Electrónica
Desde los experimentos en laboratorios de sonido por compositores venidos de la academia en los años '50 hasta la extendida escena de DJs y músicos que trabajan en diversas vertientes en nuestros días, la música electrónica ha sido uno de los campos más múltiples de las últimas décadas. Alojada primero en los círculos doctos pasó a la música popular con el empleo de los primeros sintetizadores análogos aplicados a la música pop y rock en los años '70, y luego ha viajado a través de los grupos "tecno" o "tecnopop" de los '80, las precursoras fiestas con DJs de fines de esa década y un horizonte de músicos y productores que desde los años '90 en adelante han multiplicado sus posibilidades. Entre la música más bailable y la más experimental, la electrónica se ha visto reforzada con el inicio de los sellos en Internet o netlabels que desde 2003 se han identificado sobre todo con esta música.
Fake Samo es el nombre musical de Sebastián Herrera, un exponente de la electrónica experimental, que se proyecta en distintos rumbos. Además es poeta, periodista y gestor cultural, cofundador del sello discográfico y plataforma Grieta. Herrera apareció como Fake Samo, inspirado en el pseudónimo con que Jean-Michel Basquiat firmaba sus grafitis en Nueva York desde los años '70: SAMO (Same All Shit). Su música se ha situado en el campo de una electrónica de experimentaciones, el uso del computador, la improvisación junto a solistas e intérpretes, y una narrativa cuyo tránsito va desde y hacia la poesía, la música contemporánea y el jazz.
Periodista, fotógrafo, músico y productor, Rafael Cheuquelaf Bradasic es conocido por su larga participación en el proyecto de electrónica camerística experimental de Lluvia Ácida, que ha llevado junto adelante junto a Héctor Aguilar desde mediados de los años '90 en Magallanes. A través de una discografía abundante ha propuesto una investigación histórica, territorial y política a partir de una música electrónica en constante transformación. Como músico independiente ha publicado una serie de álbumes de distintas dimensiones, siempre sostenidos en el uso de los teclados análogos.
Kinética es una de las formas de referirse a la cinésica, aquella disciplina que estudia los movimientos corporales conscientes e inconscientes y su valor comunicativo en lo gestual. Y es el concepto que Emiliana Abril Araya tomó para iniciar su proyecto como solista en la música experimental. Tres álbumes alrededor de la idea de la cinésica marcan su primera época en la experimentación con las tecnologías aplicadas a la composición, a la voz y a la poesía, y cuyos resultados siempre abiertos se instalan en diversos espacios: la electrónica, el hip-hop, el pop, el soul, la improvisación libre y las vanguardias.
Aunque no ha sido su principal cauce laboral, la música ha ocupado de modo constante a Rosario Mena, periodista e investigadora (cuenta, también, con poemarios publicados) que desde 1999 viene trabajando en solitario canciones de una suave ambientación electrónica o apoyadas en el rasgueo de su guitarra. La cantautora se ha mantenido en una férrea independencia a través de la cual programa publicaciones espaciadas entre sí y sin particular sintonía con las tendencias de moda. Además de su voz, uno de los pilares de sus discos es su delicado trabajo de letras, asociables a las reflexiones de una mujer adulta.
Multifacético baterista y percusionista, Roberto Zamora ha mantenido un bajo perfil en la escena de las músicas creativas, espacios en donde ha incursionado tanto en el jazz y la fusión como en la electrónica de escucha y la música contemporánea. En ese rumbo musical ramificado, Zamora alcanzó uno de sus puntos más altos con su trabajo como compositor de música académica para trío de cuerdas, en un álbum de carga autobiográfica titulado Texturas australes (2024).
Como una dupla de producción al servicio de músicos chilenos puede definirse mejor la identidad de De Janeiros, aunque el trabajo del dúo ha mostrado también composiciones y grabaciones propias, así como realizaciones audiovisuales. Además, sus dos integrantes, Pablo Muñoz ($990) y Milton Mahan (Dënver), han desarrollado colaboraciones y proyectos por su cuenta. En tal sentido, es justo concederlo al dúo una presentación más amplia, como íntegra dupla creativa,
Lucien Nicolet estampó su primera firma en graffitis callejeros de Santiago de Chile, cuando su nombre, a mediados de los años '90, era DJ Magi-k. Luego, hacia fines de la década, ganaría su segundo alias en Europa para volverse uno de los productores y DJs chilenos activos en el circuito electrónico internacional, donde hoy es reconocido por igual como Lucien Nicolet, Luciano o Lucien 'n' Luciano.
En el CluBizarre, desaparecido espacio céntrico en Santiago, se vistieron por primera vez de porristas para bailar simples coreografías y entretener a un público joven, aunque mayor que ellas. Kinder Porno fue uno de los primeros dúos electropop del siglo XXI en Chile, y mantuvo por un tiempo una energía pícara y lúdica (a veces, de descolocadora transgresión, como en canciones dedicadas a Claudio Spiniak), con un único disco publicado y shows frecuentes (muchas veces, en locales con horario para menores y sin patente de alcohol). El dúo femenino al mando trabajó con llamativo desprejuicio canciones entre el rock, el electro, el J-pop y el axé, casi siempre de letras sexuales.
Más que como una banda atada a un género en particular, Transubhiriano prefirió definirse como «un viaje por las distintas culturas del mundo que utilizan el trance y la danza como medio de conexión y de celebración». Esa misma soltura ha sostenido su historia, que es la de exploración y asociaciones emprendidas principalmente por Subhira, autor conocido por su trabajo de larga data en la fusión étnica, electrónica y latinoamericana.
Como ensamble de música actual, denominada así para referirse a ciertas corrientes de la creación en el siglo XXI, Xatarra ha bordeado líneas de música y sonido distintas, considerado en su narración instrumentos provenientes de la música clásica o sinfónica, como el cello y el fagot, y dispositivos de la música electrónica de ritmos y de ambientes, aparatos de muestreo y sintetizadores mayoritariamente. La música es resultado de este encuentro y Xatarra —voz que juega simbólicamente con la idea de la "chatarra"— se ha impuesto como uno de los proyectos centrales de la comunidad del sello 11:11. Entre sus integrantes que cuentan con proyectos solistas están la cellista y compositora Isidora O'Ryan y el compositor y productor Andrés Abarzúa. Después de intermitentes apariciones desde que comenzaron a hacer investigación sobre la música improvisada y la producción hacia 2015, Xatarra publicó el disco Cuadros (2023). Antes, habían elaborado trabajos próximos a la instalación lumínica (con el artista Sergio Mora Díaz) y la danza contemporánea (con el colectivo La Vitrina), además de establecer vínculos con nombres como Foex, Bruxista y Nico Rosenberg.
La creación y la gestión se han conjugado en el trabajo de Andrea Paz, uno de los nombres recurrentes en el circuito de música electrónica a partir de la primera década del siglo XXI, quien marcó un hito en 2019 al editar su primer disco, Cruz dimensional.
Discos y proyectos digitales certifican el paso de Dr. Q por la composición electrónica chilena. El seudónimo fue elegido hacia 1998 por el diseñador Francisco Fábrega, profesional vinculado por años a la producción audiovisual, y que en conjunto con el DJ Fat Pablo decidió entonces dejar registro de su avanzada técnica sobre la programación y el manejo de samplers. Dr. Q (2000) fue el nombre de ese primer álbum, sucedido cinco años más tarde por Litoral, trabajado en esa ocasión como un proyecto solista de Fábrega. Además de un clima envolvente y de suave electrónica, del álbum destacó una lista de créditos que incluyó la colaboración de gente como Carlos Cabezas, Arlette Jequier y Rosario Mena. Sus voces se encajaron a las programaciones instrumentales ya compuestas por Fábrega, quien prefiere verse a sí mismo como un «ambientador sonoro», para el cual música e imagen surgen como parte de un mismo concepto. Dentro de su trabajo musical deben también contarse el disco Orquídea (2004), a dúo entre Fábrega y Miguel Tutera, y la musicalización de las obras teatrales Jesús se subió al metro (2002) y La señorita Julia (2003). Es suyo, además, el videoclip para "Lo mejor de ti", uno de los singles del aplaudido debut solista de Carlos Cabezas. En período de pandemia, subió a plataformas y una web propia un proyecto en permanente desarrollo: Bandas Sonoras para Películas Inexistentes es definido por el creador como «un estudio de luz, tiempo y sonido, basado en la contemplación de las cosas que ocurren a nuestro alrededor inmediato, en un lapso de tiempo, y su repetición a modo de mantra meditativo, visual y sonoro».
Exponente de diversas corrientes que van desde el pop contemporáneo y la música para medios audiovisuales hasta la electrónica ambient, Nicolás Alvarado ha transitado por un camino que incluye trabajos como productor discográfico y sobre todo como diseñador de un sonido que obtuvo su principal plataforma a través del sello Isla. Desde allí también se publicaron trabajos de "electrónica intermedia" de Janeiro, Merci Merci, Lovshai y Moyano. Isla fue un proyecto editorial creado junto al también músico Gio Foschino, con quien además Alvarado integró el dúo electrónico IIOII. En sus intercambios musicales y colaboraciones ha sumado otras experiencias en este sentido en las que se exhibe con nitidez desde su participación más estable como bajista en el grupo Fármacos, hasta trabajos con bandas como Los Días Contados e Isla del Sol. Pero Alvarado también elaboró sus propios relatos en el campo del ambient a partir del encuentro con el compositor Juan Pablo Abalo y el premiado álbum bilateral Suono (2018), de piano, guitarra y electrónica, que se produjo a distancia y llegó a obtener un Pulsar. Junto con ello, Alvarado publicó una serie de piezas propias de electrónica atmosférica: A favor del viento (2021), música para la instalación de arquitectura de Domingo Arancibia titulada "El pabellón del viento"; Aana Hajimari (2024) y Madre nuestra (2025), banda sonora para un documental. En tiempos de pandemia Alvarado se regularizó como colaborador estable del proyecto Sombra.
The Keith Harings es un proyecto de música electrónica fundamentada en la improvisación en tres frentes, formado por el compositor Ricardo Luna (Tunacola), el poeta Felipe Cussen (Orquesta de Poetas) y el diseñador Claudio Pérez (Usted No!). El trío planteó el desarrollo de una narrativa en la misma idea del free jazz, sin estructuras ni parámetros preestipulados, que permitieran la construcción de una obra en el instante, utilizando sintetizadores, controladores midi, máquinas de ritmo y de muestreo y procesadores de voz.
Una propuesta pop electrónica de vida breve pero pistas señeras en el circuito local fue la de Redulce, primera sociedad juvenil para Ignacio Redard, quien luego iba a destacar en infinidad de proyectos en la misma línea, a solas y en bandas. El trabajo desarrollado primero junto a Pablo Andulce sobre secuencias y melodías cristalizó con la ayuda de Gabriel Vigliensoni, primero en dos canciones ("Tween boy/girl" y "Car song"), aportadas a los compilados Un paisaje electrónico e Epop esencial (2006), y luego en el álbum Five minute love (2008). Los tracks de ese disco —"todos muy arriba", según Redard— colaban colaboraciones como las de la cantante Sofía Oportot (en una versión en castellano para el antiguo hit estadounidense "When the rain begins to fall") además de varios invitados extranjeros: Cosaquitos en Globo, DKDent, Mr. Pauli y Riviera F.
Son campos creativos excepcionalmente amplios los que Sokio (Mauricio Gallardo) ha cruzado desde los años 90 en adelante. Geográfica, estilística y profesionalmente. Deben pesquisarse en Santiago y en Nueva York (a donde el chileno se mudó hacia 2013), en los campos del rock, la electrónica, la música para audiovisuales y la ópera, en los cuales el músico ha ejercido como compositor, intérprete, remixer y/o productor. Sokio es, además, gestor de un colectivo cultural independiente (New Latin Wave). Estudios de teatro y la militancia en la banda Polaroid (junto a Denisse Malebrán) son señas de sus inicios, ampliados más tarde en la alianza con nombres como Panico y Dadalú (entre muchos otros) y una discografía solista propia. Desde 1998 (con Patria), el músico se ocupa además en la composición y producción de óperas de tipo experimental, las que han tenido exhibiciones en Santiago y en recintos prestigiosos de Nueva York, tales como National Sawdust. Sus temas son la cultura latina y las dificultades de la inmigración, como demuestran ya sus cinco estrenos hasta ahora. Para 2026, Sokio ha anunciado el estreno en Chile y Estados Unidos de una ópera inspirada en la vida del artista Gordon Matta-Clark.
Sri Lanka 100 ha sido el principal vehículo musical del compositor Ricardo Herrera. Los inicios del proyecto están marcados por una propuesta agresivamente experimental, con el collage como principal herramienta en su música. Fue con su tercer álbum, Gunkanjima (2014), que el proyecto tomaría distancia de ese enfoque y se volcaría al formato de la canción instrumental en clave synthpop. Este sonido definiría, así, la discografía del proyecto para un siguiente período.
La música de la cantante y compositora Sol Aravena es tan sutil como su seudónimo. Muza fusiona letras sobre misticismo, amor y el paso del tiempo con sonidos acústicos, registros tomados de la naturaleza (lluvia, oleaje marino u hojas que se arrastran por el pavimento) y suaves bases electrónicas. Su estilo es la síntesis a la que ha llegado tras su paso por el grupo de new age Equs y el dúo de pop electrónico Sol Azul. Su línea expresiva y su incamuflable sensibilidad femenina al componer la emparentan con otras cantautoras como Rosario Mena y Yael Meyer.
No es que la entrada a sus conciertos o el disco cuesten nuevenoventa, sino que el dúo formado por Ana Norambuena y Pablo Muñoz lleva ese nombre, tan familiar para los buscadores de ofertas. Como son sólo dos, se van intercambiando los instrumentos: teclado, sintetizador, guitarra, bajo, batería programada. Es la voz de Ana la que prende un puñado de lúgubres y grises canciones sobre la vida en Santiago bien delineadas por el pop, aunque con algo de herencia pospunk.
Con estudios en Chile, Alemania y Francia, además de un fuerte vínculo familiar con la música (su madre es la destacada compositora Leni Alexander), Andreas Bodenhofer ha abordado la composición desde ámbitos inusuales, vinculados no sólo a su formación, sino también a sus diversas —y, a veces, atípicas— inquietudes. Entre sus marcas de identidad como creador están el apego a la literatura, como lo demuestra su trabajo de musicalización de poesía chilena, así como la disposición a cruzar su trabajo con el de músicos y vocalistas provenientes de mundos diversos. Bodenhofer ha realizado música para teatro, televisión, documentales y cine. Su obra fusiona, como pocas en el país, códigos del mundo audiovisual, literario y escénico.