Música contemporánea
El concepto de música contemporánea se aplica a la música académica o docta creada después de 1945. Sus inicios se remontan a tres décadas antes cuando autores como Edgard Varese, Igor Stravinsky, Arnold Schoenberg, Anton Webern y Alban Berg plantearon cambios radicales sobre la armonía, la melodía y el ritmo. Es la época del expresionismo musical, la atonalidad, la dodecafonía y el neoclasicismo. A fines de la década de 1940, una nueva generación continúa con esos quiebres, dando origen a los cambios más rápidos y progresivos que conozca la historia de la música occidental. Se cuestionan entonces la naturaleza de la música, la notación, los actos de composición e interpretación y el lugar de la música en la sociedad. En los países europeos se prefiere el término "nueva música" y bajo su alero surgen corrientes como el serialismo integral, la música aleatoria, la música concreta, la música electroacústica y el minimalismo, las que son asimiladas de distinta manera en Chile por una generación de compositores a partir de la década de 1950.
El triángulo de los guitarristas de fusión tiene en sus vértices nombres clave: Antonio Restucci (n. 1956), Juan Antonio Sánchez (n. 1965) y Alberto Cumplido (n. 1958). Mientras Restucci dejó el grupo La Hebra y Sánchez emigró de Entrama, Cumplido fue el único que se mantuvo activo como compositor y solista y en su calidad de líder de Quarto Mundo, un ensamble para el que preparó un extenso catálogo de obras acústicas, basadas en la mezcla de música contemporánea, étnica fusionada y jazzística, que hicieron del músico una de las llaves de la guitarra moderna. Asimismo, Cumplido es el creador, gestor y director del festival Entrecuerdas, que desde el año 2000 ha marcado el pulso de la guitarra en su más amplio espectro.
Raúl Aliaga es un percusionista pionero de la música de fusión en los años '80 y su experiencia incluye diversos campos musicales. Artista de formación clásica, estudió percusión docta, fue parte de orquestas de televisión, grupos de rock y su nombre ha figurado en las alineaciones de grupos históricos de fusión como Congreso, Latinomusicaviva y Fulano, como solista en diversos enfoques y arsenales percutivos, además marimbista y baterista.
Un enfoque percusivo que se mueve entre la tradición del jazz mainstream y la experimentación avant-garde grafican el trabajo de este baterista, aunque no es lo único que lo representa. Matías Mardones es además compositor de una música contemporánea libre, que ha llevado en paralelo a su trayectoria como músico de la escena jazzística, a la que se incorporó definitvamente a mediados de los años 2000 como colaborador de los hermanos Diego y Hugo Manuschevich y su elenco de músicos del colectivo Núcleo de Resistencia Estética.
Compositora, cantante y artista visual, la obra de Roberta Lazo Valenzuela se ramifica en varias direcciones, ámbitos musicales, medios y soportes de sonido e imagen. Sus proyectos se articulan entre la música y las artes visuales, como instalaciones y objetos sonoros, además de exploraciones como cantante, y se mueven desde lo experimental a lo popular. Como compositora Roberta Lazo ha trabajado en música contemporánea instrumental, música para su propia voz, electrónica ambient, electroacústica y arte sonoro.
Reflexiones pesonales en una búsqueda de la identidad sudamericana, el territorio y la historia subrayan la obra del compositor Tomás Brantmayer. Desde distintos ángulos, su música observa las culturas indígenas, la religiosidad popular, el paisaje sonoro y la justicia social, representadas en partituras para formatos diversos, en especial la orquesta sinfónica, aunque también en la escritura de piezas camerísticas, vocales y para instrumentos solistas. En su primera época como compositor destacan hitos como la residencia a la que fue convocado en 2019 por la MacDowell Colony, en Estados Unidos, y su debut en 2021 en el Festival de Salzburgo, con su pieza orquestal "Canción de cuna para Fuegia Basket".
Creado y dirigido por el compositor y baterista Andrés Quezada, Narval Orquesta tomó la forma de un instrumento integral, desde la mirada que el músico planteó para una obra en sus inicios elaborada solamente en el computador. Ante esa necesidad de incorporación de timbres y colores, Quezada terminó convocando a solistas de distintas formaciones académicas y diversos ambientes musicales para poner en marcha una orquesta que deliberadamente situara su música "en tierra de nadie". El ensamble publicó una saga de álbumes entre los que destacó Botones (2022), nominado al Premio Pulsar en la categoría Jazz y Fusión en 2024.
José Miguel Candela es un referente entre la avanzada de compositores electroacústicos que a comienzos de la década de los 2000 retomaron esta estética extraviada durante el régimen militar. Candela apareció desde el grupo de rock progresivo y experimental Cangrejo y en su calidad de compositor llegó a desarrollar una serie obras acusmáticas (sólo con soporte electrónico) y mixtas (con instrumentos además de música pregrabada). Entre ellas destacan sus 81 micropiezas, pero por sobre todas las cosas, el nombre de José Miguel Candela se asocia a este resurgimiento de la música a través de procesos electrónicos como uno de los creadores de la Comunidad Electroacústica de Chile.
Guitarrista clásico y contemporáneo, alumno del renombrado Luis Orlandini, con quien ha realizado conciertos de dúo dedicados a la música chilena en la Sala Isidora Zegers, entre otros espacios. Es miembro fundador del Cuarteto Latinoamericano de Guitarras, ensamble que abordó repertorios de autores no europeos, y también del proyecto de formatos variables Aksak Tacet, que ha transitado desde propuestas de música de cámara para guitarra hasta experiencias de improvisación libre y electroacústica.
Tenor lírico, director de coro y orquesta, académico y educador, Víctor Alarcón Díaz es reconocido como el último gran eslabón en la cadena de la tradición de la música coral en Chile. Formador de diversas agrupaciones, como el Coro de Estudiantes de la Universidad Católica en los años '80 o el Coro Bellas Artes en los '90, amplió su rango como formador al asumir la dirección del Coro Crecer Cantando en 1992, programa que al alero del Teatro Municipal de Santiago lo llevó a recorrer el país instruyendo profesores. Alarcón dirigió, además el elenco titular de ese programa y creó en la UC el ensamble vocal e instrumental Concerto Vocale, con el que incursionó en un amplio y arriesgado rango del repertorio docto, desde la música antigua y barroca hasta la música contemporánea. Su trágica muerte, debido a un accidente en 2018, dejó tempranamente al país sin otra de sus mayores figuras musicales.
El cruce entre una formación particular como instrumentista, de compositor en academias y la colaboración con músicos pop encauza el particular camino creativo del cantautor Juan Pablo Abalo, quien diversifica su trabajo entre proyectos solistas —para disco y escenario—, la asociación con otros autores e intérpretes y también algunos años como comentarista musical para medios. Es una vocación amplia y diversificada, que el autor aborda sin ansiedad: «He pasado por muchas músicas, y modos de pensarla, y gustos y convicciones», explica. «Es un proceso legítimamente lento, pero enfrentado a un modo de escucha. En ese desfase, lo difícil es encontrar la voz propia».
Baterista y compositor, Pablo Sáez ha desarrollado su discurso desde el encuentro de las raíces de la música sudamericana y las influencias de las músicas actuales que él encontró en Europa a su llegada a Alemania en 2008. El resultado ha sido el surgimiento de un jazz contemporáneo que reúne estos componentes y que se remarca en el mestizaje de sus agrupaciones, dinámicos quintetos de varias nacionalidades, que él bautizó como Surensemble.
Intérprete de la serie completa del registro del soprano, alto, tenor y barítono, Alejandro Rivas es uno de los primeros saxofonistas clásicos chilenos, formado en la generación inicial de discípulos del maestro cubano Miguel Villafruela y considerado un pivote insturmental de la música contemporánea desde comienzos de los años 2000. Desde esa plataforma de estudio y ejecución, Rivas también exploró en los ámbitos del jazz y la música experimental.
Carolina Holzapfel fue la principal autora y una de las cantantes del grupo experimental Bendita Prudencia, formado en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en la primera mitad de los 2000. Pianista y compositora, el 2016 debutó como solista, con guiños al jazz y la música experimental. Editado por El Templo Records, las canciones se presentaron en ese disco como “una propuesta creativa que incorpora elementos de la música popular, del jazz y la música de películas, todo con una alta dosis de dinámica y talentosa creatividad". Carolina fue la pianista de los Blops, cuando se rearticularon en los años 2000 y cumple ese mismo rol en el Ballet Nacional y la Escuela de Danza de la Universidad de Chile,
Percusionista clásica formada en la Universidad de Chile y con estudios posteriores en Estados Unidos, Brasil y Argentina, Simone Caiafa ha sido una intérprete y proyectora en la música contemporánea chilena, además de educadora y formadora de nuevas audiencias para la música actual. En esos planos distintos estrenó cuantiosas partituras del siglo XXI, comisionando a compositores obras para percusiones en diversos formatos. Caiafa realizó registros fonográficos de este tipo de material en discos como Rutas, música para percusión (2023) y como pedagoga desarrolló su Método inicial para ensambles de percusión, inspirado en ritmos de Chile.
Premio Nacional de Arte en 1986, este compositor y pianista produjo un aporte notable al quehacer cultural chileno, ejerciendo la docencia y la crítica musical por más de tres décadas.
Jorge Arriagada es el mayor nombre chileno en la composición de música para cine, con una presencia en Europa consolidada en los años '80, sobre todo por su trabajo con el director chileno Raúl Ruiz a lo largo de 35 años. Esa colaboración bilateral se inició en 1977 con su partitura para el cortometraje Diálogo de perros, y luego alcanzó una serie de películas que contaron con orquestaciones narrativas de Arriagada: La ville des pirates (1983), Las tres coronas del marinero (1983), La isla del tesoro (1986), El tiempo recobrado (1998), Días de campo (2004) y La recta provincia (2007), entre otras. Su catálogo considera unas 140 composiciones para películas, incluyendo colaboraciones con otros directores europeos y también chilenos, como Miguel Littin (Los náufragos, 1994), Valeria Sarmiento (Amelia Lopes O'Neill, 1990), Tatiana Gaviola (Mi último hombre, 1996) y el documentalista Patricio Guzmán (Salvador Allende, 2004). Pero su historia como compositor se inicia y se adentra en las corrientes vanguardistas, como joven estudiante en la U. de Chile en la década de 1960, un alumno de Gustavo Becerra y León Schidlowsky. Radicado en París desde 1966, Jorge Arriagada recibió una beca del gobierno francés para estudiar composición con Max Deutsh (dispículo directo de Arnold Schoenberg), análisis con Olivier Messiaen, electroacústica con Pierre Schaeffer y dirección con Pierre Boulez. A los 81 años falleció en París, víctima de un cáncer.
Una de las personalidades más relevantes en una equidistancia que existió entre la música docta y la música popular fue el percusionista, compositor, arreglador, director orquestal, académico y educador Guillermo Rifo. Su propia historia cruza parte de la historia de la música chilena a desde mediados de los años ’60, con una participación de 30 años en la Orquesta Sinfónica de Chile, una categoría como compositor docto y solista de música contemporánea para percusiones. Además se le considera el primer vibrafonista del jazz chileno y fue impulsor de agrupaciones camerísticas de fusión como Aquila (1973), Sexteto Hindemith 76 (1975) y Latinomusicaviva (1978). El musicólogo Juan Pablo González lo considera "un músico para la ciudad de Santiago", por su cualidad de representar ese paisaje urbano a través composiciones como "Puente del Arzobispo", "Providencia al mediodía", "El cerro San Cristóbal" y "Santiago de noche". Guillermo Rifo murió a los 76 años, en enero de 2022.
Acario Cotapos está considerado uno de los compositores más indescifrables de la historia, si no el más, al mismo tiempo en que su vida transcurrió entre un denso velo de misterio, lo que ha acrecentado la leyenda en torno a su figura. Premio Nacional de Música 1960, este valdiviano de irrenunciables boina vasca y pañuelo, y sin estudios de música formales ni académicos, produjo algunas de las obras más originales y vanguardistas del arte musical chileno de la primera mitad del siglo XX.
Por más de 20 años, cuando su maestro en la percusión docta y precursor del vibráfono dentro de la música popular Guillermo Rifo se retiró del circuito para componer, Carlos Vera apareció en el medio como el exclusivo vibrafonista activo del jazz chileno. Son las mismas dos décadas que lo tuvieron como lugarteniente del saxofonista alto Patricio Ramírez al interior del grupo Nexus, y que en definitiva le dieron la categoría a Vera como un músico de gran swing y capaz de ejercer liderazgo en otros ensambles afines.
Como miembro del cuarteto experimental Dolores Fiuler, Juan Pablo Rozas se aventuró tempranamente sobre la música de improvisación, libre y estructurada, más allá de su calidad de compositor docto formado en el Instituto de Música de la Universidad Católica con las figuras de los italianos Luigi Nono y Luciano Berio muy presentes. Justamente ante la enormidad de una institución de esta naturaleza, Rozas y sus compañeros en Dolores Fiuler reaccionaron con propuestas sonoras libres e insolentes, como una forma de crear “canciones de protesta”.