Nutria

A fines de los años noventa, ciertas calles de Brooklyn se fueron convirtiendo en un reducto de arte chileno, con pintores, escritores y músicos inmigrantes enlazados entre sí por amistad e instalados en barrios como Williamsburg. Nutria es uno de ellos, el más interesante desde la perspectiva musical, autor de álbumes de interesante fusión entre un rock de baja fidelidad y la canción folclórica latinoamericana; o, como prefiere definirlo Christian Torres, el principal sostén del proyecto «folklore chileno transplantado en Brooklyn».

Fechas

Santiago - 23 de abril de 1972

Décadas

2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Nutria

Marisol García

Hombre chileno en Nueva York
Christian Torres llegó a Nueva York en el año 2001 y decidió dar allí curso a la inquietud creativa que ya en Santiago lo había hecho participar del trío experimental Maestro en paralelo a sus estudios de Filosofía. Su cantautoría se insertó en la actividad artística amplia que ha instalado en esa ciudad estadounidense el sello Huesorecords, fundado por el cada vez más prestigiado artista visual Iván Navarro, otro inmigrante santiaguino.

Autodidacta en la interpretación de charango y guitarra, Torres fue aprendiendo con los años el valor de la canción popular y de sus inquietudes como cantautor, «que dentro de Maestro no cabían», según explicó alguna vez en entrevista con Emol. Así, y con la ayuda del también cantautor Andrés Valdivia y la cantante Francisca Benítez, Torres construyó en Roquerío (2005) su debut formal como Nutria, un nombre para convencidos del valor de la canción como obra de arte.

Versos otoñales, de un romanticismo sencillo o alusiones inesperadas a su paso por el humanismo académico («fotografía / fotografía de los campos: fenomenlogía», se escucha en “Atenas 399”), avanzaban en un álbum arropado por cuerdas acústicas de inspiración folclórico-popular (signifique eso Víctor Jara o Bob Dylan), y que tuvo en “Detén el invierno” probablemente su melodía más difundida. Aunque el título del álbum podía sugerir un cierto sarcasmo a la nomenclatura rockera, su audición lo acercaba más bien a las muchas alusiones a la naturaleza salvaje e intrínsecamente melancólica que Torres recordaba del sur del mundo. Según él, «hice el disco con Chile en el corazón. Son evocaciones».

Roquerío (disco masterizado por Cristián Heyne y que hoy puede descargarse gratuitamente de internet) fue presentado en Santiago en diciembre del año 2005, el mismo año en el que Torres se sumara al encuentro “Chilenos en el exterior” organizado en el barrio de Quinta Normal (y en cuya única jornada vespertina, el cantautor compartió escenario con integrantes de Fiskales Ad-Hok y La Ley). Para sus primeros shows en Chile, la compañía habitual de Nutria fue Valdivia, la cantante Francisca Benitez y el tecladista Pedro Pulido.

Ese paso breve por Santiago lo ubicó más cómodamente entre un público que ha seguido el desarrollo de este proyecto de innegable constancia, vinculado a partir del año 2005 a diversas puestas en escena del arte de Iván Navarro, como “Flashlight” o “Homeless lamp”. En uno de esos videos se observa a Torres avanzando entre la nieve de Brooklyn con un carro de supermercado hecho con tubos fluorescentes. Suena de fondo el tema más conocido del argentino Facundo Cabral: “No soy de aquí, ni soy de allá”. El vínculo de ese título con el voluntario autoexilio de Nutria ahorra mayores explicaciones de su arte enraizado en la constatación cotidiana de la lejanía.

En los últimos días del año 2007, Torres regresó a Chile para presentar su álbum Nutria NN, con evidente influencia sudamericana; tanto así, que “Zamba del arriero” podría inaugurar toda una nueva veta de folklore lo-fi de insospechadas consecuencias. El cantautor inició luego un período de silencio musical, motivado por una investigación literaria de la que pueden obtenerse más pistas en su sitio web.

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