2000
Diego Riedemann es un guitarrista post-bop particular. Primero porque, como Marcelo Troncoso, es zurdo y debió realizar su aprendizaje temprano en circunstancias semi adversas. Y luego porque ha definido su estudio a partir del trabajo de pianistas en lugar de guitarristas. Sigue la línea lógica de Bill Evans, Keith Jarrett y Brad Mehldau, aunque en su modo interpretativo también se pueden testear a guitarristas contemporáneos como Kurt Rosenwinkel o Adam Rogers.
La bitácora de viaje del grupo Congreso mantendrá por siempre un espacio reservado a la figura de Ernesto Holman, el bajista eléctrico que introdujo sonoridades modernas y nuevas propuestas no sólo al interior de este conjunto quilpueíno, sino entre una amplia comunidad de músicos de fusión que siguieron sus pasos. Holman abrió las posibilidades expresivas del llamado bajo activo a un grupo de solistas en las décadas de 1980 y 1990, demostrando que su instrumento no necesariamente debía estar relegado a una sección rítmica. Holman ha sido, además, un pionero en la inspiración de la música mapuche y militante de la "resistencia ternaria", una defensa aguerrida de los ritmos de la tierra.
Originalmente intérprete de saxo alto a comienzos de los años 2000, Paulo Montero alcanzó otra altura sobre el final de esa década al diversificar su aproximación instrumental entre los registros del soprano, el tenor y, en menor medida, el barítono. Fue formado en la Universidad Católica, y destacado como su primer egresado, por el pionero del saxofón clásico en Chile, el cubano Miguel Villafruela. Este maestro también promovió desde la Universidad de Chile a solistas como Alejandro Rivas, Edén Carrasco y Álvaro Collao, cultores de la música contemporánea, la improvisación libre y el jazz moderno, áreas donde llegó Montero en distinta medida.
Popular colectivo rockero que tuvo su primera difusión a partir de las gubernamentales Escuelas de Rock en la primera década de los 2000. Su estilo lo han definido como “rock mestizo”, y conjuga punk, reggae, ska y sonidos étnicos, además de un poderoso trabajo en vivo. La fórmula ha tenido un inusitado eco internacional, y ha estado decenas de veces en escenarios de Europa (y también en México). Keko Yoma se ha definido desde su origen como una banda en vivo (“la banda es una fiesta”), de enfoque muchas veces humorístico, y vistosas presentaciones, con elementos teatrales.
La colaboración permanente con artistas como Ana Tijoux, Makiza, Solo Di Medina y Cómo Asesinar a Felipes, entre muchos otros, le ha dado prestigio como productor a Foex, uno de los nombres centrales en las escenas del hip-hop en consolidación. Al mismo tiempo ha desarrollado una labor como compositor de una música siempre orientada hacia la experimentación. Paralelamente, ha sido el principal gestor del sello Potoco Discos, ineludible para entender el hip-hop chileno del siglo XXI.
Melodías, coreografías y bases electrónicas fueron los tres componentes que sumaron Francisca Villela y Javiera Mena en este dúo de pop apropiado para bailar, cantar y escuchar, y que fue una de las primeras plataformas que expusieron a la futura estrella del pop independiente, cuando ella por entonces merodeaba sus 20 años. Cuando empezaron el dúo en 2003 con el nombre de Tele-Visa, Javiera ya actuaba como solista y Francisca provenía de los grupos Canción de Amor Desea Verle y Exfiesta. En 2006 grabaron su disco debut, Ni tú ni yo, y también figuran en las compilaciones Futuro esplendor (2005) y Electric melodies: Música para una vida feliz (2005). La actuación con la que estrenaron el nombre de Prissa, en septiembre de 2006 en el subsuelo de un club céntrico santiaguino, fue también la última antes de que el dúo se disolviera por la partida de Francisca Villela a Alemania, donde tiempo después formó un conjunto pop de chilenos en ese país, llamado Samanta.
Aunque se inició como un trío melódico vocal, Ariztía fue uno de los grupos chilenos de los años '90 que además de baladas grabaron canciones pop. En tres discos y ocho años ganaron un rápido éxito inicial, enfrentaron el lugar común de la "proyección internacional" propio de su tiempo y se separaron con varios éxitos radiales como "No te olvido", "No es mi culpa" y "Para que no se muera este amor", junto a canciones pop más inadvertidas como "Tengo miedo" y "A veces me parece". Durante 2008, y tras diez años de silencio, el trío anunció su rearticulación. Se mantienen hoy como un grupo activo.
Desde el canto estudiantil de mediados de los años setenta, Eduardo Peralta ha sido uno de los hombres de mayor presencia en la genealogía de cantores y autores chilenos. Compositor, cantante y en especial avezado guitarrista, se inició en 1977 en el movimiento del Canto Nuevo, germinado en peñas y facultades, con canciones como "Golodrina chilota" y "El hombre es una flecha", y mantuvo una carrera activa sobre al menos tres vertientes: sus propias composiciones, su trabajo como payador y sus cuantiosas adaptaciones para canciones del trovador francés Georges Brassens. Además de sus discos, ha grabado con cantantes como Cecilia Echenique y Clarita Parra; y los payadores Pedro Yáñez, Manuel Sánchez y Moisés Chaparro. Se mantiene activo en grabaciones y en vivo, con presentaciones al menos semanales (como las de sus «lunes brassensianos», en El Mesón Nerudiano, del barrio Bellavista) que ya son tradición.
Dos discos editados y casi una década tocando son algunos de los antecedentes de La Gorda, trío santiaguino que cultiva un rock simple, eléctrico, crudo y enérgico. Casi siempre en ese formato, sus canciones incluyen también sonidos acústicos, algunos de raíz funk y pasajes más pausados, tocados con prolijidad en vigorosas presentaciones en vivo.
Un particular fusión electrónica con instrumentos étnicos es la base de la música de Zinatel, el grupo que formaron Kike Galdames y Cristián Márquez luego de alejarse de Illapu hacia 2004 en México, donde ese conjunto se había asentado. Cuando regresaron a Chile se reunieron con el guitarrista Andrés Jeraldo y el tecladista de Papanegro, Carlos Valenzuela. Zinatel estableció una música de cruces hacia la canción pop, utilizando entonces esos insumos que venían tanto de la raíz folclórica como de las tecnologías e instrumentos electrónicos.
Luego de sumar recorridos en grupos de música funk y soul de los años '90, los dos iniciadores de este proyecto hicieron coincidir en Esencia su vocación por la fusión de raíz afroamericana y canción popular latina (cumbia, mambo, bossa nova). El baterista David Vásquez había formado Goda, y David Eidelstein, más conocido como Rulo, ya tenía experiencia como bajista de Los Tetas y de Funk Attack cuando ambos dieron forma a su nuevo grupo en 2004.
La pródiga generación de voces y compositoras femeninas del Biobío tiene en Claudia Melgarejo a una cantautora que recorre largos trayectos musicales, caminos que se inician en las raíces del canto campesino sureño y que desembocan en la música pop moderna. Ese tránsito queda expuesto en los cinco años que separan sus primeros discos autorales, Afín (2012) y Feroz (2017), donde ella pasó desde la influencia de la guitarra campesina al uso de la guitarra folk, aunque en ambos momentos utilizó afinaciones no regulares de la tradición.
Dos continentes y varias mutaciones atestiguaron la música enérgica y colorida de Panico (así, sin la debida tilde), la única banda chilena rock de contables avances en Europa. Su historia en Santiago y París supuso desarrollos distintos, aunque unidos en un mismo concepto de música inquieta y mirada global. El grupo iluminó el solemne escenario chileno de los años noventa, y avanzó más tarde en una discografía capaz de combinar la matriz rockera de avanzada con ritmos tradicionales latinoamericanos, como la cumbia y el bolero. Si es por sintetizar, fueron dos sus fuentes principales: el punk, que les enseñó los beneficios del «hazlo por ti mismo»; y la psicodelia, que les recordó que la música debe ser también una experiencia delirante y visual. Su trabajo puede ser considerado como una guía pionera para el rock independiente más tarde asentado en el país.
La más popular e internacional banda de reggae chilena nació en La Pincoya en 1987, pero debió esperar una década para convertirse en un fenómeno de la música chilena y alcanzar una considerable difusión en Chile y el extranjero. Su alternancia entre la ortodoxia del género, las citas a la cantautoría consciente y el pop de baladas (la más famosa, "Armonía de amor") ha sido en diferentes momentos una fórmula inteligente para su continuidad y difusión. Durante siete años, el grupo tuvo como vocalista a Quique Neira, y consiguió que su salida, en 2003, no disolviera al grupo. La banda mantiene hasta hoy un ritmo continuo de presentaciones; muchas de ellas, en el extranjero. Sus cambios de integrantes son una constante en un grupo que se entiende mejor como un colectivo de género que como una banda de identidad autoral inalterable.
Cantante y autora, Constanza Herrero debutó discográficamente con su nombre en 2017, pero mucho tiempo antes había aparecido en la música con el pseudónimo Kota, con el que grabó un primer EP (Actúa hoy, 2007). Así se integró a Six Pack, uno de los conjuntos de pop adolescente que dominaron una década. Su estreno tuvo lugar nada menos que en el Festival de Viña del Mar de 2008, cuando debió reemplazar “de urgencia” la salida de Raquel Calderón del grupo, quien entonces iniciaba una carerra solista como Kel. A los 16 años, Herrero llegaba entonces al grupo y también al set de de la serie juvenil de TVN “Karkú”. Así grabó el disco Up (2009), de Six Pack, y en luego inició una carrera solista, que la llevó a Australia tras finalizar el colegio. Allí estudió en la Western Australian Academy of Performing Arts, donde incursionó en el teatro músical y el canto popular. De esa experiencia formativa surgió un trabajo de composición de canciones pop, en el que integró influencias del folk, el R&B y la música latinoamericana.
Entre el frente de grupos de rock surgido en Chile a fines de los años '90 coinciden pioneros como Yajaira y nuevos exploradores como Familia Miranda, pero un nombre está al centro de la escena: Guiso. Además de instalar el sello Algorecords, por el que han editado sus discos junto a los de varios otros grupos, este cuarteto actuó con persistencia en vivo, mostró su música en Argentina, Uruguay, Brasil y Colombia, e hizo perdurar por dos décadas que persistió en ganar nuevos espacios. Todos sus integrantes se mantienen hoy vinculados de algún u otro modo a la música, siendo el trayecto más constante el del dúo Perrosky.
Detrás de un bajista tan popular como Christian Gálvez, y debido a una presencia en el circuito musical de Valparaíso, Marcelo Córdova tuvo poca visibilidad como solista en este instrumento, desde su aparición a mediados de los '90. Córdova fue tan diestro e hiperactivo como el propio Gálvez, aunque también pudo desdoblarse desde la electricidad del bajo hacia la acústica del contrabajo, modalidad que le permitió combinar pasos por la fusión como solista y por el jazz contemporáneo, principalmente como sideman.
Cantautor independiente que en 2002 comenzó a dar conciertos en distintos bares de Santiago, con canciones y relatos en primera persona. Su permanente trabajo en vivo le ha granjeado gran recepción entre los aficionados a la trova urbana. Vicencio Navarro articula su oficio de cantautor con el de producción de encuentros de canto y cantautoría, como el que creó con el nombre de "Dándole Cuerda". Además, ha compartido escenario con exponentes del género de todas las generaciones (desde Eduardo Gatti a Chinoy), ha grabado con cantantes como Sabina Odone. Los discos de su primera trilogía son Ese día (2009), Sincronías (2012) y Era de noche (2016), cuyas canciones hablan de amor y de vida cotidiana, y se despliegan tanto en el formato tradicional de la guitarra y voz, como en el de la pequeña orquesta de acompañamiento.
Con una prehistoria pero funcionamiento regular desde 1999, Curasbún es una de las bandas radicales y militantes de la escena punk chilena: sus abiertas adhesiones a las causas antifascistas definen su trabajo más allá de un discurso meramente musical, en una opción política alimentada por la adopción del sonido Oi! (originado en la clase obrera inglesa de fines de los ’70) como su lenguaje creativo. Un grupo de amigos, la admiración por Víctor Jara, la celebración de la fiesta y el consumo de alcohol fueron los demás factores que concurrieron al nacimiento de Curasbún, (nombre inspirado en el célebre sacerdote católico Raúl Hasbún, de filiación pinochetista y aparición frecuente en medios durante varias décadas). Desde su nacimiento, la banda se distinguió por su intenso trabajo en vivo a lo largo de Chile, sobre todo en conciertos de solidaridad en causas como la libertad de los presos políticos o el fin a la represión al movimiento mapuche. Dos discos (y varios demos) han salido de ese proceso, con un sonido sólido y títulos elocuentes: "Cerveza", "Odio la sociedad" o "Palestina".
Sol y Lluvia es uno de los grupos más populares de la música chilena, y sus canciones son parte de la banda sonora de la resistencia a la dictadura militar. Nacidos a partir de un núcleo de hermanos, en un taller de serigrafía en la capitalina comuna de San Joaquín, la banda articuló una guitarra acústica, una batería de bombos y un bajo eléctrico para desarrollar canciones de abierto contenido social y político, pero con melodías alegres y hasta bailables. Sus letras directas han hecho referencia a la paz, la represión y las desigualdades sociales, completando así la propuesta del conjunto. Si bien Sol y Lluvia se mueve al margen de los medios y la industria, goza de un arraigo popular innegable.