Ranchera y corrido
Una de las expresiones extranjeras que más calurosa bienvenida ha tenido históricamente en Chile es la de la música popular mexicana, expresada en ritmos propios como los famosos ranchera y corrido. El cine de los años '30 posibilitó un primer contacto entre esa manifestación y la audiencia nacional, al tiempo que se formaban los primeros conjuntos de música ranchera en los círculos juveniles universitarios de la época. A lo largo de casi un siglo es mucho lo que ha cambiado esta música, hoy alojada a fondo entre el público popular tras generaciones de cantantes, dúos y conjuntos de rancheras y corridos que han incorporado el ritmo ranchero y norteño hasta fundirlo con la identidad nacional.
La pequeña localidad de Monte Águila, en la Octava Región, le dio al chileno José Sepúlveda su primera visión de mundo y, más tarde, el apodo que lo haría conocido en todo el país. Pese a no haber ganado premio alguno, El Monteaguilino fue estrella en el Festival de Viña 1988 y hasta hoy se cuela a radios folclóricas, fiestas y jornadas dieciocheras con “Caballito de metal”, la famosa canción del «tren y su chiqui chiqui cha / que alegra el triste corazón» .
Es uno de los guitarristas y cantantes de la agrupación musical porteña La Isla de la Fantasía, reconocido a través de más de cinco décadas de dedicación a la música en Valparaíso como uno de los "viejos cracks" de la escena musical en el puerto.
Como otras figuras de la canción mexicana, Bárbara Pricilla Barraza Cubillos se inició en el canto desde niña en su natal Vallenar y en Huasco Bajo, donde vivió hasta 2009. Entonces ha vivido en Coquimbo. Desde los diez años se presentó como niña talento en festivales y fiestas populares de la comuna nortina, e incluso llegó a grabar un primer disco, México a mi tierra. Poco después fichó con el sello Claridad Producciones y así continuó con un régimen de grabaciones, entre las que destacan títulos como Embustero y Rompiendo corazones. En Coquimbo formó su agrupación y cambió su nombre al de Bárbara. Junto al acordeonista y productor nortino Andy Jaque lideró entonces el proyecto de ranchera tropical, presentándose como Bárbara y sus Bandidos en escenarios de la Cuarta Región. Editado por el sello LG Tropichile fue Amiga traidora (2010), que incluía en clásico y rompedor single homónimo.
Una dedicación persistente y entusiasta por la música tradicional chilena —y, en particular, por la impronta de los dúos campesinos de cantoras—, ha llevado a las hermanas Vania y Constanza Mundaca a una serie de colaboraciones y conjuntos musicales, de entre los cuales su dúo Las Corraleras aparece como el más relevante. Autodidactas en la música, su compromiso con el canto apareció ya en la infancia, y se sostiene hasta hoy en un constante trabajo en vivo, en el que muestran un repertorio conformado no sólo por tonadas y cuecas, sino también por cumbias rancheras y otras canciones populares. Ambas cultivan también su gusto por el bolero en el Trío Esmeralda como proyecto paralelo.
Alanys Lagos ha sido presentada como una promesa de la ranchera tropical a mediados de la década de 2020, a partir de sus canciones "Yo quiero todo contigo", que fue su primera composición, "Si supieras", "Bandolero" y "Basta ya", un éxito en reproducciones en plataformas, donde aparece ella aparece junto a Zúmbale Primo. Con una interpretación pasional, alegría, picardía y gran manejo escénico, Alanys Lagos fue abriéndose paso en la música mexicana, siguiendo a referentes que van desde Antonio Aguilar y Vicente Fernández, hasta la estrella del pop latino Selena y la baladista chilena Myriam Hernández. En 2025, esa primera época como cantante se rubricó ya en calidad de nueva figura en la industria, con el premio Pulsar en la categoría Música ranchera, por su disco EP Y seguimos...
Los Reales del Valle son, junto a Los Luceros del Valle y Los Hermanos Bustos, parte de la punta de lanza de la explosión de la música norteña mexicana en Chile en los años ‘70, y al igual que ellos han cimentado su popularidad en el éxito combinado de los corridos y las cumbias.
Surgida desde la comuna rural de Paine, Lucero Salazar —también conocida entre su público local simplemente como Lucerito— es una cantante de ranchera tradicional, corrido y ranchera tropical, aunque también ha incursionado en repertorios que van desde la serenata a la cumbia y el estilo norteño. Su historia se remonta a tiempos escolares como niña cantante, cuando a los cuatro años de edad se inició en la música mexicana, como un ejemplar más de una familia de mujeres en la voz y la canción popular. Utilizando atuendos charros, para 2005 ya había conseguido logros importantes, como el primer premio en el Festival México canta en Talagante, donde interpretó "No soy monedita de oro", popularizada en TV durante esa época por la adolescente María José Quintanilla. Luego, Lucero Salazar obtuvo un segundo premio el Festival de la Sandía, en Huelquén, muy cerca de Paine, donde ella se inició en la vida familiar vinculada a la cultura agrícola, como trabajadora en el campo, temporera y feriante. Su disco Para toda mi raza (2024) fue publicado por el sello Águila Records, que le dio a Lucero Salazar un estatus de estrella en ascenso. Entre sus canciones más populares aparecen megamixes bailables mexicanos y tropicales junto con la interpretación de sentidas rancheras: "Te lo agradezco", "Carta abierta", "En donde estés", "Tragos de amargo licor" o "Cruz de madera".
Conjunto familiar, especializado en música norteña y cumbia ranchera; con una generosa producción discográfica en la que la mayoría de temas son de su propia autoría). El conjunto se formó en la comuna de Yungay, provincia de Ñuble (región del Biobío) y ha trabajado de modo ininterrumpido por más de dos décadas.
Uno de los precursores del éxito de la música mexicana en Chile es Fernando Trujillo. Contemporáneo del éxito de cantantes internacionales como Pedro Vargas y Pedro Infante, tiene edad suficiente para haber empezado al mismo tiempo que los adelantados locales de Los Queretanos o Los Huastecos del Sur, de los que formó parte entre 1953 y 1963, y convivió luego en frecuentes festivales rancheros con dúos, cuartetos y cantantes mariachis como Lupita Aguilar, Los Hermanos Bustos, Los Llaneros de la Frontera o Eliseo Guevara. Pero también el bolero y el gran cancionero latinoamericano fueron parte de su repertorio. En grabación junto a la orquesta de Valentín Trujillo, su hermano menor, popularizó además el éxito "Antofagasta dormida", vals de Gamaliel Guerra. La cercanía con tan prestigiado pianista lo hizo convivir desde pequeño con la música en casa como un lenguaje cercano, y acompañó luego gran parte de sus mejores grabaciones. Además de la música compartieron ambos un mutuo gusto por el boxeo, pero además el viaje quizás más relevante del Trujillo mayor: invitado por Valentín, al fin en 1998 pudo conocer México.
Dos voces y dos guitarras definen el sello de Los Vargas, el dúo de hermanos que popularizó en Chile valses peruanos como ‘‘El plebeyo’’ y ‘‘Nube gris’’ desde 1958. En la genealogía chilena de ese ritmo, junto a solistas como Lucho Oliva, Palmenia Pizarro y Ramón Aguilera, Los Vargas están en la primera línea, y su carrera, iniciada en los años '40, ha sido continuada por una segunda generación de músicos.
Elías Zamora, conocido como tío Elías, fue el baterista de los grupos porteños La Isla de la Fantasía y Los Paleteados del Puerto. Se le considera uno de los pocos músicos que con sólo tres platillos, un bombo, una primera caja y una segunda caja armónica de madera de fabricación propia, implementó una pequeña maquinaria de percusión para cuecas, tonadas, valses peruanos, boleros, corridos, foxtrot y en general a los principales géneros de música popular del siglo XX. En sus investigaciones en busca de una batería chilena, Manuel Páez determina a Elías Zamora como uno de los tres nombres fundamentales en esta definición, en su caso desde la música popular porteña y el folclor urbano.
El carnet de identidad de Guadalupe del Carmen es impreciso. Tiene el nombre de Esmeralda González Letelier y asume que el nacimiento de la principal voz de la ranchera chilena, de la propulsora de los charrasqueados y de la diva de villorrios y peones, se registra el 7 de enero de 1931 en una pequeña casa de adobe y troncos levantada en una suave loma de Quilhuiné (otro registro apunta su natalicio el 12 de octubre de ese mismo año). Guadalupe del Carmen es una de las figuras fundamentales de la música popular chilena de toda la historia, igualable a nombres como Ester Soré (n. 1915) en la interpretación de tonadas, a Margot Loyola (n. 1918) en su trabajo de proyección folclórica y a Violeta Parra (n. 1917) en la composición de música chilena de raíz.
Uno de los lazos más firmes tendidos por un músico chileno hacia el tango es el que desde los años treinta aseguró Porfirio Díaz, acordoneonista, bandoneonista, pianista, director y compositor nacido en Valparaíso. Con orquesta típica y cuarteto grabó títulos clásicos del género, adaptó canciones populares a nuevas claves de arreglos, y obtuvo con ello gran éxito y repercusión, gracias a un «sello milonguero y amable», según descripción de Hernán Restrepo. Pero Díaz (quien comparte nombre con un histórico militar y presidente mexicano) fue también parte de grabaciones fundamentales para la música popular chilena, como "En Mejillones yo tuve un amor" (1945), de Gamaliel Guerra, y tangos de autoría local, como "Noches de Santiago" y Viejo San Diego" (ambos de Mario Ríos). Legó, además, un desvío inesperado para su estilo, pues es el compositor de la música del clásico vals "Viejo lobo chilote".
Max Berrú es uno de los integrantes fundadores de Inti-Illimani, y el primer músico que en esa condición abandonó el conjunto. En 1997 razones derivadas de su vida personal (fundamentalmente, un nuevo matrimonio y una nueva hija), lo llevaron a renunciar, aunque su ligazón con la música y con el grupo nunca se cortaron. Desde entonces, editó dos discos y se presentó regularmente mostrando repertorio latinoamericano. Ecuatoriano de nacimiento, se quedó definitivamente a vivir en Chile, hasta que, afectado por un cáncer, falleció en Santiago en mayo de 2018 a los 74 años.
Amparito Jiménez es una cantante colombiana arribada en los años '60 a Chile, y desde entonces fue una pieza fundamental en la historia de la cumbia en el país, donde ganó el apodo de "Reina de la cumbia" y ha sido reconocida por ser la primera en popularizar ese ritmo en su vertiente folclórica colombiana. Entre sus mayores éxitos en el país se cuenta "La pollera colorá", de autoría de los colombianos Wilson Choperena y Juan Madera Castro. Amparito además colaboró con músicos locales y los nutrió de repertorio, hasta que, avanzados los '70, paulatinamente se retiró de la vida profesional de la música. Desde hace varios años reside en La Serena, donde ha vinculado su quehacer artístico a su vocación religiosa y ha participado ocasionalmente en grabaciones con músicos jóvenes.
La cueca es la credencial mayor de Segundo Zamora, un hombre nacido en la pampa nortina que legó las composiciones "Adiós, Santiago querido", "Mándame a quitar la vida", "El marinero" y "El cuerpo malo". Ya su firma en esas glorias es historia trascendente, pero la música de este autor es aún más cuantiosa. Zamora —conocido más familiarmente como Guatón Zamora— fue autor de guarachas, corridos (como "Buen consejo") y también tocó tango, como acordeonista de la orquesta de Armando Bonansco. Murió en 1968, pero la música es cuestión de familia: su hija, María Esther Zamora, formó por décadas un dúo junto Pepe Fuentes que mantuvo vivos los genes musicales populares de uno de los grandes hombres de la cueca nacida y animada en la ciudad.
Luisa Contreras es una de las representantes más activas y exitosas de la música norteña en Chile, y de hecho luce el apelativo de La Norteñita como cultora de este ritmo mexicano desde el año 2001, cuando el disco Herida del corazón ubicó su voz en el circuito de leales al género. Su producción musical ha sido prolífica, con casi un disco al año desde entonces. En 2003 realizó su primer viaje promocional a México, con paradas en el D.F. y en casi todo el Estado de Sonora. Nacida y criada en La Serena, Contreras se autodefine como "la primera grupera en Chile", en alusión a ese ritmo mexicano, y su afición por las "quebadritas" (variante de la cumbia mexicana) la ha hecho conocida en su zona como "la reina de la quebradita". Se ha presentado acompañada por el grupo Tradición Norteña.
La mujer que con mayor sentimiento ha cantado el vals peruano y el bolero en Chile es Palmenia Pizarro. Iniciada a comienzos de los años ‘60, desarrolló su carrera en Chile y luego en México, donde vivió y cantó entre 1973 y 1997. Revalorada por una nueva generación de auditores desde los años '90, tal como ocurrió con Cecilia, Palmenia Pizarro reanudó su trabajo en escenarios en Chile en una ruta que la consolidó como una de las indiscutidas reinas en el canto popular. Solo se vio interrumpida debido a una enfermedad que la sacó de los escenarios en 2024, pero su nombre es parte de la historia ancha y profunda de la música popular chilena, con un sello, canto y sensibilidad quedaron marcados en valses y boleros como "Cariño malo", "Ódiame", "Ajeno" y "Amarraditos".
Nicanor Molinare es uno de los más productivos autores de la música típica chilena, a la que contribuyó con numerosas canciones y tonadas durante una carrera de escasos veinte años, entre 1937 y 1957. Molinare es el hombre que escribió ‘‘Chiu-chiu’’, ‘‘Cocorocó’’, ‘‘Galopa, galopa’’, ‘‘Cantarito de greda’’, ‘‘Cura de mi pueblo’’, ‘‘Mantelito blanco’’, ‘‘Oro purito’’ y ‘‘La copucha’’. Sus sencillas composiciones fueron luego un repertorio básico para la discografía de Los Huasos Quincheros y otros músicos, y un puñado de sus estribillos quedó además grabado en la memoria popular.
Según indican los musicólogos e investigadores, Los Estudiantes Rítmicos representan la primera experiencia de música pop de la historia en Chile. El conjunto nacido en aulas de la Universidad de Chile en 1939, encabezado por el joven compositor José Goles, impuso nuevos términos entre el nuevo público durante la década de 1940, con energía juvenil y ritmo popular, a través de un repertorio de boleros, valses, corridos, polkas y foxtrots y todo tipo de expresiones musicales de impacto masivo. Su éxito desbordante en la época está asociado a la canción "El paso del pollo", más conocida como "El pobre pollo", que atravesó épocas y audiencias como un ineludible de la música chilena.