Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
Entre una muy pequeña comunidad de voces masculinas vinculadas al jazz, al finalizar los '90 apareció el barítono Rodrigo González, un cantante afín a las líneas tradicionales del swing, el repertorio standard y el pop vocal más clásico. González se instalaría en la década siguiente como el más activo de los cantantes de jazz, tras las experiencias del histórico crooner José Luis Arce, el improvisador Jorge Caraccioli en los '80, el breve destello de José Zamudio en los '90 y la sorpresiva aparición de Juan Pablo Rivera al finalizar los 2000.
El Kinteto Obrero es un quinteto de jazz mainstream, cultor de estilos que van desde el swing más tradicional y su repertorio standard norteamericano, hasta el hard bop más moderno. Se formó con músicos de la Quinta Región y ha trabajado también en torno a las composiciones del trombonista José Moraga (integrante de La Bandalismo), quien establece un tándem melódico con el trompetista Tomás Díaz. La sección de ritmo la conforman músicos de mayor trayectoria, como Gonzalo Palma (piano) y Carlos Rossat (contrabajo), que trabajaron juntos desde los tiempos del Valparaíso Jazz Trío, además de Ignacio Mena (batería). Su primer disco es Tijerales (2016), que propuso entonces lo que los músicos denominaron "un jazz porteño".
Desde 2011 radicado en nuestro país, el pianista belga Jasper Huysentruyt es considerado un nombre más en la escena del jazz chileno contemporáneo, con activa presencia en escenarios del circuito, liderazgo de tríos que lo han llevado a publicar discos del catálogo local, una participación como sideman y también la conformación de la que fue entonces conocida como "la sección rítmica" del sello Animales en la Vía, junto a Roberto Carlos Lecaros (contrabajo) y Matías Mardones (batería), con la que grabó una serie de discos del período.
Alejandra Farías es parte de la presencia femenina en el jazz chileno más allá de una abundante comunidad de mujeres que cultivan el canto y el repertorio standard. Desde Chillán, Farías se instaló como baterista en la década de 2010, desarrollando un proyecto creativo que se mueve entre la música de fusión y el jazz contemporáneo. Resultado de ello es el disco Chillán Santiago (2015), que describía ese tránsito que realizó entre su ciudad natal y los centros de la actividad musical.
El tenorista Agustín Moya ha sido uno de los nombres y sonidos más representativos en el jazz en los primeros momentos del siglo XXI. Surgido desde la Conchalí Big Band, donde tocó entre 1997 y 2000, e inspirado inicialmente por los modelos del hard bop Sonny Rollins y Hank Mobley. Moya se unió a la avanzada de músicos que repusieron el saxofón tenor como la simbólica arma jazzística desplazada durante casi dos décadas y multiplicó rápidamente su militancia en proyectos de todo tipo donde su instrumento fue pieza clave.
Parte de la generación de guitarristas de jazz que ganaron espacios en los años '10 como sidemen o solistas, Felipe Duhart ha recorrido diversos territorios musicales. Su sonido nace en el rock pero desemboca en todo tipo de fusiones vinculadas al jazz y a la música latinoamericana. Como acompañante ha explorado tanto el soul-jazz como el jazz manouche, mientras que en su calidad de líder ha encabezado tríos, cuartetos y sobre todo quintetos de jazz contemporáneo en la combinación de guitarra y piano. Duhart comparte circuitos musicales con solistas como Italo Aguilera, Gonzalo Ostornol, Francisco Saavedra, Diego Riedemann, Matías González y otros.
Contrabajista egresado de la Conchalí Big Band, ha integrado agrupaciones jóvenes durante los últimos años 2000 como los quintetos post-bop y avant-garde de los saxofonistas Cristián Gallardo y Diego Manuschevich, el cuarteto del guitarrista Diego Farías, además de la formación de octeto de 2007 y 2008 de Los Ogros del Swing.
Si bien ingresó al jazz en sus años de vida en Santiago en la década de 1990, Pablo Vergara pertenece a esa estirpe de jazzistas que por décadas han surgido desde la ciudad fronteriza de Concepción. Su evolución como pianista le permitió desenvolverse indistintamente desde el jazz straight ahead y el latin jazz que cultivó sobre todo durante la primera época en Nueva York, hasta desembocar en un trabajo mucho más definido de composición de jazz contemporáneo y música de cámara. Ello se vio representado en su investigación sobre la obra de compositores chilenos como Alfonso Leng, Alberto García Guerrero y Pedro Humberto Allende, desde la óptica del jazz y la improvisación.
Nacida en Chillán, la cantante, acordeonista y profesora de música Cecilia Gutiérrez ha integrado en paralelo las escenas del jazz y de la música de raíz folclórica en la ciudad de Concepción, con proyectos que la vinculan a la fusión de ambos géneros, y cuya cara más visible fue entonces el disco Infusión (2015).
El saxofonista y clarinetista Jorge Martínez es el primer “martir del jazz”. Murió en 1939, a los 27 años, y en sus escasas tres y media temporadas sobre los escenarios marcó el camino para toda una generación posterior de músicos que habrían de reconocer en este músico a un solista único, estéticamente adelantado a la época que le tocó vivir en un jazz chileno que daba apenas sus primeros pasos. Es el antecesor directo de Mario Escobar, el tenorista que finalmente expandiría el jazz en los años '40.
Lenguajes musicales múltiples han marcado la trayectoria de este versátil baterista desde que apareciera en la escena del jazz de fines de los ’90. Su posición de polivalencia y sobriedad y su conocimiento de los estilos lo llevó a convertirse en un demandado sideman en el jazz acústico y eléctrico, de conjuntos y orquestas, y en la interpretación de música de raíz tropical, pop, fusión latinoamericana y flamenco. Felipe Candia ha sido una suerte de “hermano menor” de solistas como Pedro Greene, Jaime Labarca, Raúl Aliaga, Juan Coderch o Cristóbal Rojas.
Samuel Maluenda, también conocido como Samy Maluenda, es un bajista de versátil disposición en la música popular y el jazz, donde ha encontrado un espacio para proyectarse como nombre propio desde los ángulos de la composición, la organización de agrupaciones y la experimentación con el instrumento. Sus bajos de seis y hasta siete cuerdas están presentes como sonido central en álbumes de jazz fusión que ha producido, con música para cuarteto, octeto e incluso trabajos de dinámica solista como Luna (2021), el más experimental de su trayectoria.
Una década completa de vida musical en España retrasó en parte la entrada del baterista Cristóbal Massis al circuito del jazz chileno. Desde que apareció en 2011 tocando en el quinteto del trompetista Cristián Cuturrufo, su nombre se multiplicó en colaboraciones y apariciones en diversos escenarios. Estudioso de las tradiciones baterísticas más amplias, Massis desembocó en un análisis de la música de tríos de Bill Evans, liderando a su vez, en 2017, su primer elenco en este formato, el mismo con que grabó el álbum We love Bill Evans (2018).
Guitarrista de jazz fusión, compositor y líder de proyectos, Luciano Vergara Yáñez ha sido un nombre en la escena de músicas creativas de Valparaíso, donde en tiempos pandémicos organizó su gran "instrumento", un sexteto con el que daría forma y sonido a sus partituras. Integrante de la Orquesta Andina, proyecto porteño del compositor y director Félix Cárdenas, Vergara se planteó entonces en un punto confluyente entre la música de cámara de tradición escrita y la improvisación jazzística, con el grupo que presentó entonces en espacios de Valparaíso como Luciano Vergara Ensamble. Así utilizó sonoridades de distintos mundos musicales, guitarra eléctrica, piano, contrabajo, batería, saxofón, bandoneón y violín. Su primer disco es Música para romper ciclos (2024), un sólido cuerpo de composiciones que como estreno en la escena al año siguiente la valió el premio Pulsar en la categoría Fusión.
Minton's Trío fue el conjunto que inició al pianista Manuel Villarroel como líder en el jazz moderno chileno durante la década de los '60, y a su vez involucró a su hermano Patricio Villarroel como baterista y al primo de ambos, Arturo Bórquez, como contrabajista. De este modo formó parte de la oleada de músicos jóvenes que se adscribieron a un modernismo musical iniciado por el Nahuel Jazz Quartet, del pianista Omar Nahuel en 1960, el cuarteto Chilean Jazz Messengers del pianista Miguel Saacan, y por el Village Trío, del pianista Roberto Lecaros en 1965.
Saxofonista alto, compositor, activo solista y más adelante director de big bands y educador, Ignacio González es un nombre de la generación de músicos de jazz que se tomaron por asalto los escenarios durante la década de los '90, en especial de un Club de Jazz que se abría a una nueva época tras la dictadura. Con una nítida proximidad a los grandes saxofonistas posteriores a Charlie Parker, González es también el hombre que descubrió a un muy iniciado Cristián Cuturrufo, hacia 1988. Se transformaría así en su primer protector y en el compañero inicial para los sucesivos tándems de vientos jazzísticos que tuvo el trompetista.
La historia del jazz de Concepción ha estado ligada a un pequeño clan de renombrados músicos: los Romero. Detrás del baterista de la vieja escuela Ramón Romero, y de los pianistas modernos Moncho y Marlon Romero, apareció una nueva exponente del jazz penquista: Carla Romero, estupenda pianista bop que desdobló sus funciones también al canto siguiendo la línea de una de sus mayores referencias, Diana Krall.
Con el nombre musical de Somi Tax, un juego de palabras de lo que en rigor debería ser Tomi Sax, el saxofonista Tomás Corvalán propuso un cruce inusual entre el huayno frente al lenguaje jazzístico, desarrollando lo que él denominó "saxofón andino". Intérprete de diversos aerófonos del Altiplano y al mismo tiempo la gama completa de los saxofones, flauta traversa y clarinete, Somi Tax fue parte de la escena del jazz contemporáneo desde la década de 2010 con su fusión de mundos, expuesta en el disco Huaynitos del cerro (2023).
El concepto que representa la sigla NRE tiene relación directa con uno de los primeros proyectos musicales de fuerte pensamiento político iniciados por los hermanos Diego y Hugo Manuschevich en su arribo a Chile desde Nueva York en 2003. Significa Núcleo de Resistencia Estética y fue uno de los tantos ensambles operativos al interior del sello independiente y experimental Mystic Chant Recordz, que unificó las fuerzas del grupo congregado por la dupla de free jazzistas.
La guitarra de Ricardo Arancibia Salinas fue una de las más poderosas y directas en los ámbitos del jazz fusión, el smooth jazz y las raíces del blues y el funk, siempre inmerso en la generación de músicos blancos norteamericanos que se desarrollaron a partir de la década de 1980. Pese a nacer en Viña del Mar, a los diez años Arancibia ya vivía fuera del país y desde los 17 comenzó a formarse íntegramente en Estados Unidos como guitarrista. Con esos parámetros musicales regresaba a Chile a fines de los '90 para participar del jazz chileno y ser, tanto más tanto menos, una alternativa a sus contemporános de la guitarra Alejandro Escobar o Eduardo Orestes. Su suicidio en julio de 2008 impactó al círculo jazzístico chileno.