2000
Trompetista, improvisador y educador, Benjamín Vergara Portales fue uno de los nombres que merodearon las músicas experimentales durante la década de 2000 y pusieron en marcha esas tempranas experiencias acerca de la música improvisada, todo un pensamiento creativo que comenzó a tomar peso durante el período. Su trabajo junto al referente mundial de la música improvisada, el guitarrista británico Fred Frith, rubricó entonces esta militancia y su propio manifiesto, que defendió durante largo tiempo como nombre propio desde diversos frentes.
Su paso resuelto por géneros musicales usualmente alejados entre sí convirtió a Luis Advis Vitaglich en un compositor de una versatilidad única en la historia de Chile. Sin haber estudiado en un conservatorio, y con una formación más ligada a las humanidades (se licenció en Filosofía), Advis fue encontrando su camino musical de un modo casi autodidacta. Asociado a baladistas, folcloristas, orquestas sinfónicas y de cámara, y bandas y cantautores de fusión latinoamericana, Advis marcó al menos un gran hito de la cultura chilena con la fundamental Cantata Santa María de Iquique (1969), aunque el total de su discografía es la constante de cumbres, ineludibles en el estudio de la música chilena del siglo XX.
La “fusión de raíz” fue el concepto acuñado por Valentina Rodríguez al llevar a efecto un proyecto autoral desde punto de encuentro de tres líneas: la música de ritmos folclóricos, la canción pop y el temperamento jazzístico. A fines de la década de 2000 esta cantante y autora egresada de la Escuela Moderna de Música unió su nombre al de otros compositores de fusión latinoamericana con autoridad: Daniela Conejero, Marcelo Vergara, Josefina Echenique y, algunos años antes, Rodrigo Santa María.
Karen Rodenas es una cantante y profesora de voces. Integra la generación de solistas de mediados de los años 2000, que comenzaron en el repertorio tradicional del swing pero luego estallaron en distintos espacios musicales, entre ellas los nombres de Natacha Montory, Camila Meza, Nicole Bunout y Javiera Tagle. Rodenas se convirtió en una estudiosa solista de la música improvisada y la fusión en sus diversas formas, encabezando proyectos de jazz propios o como parte de conjuntos. Su único disco es Karen Rodenas Cuarteto (2013).
Dueño de una voz particular y andrógina, de una cantautoría prolífica, de una discografía alternada entre ediciones oficiales e informales, y de inquietudes artísticas extendidas a la poesía y la pintura, el cantautor Mauricio Castillo –Chinoy, por su abuelo carpintero– pasó de tocar en bares de Valparaíso a ser, entre los años 2008 y 2009, un fenómeno de visitas en la entonces masiva e influyente plataforma MySpace, y luego uno de los nombres más reseñados por la prensa local. Desde entonces, y entre vaivenes biográficos atípicos para los de un músico de éxito, su trabajo se mantiene como uno de los de más firme identidad en el panorama de solistas nacionales nacidos después de 1980. El músico ha tenido una disposición proclive al trabajo en vivo e itinerante, con visitas a Colombia, México, Alemania y Argentina (se radicó por un tiempo en Córdoba y en Buenos Aires). A su modo, y según sus impulsos, su trayectoria es fascinante, en parte, por su impredictibilidad.
El canto del campo, la poesía popular, la guitarra traspuesta y el sonido de la armónica conviven en la historia José Pablo Catalán Guajardo, en una transferencia sanguínea que proviene de los linajes encabezados por sus abuelos, el arriero Sergio Catalán Martínez y el cantor a lo poeta José Miguel Guajardo Rozas. De ellos tomó las sabidurías de la vida centrina, a la vez que la décima. Con sus discos Canto campesino (2013) y Porque sé de dónde vengo (2017) ha sido parte del florecimiento de una escena de cultores de principios de siglo que han mantenido vivos los legados a través de grabaciones.
Iniciado en el jazz por el pianista Moncho Romero e integrado a su trío como reemplazante de Pablo Menares en 2006, Pablo Vidal hizo sus primeras presentaciones en el club Miles durante todo 2007. Ahí se vinculó con jazzistas jóvenes de esta órbita, como parte de una camada de contrabajistas de la segunda mitad de la década que tocaron en distintas direcciones: Nelson Vera, Eduardo Peña, Rodrigo Espinoza, Carlos Arenas, Maximiliano Flynn y Amanda Irarrázabal.
El pianista más popular de la era de las orquestas hasta la televisión junto a Valentín Trujillo es Jorge Abril. Recordado por su capacidad para acompañar sin ensayo previo y por un oído privilegiado, en 1970 Jorge Abril fue iniciador de uno de los grupos esenciales de la cumbia chilena, Giolito y su Combo, con el percusionista Arturo Giolito. Trabajó, además, con dos de los más importantes directores de orquesta chilenos, Valentín Trujillo y Horacio Saavedra.
Un legado de libros, discos y la memoria de sus compañeros conservan el trabajo de César Aurelio Castillo Bozo, resumido en el nombre con que es conocido entre los cantores: El Tranca. Poeta y payador, fue uno de los cultores nacidos en la Sexta Región como Leonel Sánchez Moya o Moisés Chaparro. En paralelo a su oficio de profesor, César Castillo desarrolló su vocación por la poesía popular, en particular la de su región, con diversas publicaciones y encuentros nacionales e internacionales, en un oficio que interrumpió con un final de tragedia cuando puso fin a su vida en 2005, a los 57 años, después de treinta años dedicados a la poesía popular.
Antonio y Miguel Zabaleta dejaron huella en el cancionero nuevaolero de la primera mitad de los años '60. Como socios fundadores de Los Red Juniors, los hermanos inscribieron varios hits radiales, entre ellos "Al pasar esa edad", compuesto por Jorge Pedreros y Hugo Beiza, y convertido más tarde en un himno generacional.
Fueron parte del comentado reportaje del diario español El País que, en 2011, habló de Chile como un «paraíso del pop». Dënver perteneció a esa generación de conjuntos y cantautores que en el cambio de siglo buscaron hacer música chilena amigable, tareareable, para el amor y el baile. Partían de referentes reconocibles para el pop: Casiotone, guitarra acústica, bases electrónicas simples, un acordeón. Dos voces dulces jugando entre sí, tarareando "para-pa-pa", en canciones con títulos como "Los últimos veranos" o "Paraíso de menta". Su historia ha tenido al menos dos etapas, separadas por una pausa anunciada en 2018, pero luego revertida.
Cantor a lo humano y lo divino, poeta popular y payador, Arnoldo Madariaga López tenía 13 años cuando fue uno de los fundadores de las vigilias de canto a lo divino iniciadas en los años 70 en el capitalino Templo Votivo de Maipú. Era un destino familiar: Madariaga es la segunda generación dedicada al canto después de su padre, Arnoldo Madariaga Encina (n. 1938), con quien además ha compartido la mayor parte de su trabajo en la poesía popular religiosa y también en la paya. Su hija, Emma, ha completado tres generaciones en el oficio, que a la familia le valió en 2017 el reconocimiento gubernamental como Tesoro Humano Vivo.
Ligado a sellos con base en internet como Pueblo Nuevo y Jacobino Discos, Gerardo Figueroa es un músico y productor que se mantiene en contacto tanto con la música de precursores del rock chileno de los años '60 y '70 como con los más recientes escenarios de la música electrónica y experimental. De este modo ha participado en festivales del tipo de Ai-Maako y Fobia y también ha intervenido en campañas por una legislación acorde con los nuevos usos de internet en el campo de la propiedad intelectual.
Varias líneas describen a Ignacio Reyes Guzmán en la música. Es payador, poeta popular, cantor, educador y multiinstrumentista. Como cultor del rabel, colonial instrumento de cuerda frotada previo al violín, llegó a publicar un profundo trabajo de recopilación que contribuyó al campo de la investigación y la divulgación del folclor a través de un repertorio de tonadas interpretadas con el rabel: Pretendo de hacer un ramo. Reyes ha sido también director del conjunto Décima Orquesta, un proyecto contemporáneo que vino a proponer una nueva idea para la paya.
Aprovechar al máximo la vida y estar enviciado con ella es la traducción del nombre de Biovicio, un cuarteto santiaguino nacido a fines de los años noventa y que legó sólo un disco en sus seis años de recorrido. Con influencias de bandas como Alice in Chains, Stone Temple Pilots o Blind Melon, asociadas a la popular oleada grunge y alternativa de esa época, el grupo fue al mismo tiempo cercano a músicos como Elso Tumbay y Michu.
El de Pancho Valdivia Taucán es uno de los nombres de la diáspora de chilenos que han ejercido tanto en Chile como en otros países su trabajo en la fusión y las raíces latinoamericanas. Desde sus inicios en Chile ha tocado y grabado discos como solista y también con diversos grupos en Ecuador, Francia, Suiza y Argentina. Su trabajo de creación e investigación ha merecido el Premio Regional de Creación Artística (CNCA, 2013) y el Premio Aporte al Desarrollo del Arte y la Cultura Indígena (Conadi).
Surgidos en la Ciudad Satélite de Maipú, el dúo de MCs Liricistas es uno de los nombres mayores del hip-hop de la generación post 2000, aquella que creció con las canciones de grupos como Tiro de Gracia o Makiza. Armestyle y Bejamic partieron grabando en forma artesanal en sus casas, hasta que el año 2011, apoyados por TexasEstudio, editaron 4 life, y se establecieron como uno de los grupos más importantes del género, con un trabajo permanente que en 2016 lanzó su cuarto disco, también editado por un sello español. Responsables de una revista y un programa de radio de rap, Liricistas hablan en sus letras de vida cotidiana, de sueños y temáticas sociales.
Cantante, cantautora y pianista Javiera Abufhele muestra diversas vías de llegada a la música, toda vez que fue criada en un ambiente musical, se formó en escuela de música y se proyectó como intérprete de repertorios y como autora de canciones propias. Como Javiera Abufhele ha sido cantante de jazz, compositora y profesora, mientras que con su identidad de Tinyay pasó a una cantautoría vinculada a la música latinoamericana y sus folclores. Su primer trabajo editado en disco es el EP Contradicha (2022).
Desde una posición de marcado silencio y perfil sobrio, Toly Ramírez se ubicó en el mapa de las estrellas de una escena musical moderna como el más brillante y prolífico orquestador chileno de música popular a partir de la década de 1970. Es parte de una generación de músicos que sobrevivió a la desaparición de los auditorios radiales y sus grandes orquestas mixtas y también al declive progresivo de la Nueva Ola.
En mucho menos de lo duró que su larga estada en Chile, el cantautor bahiano Zeca Barreto terminó por incorporarse a la historia moderna de la música popular chilena como un punto de encuentro y proyección de una nueva música, la popular brasileña, desconocida en sus múltiples frentes. Junto a otras figuras como Joe Vasconcellos (fusión latinoamericana), Marinho Boffa (jazz) y Célio Oliveira (samba), Barreto ayudó a establecer un público emergente y una nueva comunidad de cultores.