Canto y trova
Poemas y canciones de amor, de humor o de política fueron parte del oficio del trovador histórico, personaje nacido ya en épocas medievales y que mil años después regresó a la música popular con el mismo sentido. Su figura renació en los años '60, cuando en América Latina y Europa surgieron autores cuyas canciones –interpretadas con la sola compañía de una guitarra- hablaban de sentimientos personales y temas sociales. Canto y trova son formas modernas de expresión del trovador, quien a falta de despliegue instrumental centra el poder de su música en las letras y en su virtuosismo como ejecutante de esa pequeña orquesta de seis cuerdas. Desde Francia a Estados Unidos y desde Cuba a Chile, los cantautores reaparecieron en la década de los grandes cambios. En nuestro país se activó en el marco de la Nueva Canción Chilena y luego siguió con el movimiento joven del Canto Nuevo, pero su oficio es ahora tan genérico que ha superado todas las etiquetas.
El vínculo con el entorno es rasgo natural en la obra de todo cantautor, pero en pocos esa ligazón es tan marcada como en Nicasio Luna. La Patagonia chilena es presencia constante no sólo de las letras del cancionero de este creador nacido en Cochrane, región de Aysén, sino también de las reflexiones en sus entrevistas con prensa y hasta en sus fotos promocionales. En sus discos, la zona extrema del sur de Chile es plataforma de historia y descripciones paisajísticas, pero también de denuncia y alerta sobre los intereses económicos allí en juego.
Escalinatas, paseos, miradores, ascensores y laberintos de Valparaíso fueron la escenografía de las canciones del dúo Asteroide B-612, formado por la cantante Belén Calvo (n. 1989) y el guitarrista Alfredo Canales (n. 1976), que comenzaron en una clave cercana a la trova, y que luego abrazaron los códigos del pop. Hacia el año 2013, sus propias busquedas los llevaron a sonidos electrónicos y ya el año 2015 eran una banda con una clara impronta popera, que plasmaron en su primer disco Salgamos de aquí volando (2017). En ese proceso se rebautizaron como Asteroide.
Las primeras creaciones de Tomás del Real superaron los límites de la trova latinoamericana sanguínea para introducirse en el territorio del folk europeo, con influencias celtas y balcánicas. Esa fusión de dos tradiciones quedó registrada en Tomando forma (2014), el primer disco del cantautor, que lanzó a los veinte años tras la experiencia de un viaje de seis meses solo junto a su guitarra por ciudades de Bélgica, Escocia, Bulgaria y Eslovenia. A lo largo de su historia, Del Real ha transitado un camino de encuentros entre esas vertienes musicales de su tierra y las pertenecientes a las músicas del Viejo Mundo, hasta llegar al dúo folk Don’t Chase the Lizard, que en 2022 formó junto a la violinista, cantante y compositora estonia Lee Taul.
Desde el canto puro con guitarra hasta una multiplicación del sonido con bandas eléctricas y orquestaciones de sus canciones, Víctor Hugo Mendoza ha recorrido el camino de la cantautoría desde los tempranos años '90, como un nombre de la generación de esa transición, cultor del canto autobiográfico y romántico, en un punto medio entre la trova latinoamericana y la música popular, en cuyas canciones se exhiben ritmos latinos, andinos y sudamericanos y amplios sonidos de una fusión moderna.
Teresa González Arancibia es compositora, autora, cantante y guitarrista. Pertenece a una comunidad de cultores de la música latinoamericana contemporánea que ha sido permeada por la composición académica, el jazz, la música popular y el folclor. Nacida en Viña del Mar, criada en Curimón, entre San Felipe y Los Andes, con estudios musicales en Valparaíso y con una posterior vida en Mendoza, Tere González ha recorrido largamente ese eje latitudinal entre Chile y Argentina: un tránsito terminó por definirla como cantautora en plena forma, sobre todo con el disco Sabias (2020).
La de Francisco Villa ha sido una voz comprometida de la trova chilena. El cantautor ha hecho en una carrera de abundantes discos un trabajo siempre conectado con la realidad social del país y el mundo, en un formato artístico militante, emparentado con la tradición de los cantautores latinoamericanos de los años '70.
Tiare Galaz adoptó el nombre de Niña Tormenta paulatinamente. Primero como un apodo íntimo, luego como un perfil en redes sociales y finalmente como su nombre artístico. Letras sencillas, protagonismo del ukelele, tenues percusiones y una voz suave pero firme caracterizan su cancionero, salpicado por constantes colaboraciones con otros músicos. A esa labor ha sumado, en distintas etapas, una rol como gestora cultural en el sello Uva Robot y en la agencia Capitán Cobalto.
Se inició en conjuntos de raíz folclórica a fines de los años '60 y ha desarrollado gran parte de su trabajo en los escenarios de la música, pero Patricio Liberona siempre ha mostrado la inquietud por rebasar esos límites, y puede considerarse un cantautor de oficio intermitente. El teatro, la actuación, la escritura, la pintura, la escultura y los guiones son oficios que ha desempeñado este autor, un hombre que tras integrar desde 1970 uno de los jóvenes conjuntos de la Nueva Canción Chilena en Los Moros, fue parte como solista de los años del Canto Nuevo, pero ha dejado el grupo de su trabajo impreso en formatos diferentes al del disco.
Pocos músicos en Chile pueden mostrar las cifras de venta de Alberto Plaza. Sus marcas comerciales son aún más impresionantes si se considera que las ha conseguido muchas veces tan sólo con una guitarra acústica, el instrumento clave de sus canciones y de una carrera musical que, aunque con los años derivó parcialmente hacia ritmos y colores tropicales, está construida sobre la base de históricas baladas de amor y de himnos de consideración humanista.
Si bien Cecilia Concha Laborde es parte de una generación de cultores de la trova poética y el canto comprometido vinculados al Canto Nuevo, nunca perteneció a ese movimiento a pesar de su cercanía estética y política. Con esa independencia ha cruzado los tiempos vinculándose a diversas comunidades de cantautoras. Su único disco es Te traigo mis versos (2013), que se desprende del libro homónimo donde reunió sus escrituras, canciones, poemas y cuentos. Otras emblemáticas piezas de su repertorio han aparecido, sin embargo, en diversos álbumes colectivos: "Declaración de intereses", "Qué quieres país", "Amarraré a las cintas" o "Dame la rabia".
«Suena a Conce», coinciden sus coterráneos al describir el sonido que el cantautor penquista Mauricio Javier Toloza conduce bajo el nombre de Cantáreman. Desde 2008, sus canciones de raíz folk y letras urbanas han encapsulado el imaginario del suburbio sureño, rutinario y melancólico. Junto a sus álbumes caseros y singles de exportación, el músico se convirtió en uno de los artistas de culto de la generación post terremoto en la capital del Biobío.
El guitarrista Fernando González no sólo es el mayor de los hermanos que fundaron Congreso en Quilpué en 1969. También es el autor y musicalizador de algunas de las más recordadas primeras canciones del grupo en los tiempos de advenimiento y consolidación del rock folclórico. “Vamos andando mi amigo”, “¿Cómo vas?”, “Tus ojitos”, “El oportunista” o “El cielito de mi pieza”, además de la orquestación de los textos de Pablo Neruda “Maestranzas de noche” para banda eléctrica e instrumentos andinos, le pertenecen a Fernando González.
A sus 19 años, Pablo Herrera abrió con su primer disco la historia de uno de los solistas chilenos exitosos de la música local. Rubricado primero como trovador o cantautor, se movió en escenarios alternativos hasta comienzos de los años noventa, cuando por propia opción decidió acercarse a la balada y desvió su rumbo hacia nuevas audiencias y alcances. "Alto al fuego", "Entre dos paredes", "Tú eres mía" y "Amor, amor", son algunas de sus canciones ancladas en la memoria colectiva local de las últimas décadas.
Las comarcas cordilleranas de Lonquimay constituyen el espacio decisivo en la historia personal de Nicolás Michel, y desde allí su nombre se ha proyectado como el de un trovador eminentemente sureño. Sus canciones aparecen como crónicas territoriales o visiones impresionistas de La Araucanía, sobre todo en la panorámica que muestra su primer álbum, Sur temprano (2016). Allí se exhiben textos sobre reflexiones y pasiones personales, pero también sobre la poética de la naturaleza, crítica social y canción contingente, temáticas que han marcado su escritura y su canto.
El bolero de puerto es un tipo de género musical cargado no sólo por sus señas formales sino también por el involucramiento biográfico que muchos de sus mejores cultores tienen con él. Aunque nació en los años ochenta, Demian Rodríguez está enlazado a esa larga tradición que en Valparaíso y San Antonio marcaron antes de él cantores como Jorge Farías, Ramón Aguilera y Rosamel Araya, y conjuntos como Los Chuchos. Su música es por un lado un homenaje a esa línea de música sentimental y bohemia, pero también la prueba de sus propias dotes de cantautor. Ha elegido insertarse en una historia que le resulta cercana, aportando a ella con nuevas ideas, versos y melodías.
Muchas veces vista y entendida como una banda de diversos timbres alrededor de Pablo Castro Undurraga, Pablojarasca es en realidad el nombre musical del propio cantautor. Un hombre que ha experimentado múltiple llegada a las músicas, como autor de canciones, como cantor con guitarra, como percusionista, como compositor de música para ensambles y arreglador de música para montajes escénicos o como investigador de folclores, ritmos e instrumentos de Sudamérica, en especial el candombe y la murga uruguayas. Como Pablojarasca, una idea que en cierta medida simbolizaba la frondosidad de un árbol, apareció discográficamente en 2022 con Seré movimiento. Poco tiempo después cambió su nombre musical al de Pablo Joaquín, cuando publicó el disco Tintinea (2025).
A través de una extensa carrera dirigida por su firme y a la vez dulce sello de autora, Isabel Parra se ha destacado como una de las más reconocibles voces de la música popular chilena, más allá de sus excepcionales vínculos familiares. La hija de Violeta, hermana de Ángel, sobrina de Roberto y madre de Tita —por nombrar sólo a algunos de sus parientes destacados en la canción— se caracteriza por una pluma delicada, pero de ácida observación cuando así lo dicta la contingencia; y es entre estos dos polos que se debaten sus más importantes composiciones. Es, entre otras cosas, la gran voz femenina de la Nueva Canción Chilena.
Un cruce entre la trova latinoamericana, las raíces del folclor centrino y el folk anglo se aprecian en las canciones de Ignacia Torres, cantautora perteneciente a una generación de autores que tomaron posición en la década de 2010, con nombres como los de Nicole Bunout, Javiera Barreau y El Árbol de Diego, entre otros. Apareció en el medio en 2021 con la canción "Horarios de oficina", y poco después publicó un primer álbum, Corazón abierto (2022), con su canción ariete y feminista "Alma de mujer". En 2023 integró el elenco que realizó la gira "Cantoras por el Sur", junto a la cantante Verónica Soffia y la chelista Magdalena Rust.
La vida musical del cantautor Javier Labbé es rica y sincrética, tal cual su música y su poesía, fiel reflejo de los diversos espacios donde aprendió este arte que se cultiva entre vivencias comunes. Una colección inmensa de vinilos y altas torres de casetes y CDs de los más variados ritmos y estilos; la guitarra y la voz de su padre, el piano de su abuela y tardes de estudio frente a ese instrumento fueron los primeros indicios de una fuerte afición musical que se despertaría con todo el ímpetu de la adolescencia.
Cantora de La Araucanía, nacida, criada y con una vida adulta en Collipulli, tras un paso por la capital, experiencia que la llevó a escribir la canción "No me vuelvo pa Santiago". Su música intuitiva, lejos de los rigores académicos y un canto libre sin depuraciones formales, se ha inspirado en la defensa de las causas mapuches y presenta un borde aguerrido de la canción de protesta ante las desigualdades sociales de su tiempo. Además se conecta en la naturaleza sureña y la "mapu", voz mapudungún para referirse a la tierra. Una de sus canciones más resonantes es "La conquistada de América".