Benedicto ‘Piojo’ Salinas

Cantor, payador, guitarrista y guitarronero, Benedicto Salinas Jiménez, conocido como el Piojo Salinas, es uno de los mayores cultores del canto popular chileno. Se inició en el folclor, integró el elenco de la Peña Chile Ríe y Canta creada en 1965 e integró una agrupación formada por Pedro Yáñez, Santos Rubio y Jorge Yáñez que en 1980 restituyó la popularidad de los encuentros de payadores.

Fechas

Santiago - 30 de junio de 1948
Santiago - 18 de febrero de 2008

Décadas

1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |

Géneros

Benedicto Piojo Salinas

David Ponce

Músico comprometido además en la resistencia cultural después de 1973, sufrió el peor golpe de su vida cuando su esposa, su hijo y su cuñada murieron tras un operativo policial en 1986 y engrosaron el historial de víctimas de la dictadura militar en materia de derechos humanos. Desde entonces y hasta su muerte en 2008, la vida de Piojo Salinas fue una lucha entre ese drama personal y la chispa y picardía que desde antes habían caracterizado su carrera, una de las más significativas del canto popular en nuestro país.

Era muy pelusiento: el cantor temprano
Entre quince y dieciséis años tenía cuando empezó a cantar, según refiere una de sus hijas, Mirna Salinas, y un documento respalda ese dato. «No me lo vas a creer. Hace veinte años yo cantaba rock ‘n roll en los programas de la ‘nueva ola’ junto a Peter Rock«: lo dice el propio cantante y lo transcribe el reportero Lucho Fuenzalida en la contraportada de su LP editado en 1980.

Veinte años antes, a comienzos de los ’60, un Benedicto Salinas ni siquiera quinceañero ya rondaba el escenario. Al final se encaminó no hacia el rock ni la Nueva Ola sino a la raíz folclórica, con su paso temprano por el conjunto Millaray, fundado por los investigadores Gabriela Pizarro y Héctor Pavez.

–Él perteneció al conjunto, muy amigo de la Gabriela Pizarro –corrobora Jorge Yáñez, compañero de ruta de Salinas, con quien compartió a mediados de los ’60 el reparto de la obra teatral «Estamos en primavera», de Felipe Ravinet–. Ahí nos hicimos amigos porque era muy pelusiento. Divertido. Y lo conocí fundamentalmente cuando se armó la peña.

Se refiere a la Peña Chile Ríe y Canta, el reducto creado en 1965 por el locutor radial René Largo Farías que fue uno de los puntales de los músicos de la Nueva Canción Chilena. Allí el Piojo Salinas profundizó además su convicción política. En 1997 el trovador cubano Pablo Milanés lo recordaba entre los músicos que conoció su primera visita al país en 1972, junto a Gitano Rodríguez o El Temucano.

Piojo Salinas cantó incluso con motivo de la visita de Fidel Castro a Chile en noviembre de 1971. Así lo recordaba a su vez el fallecido músico Juan Francisco Palomo, integrante de Aparcoa, a propósito de una visita posterior de Salinas y ese conjunto a Cuba. «Fue impresionante porque cuando (Fidel Castro) nos vio estaba el Piojo Salinas ahí y le dijo ‘Coño, chico, te vi en la Laguna del Inca, allá arriba en la nieve’. Efectivamente él le había cantado en alguna actividad y Fidel se acordaba perfectamente».

En el nombre de Lázaro y Críspulo: el payador
Si Jorge Yáñez se reconoce como discípulo del Piojo en el ejercicio de la paya, Pedro Yáñez, también payador, recuerda esos primeros pasos conjuntos en el oficio.

–Con el Piojo fuimos cantores en la Peña Chile Ríe y Canta a partir del año ’69. De repente hacíamos payas, pero todavía no teníamos el nivel para hacerlas arriba del escenario –menciona, con la impresión cierta de que Salinas conoció la paya del veterano cantor Lázaro Salgado–. Lázaro era payador urbano y el Piojo es cantor urbano. Cuando tocaba la guitarra se notaba el estilo de la pulsación de Lázaro.

–Yo no sé quiénes son sus maestros, pero él sin duda que vio a Lázaro en las peñas que hacían en Santiago –corrobora Guillermo Bigote Villalobos, también discípulo de Salgado–. Era tan irónico y mordaz como era Lázaro. Para payar con el Piojo había que encachársele. Lázaro era un referente de todos los que querían improvisar, el mejor payador de Chile hasta en los ’70.

–Me atrevería a decir que pudo haber tomado algo de Lázaro Salgado –coincide Alfonso Rubio, también guitarronero y payador–. Claro, es lo mismo. Es la tradición que va pasando de generación en generación. El Piojo decía «degeneración en degeneración». Él empezó a subir la paya a los escenarios, en forma artística. Antiguamente los payadores subían a un escenario de la forma natural, como saliera. El Piojo no, trabajó en que fuera un espectáculo redondo. Y vendible.

El principal vehículo para ese cambio fue la Agrupación Críspulo Gándara, que Pedro Yáñez, Piojo Salinas, Santos Rubio y Jorge Yáñez formaron en 1980 también junto a Roberto Peralta y Alfonso Rubio. Encomendados a la figura del histórico compositor y cantor popular Críspulo Gándara, estos hombres acercaron a toda una nueva generación de público a la poesía improvisada.

Los años ’80: el compromiso
Después de 1973 Piojo Salinas se dedicó a cantar en peñas, encuentros solidarios, bolsas de cesantes y ollas comunes, al tiempo que trabajaba en restaurantes y escenarios más formales como el Festival del Folklore de San Bernardo o el programa de TV «Chilenazo».

En 1980 publicó su primer disco, Folklore confidencial, donde está reflejada además su faceta de recopilador y autor, con una serie de canciones de títulos como «Una niña en Curicó», «El mexicano» o «La cuarteta», picarescas y de doble sentido en su mayoría.

–Siempre lo vi como un recopilador del canto folclórico más bien humorístico. El Piojo se especializó en divertir y alegrar a la gente. Lo escuchábamos con su mismo repertorio y siempre nos reíamos, aunque lo sabíamos de memoria –recuerda Jorge Yáñez. Pero en contraste con ese ánimo, Salinas enfrentó la censura y las dificultades para actuar propias de la época, y ésa ni siquiera iba a ser la peor parte.

Su nombre salió en los diarios por las razones más trágicas cuando el 30 de junio de 1986 su esposa, Margarita Martín; la hermana de ésta, María Paz Martín, y su hijo de dieciocho años, Isidro Salinas Martín, murieron tras un allanamiento policial efectuado en la calle Mamiña de la comuna capitalina de La Cisterna. En 1989 la justicia procesó como autores de homicidio a Sergio Gajardo y José Luna y como encubridor a Augusto Sobarzo, carabineros todos, pero los tres acusados fueron absueltos en 1993 por una corte militar, en un caso en el que hasta la fecha la familia reclama por la impunidad.

Con ese ingenio no hay ninguno: el legado
Piojo Salinas había dejado Chile mucho antes. En diciembre del mismo 1986 se estableció en Holanda, donde permaneció durante ocho años dedicado a cantar y en busca de un modo de reanudar su vida después del drama. Sólo a comienzos de 1994 volvió a Chile y anunció un regreso a la música.

–Lo recibimos y empezamos a organizar encuentros de payadores de nuevo, siempre tratando de difundir la paya –recuerda Jorge Yáñez. Salinas cantó en campañas electorales de la izquierda con compañeros de ruta como Rebeca Godoy, Pancho Villa o Felo, en encuentros de payadores de diversas comunas de la capital y en presentaciones sindicales, pero sin la frecuencia de antes.

Su última actuación fue el 20 de septiembre de 2006 en el balneario de Horcón. Benedicto Piojo Salinas murió meses más tarde, la noche del lunes 18 de febrero de 2008, a raíz de una afección hepática según el parte médico, pero sobre todo por el dolor guardado por años, según sus cercanos. Canciones y versos inéditos quedaron como legado. «Las tengo en mi casa. Incluso le decía que las mandara a algún festival, pero nunca hizo nada», dice su hija. «Hay muchas canciones que no se conocen».

–La gente lo va a recordar como un gran payador. Sobre todo los pares. No era fácil medirse con el Piojo Salinas –asegura Jorge Yáñez, su socio, compañero de ruta y compadre. «Con el ingenio del Piojo no hay ninguno. Hay nuevos payadores como el Bigote, el Manguera, que tienen esa gracia natural. Pero el gran maestro era el Piojo», reconoce el cantor Manuel Sánchez. Y lo mismo está anotado en ese único y viejo long play del ’80 en el que Piojo Salinas recuerda sus fugaces inicios rocanroleros antes de consagrar su vida al canto. «Aunque no soy experto en música, creo comprender el mensaje de picardía y chispa del roto chileno, que es el contenido de estos surcos», firma ahí ni más ni menos que Carlos Caszely, también genio y figura. Es el saludo de un campeón a un astro popular.

Se inaugura el FAM Víctor Jara

La primera de las ocho jornadas del festival de Arte & Memoria Victor Jara – el FAM- reúne desde las 18.15 a la chilena Carmen Linqueo – cantante de Mákina Kandela -, la obra musical Pateando piedras, dirigida por los hermanos Visnu y Gopal Ibarra, Pascuala Ilabaca (enm la foto) y el comediante Jorge Alís, que cierra con su show a las 21.30.

«La despedida» de Cami

La cantante da a conocer el tercer adelanto de su próximo disco y se prepara para actuar en el Lunario del Auditorio Nacional de Ciudad de México.