Canto y trova
Poemas y canciones de amor, de humor o de política fueron parte del oficio del trovador histórico, personaje nacido ya en épocas medievales y que mil años después regresó a la música popular con el mismo sentido. Su figura renació en los años '60, cuando en América Latina y Europa surgieron autores cuyas canciones –interpretadas con la sola compañía de una guitarra- hablaban de sentimientos personales y temas sociales. Canto y trova son formas modernas de expresión del trovador, quien a falta de despliegue instrumental centra el poder de su música en las letras y en su virtuosismo como ejecutante de esa pequeña orquesta de seis cuerdas. Desde Francia a Estados Unidos y desde Cuba a Chile, los cantautores reaparecieron en la década de los grandes cambios. En nuestro país se activó en el marco de la Nueva Canción Chilena y luego siguió con el movimiento joven del Canto Nuevo, pero su oficio es ahora tan genérico que ha superado todas las etiquetas.
Cantautor originario de Rancagua, distingue un estilo poco habitual, iniciado en el formato trova, a pura guitarra y voz, pero ampliado con los años en elementos y referencias, incluso del jazz o el rock progresivo. Su formación ha sido, también, atípica. Luego de un año de estudios universitarios de Música en Valparaíso, optó por perfeccionarse junto a profesores particulares; entre ellos, musicos tan destacados como Juan Antonio Chicoria Sánchez, Camila Meza y Federico Danemann. Hoy mantiene una labora autogestionada, como parte del catálogo del sello independiente Mescalina. Si con el disco Heterónimo (2020) llamó la atención con un pop imaginativo y de letras inteligentes, con ISRS (2024) terminó de certificar una de las voces más frescas de su generación, hábil en la articulación de suavidad y fuerza, y en un trabajo armónico delicado y exigente. Aunque su camino es el de un solista, su trayectoria acumula hasta ahora diversos cruces de colaboración: Orquesta Marga Marga de Valparaiso y Javier Barría, entre otros. «Empecé a abrir un poco la forma canción que tenía más interiorizada de la veta de Silvio Rodriguez o Jorge Drexler, por ejemplo, hacia otras estéticas: desde Radiohead a la música impresionista de Ravel o Debussy o el jazz de Esperanza Spalding», explica. Destaca, también, el cuidado puesto en la palabra, marcada ya en su debut con una musicalización de un poema de Óscar Castro (el single "Raiz del canto").
Felipe Schuster integró Hic Sunt Leones, banda de la segunda mitad de la década de los 2000, con la que elaboró un sonido pop que si bien no alcanzó ecos masivos, fue ampliamente reconocido por su factura. Hacia fines del 2011, cuando ya el proyecto no existía, Schuster comenzó a desarrollar un trabajo solista que el 2012 presentó en vivo, y en el disco Atiempo (2013). Con sonidos similares a su banda de antaño, un tributo al tema "Campos verdes" de Eduardo Gatti, que grabó junto al propio cantautor y la producción de Pablo Stipicic. Al tiempo que alterna su oficio musical con su profesión de abogado, ha seguido componiendo canciones y su segundo trabajo fue La montaña (2015), y desde entonce sigue lanzando singles en sociedad con el compositor Javier Barría.
Una aguerrida cantora y autora de la generación de los años '10 es Carolina Javiera Carrera Zúñiga, talquina con nombre de patriota de la Independencia y que comparte ángulos de la canción con guitarra junto con solistas como la magallánica Naara Andariega, la maulina Evelyn Cornejo, la collipullense Tamara Quijada , la temuquense Susana Cofré o la capitalina Daniela Millaleo, quienes han adoptado elementos de la trova y de la canción protesta en sus propios repertorios. En el disco de 2017, Canciones mayores, Carolina Carrera instala también una crítica muy personal a una sociedad que se aleja de la naturaleza e impone un estilo de vida que va en contra de los ciclos de la luz natural.
«Suena a Conce», coinciden sus coterráneos al describir el sonido que el cantautor penquista Mauricio Javier Toloza conduce bajo el nombre de Cantáreman. Desde 2008, sus canciones de raíz folk y letras urbanas han encapsulado el imaginario del suburbio sureño, rutinario y melancólico. Junto a sus álbumes caseros y singles de exportación, el músico se convirtió en uno de los artistas de culto de la generación post terremoto en la capital del Biobío.
Nacida en Santiago y criada por sus abuelos en la población Santa Julia en la comuna de Macul, el origen y la presencia de la cultura mapuche ha sido para la cantautora Daniela Millaleo punto de apoyo para un canto propio que es un grito de protesta por las reivindicaciones. También profesora, en 2013 publicó el disco Trafun, donde ha expuesto los bordes de esta lucha que llevan las comunidades indígenas del sur, con canciones de gran simpleza y belleza para guitarra sola como "Todo es igual", "Ko (agua)", "Libertad" o "Nacido indio". "Test"
Con una primera presencia musical en el canto popular y la música latinoamericana, sobre todo durante la década de 2010, Ignacia Inostroza Haase dio un paso decisivo hacia la creación de un cancionero infantil como resultado de su trabajo en el campo de la pedagogía. Con el nombre de Nacha Hasse, en 2021 presentó Canciones para pichikeche, un álbum infantil que contó con la producción musical del saxofonista de jazz Jonathan Gatica, sostenido en diversos ritmos latinoamericanos, desde el el candombe y la chacarera rioplantenses, hasta la música del altiplano y sonidos de la música mapuche.
Gabilú es el nombre musical de Gabriela Alvarado, cantautora chilota que no solo se ha permeado de las riquezas del archipiélago, sino que ella misma ha ido en busca de esas materialidades —su geografía, su mitología, su clima, el mar, la ancestralidad huilliche y las personas que pueblan el territorio— para elaborar una poesía intuitiva por decir lo menos. Su primer trabajo es Yo quería ser columpio (2020), un capítulo determinante de esa época ancuditana, que abriría un espacio nuevo en su creación posterior.
Cantautora de mirada profunda, delicadeza lírica y factura sónica, Camila Flórez es Idea Blanco, pseudónimo a la vez que concepto propio, obtenido de lecturas de la poeta y ensayista uruguaya Idea Vilariño. Musicalmente ha explorado las dimensiones de la canción folk pop, con un foco en la estética indie, incorporando aspectos de la electrónica como revestimiento alrededor de su voz. Junto a ello, Idea Blanco definió sus primeros trabajos por una escritura de letras de hondura, posibles de apreciar con mayor claridad en el disco Idea Blanco (2024).
Marcelo Jara se ha desplazado indistintamente entre el canto trovadoresco y las agrupaciones instrumentales de mayores dimensiones, como cantautor y como compositor, en un proceso creativo que lo ha llevado a publicar los álbumes Busco (2012) y Despertar (2017). Son dos muestras de su presencia en la música de raíz folclórica latinoamericana fusionada con otras fuentes, en una línea que presenta a Marco Andreu, Alexis Venegas, Lalo del Campo o Marcelo Vergara como exponentes de diversa consideración.
Teresa González Arancibia es compositora, autora, cantante y guitarrista. Pertenece a una comunidad de cultores de la música latinoamericana contemporánea que ha sido permeada por la composición académica, el jazz, la música popular y el folclor. Nacida en Viña del Mar, criada en Curimón, entre San Felipe y Los Andes, con estudios musicales en Valparaíso y con una posterior vida en Mendoza, Tere González ha recorrido largamente ese eje latitudinal entre Chile y Argentina: un tránsito terminó por definirla como cantautora en plena forma, sobre todo con el disco Sabias (2020).
"Cambia, todo cambia" ha sido el gran aporte solista de Julio Numhauser al cancionero popular chileno, pero su trabajo musical ofrece vertientes más amplias y diversas que las de la pura cantautoría. Junto a los hermanos Julio y Eduardo Carrasco, Numhauser fue uno de los tres fundadores del grupo Quilapayún, y alcanzó a estar con ellos hasta su primer álbum, en 1967. Fue él quien buscó el nombre del conjunto y estableció el contacto con su primer director artístico, el cantautor Ángel Parra. Luego de su partida, comenzó una larga historia musical con diversos conjuntos en los que siempre fue el compositor principal. Destaca entre ellos sobre todo el dúo Amerindios, uno de los nombres más frescos del movimiento de Nueva Canción Chilena.
Cantautor romántico y en cierta medida continuador de la línea que han marcado solistas como Pablo Herrera, Alexis Venegas o Marco Andreu, que mezclan la trova con la balada. Con un pasado como integrante de conjuntos de música andina, estudios preliminares de guitarra clásica y luego de composición, Rodrigo Maureira es, además, profesor de música. Se inició en la cantautoría con una primera serie de melodías que llevó al disco Memoria viva (2012). Más tarde tomaría el cancionero de Víctor Jara para una observación propia en Deja la vida volar (2013), con el que llegó a ser nominado al premio Altazor de 2014 en la categoría Álbum urbano.
Aunque dio sus primeros pasos en el contexto del Canto Nuevo en los años '80, la música de Felo trasciende por mucho esa etiqueta. El uso de códigos de humor en sus canciones, en la misma línea que el uruguayo Leo Maslíah, lo convirtió desde entonces en un músico diferente y avanzados los 90 y sobre todo a comienzos de la década de los 2000, su trabajo saltó a los medios masivos. Fuiel a su estilo, tuvo un exitoso paso por el Festival de Viña del Mar en el 2005. Actualmente se mantiene activo, con presentaciones regulares a lo largo de todo Chile en pequeños escenarios, que es el formato - como ha reconocido - que más cómodo le resulta.
Militante de una música de las raíces más profundas y los folclores sureño y andino, desde fines de 2013 Lizbeth Alejandra Ruiz encontró en tierras argentinas un nombre propio y un rumbo creativo. En el pueblo de San Marcos Sierras de Córdoba, donde se instaló finalmente, se convirtió en Lite Ruiz, se presentó en diversos escenarios con atuendos que representan a las culturas y apareció cantando coplas con una caja de ritual temazcalera, cuyo sonido se asemeja al del kultrún mapuche. Fue su imagen más reconocible en el período de vida en Argentina, aunque también cantó con guitarra criolla e incluso guitarra eléctrica.
Pascale Yates toma el nombre musical de Paskurana inspirada por la presencia de la naturaleza en sus canciones, que se surten de folk, rock, música andina, folclor latinoamericano y sicodelia. Desde la botánica, la fauna, la ecología, el valor de los suelos, la gestión territorial y la educación ambiental, ella ha instalado un relato y la búsqueda de un sonido propio, marcado además por la esencia del sur que habitó en esos tiempos. Desde allí surgieron trabajos como La vida, un viaje (2023) y Parajes oníricos (2024), que marcaría su primera época como compositora y autora.
La postergación de los proyectos solista de Ana María Morales y de Marco Antonio Castro, posibilitó el origen del dúo Absolutos, creado en 2012 con la unión de estas fuerzas y la combinación de sus influencias musicales, que alternaron folk, punk, música latinoamericana y también elementos del noise y la música de baja fidelidad. El primer experimento de creación colectiva, como una suma de canciones propuestas de manera individual, se tituló Árbol (2012), un EP que anticipó al definitivo disco largaduración Árbol (2013).
Probablemente la expresión más importante y representativa del movimiento de Canto Nuevo, desarrollado en Chile durante la década de los '80, fueron los valdivianos Schwenke & Nilo, un dúo que mantuvieron por más de treinta años los músicos Nelson Shwenke y Marcelo Nilo. Inspirados en la tradición de la canción social, en las inquietudes en torno a las relaciones humanas y en apego a la naturaleza del sur de Chile, muchas de sus canciones fueron clásicos de los circuitos más activos de oposición al régimen de Pinochet. El proyecto nunca detuvo su trabajo, incluso tras la muerte de Nelson Schwenke en 2012.
Una música desde la raíz folk brota en la obra de Natalia Molina, un nombre entre la activa generación de cantautores de la década de 2000 que en esa época renovaron el concepto de trova, incoporando elementos del rock, el pop y el folclor chileno a sus canciones y donde también es posible identificar a figuras como Nutria, Javier Barría, Nano Stern, Chinoy, el primer Gepe, la primera Camila Moreno, Vilú, María Perlita o Felipe Cadenasso. También poeta e ilustradora, Natalia Molina marcó presencia en 2009 con la canción "Alma", que fue el punto de partida como autora de canciones expuestas a solas, con guitarra folk, o con banda de rock.
Jazmín Gómez Garibotti tomó el nombre de Jazmín para instalarse en la escena de cantautoría femenina consolidada durante la década de 2010. Lo hizo con la contundente y arrojada “Canción que duele”, pieza que encabezó su disco debut Hecho a mano (2012) y definió un estilo frente a la canción basada en la guitarra acústica. Sin embargo en el transcurso de la década Jazmín iría mutando progresivamente al pop, enfoque que quedó representado después con el disco Antes de dormir (2020).
La música de raíz latinoamericana es la vocación sobre la que Elizabeth Morris ha construido una elaborada carrera como autora, compositora, instrumentista y cantante. Tras iniciarse en colaboraciones diversas con otros músicos chilenos durante los años 90, en el nuevo siglo ha consolidado un importante trabajo con nombre propio. Canciones suyas como "Décimas" y "Darte luz" han sido grabadas por el músico argentino Pedro Aznar y la cantante peruana Eva Ayllón entre otros intérpretes, ha actuado en Argentina, Colombia, Canadá, EE.UU. e Italia y ha ganado dos veces la competencia folclórica del Festival de Viña, con "Canción de agua y viento" en 2006 y con "La mejicana" en 2015.