de interesante fusión entre un rock de baja fidelidad y la canción folclórica latinoamericana; o, como prefiere definirlo Christian Torres, el principal sostén del proyecto «folklore chileno transplantado». Su proyecto musical desarrolló toda su etapa inicial en Nueva York, pero hoy se ancla en Santiago de Chile.
El lugar común de designar a Mazapán como un conjunto de música infantil no es sólo un lugar común, sino una imprecisión. Mazapán es un grupo que ha explorado la música antigua, el pop, el folclor, el rock y hasta se ha internado en el método de la composición contemporánea para armar una de las discografías más ricas de la música para las infancias. Formado entre 1979 y 1980 por siete estudiantes de diversas disciplinas musicales, el grupo también fue la cuna de la carrera como solista de Cecilia Echenique y tiene inscrito en la memoria colectiva de generaciones el recuerdo de canciones inconfundibles como "La vaquita loca" (1980) y "Una cuncuna" (1981). Junto con Zapallo y Acuarela, Mazapán forma la tríada de conjuntos pioneros en la música para niños, y en 2024 recibió el Premio a la Música Presidente de la República junto con el reconocimiento de Figura Fundamental de la Música Chilena, de la SCD.
No hay chileno que haya cantado con más desgarro el vals peruano y el bolero —haciéndose él mismo casi parte de cada drama relatado en esos versos— que Ramón Aguilera. Canciones suyas como "El día más hermoso", dedicado a las madres, y la temblorosa "Que me quemen tus ojos" son himnos de aquello que desde los años sesenta se identificó en Chile como «canción cebolla». En paralelo a sus trabajos como mecánico y por puro amor al canto, Aguilera se sumó desde joven a la tradición del bolero interpretado con guitarra acústica, marcado por un sonsonete vocal plañidero y con canciones plagadas de tristezas y tragedias. Fue ascendiendo así como un símbolo de la expresión popular, masiva y querida, aunque no justamente reflejada en difusión en medios ni en ventas, en parte por discriminaciones de clase y bobos complejos ante el sentimentalismo sin medidas.