Música andina
Las tradiciones musicales de los pueblos atacameños y aymaras, antes de la llegada de los españoles al territorio chileno, son la base de esta música andina que tiene al huayno, la cacharpaya y el trote como sus ritmos principales. Sus puntos de partida residen en los ritos asociados a los ciclos agrícolas y a las ceremonias religiosas, luego adaptadas al cristianismo, constituyendo una base que hoy se ha multiplicado gracias a la incorporación de sistemas armónicos pertenecientes a las culturas de Perú y Bolivia, y de nuevos instrumentos como la guitarra española y el charango andino, además de su amplio grupo de aerófonos que encabezan la quena, la zampoña y la tarka. Los bailes de las celebraciones religiosas, fiestas patronales y carnavales como La Tirana son también una importante vertiente performativa de la música de ese norte extremo que se despliega desde el altiplano a la pampa.
De entre los numerosos bailes y conjuntos nortinos asociados a las fiestas religiosas andinas, Wiracocha es hoy uno de los más relevantes, por la extensión de su historia, por el rigor y persistencia de su trabajo musical, por marcas de estilo que le son distintivas y, además, por el cruce hacia colaboraciones con nombres de relevancia nacional (han grabado con Chico Trujillo, y compartido escenario con Los Jaivas e Inti-Illimani). Su historia y legado está registrado en libros (como La música de la banda Wiracocha, de Ricardo Álvarez) y documentales, además de una considerable producción de estudio largada en 1986 con su primer cassette para el sello Carrero.
Altiplano es uno de los grupos que, iniciados en Chile, han desarrollado en el extranjero su trabajo en torno a la música latinoamericana. Fundado por Mauricio Vicencio Alquinta en 1976, el conjunto se ha mantenido activo entre Ecuador y frecuentes viajes a Suiza y Noruega, países en los que ha actuado en vivo y ha grabado los más de veinte discos que componen su catálogo (no todos ellos disponibles en nuestro país).
«Los bronces de la fe», presentó una vez un diario a la Banda Santa Cecilia, conjugando así su doble vocación por el sonido tradicional de los vientos y la celebración religiosa. El conjunto nortino es vivo representante de la riqueza del sonido andino, al que homenajea en la práctica constante, en el rigor de la interpretación y, sobre todo, en la composición de piezas propias. Esa creación y oficio lo celebran públicamente durante las fiestas religiosas de santuarios y las de su ciudad, Arica, además de pasacalles y grandes fiestas del Norte Grande, como la de la Virgen de las Peñas, y por supuesto La Tirana. Sus integrantes, siempre variables en número, pueden llegar a decenas de músicos, con una formación básica de cinco trompetas, cinco bajos, una tuba, un clarinete y tres percusiones. Un disco doble (Raza de bronce, con grabaciones en vivo y en estudio) y un documental dejan registro hasta ahora de su valiosa historia.
"Pop andino" o simplemente "fusión", son las etiquetas con las que se autodefinen Los Sayas, la agrupación liderada por Danny Rodríguez, que nació a fines de los años 80 – con el nombre de Los Yanacochas (los intérpretes de "Camino a Socoroma", ganador del Festival de Viña de 1988) - y que ha desarrollado una carrera , aunque intermitente, que ya completa tres discos y varias participaciones exitosas en Festivales.
Con el nombre musical de Somi Tax, un juego de palabras de lo que en rigor debería ser Tomi Sax, el saxofonista Tomás Corvalán propuso un cruce inusual entre el huayno frente al lenguaje jazzístico, desarrollando lo que él denominó "saxofón andino". Intérprete de diversos aerófonos del Altiplano y al mismo tiempo la gama completa de los saxofones, flauta traversa y clarinete, Somi Tax fue parte de la escena del jazz contemporáneo desde la década de 2010 con su fusión de mundos, expuesta en el disco Huaynitos del cerro (2023).
Considerado entre los charanguistas más notables y el más prolífico entre sus pares, Héctor Soto fue pionero en las grabaciones solistas para ese instrumento en nuestro país, con un material que durante largo tiempo ha sido referencia para músicos y estudiosos del tema. Compositor, profesor y divulgador, su carrera discográfica es la más extensa de los charanguistas chilenos. Ejecutante de charango tenor, ronrroco, maulincho, guitarra, tiple y teclados ha sido un gran difusor del instrumento: fundó en Argentina su propio Instituto del Charango y ha mantenido la fundamental plataforma Charango.cl. Soto ha desarrollado un repertorio de canciones propias —entre las cuales se cuenta la conocida pieza "Rosita de Pica"—, recopiladas o de autores como Violeta Parra, Raúl de Ramón, Sofanor Tobar, Willy Bascuñán, Víctor Jara y Patricio Manns. Su libro Charango para todos (2019) es vital fuente de lecciones.
Un gran frente de zampoñas respaldado por bombo y tambor es la formación de Manka Saya, un conjunto de proyección folclórica iniciado a fines de los años ’80 y dedicado a la tradición musical del pueblo aymara. Zambos caporales, kullahuas, takiraris, huaynos, huaylas, morenadas, cumbias andinas, saltos de diablos y otros ritmos forman el repertorio del conjunto, que debutó en la peña Chile Ríe y Canta en abril de 1988, con el apoyo personal de René Largo Farías, y que desde entonces acumula un importante registro de discos, presentaciones en vivo y varias giras fuera de Chile.
Quilapayún es la expresión más comprometida y política de la música en Chile, y al mismo tiempo un poderoso proyecto artístico. El grupo fue el mayor emblema de la Nueva Canción Chilena, el más identificado con el gobierno de la Unidad Popular, y su repertorio fue el que mejor representó, antes y después del Golpe Militar de 1973, a la izquierda política del país y de otras partes del mundo. En 1973, nombrados "embajadores culturales" por Salvador Allende, estaban en París el 11 de septiembre y allí comenzó su exilio. Los años siguientes tuvieron una intensa actividad de solidaridad con Chile y un proceso de renovación artística. El fin de la dictadura en 1988 significó la salida de algunos integrantes y un período de menor actividad. Tras algunas crisis, y la existencia de dos grupos que reclamaban el nombre Quilapayún, hoy continúan su historia, con músicos en Chile y Francia, y consagrados como una de las agrupaciones más importantes de la historia de la música popular chilena.
Mitades iguales de músicos ingleses y chilenos coincidieron en Alianza, un sexteto formado en Inglaterra y que legó un único disco antes de que sus integrantes siguieran en caminos propios. Mauricio Venegas y Vladivir Vega habían llegado como exiliados a Gran Bretaña en 1977 y 1978 respectivamente, y en sus recorridos aparecen otros conjuntos de música latinoamericana formados en ese país, como Quimantú y Antara.