Pop
Diversa por definición, la música pop apela sobre todo a un vínculo con el oyente, por sobre un tipo de sonido o un estilo. Pop como abreviatura de "popular", esta música tiene como pocas un objetivo, el de generar identificación con la audiencia por medio de ritmos contagiosos, melodías recordables y composiciones de duración ajustada a los estándares de difusión de medios como la radio y la TV y, sobre todo, a los requerimientos de una industria que necesita vender canciones a ese gran público. Como tal, se puede dar con eficacia en los más diversos campos. La Nueva Ola de los años '60 es una de las primeras manifestaciones generacionales de música pop chilena, y desde entonces han continuado en esa senda baladistas y cantantes popularizados por la televisión así como diversos músicos y productores que han aplicado los sonidos del rock o las bases electrónicas a esta música.
Aleste fue un grupo de estampa rockera pero innegable sonido pop. En los años noventa, la banda protagonizó un auténtico fenómeno de masas al editar el disco Rastros (1993), cuyo primer single, “Hay un límite”, les granjeó una popularidad que les permitió recorrer Chile, Ecuador y Perú, y dejó su recuerdo instalado por más de una década gracias a su adherente estribillo. El conjunto está asociado a un momento puntual de la música chilena y de su industria (antes de internet, de la autogestión y la cuarta ola feminista), pero en 2019 rearticuló sus piezas originales para presentar un nuevo disco.
Una propuesta pop electrónica de vida breve pero pistas señeras en el circuito local fue la de Redulce, primera sociedad juvenil para Ignacio Redard, quien luego iba a destacar en infinidad de proyectos en la misma línea, a solas y en bandas. El trabajo desarrollado primero junto a Pablo Andulce sobre secuencias y melodías cristalizó con la ayuda de Gabriel Vigliensoni, primero en dos canciones ("Tween boy/girl" y "Car song"), aportadas a los compilados Un paisaje electrónico e Epop esencial (2006), y luego en el álbum Five minute love (2008). Los tracks de ese disco —"todos muy arriba", según Redard— colaban colaboraciones como las de la cantante Sofía Oportot (en una versión en castellano para el antiguo hit estadounidense "When the rain begins to fall") además de varios invitados extranjeros: Cosaquitos en Globo, DKDent, Mr. Pauli y Riviera F.
Con estructura de clásico "power trío", y canciones que evocan a ratos el sonido de los años '80, Lanza Internacional es el nuevo grupo de los dos hermanos Durán, compositores del desaparecido grupo Los Bunkers, que el 2014 cerró su historia cuando ya llevaban varios años radicados en la capital mexicana. Desde entonces, la dupla de músicos permaneció en esa ciudad, actuando como colaboradores y productores de nombres como el cantante mexicano Pepe Aguilar y Los Ángeles Negros, mientras trabajaban a puertas cerradas un nuevo proyecto con el músico mexicano Ricardo Najera en la batería. A mediados de 2017 lanzaron su primera canción, "Mala fama" y comenzaron a presentarse en vivo.
Lolein es un dúo formado por Priscila Flores y Eileen Díaz, también integrantes del grupo rock Fata Morgana en Concepción, que se instaló como puntal en la escena de un pop en constante trasformación en el Biobío desde mediados de la década de 2010. En partes iguales desde la música aguerrida y la imagen de sus puestas en escena y videoclips, Lolein fue mutando desde el pop bailable hacia los amplios aspectos y atributos de la música urbana. Su álbum Zorra latina (2024), sobre la vida en la sociedad patriarcal y su dominación de la mujer, marcó ese proceso en su primera época musical.
Jirafa Ardiendo fue uno de los grupos más persistentes de todos aquellos que durante los años 90 identificaron en Santiago una nueva corriente musical independiente —mal llamada «sónica»—, caracterizada por el uso imaginativo y distendido de las guitarras eléctricas y el despegue psicodélico desde un molde básico de pop (piénsese en Solar, Sien o los Santos Dumont). Su peculiaridad estuvo en la diversidad de referentes que fueron aplicando en sus discos, piezas extensas en los que cabía desde el noise al free jazz. Tras su disolución, en 2009, algunos de sus integrantes siguieron activos en otras bandas y proyectos musicales, y hacia 2018 se vieron los primeros signos de lo que avanzó hacia una reunión formal del conjunto, con nuevas tocatas y grabaciones.
Pocos músicos en Chile pueden mostrar las cifras de venta de Alberto Plaza. Sus marcas comerciales son aún más impresionantes si se considera que las ha conseguido muchas veces tan sólo con una guitarra acústica, el instrumento clave de sus canciones y de una carrera musical que, aunque con los años derivó parcialmente hacia ritmos y colores tropicales, está construida sobre la base de históricas baladas de amor y de himnos de consideración humanista.
Como una dupla de producción al servicio de músicos chilenos puede definirse mejor la identidad de De Janeiros, aunque el trabajo del dúo ha mostrado también composiciones y grabaciones propias, así como realizaciones audiovisuales. Además, sus dos integrantes, Pablo Muñoz ($990) y Milton Mahan (Dënver), han desarrollado colaboraciones y proyectos por su cuenta. En tal sentido, es justo concederlo al dúo una presentación más amplia, como íntegra dupla creativa,
Inicialmente reconocible como guitarrista, acordeonista, pianista o tecladista en bandas de música tan distinta como las de Javier Barría, Camilo Eque o Mauricio Barraza, Daniela Medel alcanzó su dimensión solista a través de Sincronía (2017), disco con el que puso en circulación un primer cancionero autoral que la respaldó como compositora y que presentó como propuesta un pop intenso, de bordes íntimos y auténtica poesía existencialista juvenil, en el siempre insondable desencuentro de los pensamientos y las emociones.
Como chelista de extendido oficio, Felicia Morales ha acompañado en el escenario y estudio a figuras importantes de la cantautoría y el pop chileno de los años 2000 en adelante: Javiera Mena, Fakuta, Fernando Milagros, Protistas, Caravana, Emisario Greda y Prehistóricos, entre muchos. Con Gepe, ha colaborado hasta ahora en tres discos, y su presencia es frecuente en conciertos en vivo de bandas y solistas para pasajes puntuales que requieren de su talento como ejecutante.
Guitarrista de jazz y rock, con participaciones en bandas como Los Armandos y Rey Choclo, además de colaborar con diversos nombres de las escenas del pop contemporáneo como la cantante y actriz Elvira López Alfonso, Camila Moreno, Juga di Prima, Patricio Cáceres y el grupo de poesía y rock González y Los Asistentes. Músico inquieto, también ha incursionado en los ambientes de la cueca urbana y de la bossa nova, en un dúo que mantuvo con la cantante Daniela Medel. Como músico de la escena jazzística de los años 2010 ha liderado un trío de clubes junto a Cristián Matas (contrabajo) y Carlos Nelidow (batería) y ha compartido sesiones con el tenorista Franz Mesko. En 2016 lanzó 18, disco solista de cinco canciones donde aparecieron como invitadas Natisú y el dúo Yorka.
Entre las diversas exponentes del canto femenino de aproximación al pop-soul como Ema Pinto (Matahari), Moyenei Valdés (Mamma Soul) o Cristina Araya (Feria), Lorena Pualuan logró que su nombre fuera definitivamente reconocido y repetido en cierto circuito B del pop cuando se puso al frente de la orquesta de bronces LaMonArt al comenzar los años 2000.
Haber sido el compositor, vocero y líder de un grupo tan significativo como Los Prisioneros marca a Jorge González en el total de su trayectoria, si bien su trabajo solista es igualmente contundente y puede apreciárselo en cuanto tal. Dentro y fuera de esa banda, el músico nunca dejó de buscar formas nuevas de encauzar su talento en la música de vocación popular y en la opinión sobre el país y sus circunstancias. Casi sin pausas, esa inquietud ha asumido formas diversas, de recepción dispar pero encomiable búsqueda creativa, en diversos géneros, proyectos de dúo (como en Gonzalo Martínez y Los Updates) y colaboraciones; aunque también, a veces, completamente a solas (durante un período, bajo el seudónimo Leonino). Su biografía muestra los elementos propios de una vocación artística de alto vuelo, con períodos de residencia en el extranjero (al menos en Nueva York, Ciudad de México, Berlín y Valencia), años agitados por razones extramusicales, e ideas y venidas con su proyección pública como cantautor. La más marcadora de estas vicisitudes, sin embargo, fue el accidente cerebrovascular sufrido por él en 2015, que detuvo casi por completo su agenda de recitales y ha determinado significativamente su trabajo de composición y grabaciones.
La acordeonista, flautista, guitarrista y cantante Catalina Cornejo Celedón usó el primeramente nombre de Cathelin para iniciar a mediados de la década de 2010 una propuesta solista orientada al pop con influencias latinas de la música ranchera, la música tropical y la música romántica. Entre 2004 y 2005 había sido pianista del grupo femenino de cueca Las Torcazas, y su primer disco, titulado Ven a sentir, apareció en 2016 con la misma "Ven a sentir" como canción principal. Más adelante, la cantante cambió su nombre artístico al de Catalina Celedón para reemprender su carrera en la música popular.
Marcianeke fue el gran fenómeno de la música chilena de 2021 en la dimensión del streaming. Entre YouTube y Spotify, presentó casi 70 canciones, y como ningún otro músico chileno en más de la mitad superó el millón de reproducciones. De hecho, la canción chilena más escuchada del año en ambas plataformas marcó más de 42 millones: “Dímelo ma”, cantada a dúo con el músico Pailita. El protagonista de esta vorágine transcurrida en buena parte durante la pandemia es el joven músico talquino Matías Muñoz, que definió su música como perreo y que se ha convertido en uno de los nombres prinicipales de la enorme escena e industria de la música urbana.
Girl w/ no country se titula el disco debut de Isabel Custer, quien utiliza el pseudónimo de Isabela en los escenarios, y esa idea viene a describirla en su carta de presentación. Nacida en Perú, de padre suizo-americano y madre chilena, ha vivido entre Estados Unidos, Francia, Inglaterra, China, Sri Lanka y Chile, en un recorrido sin detenciones que la convirtió en "una chica sin país". Isabela es parte de un frente generacional de cantautoras pop que toman insumos del folk, como Yael Meyer, Soledad Vélez, Juanita Moore o Vale Möi.
"Pop folclórico" es el término que eligió Delia Valdebenito para describir sus compocisiones, reunidas en Cantos del alma, su primer trabajo tras el disco introductorio de cinco canciones Delia Valdebenito EP (2014). Ese fue el primer nombre, un nombre civil, que ella utilizó como cantautora, aunque poco después fue transformándose a Delis Val. Su mirada de la música en la ciudad, su formación dentro de la música popular y sus estudios de canto con Arlette Jequier (Fulano, MediaBanda) y de composición con Jorge Aliaga, marcaron esa condición principal en el terreno del pop. Pero su cantautoría fue tomando además elementos del folclor chileno, sureño y andino, ritmos de 6/8 y aires naturales de la cueca y el huayno para depurar una propuesta con banda eléctrica, que pronto ubicó a Delis Val entre la nutrida escena de cantautoras en esta línea: desde Natalia Contesse a Pía Zapata, y desde Paula Herrera a Analí Muñoz.
Más de una década antes de la reconciliación entre cantautores chilenos y pop cosmopolita, Nicole buscaba trabajar por fuera del cauce de baladista en el terreno amplio y exigente de la canción para radios. Experimentó así en los años noventa las retribuciones pero también los obstáculos de quien buscaba aventurarse en terrenos masivos pero a la vez personales. Sus años de estudio, su experiencia en el extranjero y sus bien facturados discos fueron pruebas de un profesionalismo único entre las intérpretes pop de su generación.
Influenciada por el neosoul, el jazz y el pop rock latino, Zapapanta ha mostrado una faceta más de Florencia Novoa, de formación lírica solista y coral, además de compositora de música contemporánea y reconocida como la cantante de MediaBanda desde fines de la década de 2010. Su trabajo en los CHT Estudios, donde grababa sus discos la propia MediaBanda, le permitió a Novoa registrar una canción propia. "Palabra cortada" fue entonces el origen de Zapapanta, agrupación que se completó para esos efectos con los músicos Luciano Altair (guitarra), Benjamín Luna (bajo), proveniente del grupo Oliva, donde también militaba Florencia Novoa en esos tiempos, y Franco Palleres (batería). Más adelante grabaría una segunda canción, "Andar", junto a músicos de jazz generacionales como el pianista Camilo Aliaga y el trompetista Juan Pablo Salvo. En 2022, Zapapanta publicó el EP de cuatro canciones Suite, con un pop de sofisticada factura, y el anticipo de su álbum de estreno.
Divina fue una apuesta de pop chileno de vida breve que acogió a músicos con oficio previo en otras bandas: la cantante Constanza Lüer había sido parte de la segunda formación del trío Supernova; el baterista Sebastián Rojas, de Dogma y Los Mox!; Roberto Díaz había colaborado con Tiro de Gracia; y Leonel González venía de Damajuana). Divina debutó en vivo junto a su grupo hermano Betty Boy, y en menos de un año ya tenían un disco a la venta. Jugar con fuego (2007) los llevó a discotecas de Santiago y a viajes promocionales por México, Suecia y Argentina, aunque no consiguió por eso mayor acogida radial. Sonidos de punk-pop y nü metal, y letras sobre el amor perdido, caracterizaron su oferta pop.