Fusión latinoamericana
Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.
Han sido hasta ahora bandas las que han mostrado las dotes musicales de Moyenei Valdés, cantante chilena que desde principios de los años '90 viene ocupándose en grupos como Luna en Fa, Afarentis y, el más difundido de todos, Mamma Soul. Sin embargo, en el año 2006 Valdés —radicada en México— solidificó al fin su largamente anunciada carrera solista, cuando comenzó a grabar las primeras canciones de un disco; en sus palabras, mezcla de rap y dancehall. El disco fue en parte financiado con sus ganancias como parte de un reality-show que Canal 13 exhibió ese año bajo el nombre "La isla VIP".
Inicialmente llamado Reptilian Beats, el proyecto de Reptila apareció en escena hacia 2018 con una propuesta musical puesta en marcha por la cantante Andrea Zárate y la percusionista y baterista Maite Rojas, y una idea acerca de la música, el sonido, el ritmo y la imagen escénica dispuestas en iguales proporciones. Reptila recoge distintas fuentes de sonido, los tambores orgánicos africanos y afrolatinos, los beats sintéticos de la electrónica y un sentido del pop sin fronteras ni etiquetas. El resultado ha sido una música situada en el espacio del world beat, con libertad de pensamiento y acción. Repitla logró una importante presencia en este sentido durante su actuación en el Festival Womad de 2022, que le dio visibilidad entre las músicas del mundo, y una posterior gira de conciertos en Europa. Andrea Zárate era la cantante del grupo multicultural LaSmala de Valparaíso, mientras que Rojas ha sido colaboradora de Javiera Mena, entre otros nombres. Más adelante el proyecto incorporó a la tecladista Dominga Corral, que también había tenido un paso por el folclor como acordeonista, por ejemplo en un dúo con Belencha Mena. Entre sus colaboraciones aparecen grabaciones junto a Michéle Espinoza (Mamma Soul), Fran Riquelme (Newen Afrobeat), Juanito Ayala, Sarazul y Paulopulus.
Talento de generación espontánea aunque también de un trabajo de formación intenso en la música popular, Jorge Vera fue uno de los últimos discípulos del maestro Pedro Mesías. Un pianista sobresaliente en todos los estilos y al mismo tiempo ingenioso arreglador, Vera deslumbró al círculo de directores e instrumentistas de orquestas populares desde la adolescencia y así llegó a ser uno de los músicos profesionales más jóvenes de su época. Su madurez musical llegó luego de una mudanza a Madrid, donde consolidó un prestigio y grabó sus primeros discos: Groovera (2010) y Luz (2016).
Andrés Márquez fue uno de los integrantes históricos de Illapu, y una de sus voces principales, hasta 1997, cuando se retiró para ser candidato a diputado por el Partido por la Democracia. Su derrota electoral, sin embargo, no lo llevó de regreso al grupo, y emprendió una historia solista traducida en un disco para Alerce. Su carrera artística se ha alternado con su trabajo político, encauzado un tiempo como concejal por Cerro Navia. Andrés Márquez es uno de los hermanos Márquez Bugueño que han conformado el eje histórico de Illapu, y estuvo en el conjunto desde 1975, acompañándolos durante todo su exilio y su período de mayor popularidad, en los años 90. Como una de las voces principales del conjunto, también fue clave a la hora de la composición, en un oficio que demostró en su álbum solista La vida es más.
La artista del jazz chileno con mayor presencia a nivel internacional logró algo que ninguno de sus pares en el género pudo alcanzar: el fichaje en una de las casas discográficas claves del jazz mundial, el sello Verve. Claudia Acuña se incorporó a su catálogo de artistas al finalizar los '90 como una de las voces de mayor proyección en el recambio generacional del jazz. Alcanzó así una categoría inédita para nuestros músicos –siempre relegados al último confín de Latinoamérica– y que la acercó a figuras más mediáticas como Diana Krall y Norah Jones.
Con ramas familiares que provienen de La Araucanía en su linaje paterno y desde el Biobío en el materno, Vasti Eunice Michel Castillo se ha definido en el oficio musical como "heredera de cantora campesina". Como cantautora contemporánea ha tomado el folclor sureño, pero la ha reconvertido en una música de fusiones, lo que quedó expuesto sobre todo en su primer disco: De tierras y asfaltos (2009), donde en sus canciones Vasti Michel habla de ambos mundos.
Una herencia aprendida, por su raíz en la Nueva Canción Chilena, y adquirida, por la presencia de Sebastián Seves, sobrino de uno de los integrantes históricos de Inti-Illimani (José Seves), se combinan en La Comarca, parte de los conjuntos de nueva música de fusión chilena aparecidos desde fines de los años ’90. Debutaron con el disco La Comarca (2002), y luego algunos de sus integrantes derivaron a la formación del grupo Cántaro, además de trabajar junto a la autora y compositora Elizabeth Morris.
Mariana Montalvo es una de las figuras chilenas del canto latinoamericano, poético y de protesta, fuera de las fronteras del país. Desde que llegó a París en 1974 se vinculó a los músicos de la resistencia, desde el compositor Sergio Ortega y el cantor Ángel Parra, hasta el trovador Patricio Manns, con quien compartió espacios en el conjunto Karaxú, formados por músicos exiliados. Además participó en el grupo de música latinoamericana Los Machucambos, formado por músicos de diversas nacionalidades, que tuvieron gran presencia en Francia. Con estudios de guitarra clásica en el Conservatorio Nacional, su rumbo se encaminó entonces al canto popular con guitarra y cuatro venezolano, que desarrolló a lo largo de cuarenta años. Fue, además, la primera chilena en grabar para el sello de world music Putumayo, Cantos del alma (2000). Murió en 2017 y fue sepultada en el cementerio Père Lachaise.
"Cambia, todo cambia" ha sido el gran aporte solista de Julio Numhauser al cancionero popular chileno, pero su trabajo musical ofrece vertientes más amplias y diversas que las de la pura cantautoría. Junto a los hermanos Julio y Eduardo Carrasco, Numhauser fue uno de los tres fundadores del grupo Quilapayún, y alcanzó a estar con ellos hasta su primer álbum, en 1967. Fue él quien buscó el nombre del conjunto y estableció el contacto con su primer director artístico, el cantautor Ángel Parra. Luego de su partida, comenzó una larga historia musical con diversos conjuntos en los que siempre fue el compositor principal. Destaca entre ellos sobre todo el dúo Amerindios, uno de los nombres más frescos del movimiento de Nueva Canción Chilena.
Un particular fusión electrónica con instrumentos étnicos es la base de la música de Zinatel, el grupo que formaron Kike Galdames y Cristián Márquez luego de alejarse de Illapu hacia 2004 en México, donde ese conjunto se había asentado. Cuando regresaron a Chile se reunieron con el guitarrista Andrés Jeraldo y el tecladista de Papanegro, Carlos Valenzuela. Zinatel estableció una música de cruces hacia la canción pop, utilizando entonces esos insumos que venían tanto de la raíz folclórica como de las tecnologías e instrumentos electrónicos.
Entre las intérpretes chilenas, Cecilia Echenique muestra un repertorio versátil y de extendida vigencia. Su carrera, marcada por sus diez años como integrante del grupo de música infantil Mazapán, ha sabido buscar caminos de desarrollo en ámbitos casi opuestos; desde la música de inspiración religiosa, hasta un sensual registro con clásicos de Brasil. Músicos como Eduardo Peralta, Mario Rojas y Alberto Plaza se han contado entre sus socios.
Compositora, autora, cantante, acordeonista, pianista y jaranera, Camila Vaccaro es parte de una comunidad de músicos de librepensamiento creativo, formados en la Universidad de Chile, aunque con proximidad a la música popular y acción fuera de la academia, que además han elaborado diversas formas de fusión contemporánea. En su caso, desde la deconstrucción del folclor, junto con una poesía tajante que derivó en discos-manifiesto como La bruja y Drama dramática, que le otorgó un Premio Pulsar en 2024. Ambos trabajos marcaron su primera época como solista tras su paso por el grupo de cámara Merkén.
La unión de músicos de sobre prestigiados en otros proyectos y la publicación de un único disco de impecable ejecución (Panal, 1973) marcan la breve historia del grupo Panal. Su sonido puede asociarse a la unión entre rock y Nueva Canción Chilena que comenzaba a oírse desde inicios de los años '70, aunque no se trató de una idea espontánea. La propuesta de Panal más bien fue fruto de un riguroso trabajo de estudio, cuya misión de electrificar una buena selección de clásicos de la canción latinoamericana logró resultados sorprendentes.
Compositor y productor, la historia musical de Víctor Moris cruza espacios que van desde la raíz más pura de la trova hasta el rock y las fusiones con el folclor latinoamericano. En ese recorrido Moris realizó un trabajo con el poeta mapuche Elicura Chihuailaf que se convertiría en el primer álbum dedicado a su obra: Canción azul (2006), una pieza donde se reunían todos aquellas influencias musicales. Sus inicios se advierten en Concepción con una cercanía a la música andina, aunque luego se amplió hacia otros bordes de la música, desde estudios en el campo de la guitarra clásica a una militancia en el grupo Zurdaka. Más decisivo fue, incluso, su trabajo con el candombe afrouruguayo y las colaboraciones que ha marcado con el brasileño Sergio Boré y el grupo Tambores Urbanos, donde Moris aparece en una serie de discos.
Desde diversos ángulos musicales, Patricio Aravena fue uno de los más grandes exponentes del bajo eléctrico y uno de los primeros en el uso del modelo destrastado durante la era de la fusión que se consolidó en la década de 1980. Su música tanto como solista como acompañante ha descifrado claves de esos mestizajes, desde el rock a la música latinoamericana y desde el jazz al funk. Aravena comparte simulitudes musicales y generacionales con bajistas de fusión como Isidro Alfaro, Jorge Campos o Marcelo Aedo, todos descendientes del pionero Ernesto Holman, que fue, por cierto, su primer y único maestro.
Umbría en Kalafate pertenece a la generación de la década de 2000 de bandas instrumentales que mezclan rock, la electrónica y otros sonidos occidentales con ritmos e instrumentos propios de culturas ancestrales, influenciados por próceres de la Quinta Región como Los Jaivas o Congreso. Formados en 2002 en Valparaíso, contemporáneos de Pequeñas Partículas, Holograma y Cazuela de Cóndor, su creación musical va en directa relación con la identidad territorial.
La cantautoría de vocación acústica y el espíritu trovadoresco son elementos que animan el trabajo de José Manuel Lattus, uno de los muchos solistas iniciados a partir del siglo XXI, quien ha estampado sus composiciones en cuatro discos de estudio y un registro en vivo.
Alejandro Escobar es un exponente de las vanguardias musicales vinculadas al jazz-rock y la fusión desde la década de 1970, y parte de una escena de músicos jóvenes con amplia cultura convulsionada y deprimida por el inicio de la dictadura. Con todo, se abrió paso entre esa nebulosa organizando bandas en el underground de la época y entre ellas fue el grupo Quilín el más representantivo en esa historia. En lo personal, para él esa historia se delinea con las influencias de la guitarra clásica, la musicología, el coleccionismo, la divulgación, el rock progresivo, el rock canterburiano, el jazz fusión y las músicas de raíz folclórica.
Trovador en lo más íntimo de su proceso creativo, el limachino Felipe Laborde ha expandido los matices de la música hasta convertirla en variante camerística, con sonidos nobles que superan el solo canto con guitarra y el cuatro, sus instrumentos principales. Un acercamiento a la música de raíces latinoamericanas y una mirada propia del puerto de Valparaíso han guiado su propuesta, desde que Laborde presentó en la Universidad de Playa Ancha el disco Son de colores (2014), donde reunió un trío de cámara con otros estudiantes de Pedagogía en Educación Musical: Venecia Cabezas (cuatro y cajón) y René Cortés (cello), compañeros de ruta en su primera época de cantautoría.
Guitarrista de jazz y fusión, Miguel Jiménez es un ejemplar de la generación que vivió la transición musical durante la década de 1990. Más centrado en la enseñanza que en la creación autoral, fue un nombre sin demasiada visibilidad durante gran parte de la década de los 2000, aunque ello no le impidió de incursionar en distintos proyectos de jazz latinoamericano, jazz fusión, jazz manouche y jazz contemporáneo, como el que en 2017 desembocó en su primer disco como líder, Espiral.