Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
Nexus es el estandarte del modernismo jazzístico en Chile, desde mediados de los '80. El más longevo y, por cierto, único en su especie en un ecosistema donde prácticamente todas las agrupaciones que sobrevivieron a más de una década durante los difíciles años para la música chilena, estaban alineados en la tradición del jazz de Nueva Orleans, Chicago y París: La Retaguardia Jazz Band (1958), los Santiago Stompers (1965) y los Santiago Hot Club (1987). Los fundadores de Nexus, Patricio Ramírez (saxo alto) y Carlos Vera (vibráfono), observaban atentos las enseñanzas del jazz clásico que, por cierto, conocían bien, pero estaban inspirados por otras columnas musicales como el bop y el cool. Y así dirigieron sus acciones sobre la factoría de talentos llamada Nexus.
Sebastián Castro fue uno de los más importantes y visibles músicos de jazz de la generación que arribó al circuito en la primera mitad de los años '10, con una militancia múltiple como sideman demandado por jazzistas mayores, como un nombre que vino a renovar la comunidad de pianistas y también como compositor con enfoque y narrativa propia. Sebastián Castro fue uno de los músicos que más profundamente desarrolló el lenguaje del piano trío, en una saga de álbumes con esa formación medular, a partir de agrupaciones muy diversas que organizó tanto en Europa como en Chile.
Cantante, cantautora y pianista Javiera Abufhele muestra diversas vías de llegada a la música, toda vez que fue criada en un ambiente musical, se formó en escuela de música y se proyectó como intérprete de repertorios y como autora de canciones propias. Como Javiera Abufhele ha sido cantante de jazz, compositora y profesora, mientras que con su identidad de Tinyay pasó a una cantautoría vinculada a la música latinoamericana y sus folclores. Su primer trabajo editado en disco es el EP Contradicha (2022).
Saxofonista alto y flautista, compositor, integrante del grupo de fusión Motete y además geólogo, Sergio Joaquín Olivares es un exponente del jazz contemporáneo en el norte. El paisaje del desierto de Atacama, la ciudad de Copiapó donde nació y se formó como músico y la inmensidad de la geografía en ese territorio han estado presentes en su historia musical, hasta desembocar en sus primeros trabajos, Subducción (2023) y Orogénesis (2026), donde Olivares compaginaba los mundos de la música y la geología.
Evolución es un nombre relevante en el apartado de rock progresivo chileno. Ha sido la única banda en esta línea que funcionaba plenamente en los años ’80, y que más tarde regresó, en la década de los 2000, para insertarse en un circuito activo y renovado por grupos vinculados al sello Mylodón Records. Su presencia en los escenarios conectó a Evolución, junto otras agrupaciones surgidas a fines de los ‘90 (Entrance, Akinetón Retard, Cangrejo), con la olvidada escena de décadas previas.
En su origen bautizada como UCV Big Band, como la orquesta de jazz adjunta a la Universidad Católica de Valparaíso desde 2001, cuando la agrupación se desligó de esa casa de estudios y continuó su historia de manera independiente bajo la dirección de Luis Cheul, pasó a tomar el nombre de Valparaíso Big Band. Como prácticamente todas las orquestas de jazz vinculadas a unviersidades, se formó inicialmente con estudiantes de instrumentos en una función de aprendizaje de repertorios y lenguajes del swing. Su primer director fue Mario Espinoza Pulgar, quien se mantuvo en el cargo hasta 2005, cuando el bajista eléctrico de jazz fusión Luis Cheul, también académico de la UCV, tomó la posta de la batuta. Cheul le dio a la orquesta un nuevo perfil orientádola hacia la música chilena y la utilización y ejcución de arreglos para filas de vientos y sección rítmica. En 2011, la big band realizó una gira europea que la llevó a actuar en España, Francia, Italia, Bélgica, Alemania y Suiza, presentando su trabajo de orquestación sobre material de Violeta Parra y Víctor Jara. En 2013, ese proyecto se tradujo al disco Abre la muralla.
Un camino inverso a toda lógica describió esta orquesta de jazz creada en 2000 al interior del Instituto de Música de la UC. En la tradición del swing, un director de renombre audicionaba músicos para sus filas y los contrataba luego según sus requerimientos. En el caso de la Big Band UC, todo fue al revés. El vibrafonista Carlos Vera, quien actuaba en el grupo bop Nexus y además dirigía el docto Grupo de Percusión UC, fue convocado por un grupo de trompetistas y trombonistas clásicos que querían desdoblarse desde el repertorio sinfónico hacia el jazzístico, y necesitaban un batuta. Así fue como la big band consiguió a su primer director.
En su recorrido musical realizado en Nueva York desde 2009, Rodrigo Recabarren fue estableciendo un estilo narrativo propio que combina la tradición jazzística con influencias que tomó del rock de Radiohead o de la percusión en el folclor sudamericano, representado aquí en la figura del baterista Gabriel Parra. Así, Recabarren se ha instalado como un ariete en la abundante historia de la batería en el jazz chileno, un punto de referencia entre los solistas que tomaron posición durante la década de 2010.
Mario Feito ha sido uno de los pianistas de jazz contemporáneo que mayor énfasis pusieron al formato del trío. Su formación académica y clásica también repercutieron en una obra de marcada intención camerística, de modo que los sucesivos tríos, y desde luego también otros ensambles bajo su liderazgo, evidenciaron aspectos tanto de un jazz de la llamada tercera corriente, como de la música contemporánea. Forma parte de una generación de solistas de los '90, junto a Carlos Silva, Gonzalo Palma, Felipe Riveros, Pablo Vergara, Ariel Pino, Carmen Paz González y Lautaro Quevedo, que reubicaron el peso del piano como instrumento protagónico del jazz.
El pianista, compositor, productor y líder de proyectos Cristóbal Rey hizo un recorrido desde la música soul y funk de su juventud a la creación de una música acústica de cámara de inspiración latinoamericana en su primera madurez. Fue alumno de piano del jazzista Mario Lecaros y en esa primera edad, con los modelos de agrupaciones de acid jazz como Incognito o Brand New Heavies, Rey encabezó el grupo Octopus King. El nombre es una representación de su propia identidad, ya que Rey era conocido como Pulpo (la traducción al inglés de Pulpo Rey define esa marca).
A los diecinueve años apareció como promisoria figura del jazz cuando se iniciaba el milenio y cuando el circuito volvió a poblarse de guitarristas: Sebastián Prado, Armando Ulloa, Gabriel Feller, Diego Farías, Álvaro Zavala o Juan Pablo Escares. Desde 2003 Raimundo Santander fue uno de los primeros músicos jóvenes en liderar ensambles, aunque progresivamente su propuesta creativa fue mutando desde el jazz contemporáneo a un jazz latinoamericano que tuvo su rostro más visible en los sucesivos proyectos con sus sextetos, septetos y octetos que llamó La Orquesta del Viento. A ello se suma una postrera llegada al grupo Cómo Asesinar a Felipes, esta vez como bajista.
Por más de 20 años, cuando su maestro en la percusión docta y precursor del vibráfono dentro de la música popular Guillermo Rifo se retiró del circuito para componer, Carlos Vera apareció en el medio como el exclusivo vibrafonista activo del jazz chileno. Son las mismas dos décadas que lo tuvieron como lugarteniente del saxofonista alto Patricio Ramírez al interior del grupo Nexus, y que en definitiva le dieron la categoría a Vera como un músico de gran swing y capaz de ejercer liderazgo en otros ensambles afines.
Detrás de la generación de cantantes de jazz como la que comandaron Claudia Acuña y Rossana Saavedra en los '90, un grupo de nuevos artistas emergió desde los talleres dirigidos por pianista Moncho Romero, cuyo olfato posibilitó la aparición de nuevos intérpretes del cancionero standard durante los años 2000. Con permanentes presentaciones y la grabación de discos swing, Myriam Olivares (conocida artísticamente como Myriam O) apareció en escenarios con una clara vocación por el lenguaje tradicional dentro de los lineamientos del mainstream.
Thais Marie Antoine es una cantante y compositora que inició su actividad en los ambientes musicales hacia 2009. Junto con Camila Meza y Diego Farías, ella fue uno de los primeros nombres en escribir repertorios de jazz vocal contemporáneo. Si bien se había formado con las influencias de la world music en Europa, donde vivió su primera época, fue en Chile donde tuvo contacto con el el mundo jazzístico. Así se integró al circuito de los años '10, primero como intérprete y más tarde como creadora y líder de conjuntos donde la voz fue planteada como un instrumento más.
Baterista formado en Projazz. Se inició en el circuito en 2007 junto al cuarteto del pianista Moncho Romero (utilizando la plaza que dejó Andy Baeza) en el escenario del club Miles como cuartel general y desde allí se multiplicó en agrupaciones, como la banda de soporte de la cantante Astrid Veas, el cuarteto de Natacha Montory, o los tríos de los guitarristas Ankatu Alquinta, Diego Riedemann y Gonzalo Farías.
Ignacio Gutiérrez es un saxofonista tenor de la escena jazzística de la pospandemia. Sus recorridos musicales de tienen que ver con el territorio de Valparaíso y la Quinta Región y más que nada con el formato de la big band, que fue su espacio de formación y primera época pese a que en su disco debut Gutiérrez expuso música para quinteto de jazz contemporáneo. Nacido en Curepto y criado en Talca, a los 18 años comenzó estudios de música en la U. de Valparaíso y al año siguiente ya se encontraba explorando la dinámica y la orgánica del saxofón y la música improvisada. La llegada del saxofonista Jonathan Gatica desde Quilicura a Viña del Mar sería un hito para Gutiérrez, quien se hizo su alumno de saxofón y jazz. Junto a Gatica y otros estudiantes Gutiérrez integró el ensamble Retrasax, que estudiaba e interpretaba solos de Charlie Parker en armonías a cinco voces, junto con piezas originales del propio Gatica. Para ese conjunto Gutiérrez escribió una de sus primeras piezas, titulada "Trawun". Más adelante estudió con Agustín Moya con miras a ampliar su rango como solista y luego se integró a la orquesta porteña Situación de Calle Big Band, dirigida por el trombonista de la Quinta Región José Moraga. Junto a esta agrupación grabó el disco Visiones (2025) y junto a la bigband del propio Moraga, el disco Caminos (2024). En 2025, con el sello Animales en la Vía, Ignacio Gutiérrez presentó su primer disco como líder y compositor, titulado Por fin acá, con un quinteto formado por José Moraga (trombón), Nicolás Reyes (guitarra), Felipe Ovalle (contrabajo) y Ayelén Lautaro (batería)
Entre la contundencia arrolladora de un tenorista como Cristián Mendoza y la aguda profundidad musical de otro como Agustín Moya, está Maximiliano Alarcón, conocido en el circuito con diminutivos "bop" como Max o Maxi, su marca indeleble. Versátil solista del saxofón tenor, su punto de vista musical lo ha incorporado indistintamente a las escenas del jazz contemporáneo y a las de la música popular de raíces negras, con intervenciones en proyectos de soul, funk y hip-hop.
En el tránsito desde la música de raíz folclórica asociada al movimiento del Canto Nuevo hasta los experimentos electroacústicos de la música de fusión, existe un solista tan interesante como Jorge Campos. El bajista eléctrico Marcelo Aedo tal vez no haya sido tan conocido como el pivote del Congreso contemporáneo, pero llegó a construir su propia identidad en las cuatro (o cinco) cuerdas desde la multimilitancia como sesionista y hasta el protagonismo solista.
A los 19 años Ignacio Díaz debutó como el primer guitarrista que incorporó a sus filas la orquesta de swing Los Andes Big Band y allí permaneció por dos temporadas hasta que en 2000 fue sustituido por Gabriel Feller. Así Díaz continuó un camino mucho más enfocado al trabajo de estudio sobre el jazz-rock y la fusión, y también académico, como uno de los profesores más jóvenes de la Escuela Moderna de Música.
Carlos Cortés es uno de los bateristas fundamentales del jazz de la temprana generación de los 2000. Junto con Félix Lecaros y Daniel Rodríguez, que despuntaron en el circuito hacia 1996 siendo muy precoces, Cortés completa una tríada de solistas que marcaron esa oleada de nuevos baterías, siempre en una expansión y multiplicación de los rumbos musicales. Definido en un primer momento por la dureza de su beat, su aproximación a la música afrolatina, la fusión latinoamericana, el funk e incluso el hip-hop, Cortés fue evolucionando también dentro del jazz contemporáneo en sinnúmero de proyectos como sideman, que más tarde lo llevaron, sorpresivamente, a presentarse frente al órgano Hammond.