Música andina
Las tradiciones musicales de los pueblos atacameños y aymaras, antes de la llegada de los españoles al territorio chileno, son la base de esta música andina que tiene al huayno, la cacharpaya y el trote como sus ritmos principales. Sus puntos de partida residen en los ritos asociados a los ciclos agrícolas y a las ceremonias religiosas, luego adaptadas al cristianismo, constituyendo una base que hoy se ha multiplicado gracias a la incorporación de sistemas armónicos pertenecientes a las culturas de Perú y Bolivia, y de nuevos instrumentos como la guitarra española y el charango andino, además de su amplio grupo de aerófonos que encabezan la quena, la zampoña y la tarka. Los bailes de las celebraciones religiosas, fiestas patronales y carnavales como La Tirana son también una importante vertiente performativa de la música de ese norte extremo que se despliega desde el altiplano a la pampa.
Varias décadas de trabajo en la música de raíz latinoamericana, con fuertes influencias de Europa y del folclor más profundo de Chile, hacen de Inti-Illimani una escuela de sonido y ética para la cultura nacional. Si bien el conjunto se formó en 1967 para dar vida a un repertorio de orientación andina, su larga trayectoria, su paso por el exilio en Europa y las incesantes búsquedas de sus músicos lo han convertido en un espacio de creación y evolución sonora de las más trascendentes. La presente ficha biográfica se concentra en la historia de sus inicios y desarrollo hasta la división del conjunto en dos facciones, ambas activas en un regular y saludable trabajo musical, aunque paralelo: Inti-Illimani ® e Inti-Illimani Histórico.
Compositor, intérprete e investigador, Osvaldo Torres fue uno de los miembros fundadores de Illapu, a quienes acompañó por siete años, y luego ha desarrollado su trabajo musical solista principalmente en Francia, aunque siempre fiel a la identidad cultural de su lugar de origen. Ha dedicado la vida a la poesía, la música y el estudio de la historia, tradiciones y vida de la cultura nortina de Chile. Su discografía combina trabajos solistas y colaboraciones (Horacio Durán, Claudio Pájaro Araya, Quilapayún, entre otros), y ha trabajado además con los conjuntos Quilmay y Karumanta.
Antes que un grupo prefieren definirse como un colectivo o, incluso, una tropa. Veinte músicos llenan el escenario en cada presentación, y es frecuente que esa humanidad se tome también la platea, los pasillos y, por qué no, la calle. La rigidez queda fuera de un show de Banda Conmoción, una de las agrupaciones de mayor arrastre entre el movimiento de ritmos bailables de fusión prendido en torno al cambio de siglo en el país. Su éxito ha sido explosivo desde 2007 en adelante, si bien integra largos períodos de trabajo menos difundido en teatro, y en la investigación sobre ritmos nortinos y balcánicos. Su poderoso sonido integra una enorme sección de bronces; salvo excepciones, sin voces ni instrumentos eléctricos.
Si Horacio Salinas ha sido el director histórico de Inti-Illimani, si Jorge Coulon ha sido su mejor vocero y José Seves ha tenido la voz más poderosa del conjunto, entonces Horacio Durán ha sido el rostro más característico de este fundamental conjunto chileno. Integrante del grupo desde sus inicios, Durán es el hombre identificado con el charango en la alineación de Inti-Illimani, así como el más carismático y cercano al borde caribeño que el conjunto ha desarrollado a lo largo de su carrera. Reconocible además por el pelo cano que lo caracteriza desde el regreso del conjunto a Chile tras el exilio, el músico ha desarrollado un trabajo propio en paralelo al grupo. De este modo integró el conjunto chileno-italiano Trencito de los Andes, con el que grabó el disco Escarcha y sol (2000), y es también parte como solista de la comunidad de charanguistas chilenos y como tal figura en los discos colectivos Charango: autores chilenos (2001) y Charango: autores chilenos, vol. 2 (2016).
Conjunto de música latinoamericana activo entre 1995 y 1998, e integrado por estudiantes de pedagogía y otras carreras universitarias. En paralelo con Coré, Episodio fue uno de los nombres que en los años 90 recogieron el legado musical de grandes figuras de la Nueva Canción Chilena, y editaron la señera grabación en cassette Equipaje al sur (1995). Un segundo disco quedó inconcluso. El grupo fue una cantera de músicos que luego reanudarían su trabajo en otros conjuntos. Durante la última época de actividad, Rodrigo Bobadilla se unió al grupo Parabellum, que acompañaba a Patricio Manns, y luego siguió con Juan González en Sur-Gente. La misma dupla entre Bobadila y González se unió en 2003 a una nueva versión de Aranto, el conjunto dirigido por el experimentado músico Fernando Huaso Carrasco. Pablo López y Fabián Fuentealba dieron forma al dúo López-Fuentealba, mientras el guitarrista Eladio Alfaro inició una carrera como solista.
Calatambo Albarracín es uno de los primeros compositores y divulgadores de música folclórica identificados con el norte chileno. Fue autor de "El cachimbo de Tarapacá", de la cueca "Caliche" y del "Trote tarapaqueño", entre otras conocidas canciones, y recopiló piezas de gran valor para el repertorio chileno, como "El huachitorito". A lo largo de más de seis décadas dedicadas a la creación y la investigación se volvió abanderado de un género propio, el de las cuecas calicheras, y un símbolo de la música pampina. En 2012 obtuvo la investidura de Figura Fundamental de la Música Chilena, otorgada por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor. Falleció en septiembre de 2018.
Un gran frente de zampoñas respaldado por bombo y tambor es la formación de Manka Saya, un conjunto de proyección folclórica iniciado a fines de los años ’80 y dedicado a la tradición musical del pueblo aymara. Zambos caporales, kullahuas, takiraris, huaynos, huaylas, morenadas, cumbias andinas, saltos de diablos y otros ritmos forman el repertorio del conjunto, que debutó en la peña Chile Ríe y Canta en abril de 1988, con el apoyo personal de René Largo Farías, y que desde entonces acumula un importante registro de discos, presentaciones en vivo y varias giras fuera de Chile.
Nacidos como un trío instrumental de música andina, que tocaba en las calles, Lican Antay ha construido un sólido y riguroso proyecto en el género. Dirigidos por el fundador Gustavo Araya, el conjunto ha grabado varios discos, con recopilaciones de música nortina, canciones del folclor y composiciones propias, acumulando un abundante repertorio que ha trascendido varias veces el sonido andino. Con una gestión independiente, que desde su origen está centrada en La Serena, Lican Antay actúa regularmente en vivo, y varias veces se ha presentado fuera de Chile. Su nombre es un concepto en kunza – la lengua del pueblo atacameño- que significa “Gente de la aldea”.
Vladimir Vega es parte de una legión. Su nombre es uno de los que se entretejen en la diáspora de músicos desperdigados en el mundo por el destierro de la dictadura chilena, y vive desde 1978 en Inglaterra, donde ha desarrollado un trabajo en torno a la música andina y latinoamericana, a solas y en grupos como Antara, Alianza y Quimantú. Pero es además un elegido. Actor y guionista aparte de músico, es el protagonista de la historia que el cineasta Ken Loach dirige en 11'09''01. September 11 (2002), la película en la que once realizadores del mundo muestran distintas miradas sobre los atentados de 2001 a las Torres Gemelas, y en la que Vega imprime un testimonio tan personal como universal.