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Los Golpes

Nacido en el nortino poblado de Tocopilla, con el eje inicial de dos hermanos en una familia de mineros, Los Golpes llegaron a convertirse en uno de los pilares de la música romántica eléctrica chilena. Con un sonido apoyado en el formato de guitarra y bajo eléctricos, batería y voz destemplada, la banda legó clásicos como "Olvidarte nunca", "Vete ya", "Cuatro cirios" y "Con la mano en la Biblia". En 1970 debutaron con un single en EMI, y su nombre se sumó al entonces naciente género de la balada-rock (o "balada sicodélica", según algunos) en Chile, en el que nombres como Los Ángeles Negros, Los Galos y Capablanca conforman un sólida escena que ha tenido, además, una fuerte repercusión internacional.   Los Golpes son hasta hoy una banda activa, con shows y grabaciones que ahora dirigen algunos de los hijos de los fundadores del grupo original. 

Fabiola Moroni

Fabiola Moroni ha sido una intérprete de diversos repertorios melódicos de carácter latinoamericanos que incluyen bolero, vals, bossa, tango y canciones chilenas de raíz, pero fue durante su estada de diez años en Europa que ese espectro de estilos se amplió mayormente hacia un lado pop y jazzístico en su propuesta. Se consolidó de esa manera desde los años 2000 cuando inició su camino solista. Moroni es parte de un grupo variado de cantantes chilenas que han tenido experiencia en Alemania: Cristina Gálvez (fusión latinoamericana), Verónica González (world music), Claudia Maluenda (cabaret) y tiempo después Esperanza Restucci (canto lírico).

Lautaro Rodríguez

Lautaro Rodríguez es uno de los cantores de principios del siglo en puertos y ciudades de la Quinta Región, una generación pródiga en nombres de aguerridos poetas y trovadores que cruzan el canto con guitarra de madera para alcanzar espacios del rock, el punk y la piscodelia, pero también en las inspiraciones del bolero y el vals de orilla. Nacido en Villa Alemana y activo en bandas rockeras como Niño Problema en sus primeros tiempos, Lautaro Rodríguez apareció como solista a fines de los años '00 con un disco titulado De la fuerza, grabado junto al productor Mowat, que lo llevó a integrar poco después el cartel del festival Rock Carnaza en Valparaíso. Activo él mismo como productor de discos como El lenguaje del sonido (2011), de Ramiroquijano, y Santos inéditos (2012), de Demian Rodríguez, también ha colaborado desde la mesa de sonido de estudios en grabaciones como el EP Narval (2012), del grupo shoegaze Adelaida, y el registro de sesiones en directo realizadas por Chinoy para el sello Música del Sur, del que el propio Lautaro Rodríguez es uno de sus nombres más visibles. En 2012 publicó el EP Las ovejas y los lobos.

Loreto Lorca

La vena y la raíz del folclor latinoamericano y de Violeta Parra están presentes en las canciones de Loreto Lorca —nacida como Loreto González Lorca—, cantautora urbana, guitarrista y charanguista que se ha proyectado hacia temas de la naturaleza y el espíritu humano. Siendo adolescente viajó por Chile, Sudamérica y Norteamérica, donde obtuvo distintos conocimientos, luego aplicados a su creación. Tras décadas de canto popular, en su primer disco, Viento azul (2016), reconsidera esa raíz trovadoresca e incorpora elementos de la fusión y la world music.

Jorge Abril

El pianista más popular de la era de las orquestas hasta la televisión junto a Valentín Trujillo es Jorge Abril. Recordado por su capacidad para acompañar sin ensayo previo y por un oído privilegiado, en 1970 Jorge Abril fue iniciador de uno de los grupos esenciales de la cumbia chilena, Giolito y su Combo, con el percusionista Arturo Giolito. Trabajó, además, con dos de los más importantes directores de orquesta chilenos, Valentín Trujillo y Horacio Saavedra.

Juan Carlos Duque

Compositor, productor y cantante, Juan Carlos Duque ha sido un nombre recurrente en circuitos de la música popular chilena, aunque desde veredas muy diversas, incluso contrastantes. Como voz del grupo Miel, en los años '70, se desenvolvió en espacios pioneros asociables al rock progresivo. Destacó más tarde como baladista solo, y en la calidad de tal impuso las magníficas "Promesas" (1979) y "Ausencias" (1982) en la competencia internacional del Festival de Viña. Como productor pop ha estado a cargo de populares grabaciones de vocación radial, y hits como "Para que no se muera este amor" (Ariztía), "Quiero saber" (Myriam Hernández) y "Tal vez me estoy enamorando" (Nicole) llevan su nombre en los créditos autorales.

César Olivares

Guitarrista y animador de la fiesta son los oficios de César Galvarino Olivares Araya que sobresalen en el escenario, como integrante de la agrupación La Isla de la Fantasía, de Valparaíso. Su experiencia antes de unirse a ese elenco incluye correrías desde la adolescencia por restaurantes y escenarios porteños como el Dársena, el Bar Inglés, La Bomba el Hollywood, donde hizo sus primeras armas como músico desde fines de los años '50. Integró conjuntos como Los Ribereños y Los Huasos Ladinos, este último junto a la cantante Silvia la Trigueña, y como parte de La Isla de la Fantasía también es acompañante frecuente de Lucy Briceño.

Licetty Alfaro

Como aspirante en el programa "Rojo, fama contrafama" de 2004, la cantante maulina se orientó especialmente a la balada romántica latina. De esta manera interpretó canciones de Myriam Hernández, inspirada además en esta figura referencial entre las voces chilenas. En 2008 participó en el concurso regional "Latin american idol", con otras cantantes nacionales como Francisca Silva, lo que terminó de poner su nombre en un circuito de canto mayormente centrado en las competencias y concursos de talentos.

María Illanes

El soul latino y la balada R&B fueron las primeras vías de expresión de la cantante, compositora y profesora de música serenense María Illanes, vinculada entonces a un frente de voces cultoras de esta raíz negra del pop, como Carito Plaza, Martina Lecaros, K-réena y Celeste Shaw, intérpretes capitalinas que nutrieron esa nueva escena. Aunque su evolución musical, una vez que se mudó a España, tomó elementos de la canción acústica folk que le dio categoría de cantautora.

Pedro Frugone

El guitarrista Pedro Frugone asumió la música como vocación temprana, y ha sido hasta hoy persistente en su trabajo y leal a ese llamado. De entre las muchas bandas de las que ha formado parte, las más importantes han sido Anachena, Viena y sobre todo La Ley, con quienes tocó por casi veinte años. Ha colaborado con diversos músicos locales, y en 2007 publicó un álbum solista.

Barroco Andino

Hasta la década de los '70, la música popular chilena había tenido interesantes puntos de intersección entre líneas de muy distinta procedencia. Quilapayún se había introducido en estructuras propias de la música docta al trabajar estrechamente con los compositores Luis Advis y Sergio Ortega, mientras Los Jaivas terminaron abordando el folclor con guitarra eléctrica y batería. Pero ninguna de ellas llegó a ser tan aventurada como el proyecto que impulsó el compositor y arreglador Jaime Soto León, quien en 1974 convocó a los primeros músicos del grupo que fue conocido como Barroco Andino. El nuevo horizonte de la música europea del período 1580-1760 interpretada ahora con instrumental, sonoridades y sensibilidades del mundo altiplánico y latinoamericano.

Isabel Aldunate

Intérprete por definición, Isabel Aldunate es una de las cantantes más versátiles de su generación. Iniciada a fines de los años ’70, ha combinado expresiones como la poesía y el canto comprometido con géneros como el musical y la canción ligera, tanto en sus discos Yo te nombro, Libertad (1984) y Prontuario (1987) como en obras escénicas recientes entre “Valparaíso vals” (2006) y “Gabriela apasionada” (2007), y ha sido además una exponente significativa del trabajo de compositores chilenos como Desiderio Arenas y Joakín Bello entre otros. Ha puesto su registro vocal de soprano al servicio de un repertorio de autores y compositores mayores como Violeta Parra y Patricio Manns y de creadores de su generación, entre los que se cuentan Eduardo Yáñez, Osvaldo Torres, Luis Alberto Pato Valdivia y Desiderio Chere Arenas.

Pali

Juan Pablo Hernández Smith entró a corta edad al mundo del espectáculo y tuvo espacio desde su infancia en televisión y escenarios. Su padre, Marcelo, ya era conocido como baladista y luego agitador infantil en "Cachureos". Precisamente en este espacio fue que Juan Pablo grabó por primera vez su voz, aunque su impulso ya sería una decisión adulta, desde 2004, con un sonido más distintivo, asociado a las bases electrónicas y al pop. “Soy oscuro, no hago un pop light —le aclaró una vez al diario La Tercera—. Y aunque no sé si voy a ser cantante toda la vida, mientras lo sea, quiero ser el mejor. Pero tranquilo, no me desespero”.

Lua de Morais

La cantante y autora chileno-brasileña Lua de Morais llegó al país con 19 años en 1999, pero su figura y voz se hicieron conocidas como concursante de “Rojo internacional” en 2005, la primera competencia de “Rojo, fama contrafama” que incluyó a solistas extranjeros (el cubano Sandier Ante, la venezolana Simoney Romero o el ganador de esa versión Orlando Oliva). Lua de Morais no obtuvo mayor figuración en ese apartado aunque así pudo comenzar una carrera en TV y luego publicar en Chile discos en los que reduciría finalmente su nombre artístico al de Lua.

Tyanna

El ritmo de la música dance latina conduce las canciones de Tyanna, figura de la escena del pop que compartió espacios con nombres como Denise Rosenthal, la más bailable Daniela Castillo, Karen Paola y Catalina Palacios. No es casualidad que Tatiana Zambrano —la cantante tras ese pseudónimo— haya sido además una reconocida doble de Jennifer López. De hecho compitió en "Mi nombre es", de Canal 13, interpretando a la diva latina, y esa experiencia derivó directamente en la propuesta de su disco debut como Tyanna, Give me your love (2014).

Cristián Mendoza

Una historia de múltiples variantes musicales instalan al tenorista Cristián Mendoza como un exponente muy particular en la escena del jazz chileno. Su doble militancia en las escuelas de Miguel Villafruela (música contemporánea) y Marcos Aldana (jazz moderno), le dieron una categoría única en técnica y lenguaje, transformándolo en definitiva en uno de los más fuertes, agresivos y arrolladores solistas del bop en los 2000.

Murciélago

Murciélago es el segundo proyecto del productor y músico Mariano Pavez, que a casi dos años  terminar con su primer grupo, EM 3,14, inició un cuarteto con mayor vocación rockera. Músicos que luego han pasado por varios proyectos, como Cler Canifrú y Leo Fonk, lo secundaron en Murciélago, que tuvo algunas presentaciones en vivo, y editó el extenso disco Eclipse, con 18 canciones, y el sencillo promocional “Dame más”. Editado por Feria Music, y con una nueva versión de “El templo del placer”, el disco es el único testimonio de la banda, cuyo final quedó sellado el 2012, cuando su inquieto líder anunció el primer disco solo como Mariano Pavez: 12 lunas.

SinFiltro

A pesar de haber sido encabezado nominal y realmente por el guitarrista y compositor Gastón Apablaza, el trío SinFiltro apareció como un grupo autónomo en lugar de un ensamble de jazz asociado a un líder reconocible, como ocurrió con los tríos de los guitarristas Esteban Sumar, Gabriel Reyes o Federico Dannemann en su etapa de música contemporánea. Apablaza elaboró un trabajo de justeza compositiva e interpretavia que transformó a SinFiltro en un grupo de “jazz eléctrico de cámara”.

Eduardo Peña

Tres nuevos nombres del bajo eléctrico en torno al jazz-funk estallaron a mediados de los 2000: entre Jaime Ferrada (en Alüzinati) y Roberto Trujillo (en LaMonArt), el único que se pasó al contrabajo de manera determinante fue Eduardo Peña, conocido en los círculos jazzísticos como Crespo. Un músico solvente e inquieto que se abrió paso en la escena con una pulsante propulsión de líneas de soporte, composiciones personales y un inédito liderazgo de agrupaciones entre una partida de emergentes contrabajistas de esa década: Alonso Durán, Nelson Vera, Sebastián Gómez, Pablo Vidal o Milton Russell, son algunos de sus contemporáneos.

El Parcito

La actriz Patricia Díaz Vilches y la pianista Claudia Belén Mena Cáceres formaron El Parcito, un dúo de repertorios tradicionales y folclóricos centrinos, que fueron parte de la oleada de conjuntos de cueca femenina que tuvieron intensa actividad a lo largo de la década de los 2000. Con el tiempo su trabajo se amplió a la interpretación de tonadas, valses, polkas y otros ritmos, luego de que ambas cultoras iniciaran un estudio directo con los folcloristas e investigadores Margot Loyola y Osvaldo Cádiz.