Lucho Barrios

Lucho Barrios fue peruano, pero su huella en Chile es trascendente. Su potente voz, quejumbrosa y lastimera, se paseó por valses y boleros de una manera inconfundible, anclándose al sentimiento más profundo de sus auditores, sin para ello necesitar de promoción convencional ni espacios televisivos. Una extensa discografía, de más de mil canciones grabadas, es hoy parte de su legado, inevitablemente asociado a ese espacio estético, de clase y de convivencia que asociamos a la noble cultura «cebolla», y que el cantante nunca tuvo complejo de enarbolar. No fue autor de las muchas canciones que sin embargo sí supo hacer propias, y entre las cuales brillan "Amor de pobre", "Mi niña bonita", "Me engañas, mujer", "Señor abogado", "Amor gitano" y otros varios relatos de dramas casi inimaginables, que Barrios optó por interpretar como un actor de teatro abraza un papel. Su versión para el vals a Valparaíso "La joya del Pacífico" no fue la única ni la más identificable para los porteños, pero sí por lejos la más difundida.

Fechas

El Callao (Perú) - 22 de abril de 1935
Lima (Perú) - 05 de mayo de 2010

Décadas

1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |

Géneros

Lucho Barrios

Verónica Marinao / Marisol García

Con gran éxito en varios países sudamericanos, su discografía es casi imposible de pesquisar por completo, y se reparte entre singles, EP y LP largados en los años cincuenta para sellos de Perú, Ecuador, Venezuela, Paraguay y hasta Estados Unidos, además de sus grabaciones en Chile para EMI-Odeon (como el disco de 1970 Gracias Chile!, repleto de clásicos). Se demuestra en ella su certera capacidad para seleccionar repertorio y colaboradores. Algunos de sus compañeros en estudio incluyeron a músicos peruanos tan notables como Luis Abanto Morales, Pedro Otiniano y el requintista Chato Ríos.

El señor Marabú
Nacido en el puerto peruano de El Callao, Lucho Barrios quería ser cantante lírico y alcanzar un reconocimiento similar al de su ídolo, el tenor Luis Alva. Después de trabajar como repartidor de telegramas, a los 17 años empezó a estudiar en la Escuela Nacional de Ópera, pero su precariedad económica le impidió continuar esa formación.

Incursionó en el huayno con el nombre artístico de El Tenor Amauta, y cantó en coliseos por más de un año vestido de morocho ayacuchano. Más adelante probó suerte en el vals peruano, y junto a Francisco Paco Maceda y Modesto Pastor formó el trío Los Incas, de breve vida.

Fue como solista que en 1956 participó y se quedó con el tercer lugar del concurso de nuevos cantantes "La Escalera del Triunfo". Ese año grabó su primer single, el vals "Trokimoki", y entonces en radio Callao conoció al célebre bolerista ecuatoriano Julio Jaramillo, quien lo llevó a actuar a su país, donde pronto se hizo conocido. Lucho Barrios pudo al fin considerarse a sí mismo un profesional de la música, grabando sesenta singles en un par de años.

El vals "Juanita" fue su primer gran éxito, pero lo superaría al poco andar "Marabú", grabado en Perú con arreglos de Chalo Reyes y Cato Caballero. El marabú es un ave cercana a la cigüeña, que curiosamente jamás es mencionada en la canción, y para el intérprete tiene un significado cabalístico porque es la melodía que lo consagró como bolerista. En Perú su apodo, justamente, era el de Señor Marabú.

Fatalidad, martirio y resignación
Después de haber grabado en su país otros éxitos como "Copa de licor", "Mentirosa" y "Me engañas, mujer", el 18 de septiembre de 1960 Lucho Barrios actuó por primera vez en Chile, en la quinta El Rosedal de Arica, junto a la orquesta cubana de Puma Valdez. Regresó a nuestro país al año siguiente, y comenzó a grabar en Santiago varios discos que aumentaron su arrastre popular en Chile, Argentina, Mexico y EE.UU, comenzando además con sus presentaciones capitalinas en lugares como el cabaret Picaresque.

Comenta sobre sus primeras visitas al país el libro Llora, corazón. El latido de la canción cebolla, de Marisol García:

El lazo de Lucho Barrios con nuestro país se afianzó desde entonces y para siempre: «Me encontré con una gran efervescencia por la música popular:tango, bolero y vals peruano». Para su sorpresa, el contrabando de discos ya hacía familiar su voz en el puerto, y por eso Odeon lo fichó de inmediato. Como contratación chilena, en diez años el cantante editó para esa compañía treinta y seis singles y seis LP […]. Fue «Lucho de los Barrios», «Lucho de los Puertos», un extranjero de trato llano, afable y encendido como el ánimo del proletariado nacional.

Entre los cientos de canciones grabadas por Lucho Barrios, con títulos como "Fatalidad", "Resignación", "Martirio" y "Cruel condena", el público local convirtió en favoritas a "Señor abogado", de Arboleda; "Me engañas, mujer", del peruano Juan Ruiz; "Amor de pobre", de Pepe Ávila; "Amor gitano", del puertorriqueño Héctor Flores Osuna; "Mi niña bonita", que el cantante ha atribuido al autor Pablo del Río, aunque también suele figurar con ese crédito el nombre de Paquito Jerez, y "La joya del Pacífico", del chileno Víctor Acosta.

Este repertorio le valió asociaciones con lo que a partir de los años 60 comenzó a ser conocido como el subgénero de la «música cebolla», con Luis Alberto Martínez, Rosamel Araya y Ramón Aguilera como principales exponentes locales. Su actividad sobrepasó los confines de Latinoamérica, y en noviembre de 1988 el cantante actuó en el teatro Olympia de París. Lo premió la Organización de Estados Americanos, OEA, en reconocimiento a su trabajo «en favor del acercamiento de los pueblos por medio del arte».

Murió esperando una invitación al Festival de Viña del Mar que nunca le llegó. Sin embargo, el puerto contigüo a esa ciudad, Valparaíso, despejaría cualquier duda de su arraigo popular al momento de su muerte. Fallecido en Lima, el  5 de mayo de 2010, Lucho Barrio tuvo en Chile una despedida de compatriota, con palabras especiales del embajador de Chile en Perú, del entonces alcalde de Valparaíso y una visita de Américo a su velorio en la Sala Nazca del Museo de la Nación. Dijo entonces el cantante ariqueño:

«El impacto de su partida es tan así de potente en mi país que no podía estar ausente en esta oportunidad. Como dijo ayer un artista popular: “La muerte de Lucho Barrios provocó un terremoto con epicentro en Valparaíso”. Yo creo que no fue un terremoto: fue un cataclismo, y el epicentro es seguramente el corazón de todos nosotros».

Una velatón en la Plaza Victoria, un encuentro de boleristas en el Mercado Cardonal y una junta de firmas para bautizar una calle con su nombre fueron parte de los homenajes en Valparaíso, la ciudad de la que Barrios llegó a ser un local adoptivo. Dice él mismo en un momento del documental Sonidos de una joya, sobre bolero porteño: «Cuando grabé “La joya del Pacífico” era un agradecimiento a Valparaíso, porque del primer momento que yo vine acá, el año ‘61, toda la gente me quiso. Les nació a ellos y a mí: es una cosa recíproca. El porteño es igual que yo, que soy también porteño pero del Callao: es abierto, amistoso y bohemio. Pero básicamente el sentimiento y el cariño de la gente son los mismos».

Vendrían más tributos, pero sobre todo la perpetuación de su repertorio eterno, en vivo y en discos póstumos. A la admiración se sumaría incluso el célebre cronista Pedro Lemebel, que así lo describe en «Lucho Barrios (el canto tiznado que ríe llorando)»:

Antes de que los ricos brindaran con whisky a los sones del “Amor de pobre” o “La joya del Pacífico”, Lucho pertenecía al pueblo, a su inconfundible poética de zaguanes, amores lachos, amores de percal, amores ingratos, amores venéreos y partusas de conventillo. Antes de que la mofa pepsodent de la cultura televisiva tratara inútilmente de cachar el escabeche piojento de esta música, Lucho sintonizaba en las radios AM el fluido cómplice del alma ramera. Tal vez por eso, al verlo tan aparecido en la pantalla, tan televisado y requerido a nuestro Lucho, quizás la única poética cultural propia que nos va quedando. Al verlo tan entrevistado por un paltón animador, un firulí de la tele que le pregunta: «¿Por qué canta esa música tan triste, tan depresiva, pero riéndose?». Porque son verdaderos dramas de la vida cotidiana que Lucho recita con su amplia sonrisa. Como si supiera que los rasmillones y fracturas económicas de los débiles hay que pasarlos con la risa rota del aguante. Pero esto no lo puede entender el animador paltón, e insiste con la preguntar: «¿Por qué canta esa música cebolla?». Entonces, Luchito, con su tranquilidad de sencilla estrella y sin inmutarse, le contesta que es el mismo repertorio que aplaudieron a rabiar los franceses en el Olympia de París.