Fusión latinoamericana
Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.
Con una vida en la ciudad de Gotemburgo, en Suecia, el bajista, compositor y profesor de música Gabriel Aguilera desarrolló diversos proyectos en torno a la música de fusión, el jazz y las raíces folclóricas, primero observando desde Escandinavia la obra de los próceres del canto popular, Violeta Parra y Víctor Jara, y luego como autor de una música en el campo de la fusión y los mestizajes. Su vida previa al año 2011, cuando se radicó en Europa, transcurrió en la Quinta Región. Tuvo estudios de pedagogía en la Universidad de Playa Ancha al comenzar el milenio, y luego un estrecho vínculo con el bajo eléctrico de seis cuerdas, que sería determinante como instrumento y sonido en su etapa siguiente. Estudió con maestros como Marcelo Córdova y más tarde René Moris. Otros profesores del eje Valparaíso-Viña del Mar en su ruta como músico, intérprete y compositor, fueron el guitarrista Eduardo Orestes, el baterista Boris Gavilán y el pianista Gonzalo Palma. Cercano al credo evangélico, también practicó música religiosa, y ya en 2019 debutó como nombre propio y solista desde Suecia con el álbum programático Desde mis sueños, al que en 2020 le siguió un autoral Cuando te fuiste.
Ensamble de música latinoamericana que combina raíces del folclor profundo con elementos modernos de la música obtenida desde el jazz, el rock fusión y la música académica. Santos de Greda se inició en 2012 como un proyecto llevado a cabo por la cantante Esperanza Ulloa y el guitarrista Gustavo Verdugo. Poco después consiguió la sección rímtica formada por Lucas Schlotfeldt (teclados), Sebastián Silva (contrabajo) y Sebastián Nahuelpan (batería y percusión) y con esa formación de quinteto editaron su disco Mestizo habitar (2015).
Una herencia aprendida, por su raíz en la Nueva Canción Chilena, y adquirida, por la presencia de Sebastián Seves, sobrino de uno de los integrantes históricos de Inti-Illimani (José Seves), se combinan en La Comarca, parte de los conjuntos de nueva música de fusión chilena aparecidos desde fines de los años ’90. Debutaron con el disco La Comarca (2002), y luego algunos de sus integrantes derivaron a la formación del grupo Cántaro, además de trabajar junto a la autora y compositora Elizabeth Morris.
Cantante, compositora, autora, guitarrista, pianista y docente, Paz Mera se instala en el mapa de la música chilena desde una distinción marcada por su interés en variantes de la música brasileña y los ritmos cubanos, además de una extendida y honda formación artística. La asociación ha sido parte de su escuela, en conjuntos diversos: de cueca, en Las Torcazas; de música para niños, en Paztitas; y como directora instrumental de la Cantoría Popular de Mujeres. Pero ha sido sobre todo en un canto autoral solista de cadencia tranquila y ambicioso urdido que esta talangantina ha forjado su carácter musical, poderoso y conmovedor. En piezas de finos arreglos instrumentales, su voz, guitarra y piano se instalan de un modo a la vez amable y enfático, convencida de su deber creativo: «Porque tengo todo que perder, pero no bajo los brazos / por darle cuerpo a todo lo que soñé, yo canto […] / Y aunque nadie me esté escuchando, yo sigo cantando…», dice uno de los pasajes de "Yo canto", que en su caso califica de canción y manifiesto.
Saxofonista de jazz y fusiones, Nelson Laplagne ha explorado una creatividad moderna que involucra la base jazzística y las variantes del funk, la electrónica y la fusión de las raíces musicales latinoamericanas. Además ha incursionado en la gestión cultural y es el impulsor del San Bernardo Jazz Fest, que se realiza en el Parque García de la Huerta de esa comuna al sur de la capital donde Laplagne nació.
Clarinetista en su origen, luego saxofonista alto y en ocasiones sopranista, Luz Cuadros ha transitado por distintos derroteros musicales, primero como sidewoman y sesionista de proyectos de fusión, música latinoamericana, pop y cumbia, hasta estrenar un perfil como líder y compositora de una música de enfoque moderno que atraviesa los territorios del jazz, las fusiones y la música docta contemporánea. Su primer trabajo en esta línea es Desestructura (2017), donde ella escribió obras para noneto.
Kalfu es una voz mapudungún que significa "azul", una palabra presente en la obra del poeta Elicura Chihuailaf, dada su jerarquía sagrada dentro de la cosmovisión del pueblo mapuche. Y Kalfu es el nombre de este conjunto de fusión latinoamericana que nació justamente tras el encuentro entre el autor mapuche y el profesor de música y compositor Jaime Herrera Andaur, quien fundó el grupo con sus hijos músicos para trabajar junto Chihuailaf en distintas obras. Esos trabajos consideran la obra sinfónico-coral "Cantata mapudungún" (2011), y una serie de musicalizaciones de sus poemas, que el grupo presentó en el disco Trawun = reunión (2017). La escencia del trabajo de Kalfu ha sido la puesta en relieve de la lengua originaria mapudungún, sus dimensiones poéticas y filosóficas, y sus alcances del uso en tiempos en que se le considera en vías de extinción.
Percusionista chileno de extenso e internacional oficio, Jorge Almonacid viajó con 18 años a Londres, Inglaterra, y forjó desde entonces allí su vocación musical. Especializado en ritmos afrolatinos, es hábil en tumbadoras, cajón, bongó y tamboriles uruguayos; y ha estudiado con maestros de diversas nacionalidades en cursos anclados en Londres, Lima, Ciudad de México y Madrid. Durante su residencia británica fundó al menos dos conjuntos de formación multinacional: Negrocan (con quienes llegó a los festivales Womad y Glastonbury) y Canfusión. Más tarde, de regreso en Chile, ha tenido colaboraciones en vivo y en disco con gente como Jorge Campos, Italo Pedrotti y Jeanette Pualuan.
Considerar a Marcelo Vergara sólo como una de las grandes voces masculinas aparecidas en la década de 2000, resulta mezquino. Además de cantante, Vergara ha explorado la música latinoamericana de raíz, es experto en música brasileña, compositor de obras doctas contemporáneas y autor de canciones pop. Pero sus discos Familia (2006) y Animal (2008) lo ubicaron inicialmente en un mapa de solistas junto Javier Barría, Mariel, Rodrigo Jarque, Pablo Rivas y la última Magdalena Matthey.
A los 19 años Ignacio Díaz debutó como el primer guitarrista que incorporó a sus filas la orquesta de swing Los Andes Big Band y allí permaneció por dos temporadas hasta que en 2000 fue sustituido por Gabriel Feller. Así Díaz continuó un camino mucho más enfocado al trabajo de estudio sobre el jazz-rock y la fusión, y también académico, como uno de los profesores más jóvenes de la Escuela Moderna de Música.
Jorge Bravo ha sido uno de los más importantes solistas del flamenco chileno fuera de nuestras fronteras, tal y como ha ocurrido con otros nombres en esta modalidad guitarrística, como Carlos Pacheco Torres (en Córdoba) Claudio Villanueva (en Madrid) y Andrés Hernández (en Sevilla). Instalado en Londres desde 2005, Bravo se ha desdoblado desde el flamenco al jazz gitano y a la música sudamericana sumando credenciales en distintos frentes, tanto como instrumentista como profesor.
La muestra de su canto por el mundo, y el contacto con grandes figuras musicales marcaron la trayectoria y la vida de Ángel Parra (de nacimiento, Luis Ángel Cereceda Parra), uno de los cantores relevantes nacidos en Chile durante el siglo XX y figura de la Nueva Canción Chilena tanto por su creación como por la disposición que desde muy joven tuvo para alimentar ese movimiento con alianzas, iniciativas de trabajo y contenido. El entorno familiar en el que creció fue privilegiado para esa vocación, y ya en la adolescencia lo tenía presentándose junto a su hermana mayor (en el dúo Isabel y Ángel Parra) y su madre, Violeta Parra, en escenarios de Chile y el extranjero. Pero luego, por propios decisión y mérito, llegó a colaborar estrechamente con los más grandes nombres de la canción latinoamericana de su tiempo, como Atahualpa Yupanqui, Pablo Milanés y Víctor Jara. Décadas más tarde, Parra seguía interesado en buscar entre nombres jóvenes socios para sus ideas.
Guitarrista y compositor, González ha sido un activo cultor de la música que fusiona corrientes contemporáneas con raíces folclóricas de Sudamérica, y se ha posicionado como continuista de esa corriente iniciada por Juan Antonio Sánchez. Simón González tuvo protagonismo musical incluso antes de su nacimiento en 1984, con la canción que sus padres —el baterista Sergio González y la cantautora Mariela González— escribieron para el grupo Congreso en 1983: “En el patio de Simón”. Treinta años después, y luego de una larga experiencia como músico acompañante en discos y conciertos, editó su primer trabajo con composiciones propias: Pieza de música (2013).
La línea cronológica de un bolero hecho en Chile largamente suspendido tras el época de oro de la industria discográfica y la radiofonía, se retomó a la manera solística cuando la joven cantante Carmen Prieto Monreal apareció en abril de 1990 en el Café del Cerro junto a un pequeño ensamble guitarras y percusiones cubanas. A través de su voz morena se replanteaba la fuerza poética y musical de aquellas canciones desagarradoras.
Parte de una prolífica generación de cantoras, cantautoras, solistas y trovadoras del Biobío, Liliana Riquelme se ha encaminado hacia un canto que se sostiene en la raíz folclórica con un especial tratamiento a partir de la música de fusión. En su disco debut, Canciones bien intencionadas (2014), distribuye sonidos, ritmos y diversos enfoques musicales, trabajo que la ubica entre otras figuras sureñas de distintas líneas, como Susana Lépez, Claudia Melgarejo, Cecilia Gutiérrez, La Chinganera o La Canarito.
Pablo Ardouin Shand es músico, escritor y ocasional periodista, que fue parte de una generación de cantautores jóvenes de la década de los '70, junto con nombres como Jorge Venegas, Raúl Acevedo y más tarde Carlos Justiniano, quienes abrazaron un canto político altamente comprometido. Reside en Alemania desde 1983, el año del levantamiento ciudadano frente a la dictadura cívico militar, y desde allí ha producido toda su discografía. En ese contacto con el mundo, Ardouin se mantuvo como cultor de la trova latinoamericana, pero además exploró en otras músicas, como el tango, con diversos ensambles de cámara bajo su dirección.