Folclor

Entendido en contextos locales, folclor proviene del concepto anglosajón impuesto a un fenómeno de música vernácula. El vocablo folklore (donde folk es pueblo y lore, su sabiduría popular) tiene un sentido purista: designa al sujeto original de la tradición, previo a toda interferencia urbana. Por esta condición previa a la industria, los cultores genuinos que grabaron discos en Chile son escasos y corresponden en exclusiva a cantoras campesinas de rodeo, como las incluidas en el disco Aires tradicionales y folklóricos de Chile (1944) editado por la Universidad de Chile. La industria musical empleó este término para designar, por sentido común y por desconocimiento de los cultores originarios, lo que desde un punto de vista urbano ha sido considerado "folclor": figuras de la música típica urbana o recopiladoras. Pero según la nomenclatura son definiciones distintas: los sujetos que investigan el folclor con criterio académico son los "folcloristas"; los cultores naturales son llamados "folclóricos".

Camilo Leiva Jiménez

Antropólogo y folclorista, Camilo Leiva Jiménez ha incursionado en distintos frentes de la música de la tierra, desde la investigación y la proyección folclórica, al trabajo con repertorios y la guitarra y el canto. Prueba de esto son los discos que marcaron su primera época como nombre propio en el folclor: Juguito 'e guitarra (2022) y Tras la huella de Chile (2023), en especial este último, donde él recogió canciones recopiladas por Margot Loyola y Osvaldo Cádiz, que nunca habían sido grabadas.

Segundo Zamora

La cueca es la credencial mayor de Segundo Zamora, un hombre nacido en la pampa nortina que legó las composiciones "Adiós, Santiago querido", "Mándame a quitar la vida", "El marinero" y "El cuerpo malo". Ya su firma en esas glorias es historia trascendente, pero la música de este autor es aún más cuantiosa. Zamora —conocido más familiarmente como Guatón Zamora— fue autor de guarachas, corridos (como "Buen consejo") y también tocó tango, como acordeonista de la orquesta de Armando Bonansco. Murió en 1968, pero la música es cuestión de familia: su hija, María Esther Zamora, formó por décadas un dúo junto Pepe Fuentes que mantuvo vivos los genes musicales populares de uno de los grandes hombres de la cueca nacida y animada en la ciudad.

Grupo Lonqui

El Grupo Lonqui, uno de los conjuntos germinados al alero de la Nueva Canción Chilena, nace en 1969 como una derivación del grupo de canto y bailes folclóricos Lonquimay, iniciado en 1961. Como aquel, las distintas etapas del grupo tienen como base la pareja formada por los músicos Richard Rojas y Ester González, junto a sucesivos integrantes y siempre bajo la dirección de Rojas. Su trabajo, a veces discreto dados los tiempos que le tocó vivir, nunca se detuvo el todo hasta la muerte de su líder el año 2007.

José Seves

José Seves posee una de las voces mejor dotadas de la historia musical chilena. Y aunque la mayor parte de su historia está vinculada a Inti-Illimani (cuya voz corresponde a clásicos como “Vuelvo”, “Sambalando” o “Medianoche”), el cantante es también compositor y tiene una carrera solista antes y después de su paso por el Inti. Antes como cantante radial e intérprete folclórico del dúo Anita y José, y luego, tras su retiro temporal de su conjunto en 1998, como cantautor y folclorista. Hoy es parte de la facción histórica de Inti Illimani, al mismo tiempo que continúa su trabajo creativo independiente.

Wiracocha

De entre los numerosos bailes y conjuntos nortinos asociados a las fiestas religiosas andinas, Wiracocha es hoy uno de los más relevantes, por la extensión de su historia, por el rigor y persistencia de su trabajo musical, por marcas de estilo que le son distintivas y, además, por el cruce hacia colaboraciones con nombres de relevancia nacional (han grabado con Chico Trujillo, y compartido escenario con Los Jaivas e Inti-Illimani). Su historia y legado está registrado en libros (como La música de la banda Wiracocha, de Ricardo Álvarez) y documentales, además de una considerable producción de estudio largada en 1986 con su primer cassette para el sello Carrero.

Verónica Jara

Verónica Jara es una cultora del canto latinoamericano y la música de raíz folclórica, que ella expone a través de una propuesta de fusión. Autora, compositora, intérprete y educadora, su nombre tuvo un primer eco en la música chilena en 1998, cuando obtuvo el premio a la mejor intérprete de la competencia folclórica en el Festival de Viña del Mar. En esa oportunidad cantó la tonada punteada "Revoloteando en el alma", junto al grupo Viento. Diez años después, Verónica Jara volvería a competir en esa categoría, con su canción "Yo no tengo la culpa", pieza en 6/8 con guitarra eléctrica que titularía el disco que más representativo de su historial como cantautora: Yo no tengo la culpa (2011).

Natalia Contesse

La creación de una música propia a partir del aprendizaje del folclor es el camino emprendido por Natalia Contesse para instalarse entre las voces de la canción chilena actual. Después de sondear en las raíces musicales latinoamericanas y del mundo durante años y con diversos grupos previos, ha grabado como solista los discos Puñado de tierra (2011) y Corra la voz (2013), poblados de canciones con influencias de la cueca, la tonada y la décima entre otras tradiciones, y ha cantado en escenarios de Argentina, España, Francia, Inglaterra e Italia. La cantante aglutina además a diversos artistas vinculados al folclor en la Escuela Creativa de Artes, Folclor y Oficios, escenario que desde 2009 dirige en la comuna santiaguina de La Reina.

Esther Martínez

"El ideal de la artista completa integral". Así definió Margot Loyola a Esther Martínez, compositora y cantante que junto a Petronila Orellana y Derlinda Araya conforma la trilogía de voces femeninas que en los años '20 y '30 llevaron la música folclórica chilena a los discos y los estudios y auditorios de radios. A los 12 años comenzó a actuar como guitarrista, integró muchos grupos, lideró Las Cuatro Huasas en 1936 y dejó su voz en decenas de discos de acetato, de las que aún se conservan varios registros. En 1972 colaboró en dos grabaciones de Margot Loyola, aunque por entonces se encontraba retirada de la música desde hacía un tiempo prolongado.

Miguel Molina

Es entre múltiples colaboraciones que el talento del guitarrista y cantor Miguel Molina Bernales se ha ido mostrando a las audiencias, de acuerdo a una trayectoria de alianzas de excepcional variedad, en lo estilístico y generacional. Su guitarra ha sonado junto a leyendas del instrumento, como Pepe Fuentes, pero también en las incursiones en terrenos de la tradición del solista pop Gepe, entre otros muchos cruces. El músico nacido y criado en Molina (Región del Maule), y residente desde 2013 en Santiago, ha sido sobre todo impulsor de sus propias iniciativas musicales. Tras llevar adelante el proyecto de Los Dos Maulinos, centrado en repertorio campesino, mantiene hoy un quinteto bajo su nombre (Las Guitarras de Miguel Molina) y al Dúo Constanzo-Molina, donde junto a Claudio Constanzo ha extendido entre audiencias jóvenes un rico repertorio chileno que se nutre de históricas agrupaciones.

Delis Val

"Pop folclórico" es el término que eligió Delia Valdebenito para describir sus compocisiones, reunidas en Cantos del alma, su primer trabajo tras el disco introductorio de cinco canciones Delia Valdebenito EP (2014). Ese fue el primer nombre, un nombre civil, que ella utilizó como cantautora, aunque poco después fue transformándose a Delis Val. Su mirada de la música en la ciudad, su formación dentro de la música popular y sus estudios de canto con Arlette Jequier (Fulano, MediaBanda) y de composición con Jorge Aliaga, marcaron esa condición principal en el terreno del pop. Pero su cantautoría fue tomando además elementos del folclor chileno, sureño y andino, ritmos de 6/8 y aires naturales de la cueca y el huayno para depurar una propuesta con banda eléctrica, que pronto ubicó a Delis Val entre la nutrida escena de cantautoras en esta línea: desde Natalia Contesse a Pía Zapata, y desde Paula Herrera a Analí Muñoz.

Petronila Orellana

Petronila Orellana es un nombre principal en el folclor chileno. Una precursora, como la llamó Margot Loyola, y autora de clásicos del cancionero tradicional, como las cuecas “Los lagos de Chile “ y “Chicha de Curacaví”. Con ella como arpista y su hermana menor Mercedes como guitarrista, formaron un dúo que se forjó en espacios campesinos, como rodeos y trillas, y que luego -sin abandonar esos circuitos rurales- llegó a la ciudad para presentarse en auditorios radiales y grabar varios discos a partir de los años '20. Tras el fin del dúo de hermanas en 1943, Petronila ejerció el oficio musical en su casa de canto, situada en el barrio Pila del Ganso. Se retiró paulatinamente de la música hasta su muerte, en Santiago, en 1963.

Los Chacareros de Paine

En la tierra de las sandías, Paine, comuna de la Región Metropolitana cuyo nombre en mapudungun quiere decir "cielo azul", un grupo de lugareños formó el 20 de marzo de 1975 los Chacareros de Paine en una escuela rural de la localidad, dedicados a cultivar el folclor. Con el tiempo fueron tomando la guaracha como su sello musical, y con eso estilo fueron en parte responsables del renacimiento que este género campesino vivió en los años 80. Han estado en casi todos los festivales de Chile, incluyendo el de Viña varias veces, y tienen una extensa discografía. Desde el año 2005 la división entre la directora Teresa Rodríguez  y otros músicos  del grupo dejódos elencos continuando con la historia. Los Chacareros de Paine y Los Auténticos Chacareros de Paine .

Luis Ortúzar - El Chincolito de Rauco

Aunque santiaguino, Luis Ortúzar Araya es llamado El Chincolito de Rauco en alusión a esa ciudad de la zona de Curicó, desde donde irradia sus oficios de cantor a lo humano y lo divino, poeta popular y payador. Iniciado en 1955, es uno de los más experimentados cantores vigentes en Chile. Su presencia es habitual en encuentros de payadores nacionales como los de Teno (provincia de Curicó) y Portezuelo (provincia de Ñuble), y al mismo tiempo en velorios de angelitos, vigilias, novenas y encuentros de canto a lo divino.

Carolina Aguilera - La Canarito

El canto, la danza y el teatro han sido fuentes de inspiración y expresión para Carolina Stefanía Aguilera Cifuentes, más conocida en los ambientes del Biobío como La Canarito, cultora de diversas músicas de raíz que van desde el folclor profundo como la cueca hasta expresiones asimiladas en su uso como la música afrolatina y tropical. Escénicamente, Carolina Aguilera utiliza un elenco instrumental de medianas dimensiones que se presenta como La Canarito y su Bandada. Chorera de nacimiento y penquista por adopción, es parte de una pródiga generación de mujeres cantoras y cantautoras vinculadas al folclor de esa zona del sur, que incluye a Vasti Michel, Fabiola González, Claudia Melgarejo, Liliana Riquelme y Cecilia Gutiérrez, entre otras.

De Patienquincha

De Patienquincha, o también reconocido como Los Patienquincha, es el proyecto de folclor que espontáneamente iniciaron la cantora Pati Díaz y el guitarrista Marco Palma, luego de la disolución del grupo El Parcito, donde también actuaba la joven intérprete y recopiladora Claudia Belencha Mena. El conjunto se organizó en torno a ese núcleo aunque rápidamente se amplió a un elenco de tres guitarras y voz. Se bautizó así como un juego de palabras entre el nombre de su cantante, conocida como Pati, y la expresión campesina "de pata en quincha". Su primer disco es Vanidad, publicado en 2018 con el título del famoso bolero "Vanidad", de Armando González Malbrán, que ellos recuperaron en su estilo original de los años '30: el slowfox.

Décima Orquesta

Un enfoque distinto del uso de la poesía en décima, propia del canto a lo poeta, es el que presenta este elenco dirigido por el profesor de música y multi-instrumentista Ignacio Reyes. La Décima Orquesta toma su nombre de esta forma de poesía consonante presente en toda Latinoamérica y la lleva a un contexto escénico que se despliega con elementos del teatro y el canto popular, y en lugar de desarrollar la paya en el tradicional enfrentamiento entre dos cultores, tiene una propuesta de ensamble de guitarrones chilenos, guitarras, rabel y otros instrumentos.

Ignacio Reyes

Varias líneas describen a Ignacio Reyes Guzmán en la música. Es payador, poeta popular, cantor, educador y multiinstrumentista. Como cultor del rabel, colonial instrumento de cuerda frotada previo al violín, llegó a publicar un profundo trabajo de recopilación que contribuyó al campo de la investigación y la divulgación del folclor a través de un repertorio de tonadas interpretadas con el rabel: Pretendo de hacer un ramo. Reyes ha sido también director del conjunto Décima Orquesta, un proyecto contemporáneo que vino a proponer una nueva idea para la paya.

Ricardo Acevedo

Apenas cumplidos los veinte años ya se había inscrito a comienzos de los '50 como uno de los cuatro fundadores de Fiesta Linda, conjunto que está entre los nombres principales y más afamados de Chile en el repertorio de tonadas y música típica. Tras ese inicio, Ricardo Acevedo se valió de su talento personal para consolidarse, en plan de solista, como uno de los ejecutantes de guitarra destacados de su tiempo, en una época en que ése fue un instrumento principal en la música popular y la industria del disco.

Lautaro Parra

Una vida repartida entre Chile y Suecia tuvo Lautaro Parra Sandoval, hermano menor de los célebres Violeta, Lalo y Roberto; y, como ellos, creador hábil en el canto y la poesía popular, además de reconocido en su destreza como guitarrista. Ese canto y las décimas fueron las expresiones preferidas por un artista que también expuso pinturas y publicó novelas, como Jacinto Laguna y La Pacha Mama.

Max Berrú

Max Berrú es uno de los integrantes fundadores de Inti-Illimani, y el primer músico que en esa condición abandonó el conjunto. En 1997 razones derivadas de su vida personal (fundamentalmente, un nuevo matrimonio y una nueva hija), lo llevaron a renunciar, aunque su ligazón con la música y con el grupo nunca se cortaron. Desde entonces, editó dos discos y se presentó regularmente mostrando repertorio latinoamericano. Ecuatoriano de nacimiento, se quedó definitivamente a vivir en Chile, hasta que, afectado por un cáncer, falleció en Santiago en mayo de 2018 a los 74 años.