Fusión latinoamericana

Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.

Transporte Urbano

Cultores del folclor urbano con profundo arraigo popular, Transporte Urbano emergió cuando un grupo de estudiantes de la Universidad de Santiago (entonces UTE) empezó a inicios de los años ochenta a tocar en micros, peñas y café-concerts, con la intención de dar un mensaje social y financiar sus respectivas carreras universitarias. Sus ritmos alegres, la ironía de sus canciones, el uso del habla popular y la esperanza por el cambio los distinguieron en la escena de resistencia antidictatorial de esos años. Fue un grupo forjado sobre todo en vivo, con actividad en escenarios de poblaciones en Santiago, Pudahuel, La Pincoya, Peñalolén y en parroquias como la del Cristo Quemado, cerca de grupos como Callejón y Sol y Lluvia, en peñas, escenarios estudiantiles y en innumerables actos vinculados, sobre todo, a la izquierda política, en cuyos partidos varios de los músicos eran militantes. De esa época se mantiene el cantante y fundador del grupo, Óscar Riveros, que hoy integra Transporte Urbano junto a una serie de músicos que han ido variando, al igual que su instrumentación.

Pablo Lecaros

Miembro de un clan histórico, Pablo Lecaros surgió en el jazz chileno y la música popular como uno de los primeros solistas del bajo eléctrico en la era de la fusión, junto al peruano radicado en Chile Enrique Luna. Lecaros fue desde mediados de los '70 un ejemplar inédito, formado con las claves del jazz, las armas del rock y las raíces de la música popular chilena. Un punto de confluencia de tres líneas que queda bien representado en su composición "Tonada para la pachamama", una de las más fundamentales en este campo, que el músico grabó con grupo La Marraqueta.

Flor de Guayaba

Estas siete mujeres destacan en la escena penquista por cultivar el folclor afrolatino, con aires de bullerengue y otros ritmos tradicionales de Colombia. Su puesta en escena muestra diversas percusiones y ricas armonías vocales. Flor de Guayaba adapta parte de la tradición de aquel país a su entorno, evidenciando los enlaces tanto sociales como culturales con la invisibilizada raíz afro en Chile.

Mazapán

El lugar común de designar a Mazapán como un conjunto de música infantil no es sólo un lugar común, sino una imprecisión. Mazapán es un grupo que ha explorado la música antigua, el pop, el folclor, el rock y hasta se ha internado en el método de la composición contemporánea para armar una de las discografías más ricas de la música para las infancias. Formado entre 1979 y 1980 por siete estudiantes de diversas disciplinas musicales, el grupo también fue la cuna de la carrera como solista de Cecilia Echenique y tiene inscrito en la memoria colectiva de generaciones el recuerdo de canciones inconfundibles como "La vaquita loca" (1980) y "Una cuncuna" (1981). Junto con Zapallo y Acuarela, Mazapán forma la tríada de conjuntos pioneros en la música para niños, y en 2024 recibió el Premio a la Música Presidente de la República junto con el reconocimiento de Figura Fundamental de la Música Chilena, de la SCD.

Antonio Smith

Un camino de búsqueda, musical y filosófica, encauzado primero en los grupos Congregación y Sol de Chile, y más tarde en diversos proyectos a solas (bajo seudónimos como Awankana y Senchi) ha sido el de Antonio Smith. Su creación musical ha estado vinculada desde un inicio a un cuestionamiento más amplio sobre la vida, la trascendencia y la deriva humanista; y así ha quedado registrada en los discos grabados por él a lo largo de cinco décadas, principalmente en Argentina, donde llegó en 1973. Es música por completo ajena a la dinámica promocional, que, en palabras de su autor, conforma un lenguaje de síntesis y magia «para penetrar en las dimensiones ocultas de palabras simples».

Gabriel Parra

Gabriel Parra nunca fue un baterista convencional, y por eso su muerte se define hasta hoy como un golpe irreparable para la biografía de Los Jaivas. Por técnica, carisma, liderazgo y creatividad, el músico se convirtió en uno de los pilares de la creación popular chilena, y el impacto ante su talento cundió varias veces entre especialistas extranjeros. Incontables instrumentistas jóvenes locales aseguran haber decidido su vocación luego de ver en vivo la fuerza incombustible del que es considerado, casi sin disidencia, el mejor baterista de nuestra historia. Cada 25 de julio —su nacimiento— se conmemora el Día del Baterista y Percusionista Chileno.

Tamara Águila

Autora y cantante magallánica intuitiva, sensible y al mismo tiempo aguerrida, Tamara Águila Aravena ha elaborado una obra propia que reúne la creación poética, la pedagogía y las artes de la sanación. Primero radicada en la ciudad de Limache, en 2014 presentó el disco Ama encantos, un proyecto donde explora aspectos sobre lo femenino y lo matrístico. Las presentaciones de este trabajo se convirtieron en un montaje escénico que vinculí texto, danza, música y video, y fue planteado como un "despertar de la nueva energía femenina en la Tierra". Más adelante, instalada en la maulina Rari, continuaría con proyectos tanto de gestión cultural como de creación musical, reflejado en otro disco importante de su trayectoria como cantautora, Naves (2025).

Huaika

En Huaika se encontraron músicos con orígenes esenciales para la música chilena: dos hijos del cantante de Los Jaivas, Eloy y Ankatu Alquinta; y dos hijos del folclorista Jorge Yáñez, Leo y Jorge. Por encima de sus vínculos biográficos, la banda trabajó un sonido emparentado con tendencias señeras del rock de raíz folclórica. Huaika tuvo un golpe mortal en 2004 con el sorpresivo fallecimiento de su integrante fundador Eloy Alquinta. La banda se mantuvo luego un tiempo trabajando en vivo, pero los encargos paralelos de sus integrantes fueron espaciando sus presentaciones y grabaciones hasta detenerlas por completo.

Ajayu

Formado en su origen por jóvenes estudiantes de la U. Católica de Valparaíso, Ajayu se consolidó como ensamble acústico de fusiones diversas, que tomó su nombre de la imaginería del mundo aymara: Ajayu es "alma" o "espíritu", voz que vincula su propuesta con una sonoridad "cercana a lo inmaterial, a lo imaginable y a lo que es difícil de situar en un lugar", según describen sus integrantes. En una formación de septeto, o bien sexteto, Ajayu avanzó en ese camino, incoporando primeramente instrumentos de ese mundo andino, como la quena y el sikus, además de sonidos de una tradición clásica europa, como el chelo, el clarinete y la flauta traversa. Ello lo situó en una línea extendida de propuestas musicales de ensambles surgidos en los años '90, como Transiente en Valparaíso y Entrama en Santiago.

Sankara

El dúo Sankara nació como apéndice musical del ensamble Merkén, uno de los más visibles resultados del Taller de Música Latinoamericana que dictó el músico y académico Claudio Acevedo en la Universidad de Chile. Formado por la charanguista Fernanda Mosqueda y el guitarrista Felipe Valdés, Sankara tuvo un enfoque sobre la música de raíz latinoamericana desde un puente entre los mundos de tradición escrita docta y la tradición oral popular. Tanto Mosqueda como Valdés han sido, además, impulsores del encuentro de charanguistas llamado "De charango y otras hierbas".

Los Aucas

Cerca de su debut como conjunto, Los Aucas tuvo un estreno masivo que marcó por años su historia, cuando en 1982 participaron junto a Pedro Messone con la canción "La tejedora", de Sandra Ramírez, en la competencia folcórica del Festival de Viña del Mar. El tema se volvió excepcionalmente popular, y el conjunto iba a volver a ese escenario a defenderla en la competencia histórica organizada en su edición del año 2000. Pero Los Aucas son un grupo de raíz folclórica de vida propia, con varias publicaciones, e idas y venidas por cambios y disputas entre sus integrantes, que los ha llevado a períodos de pausa y presentaciones en «facciones». Su discografía integra ritmos chilotes, y ritmos nortinos, de zamba, candombe y son.

Alejandro Soto Lacoste

El paso como multi-instrumentista por agrupaciones de la música de fusión latinoamericana (Aranto, Bombyx Mori y Sur-Gente), además de colaboraciones múltiples con solistas, marcan el primer paso de Alejandro Soto. Sin embargo su carácter de moderno compositor para música popular definió mayormente su proyección en el tiempo, con presencia en la serie de piezas escogidas de los discos Música de este lado del sur en 2002 y 2004 (con “Tu vuelo inquieto” y “Entre dos caminos”). Eso hasta que una vez radicado en Alemania Soto inició en 2007 una ruta solista con su álbum de canciones de autor, Interiores, editado en 2008 y presentado en Chile en 2009.

Rodrigo Vásquez

Rodrigo Vásquez es un especialista en percusión de ritmos afrolatinos, latin jazz y fusión. Formado en el Conservatorio de Música Universidad Federal de Bahía, Brasil, país donde vivió veinte años, aprendió también la disciplina cubana de los tambores batá y ha desarrollado en Brasil y Chile una amplia carrera como percusionista en vivo, músico de grabaciones, director musical y profesor.

Tomás del Real

Las primeras creaciones de Tomás del Real superaron los límites de la trova latinoamericana sanguínea para introducirse en el territorio del folk europeo, con influencias celtas y balcánicas. Esa fusión de dos tradiciones quedó registrada en Tomando forma (2014), el primer disco del cantautor, que lanzó a los veinte años tras la experiencia de un viaje de seis meses solo junto a su guitarra por ciudades de Bélgica, Escocia, Bulgaria y Eslovenia. A lo largo de su historia, Del Real ha transitado un camino de encuentros entre esas vertienes musicales de su tierra y las pertenecientes a las músicas del Viejo Mundo, hasta llegar al dúo folk Don’t Chase the Lizard, que en 2022 formó junto a la violinista, cantante y compositora estonia Lee Taul.

Bárbara Paz

Una cantautoría conectada con la tierra propone Bárbara Paz Muñoz Morales (no confudir con la cantante pop y baladista Bárbara Paz Muñoz), utilizando materiales de sonido acústico y una poesía a menudo autobiográfica. También sicóloga de profesión, fue cultora del canto y la música desde la adolescencia, principalmente conectada con voces de mujeres desde el folclor de la argentina Mercedes Sosa a las cantantes de la tradición R&B como Aretha Franklin y Sade. Ha tenido vínculos con nombres como Paulo Rojas y Jaime Muñoz durante su primer período en la música. En los tiempos de la pandemia se trasladó a vivir a la sureña Palena, y desde allí completó el repertorio de un disco autoral que marcó otro momento en la cronología. Renacer (2021) presentó un cancionero sostenido principalmente en el ukelele y las percusiones.

Chilombiana

Colombia, Ecuador, Perú y Chile aparecen de formas más o menos directas en la alineación de este grupo iniciado en Santiago en 2008, con integrantes ligados a esos cuatro países y un sonido que durante su historia mostró un cruce de ritmos caribeños con los instrumentos eléctricos del rock. Sobre esa base, Chilombiana vino a enriquecer el circuito de músicos y grupos chilenos entregados a diversas formas de mestizaje local entre raíces latinoamericanas.

Raúl López

Raúl Lobito López es saxofonista de la generación pionera en la fusión del jazz, el rock y la música latinoamericana, que empezó a despuntar en los años '70 y '80. Fue integrante de dos agrupaciones consulares en las vanguardias de la época: Quilín (1979) y Alsur (1986). En su época posterior en Coquimbo, López abrazó las influencias nortinas, las geografías física y humana, así como los ritmos y danzas folclóricas de un vasto territorio en las puertas del desierto y el altiplano. Desde esa posición y en mezcla con lo jazzístico, a los 70 años escribió sus primeras composiciones y publicó su ópera prima; Sudamerijazz (2022).

Pedro Greene

Transversalmente a la sucesión de estilos y décadas de tránsito en la música popular chilena está un baterista como Pedro Greene. Un solista que fue desde la versión adolescente de los Blops hasta la madurez de La Marraqueta, engrosando en su bitácora una múltiple militancia en proyectos abiertos, con participación en ensambles experimentales europeos y activa presencia entre los músicos nacionales de la generación del toque de queda que subieron el volumen a la música de los '70 y '80.

Lorena Gormaz

Lorena Gormaz tiene una triple faceta de compositora, pianista y cantante popular. Una de las nuevas voces de la fusión latinoamericana de los años 2000, con gran conocimiento sobre la música afroperuana, criolla chilena y popular brasileña. Estudió piano con la concertista María Paz Santibáñez y parte de su adiestramiento vocal lo obtuvo con Arlette Jequier, por lo que sus estilo y timbre también se asociaron en su momento al de la avanzada cantante de Fulano.

Milena Viertel

Compositora, pianista, cantante y educadora, Milena Viertel ha explorado los campos de la música académica, el folclor, las fusiones, el jazz y la música experimental. Sin embargo su disciplina ha transcurrido mayormente la interior de la academia, como profesora en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Desde allí ha ejecutado sus trabajos, principalmente en los ámbitos de la composición, la educación, la musicología y la investigación. Este último aspecto fue determinante en las búsquedas creativas de Milena Viertel, a partir del proyecto de 2011 titulado “Resignificación de la estética de la obra de Violeta Parra en el Chile actual”, que se convirtió en el disco Violeta de Chile (2017).