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Félix Lecaros

Félix Lecaros es parte de una reconocida familia de músicos de jazz, pero a su vez su nombre es uno de los más representativos del jazz de inicios del siglo XXI, la llamada generación cero-cero. Pocos solistas se han convertido tan precozmente en referentes entre sus pares como lo fue desde esos comienzos, que él forjó con un dinamismo percusivo único, basado tanto en la intensidad y el sonido como en la narrativa musical desde la batería. Su conocimiento acabado de los distintos lenguajes jazzísticos lo convirtió en el músico que más discos grabó en la historia del jazz chileno.

Nachozen

A modo de acrónimo, Nachozen es el nombre musical de Ignacio Zenteno, cantautor rock-pop, guitarrista y profesor de Filosofía, un solista espontáneo cuya música ha surgido desde la composición a puertas cerradas y el trabajo en el estudio de grabación, más que en los escenarios y la experiencia de la música en directo. Una cultura musical profunda y vínculos con el blues, la era del rock clásico, el rock argentino y el folclor latinoamericano definieron esa propuesta autoral, que dejó tres álbumes manufacturados de manera independiente durante la década de los 2000.

Marciano

Marciano nació como la derivación de un proyecto electrónico previo que ocupó a Sergio Lagos y Rodrigo Castro (antes en Tec Machine) bajo el nombre Musikalibre. De las largas improvisaciones semisicodélicas que inspiraban a ese proyecto, Marciano marcó a partir de 1998 un giro hacia algo más acotado y de anclaje firme en el espectáculo en vivo.

Quique Cruz

Dos vidas cohabitan en la historia de este músico. Quique Cruz vive desde 1980 en Estados Unidos, donde ha realizado un trabajo a partir de las raíces latinoamericanas cercano a la llamada world music o "música del mundo" y donde integra el conjunto internacional de fusión Quijeremá. Pero antes de ser Quique Cruz él es Claudio Durán, nacido en Chile, un país donde se inició en la música pero donde también fue detenido y secuestrado bajo dictadura en 1975 en campos de prisioneros como Villa Grimaldi, una marca que del mismo modo está presente en su trabajo.

Bitman & Roban

Tras decantar el ímpetu electrónico que agitó las urbes de Chile durante los años noventa, fueron apareciendo trabajadores del tecno de referentes más amplios (hip-hop, pop, soul). Bitman & Roban es un proyecto representativo de esa nueva etapa del trabajo electrónico en el país. La dupla de Toto Bravo y Christian Powditch se fue afianzando no por su discoteca sino por su versatilidad, al ser capaz de componer música para situaciones diversas, no limitadas a la pista de baile. En su caso, el verbo «componer» es preciso: el dúo arma sus tracks según la lógica del cortar/pegar, mezclando códigos propios de la electrónica (uso de secuencias y programaciones) con ideas asociables al hip-hop, principalmente los samplers y scratches. El nombre de Bitman & Roban, que representa la idea del "beat" y del "robo" —o la apropiación de una música ajena a través del muestreo— también es una alteración fonética y gráfica de los superhéroes de la editorial DC Comics Batman & Robin.

Cacho Vásquez

Su voz y guitarra en la banda chileno-parisina Corazón Rebelde ubicaron a Oscar Cacho Vásquez como un nombre musical y de arte político a inicios de los años 80. Hijo de exiliados, su vida en París lo templó en la multiculturalidad, la multimusicalidad y una suerte de multihistoria.  Reapareció como solista a su regreso a Chile en 2001, siempre fiel a la mezcla de las raíces del rock con la influencia musical latinoamericana. Después de Francia el cantante vivió en Cuba, donde empezó a conocer un poco más de la rítmica caribeña e inició en 1997 un trabajo de composición de canciones estampadas de sonidos latinos. Ya retornado a Chile, presentó un disco solista, que terminó siendo el único con su nombre en portada: Cacho Vásquez (2001). Su trabajo musical también tiene un cupo en el álbum colectivo Víctor Jara tributo rock (2001), con una estupenda versión suya para "La flor que anda de mano en mano". Hacia 2025, presentó en vivo en la Feria del Libro de Viña del Mar canciones de su antigua banda bajo la convocatoria «Cacho Vásquez canta a Corazón Rebelde».

Juana Rodríguez

Una vida musical de itinerancias tuvo la cantante de jazz Juana Rodríguez, iniciada muy joven en el circuito de la música popular chilena en los tempranos ’90, antes de convertirse en solista en lugares tan cosmopolitas como Barcelona (2000), donde grabó su primer disco de standards, Speak low (2006), y en Nueva York (2006), donde continuó con su trabajo de composición, arreglos y performance en el jazz vocal.

Maestro

Aunque la guía creativa de Maestro fue, según sus integrantes, «la melodía y lo popular», nunca sus composiciones tuvieron el cauce convencional de la canción. En conciertos y en disco, el trío articuló en los años '90 una oferta musical de imposible comparación con lo que entonces se trabajaba en Santiago. La banda funcionó intermitentemente durante casi nueve años y legó un único álbum, más varias pistas repartidas en grabaciones informales y colaboraciones; todas ellas, de muy limitado tiraje. Luego de su disolución, sus integrantes siguieron con diversos proyectos musicales paralelos, de entre los cuales el más destacado ha sido el de Christian Torres en Nutria.

Luis Hernán Araneda - El Baucha

Cantor de fuste y observador privilegiado de la vida callejera de Santiago durante casi todo el siglo XX, Luis Hernán Baucha Araneda protagonizó historias suficientes para levantar mil cuecas. Integrante fundador (junto a Hernán Nano Nuñez) del conjunto Los Chileneros, «El Baucha» representó en sus últimos años de vida a una cultura casi extinta, aquella que tuvo al folclor urbano como la expresión de los márgenes más ásperos y esforzados de la vida en la gran ciudad. Se ocupó desde niño entre mataderos, mercados y arrabales, manteniendo una sola y gran constante: su amor por el canto vivo y poderoso, ése que él llamaba «de combate»; capaz de enamorar mujeres «y hacer llorar a los choros», en sus palabras.

Manolo 'Lágrima' Alfaro

Fue recién en la adultez que Manolo Alfaro vio en la música un derrotero profesional y de vida. Hasta 1985 su oficio había sido el de vendedor ambulante aficionado al canto entre conocidos, y en esa condición grabó un cassette sin ambición promocional, Para mis amigos. Sin embargo, su versión para el bolero sentimental y carcelario "Mamita querida" lo situó en un nuevo lugar, de entrañable afecto e inmediata identificación popular, afirmado más tarde por himnos cantineros como "Bohemio y bacán". Desde entonces, su presentación añadió entre nombre y apellido un sustantivo elocuente, y Manolo Lágrima Alfaro pasó a ser emblema de la «canción cebolla»; aunque en una deriva de dramatismo recargado. «Mi cebolla es cruda, no es finita», precisa él.

Magnolia

El blues eléctrico de Chicago, el rock británico de los ’60 y la música diaguita están en el horizonte de Magonolia, trío nortino liderado por el guitarrista Jorge Cochiblues Araya. Muddy Waters, John Lee Hooker, Jimi Hendrix y Jimmy Page han sido guitarras inspiradoras, pero también Magnolia tiene una referencia mucho más cercana con el guitarrista Ricardo Mollo y el grupo argentino Divididos.

Enrique Díaz

El norte profundo está presente en la música y la poética de Enrique Díaz, contrabajista, compositor, improvisador y experimentador cuya historia musical tuvo intensos capítulos en el Chile de la dictadura y en Alemania, país donde llegó para estudiar en 1987 y donde permaneció hasta 2006. Ese año regresó a su país para convertirse en académico de la Universidad de La Serena. Creativamente, Díaz ha realizado trabajos en frentes diversos, desde la música clásica y contemporánea hasta el jazz moderno, la fusión, la música étnica y la improvisación libre.

Juan Antonio Labra

En los archivos musicales chilenos hay registradas al menos dos definiciones majaderas para referirse a Juan Antonio Labra: «el Michael Jackson chileno» y el artista «de proyección internacional». Comparaciones más, apodos menos, lo cierto es que Labra es un símbolo indiscutible del pop ochentero nacional y uno de los pocos solistas que convirtieron en hits casi una decena de sus canciones. Sus shows se caracterizaban por incluir luces, coreografías y bailarines en momentos en que aquello era un adelanto de pop bien facturado, y con pegajosos singles bailables como "Bailarina, me haces mal", "Mueve, mueve", "A bailar la salsa" y "Paran pan pan", pero este artista de singulares vibratos y falsetes también hizo de la balada uno de sus fuertes, y canciones como "Niña", "Te quiero" e "Identidad" lo situaron en los primeros lugares de las listas radiales de esa década. Presencia recurrente en televisión y espectáculos en vivo durante los años 80 y 90, el intérprete iba a explicar muchos años más tarde por qué con el cambio de siglo decidió un retiro de la atención pública, apenas interrumpido hasta una gran celebración organizada por él en 2024 bajo el nombre "Pop Star 60".

Drakos

Drakos es uno de los grupos que desde mediados de la última década tomaron la herencia del ska en Chile, fusionando ese ritmo jamaicano con otros sones sudamericanos como la cumbia. El grupo editó su primer disco, el EP Invasión sonora (2007), producido por el cantante y percusionista de Santo Barrio, Cristóbal González, como antesala de Recta provincia (2008), un álbum de larga duración caracterizado por su diversidad de invitados, entre nombres como los de Joe Vasconcellos, Juan Ayala (de Juana Fe), Michéle Espinoza e incluso el cantante español Tonino Carotone y William Magú Guzmán, guitarrista de la renombrada banda ska venezolana Desorden Público.

Cevladé

Cevladé  es uno de los nombres más prolíficos del hip-hop. Con más de una decena de discos, algunos editados en México, Vladimir Espinoza debutó en 1999 como Conde Wla-d, seudónimo que derivó en Cevladé. Profesor de lenguaje, en su abultado repertorio hay historias de vida, personajes literarios, poemas y -en algo poco usual en el género- canciones de amor. Crítico incluso con el medio rapero (la canción "Mis principios no son show" del 2010 sacó chispas), Cevladé vuelca un importante trabajo en sus videoclips. Su música, y sobre todo sus letras , representan una de las más diversas y profundas del rap chileno.

Cuchufleta

Como Cuchufleta Punk y Cuchufleta (a secas) trabajó durante su historia esta banda liderada por el compositor Gregorio Fontén un sonido peculiar, inspirado en el rock, la improvisación y la raíz folclórica. Tres ex integrantes de Chupilca del Diablo –Gregorio Fontén, el trompetista Hernán Fontaine y el baterista Joaquín Subercaseaux– se integraron a la creación de un repertorio de canciones libres, sin convencionalismos, con un evidente e intencional descuido. Esos experimentos a puertas cerradas no tardaron en ordenarse en los discos Cuchufleta Punk (2004) y Lencería fina (2005). Para su tercera publicación, el grupo tuvo la asesoría en producción de Eduardo Lira (de Elso Tumbay) y la participación de Eduardo Parra, tecladista histórico de Los Jaivas.

Lito Celis

Perteneciente a un cuerpo de cantautores contemporáneos afincados en el puerto de Valparaíso o en otros lugares de la Quinta Región, Andrés Celis, es decir Lito Celis, es una voz representativa entre esa narrativa porteña de su tiempo. Sus canciones exhiben bordes musicales próximos al pop, aunque consideran también las raíces de la música latinoamericana y el folclor. Como autor se ha interesado en el universo literario, la política contingente, la reflexión social y cierto existencialismo implícito en sus letras. Uno de sus álbumes más decisivos creados en Valparaíso es HU Ma NO (2014), que nació en una celda de la antigua Cárcel de Valparaíso, habilitada como estudio de grabación, con toda esa pesada carga de historia y dolor que ello representa.

31 Minutos

31 Minutos no es exactamente el nombre de un grupo ni proyecto musical, sino que el de uno de los programa televisivos para niños más inteligentes y exitosos hechos alguna vez en Chile. El noticiero de títeres inaugurado en el 2003 tuvo, también, una popular banda sonora —trabajada entre músicos aficionados y otros de gran oficio—, que sin duda excedió los propósitos de sus creadores. Cada temporada de programa tuvo su disco respectivo, y algunos de sus títulos pueden ya considerarse clásicos de la música popular chilena. Además de las colaboraciones con nombres de gran renombre (Jorge González, Buddy Richard, La Sonora de Tommy Rey), desde 2011 la banda en vivo de 31 Minutos ha tenido conciertos, giras y shows en festivales como Lollapalooza y la histórica presentación en el Tiny Desk en 2025.

María José Quintanilla

Parte de la primera generación del programa de talentos de TVN "Rojo, fama contrafama", María José Quintanilla fue entonces la menor de los participantes. Ese estatus de niña cantante empujó a diversas voces que comenzaban en la canción mexicana en puntos diversos del país a subir al escenario e iniciarse en la música popular. Aunque Quintanilla no ganó la competencia televisiva de 2003, su carisma, su talento vocal y el repertorio mexicano de corridos y rancheras la convirtieron en la cantante más popular de esa generación de aspirantes. Su primer disco dejó la alta marca como uno de los más vendidos en la era del CD, éxito refrendado por ella en su participación en el Festival de Viña del Mar de 2004, con catorce años de edad. Más adelante se convirtió en celebridad televisiva y figura permanente en programas familiares en pantalla. Quintanilla se mantuvo fiel a sus orígenes rancheros como intérprete, estableciendo también puentes con la balada y el pop. Su carrera musical ha seguido activa a por 20 años desde ese trascendente debut televisivo, con intensa actividad en escenarios de Chile, conciertos de gran popularidad, giras y presencia en festivales.