Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
Un experimento sin precedentes en la historia del jazz chileno condujo Gerhard Mornhinweg, un cornista clásico de la Universidad de Chile reconvertido en trompetista swing, cuando se decidió a diseñar y desarrollar en 1994 su proyecto educativo: la Conchalí Big Band. Un prototipo de la primera orquesta de jazz formada sólo por adolescentes, establecida Conchalí, una de las comunas más populares y con mayor índice de riesgo social.
Si bien el pianista, compositor y musicólogo Carlos Silva es un ejemplar del jazz de la transición de los '90, junto con músicos generacionales como Pancho Molina, Ignacio González y un primerizo Cristián Cuturrufo, fue en la década siguiente cuando su nombre propio tomó cuerpo como uno de los mayores líderes musicales de un jazz contemporáneo en formación. En esos tiempos se transformó entonces en el continuador de una línea de pianistas de avanzada que de cierta forma se había extraviado desde los '70 con la dictadura y especialmente con las partidas al extranjero de Manuel Villarroel y Matías Pizarro. Silva profundizó largamente en el lenguaje de improvisación libre desde el trío jazzístico y se instaló referencia dentro del avant-garde.
Marx Trío fue uno de los primeros conjuntos de un jazz vanguardista desde la estética del avant-garde neoyorquino de fin de siglo. En 1999 un absolutamente renovado guitarrista Pedro Rodríguez (La Banda del Capitán Corneta, Nexus) regresó al país después de dos temporadas de estudio en Nueva Jersey, con las novedades de ese movimiento articulado en Manhattan, conocido como la “escena del downtown”.
Versátil cantante y cultora de variantes que van desde la música popular en su más amplia gama hasta el jazz latino, Olga Torres es una de las primeras profesoras de canto popular que ejercieron la actividad tras las experiencias en el campo iniciadas por maestras de voces como Inés Délano en los '70 y Ana María Meza desde los '80. De este modo, su presencia fue más nítida en las aulas que en los escenarios desde que se concentró en la enseñanza académica y comenzó a formar a cantantes en la Escuela Moderna de Música y la Universidad de las Américas.
Ignacio Gutiérrez es un saxofonista tenor de la escena jazzística de la pospandemia. Sus recorridos musicales de tienen que ver con el territorio de Valparaíso y la Quinta Región y más que nada con el formato de la big band, que fue su espacio de formación y primera época pese a que en su disco debut Gutiérrez expuso música para quinteto de jazz contemporáneo. Nacido en Curepto y criado en Talca, a los 18 años comenzó estudios de música en la U. de Valparaíso y al año siguiente ya se encontraba explorando la dinámica y la orgánica del saxofón y la música improvisada. La llegada del saxofonista Jonathan Gatica desde Quilicura a Viña del Mar sería un hito para Gutiérrez, quien se hizo su alumno de saxofón y jazz. Junto a Gatica y otros estudiantes Gutiérrez integró el ensamble Retrasax, que estudiaba e interpretaba solos de Charlie Parker en armonías a cinco voces, junto con piezas originales del propio Gatica. Para ese conjunto Gutiérrez escribió una de sus primeras piezas, titulada "Trawun". Más adelante estudió con Agustín Moya con miras a ampliar su rango como solista y luego se integró a la orquesta porteña Situación de Calle Big Band, dirigida por el trombonista de la Quinta Región José Moraga. Junto a esta agrupación grabó el disco Visiones (2025) y junto a la bigband del propio Moraga, el disco Caminos (2024). En 2025, con el sello Animales en la Vía, Ignacio Gutiérrez presentó su primer disco como líder y compositor, titulado Por fin acá, con un quinteto formado por José Moraga (trombón), Nicolás Reyes (guitarra), Felipe Ovalle (contrabajo) y Ayelén Lautaro (batería)
Desde la composición, la investigación y el oficio de guitarrista, Daniel Román se ubica en una posición especial en el mapa de la música. Fue formado en el folclor pero se expandió hacia el jazz contemporáneo, y esa dualidad lo ha llevado a explorar e integrar ambos territorios en su propuesta. De esta manera acuñó el concepto de "folclor de vanguardia", que más que solo una idea fue resultado de sus investigaciones musicológicas en Chile y en España, donde además él organizó sus primeros cuartetos, compuso, grabó y editó su disco de estreno como solista de jazz, Labio (2023).
La Marraqueta es un proyecto decisivo en la instalación del jazz de raíz sudamericana, resultado de la evolución de la fusión a nivel mundial y el aprendizaje que los músicos del conjunto asimilaron en sus etapas de formación, siempre a la par con ese avance del jazz moderno. Justo después del grupo Alsur, que es en definitiva el proyecto pionero en estos términos, La Marraqueta superó las tres décadas de vida con un enfoque que mezcló las raíces del folclor chileno y la música mapuche con las sofisticadas armonías del jazz, la sonoridad contemporánea y la improvisación, bien representadas en la "Tonada para la pachamama". Si bien en esos inicios la banda acuñó el concepto de la "fusión criolla", con el paso del tiempo tomó una idea más nítida y descriptiva para su propuesta: una "música chilena endémica".
El solo hecho de haber superado los 40 años de plena vigencia como núcleo indisoluble y de haber tenido en sus filas a algunos de los más importantes músicos del jazz de todos los tiempos (el trompetista Luis Huaso Aránguiz, el pianista Hernán Prado, el baterista Lucho Córdova y el clarinetista René Eyheralde) confirman la categoría de clásico adjudicada a los Santiago Stompers. Apenas unos pasos detrás de una Retaguardia Jazz Band orientada al estilo Nueva Orleans, los Stompers se establecieron como su “rival” por naturaleza, una banda hiperactiva, lúdica, popular y llena de altibajos, pero en definitiva el más importante proyecto cultor en Chile del dixieland de Chicago.
El norte profundo está presente en la música y la poética de Enrique Díaz, contrabajista, compositor, improvisador y experimentador cuya historia musical tuvo intensos capítulos en el Chile de la dictadura y en Alemania, país donde llegó para estudiar en 1987 y donde permaneció hasta 2006. Ese año regresó a su país para convertirse en académico de la Universidad de La Serena. Creativamente, Díaz ha realizado trabajos en frentes diversos, desde la música clásica y contemporánea hasta el jazz moderno, la fusión, la música étnica y la improvisación libre.
Bajista de jazz fusión y jazz funk, Matías Martinoli se formó en la Escuela Moderna de Música con profesores como el referencial solista Pablo Lecaros y el maestro de la orquestación Toly Ramírez. También fue alumno de improvisación de jazzistas de los '90 como Jorge Díaz, Claudio Rubio y el virtuoso Christian Gálvez. En sus inicios como músico en las escenas independientes más allá de la universidad, se vinculó a nombres de su generación, como el guitarrista Fernando Raín o el pianista Diego Ortiz, quienes se incorporaron poco después su cuarteto eléctrico. Integrado al elenco del sello Animales en la Vía, Martinoli debutó en el disco como Verde 61 (2018).
A pesar de que su historia musical en Chile transcurre en un breve lapso en los años '60, la figura del pianista Manuel Villarroel representa la mayor la experiencia que el jazz chileno tuvo frente a la música de vanguardia. Villarroel fue un referente del free jazz y el avant-garde, como pionero en experimentos creativos que proyectó desde el piano junto con otros músicos fundamentales, como su hermano, el baterista Patricio Villarroel y, sobre todo, el pianista Matías Pizarro. Desde 1970, ha vivido en Francia, donde desarrolló prácticamente toda su carrera.
Holandesa de origen, Isa Bornau ha hecho una parte de su carrera musical en sucesivas estadas en Chile, donde editó su disco Ser (2014). Con la influencia de la canción francesa muy presente, en su primera visita en 2000, para hacer trabajos voluntarios, conoció el folclor chileno y a Violeta Parra, lo que supuso un reenfoque de su perspectiva musical. Tiempo después, Bornau llegó a interpretar "La exiliada del sur" en una de las ediciones del concurso televisivo "The voice". Como solista ha actuado en los circuitos del jazz.
Desde el jazz y la música popular orquestada hasta la industria de la Nueva Ola y una prehistoria del rock local son instancias en las que dejó su huella Arturo Ravello, uno de los más importantes contrabajistas chilenos. Activo desde comienzos de los años '50, justo a tiempo para asistir a esos cambios musicales y generacionales, Ravello se inició en Santiago, se estableció en Arica a fines de los años '60 y fue un músico de orquestas, auditorios de radio, estudios de grabación y giras, acorde con el perfil del instrumentista popular surgido en una época de la que fue uno de los últimos exponentes hasta su muerte en 2011, a los 84 años.
Cristóbal Piña es un guitarrista de jazz que se inició tempranamente como solista, compositor y líder de conjuntos en la escena de fines de los años '10, período en que las guitarras volvieron a ocupar espacios en este campo musical. Piña pertenece a una generación en la que figuran otros solistas de las seis cuerdas, como Gonzalo Ostornol, Nicolás Reyes, Italo Aguilera y Tomás Gubbins, entre otros.
El jazz eléctrico y el uso de ritmos latinoamericanos han sido dos vías musicales del grupo Motete, liderado en Copiapó por el saxofonista y flautista serenense Sergio Olivares. Su propuesta de un jazz fusión de carácter nortino quedó de manifiesto en discos como Tributo a Atacama (1999) y Evolución (2003), y así Motete apareció en un panorama que tuvo como antecesores a Alsur (1986), Apus Jazz Bank (1991) y La Marraqueta (1992).
Lo más cercano a la figura de la radiante lady crooner practicando swing en hoteles de lujo, en Chile tuvo nombre y apellido durante los 2000: Alexandra Inzunza. Una de las cantantes de jazz que nutrieron la escena con glamour, sentido de la puesta en escena, conocimiento acabado del repertorio clásico de los standards tradicionales del género y un manejo del inglés superior (dado por los primeros años junto a su familia en Sidney).
Rodrigo Espinoza ha sido uno de los contrabajistas más fuertes y activos del jazz contemporáneo desde la segunda mitad de los años 2000, cuando inició su serie de militancias junto al trío del pianista Moncho Romero. Su sonido voluminoso y profundo apareció en una decena de discos de jazz, y al mismo tiempo Espinoza amplió las fronteras musicales integrando el conjunto de música latinoamericana de Natalia Contesse, lo que le significó una presencia musical frente a nuevos públicos. En una panorámica de habituales contrabajistas acompañantes, Espinoza se estrenó como compositor y líder en 2018 con el disco Siete flores negras.
Por más de 20 años, cuando su maestro en la percusión docta y precursor del vibráfono dentro de la música popular Guillermo Rifo se retiró del circuito para componer, Carlos Vera apareció en el medio como el exclusivo vibrafonista activo del jazz chileno. Son las mismas dos décadas que lo tuvieron como lugarteniente del saxofonista alto Patricio Ramírez al interior del grupo Nexus, y que en definitiva le dieron la categoría a Vera como un músico de gran swing y capaz de ejercer liderazgo en otros ensambles afines.