Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
Antes incluso de que La Marraqueta comenzara a elaborar una propuesta que luego llamó "fusión criolla", existió el grupo Alsur. Ambos estuvieron emparentados directamente en lo estilístico y también en lo histórico, pues tanto La Marraqueta como Alsur surgieron desde el ensayo de jazz eléctrico llevado a cabo por un puñado de músicos jóvenes en los años '80 al interior del grupo Cometa. A partir de 1986, Alsur fue encabezado por el brillante guitarrista eléctrico y compositor Edgardo Riquelme, el que primero se aventuró a trabajar sobre la mixtura de la improvisación jazzística, la instrumentación rockera y la inspiración abierta de la música de raíz folclórica chilena.
Felamusic es el funky nombre musical del pianista y tecladista porteño Felipe Choupay Muñoz, en cuyo recorrido alcanzó diverso estatus como músico de agrupaciones, pianista de sesión, compositor, solista y productor. Esa versatilidad ha llevado a Felamusic a incursionar en estilos y lenguajes musicales que se mueven desde el pop a la fusión, desde el hip-hop a la música latinoamericana y desde el funk al jazz. Y los álbumes de mediana duración de su primera época dan cuenta de ese alcance, sostenido además en el conocimiento acerca del trabajo en el estudio de grabación: Infinito (2020) y Flexibilidad de la forma (2022).
Formada en Valparaíso, la Situación de Calle Big Band se inició en 2015 con un grupo de músicos de la Quinta Región que integraban distintas agrupaciones orquestales y combos de música popular, jazz, salsa, funk y cumbia. Su nombre pone en relieve la precariedad que viven los músicos en distintos ambientes, pero al mismo tiempo la resiliencia para sobreponerse a las dificultades a través de música que toma un valor político, de resistencia y comunidad. Ha sido dirigida por el trombonista José Moraga, músico local que durante ese tiempo desarrolló distintos proyectos orquestales, conduciendo y componiendo para su propia big band. La SdC Big Band (como también se le conoce a la Situación de Calle) mantuvo actividad en escenarios de la Quinta Región, teatros, salas y espacios al aire libre de la ciudad puerto, pero al mismo tiempo desarrolló una labor educativa en su territorio que la emparenta con proyectos llevados adelante por agrupaciones similares de mayor trayectoria como la Conchalí Big Band y la Mapocho Orquesta. Han colaborado en distintos planos, conciertos, jornadas educativas y grabación de discos, con músicos como los directores de orquestas de jazz Carl Hammond y Gerhard Mornhinweg, el trompetista Sebastián Jordán, el cantante de Congreso Francisco Sazo, la cantante Daniela Aleuy y la cantautora porteña Pascuala Ilabaca. Sus álbumes son Situación de Calle Big Band. Volumen 1 (2016); Tierra (2020), que incluyó un repertorio íntegramente original y fue nominado al Premio Pulsar; Visiones (2025), con piezas de José Moraga, y El secreto de los arbustos (2025), que incluyó canciones de la misma Ilabaca y composiciones en lenguaje orquestal y de jazz de Moraga.
Originalmente intérprete de saxo alto a comienzos de los años 2000, Paulo Montero alcanzó otra altura sobre el final de esa década al diversificar su aproximación instrumental entre los registros del soprano, el tenor y, en menor medida, el barítono. Fue formado en la Universidad Católica, y destacado como su primer egresado, por el pionero del saxofón clásico en Chile, el cubano Miguel Villafruela. Este maestro también promovió desde la Universidad de Chile a solistas como Alejandro Rivas, Edén Carrasco y Álvaro Collao, cultores de la música contemporánea, la improvisación libre y el jazz moderno, áreas donde llegó Montero en distinta medida.
Saxofonista de todos los registros, soprano, alto, tenor y barítono, además de la flauta traversa, Jaime Atenas Sánchez es reconocido como una de las torres del grupo Congreso. Allí llegó como un joven músico de la Quinta Región para grabar el disco Pájaros de arcilla (1984) y desde entonces fue un referente en el sonido en transformación y consolidación para el conjunto. Pero su historia como nombre propio lo sitúa en el amplio abanico de músicas, como saxofonista en orquestas de baile y televisión y también en bandas de jazz-rock y ensambles de cámara y orquestas sinfónicas, donde mostró un amplio conocimiento de los lenguajes musicales junto con la diversidad de los timbres de sus instrumentos.
Desde los años '80, Silvia Lobo ha sido una de las voces más activas y con mayor experiencia internacional, indistintamente en los territorios de la bossa nova, la canción francesa y los standards de la era del swing, tres líneas que la definieron tempranamente como cultura de una genuina canción melódica. Su trabajo de recuperación del repertorio brasileño se adelantó veinte años a los tiempos de proliferación de intérpretes en este campo.
En el triángulo de nuevos guitarristas de jazz que despuntaron al finalizar la década de 1980, aparecen Ángel Parra y Pedro Rodríguez, y en un vértice menos visible también se encuentra Álvaro Bello como otro de esos solistas que se abrieron paso hacia el jazz de la transición. Pero el músico chileno hizo su carrera largamente en París, ciudad en la que se radicó desde 1991 y desde la que logró no solo sus mejores momentos como sideman y en el liderazgo de sus propios proyectos jazzísticos, que incluían acordeón francés, sino también como compositor de música para escena y para imagen.
Guitarrista de jazz fusión, compositor y líder de proyectos, Luciano Vergara Yáñez ha sido un nombre en la escena de músicas creativas de Valparaíso, donde en tiempos pandémicos organizó su gran "instrumento", un sexteto con el que daría forma y sonido a sus partituras. Integrante de la Orquesta Andina, proyecto porteño del compositor y director Félix Cárdenas, Vergara se planteó entonces en un punto confluyente entre la música de cámara de tradición escrita y la improvisación jazzística, con el grupo que presentó entonces en espacios de Valparaíso como Luciano Vergara Ensamble. Así utilizó sonoridades de distintos mundos musicales, guitarra eléctrica, piano, contrabajo, batería, saxofón, bandoneón y violín. Su primer disco es Música para romper ciclos (2024), un sólido cuerpo de composiciones que como estreno en la escena al año siguiente la valió el premio Pulsar en la categoría Fusión.
Influenciado por diversas fuentes musicales, desde el rock clásico al folclor sureño y desde el jazz contemporáneo a las fusiones de raíces latinoamericanas, el guitarrista Brunos Riveros ha hecho una carrera autónoma en ciudades de la Quinta Región, instalando su nombre en distintos frentes. Nació en Valparaíso y ha vivido largamente en Quilpué, desde donde ha establecido su ruta como músico.
Considerado el primer conjunto chileno jazz-rock establecido, según advierte el musicólogo e investigador Álvaro Menanteau, Quilín escribió una historia paralela a la oficial dentro de la música popular en nuestro país. Con más de 25 años de vigencia, jamás obtuvo el reconocimiento de un medio que en definitiva la transformó en una banda de culto por excelencia. Un proyecto único, que nunca se encasilló ni en los circuitos del rock ni en los del jazz, lo que generó a sus músicos todo tipo de contratiempos en los antiguos festivales del rock periférico y en los programas habituales de jazz, dado que en ninguno de ambos frentes, Quilín fue plenamente reconocido como pares.
Múltiple guitarrista de la generación de los '90 y nuevo exponente referencial del jazz rock durante esa década, a través del estudio que realizó sobre el enfoque del inglés John McLaughlin y sus trabajos con la Mahavishnu Orchestra. Fue una experiencia que llevó a Jiménez a formar el power trío Lamatraca, con el que publicó los álbumes Brahma (2004), Moksha (2006) y El viaje de Ganesh (2012). Pero en simultáneo, Jiménez actuó como guitarrista en proyectos de soul, funk y pop, integrando diversas formaciones de Feria y de Matahari. En 2015 inició un plan de investigación y reinterpretación de la música de Víctor Jara, que llevó a cabo con la cantante y compositora Cecilia García Gracia, en el proyecto CiudadeDós, que editó un trabajo audiovisual titulado Huellas (2016).
Desde 2011 radicado en nuestro país, el pianista belga Jasper Huysentruyt es considerado un nombre más en la escena del jazz chileno contemporáneo, con activa presencia en escenarios del circuito, liderazgo de tríos que lo han llevado a publicar discos del catálogo local, una participación como sideman y también la conformación de la que fue entonces conocida como "la sección rítmica" del sello Animales en la Vía, junto a Roberto Carlos Lecaros (contrabajo) y Matías Mardones (batería), con la que grabó una serie de discos del período.
Nicolás Navarrete es un solista que puso en relieve el sonido de la flauta traversa en los contextos y lenguajes jazzísticos, un instrumento que a menudo tiene presencia como opción secundaria entre los saxofonistas. Parte de una generación joven de músicos que vivió de lleno el tiempo de transformaciones a partir del estallido y la pandemia, Nicolás Navarrete se sitúa como un compositor y solista de jazz contemporáneo a temprana edad, ciento por ciento identificado con su instrumento. En ese espacio apareció con composiciones para sexteto, quinteto y cuarteto en los álbumes Evocaciones (2021), Aéreo (2023) y Contienda (2025), respectivamente, trabajos que lo situaron por entonces como uno de los compositores más interesantes de su generación.
Franz Mesko ha sido un pionero en el encuentro entre el jazz y la "bam", vale decir la "black american music", las raíces de la música negra, que incluye aspectos del rap, el soul y el funk. Tenorista, sopranista, compositor, improvisador y líder de conjuntos logró un nombre en la escena jazzística de fines de los años 2000. Su consolidación definitiva tuvo lugar en el Festival de Jazz de Providencia de 2014, donde mostró esa propuesta que marcaría su ruta: el cruce del jazz con la música urbana en diversas formas, expuesto sobre todo en sus álbumes de 2015, 2018 y 2021, una saga titulada Técnica mixta.
Jorge Caraccioli es al jazz vocal masculino lo que Rossana Saavedra al femenino: una figura difícilmente alcanzable en términos de swing adquirido en el ADN, manejo de lenguaje y técnica sobresaliente, y que no tuvo más maestros que su propio instinto. Pero durante mucho tiempo Jorge Caraccioli vivió entre las cuatro paredes del estudio de grabación, en el negocio de la música publicitaria y sin salir a los escenarios reales.
Guitarrista de jazz contemporáneo, Vicente González Astorga es el hermano menor del bajista de jazz fusión Luciano González, con quien ha trabajado mano a mano en la música desde la Quinta Región. Con estudios iniciales de piano clásico y chelo en Limache, desembocó más adelante en la guitarra jazzística, siguiendo a referentes que van desde Wes Montgomery a Kurt Rosenwinkel y Mike Moreno, aunque ya en su primera adultez recogió una influencia más integral de compositores del bebop como Charlie Parker y Bud Powell y del post bop como John Coltrane y McCoy Tyner. Su incorporación a la escena capitalina tuvo lugar en 2015, integrando en distintos momentos el cuarteto del pianista Óscar Pizarro y el trío del propio Luciano González, con quien grabó en álbum No, no (2022). Ese mismo año editó su primer trabajo solista, una combinación de cuarteto acústico con saxo tenor y de trío eléctrico, titulado Ákronux.
De todos los tríos jazzísticos que lideró el guitarrista Pedro Rodríguez, sólo uno llamado Dead Man adquirió total autonomía y un discurso de proyección que logró llegar al estudio de grabación. El resultado fue Dead Man plays Dead Man (2006), único álbum de este power trío con una música moderna elaborada desde distintos frentes: jazz, rock, folk, fusión. Tras su tercera salida del país, Rodríguez se reunió con su antiguo colaborador de La Banda del Capitán Corneta, el bajista Nelson Arriagada, y sumó al baterista alemán Dieter Zipper Schmigelok, quien había realizado una larga y versátil carrera como sesionista y sideman en Europa.
Guitarrista de jazz en su origen, la creación de Ignacio Díaz Lahsen (no confundir con Ignacio Díaz, guitarrista de jazz-rock) devino principalmente en una composición contemporánea para ensambles, que obtuvo su primer resultado a través de las obras contenidas en el disco La espera y el despertar (2017). El material fue interpretado y registrado entonces por el colectivo Los Musicantes, elenco estable del Instituto Projazz, donde Díaz Lahsen había estudiado. Se trata de material para saxofones alto, tenor y barítono, clarinete bajo, trompeta, trombón y sección rítmica. Alumno de gutiarristas tan diversos como Federico Dannemann y Carlos Ledermann, dese 2009 fue también integrante del conjunto de jazz manouche Gypsy Trío, con el que grabó una serie de discos.
Marx Trío fue uno de los primeros conjuntos de un jazz vanguardista desde la estética del avant-garde neoyorquino de fin de siglo. En 1999 un absolutamente renovado guitarrista Pedro Rodríguez (La Banda del Capitán Corneta, Nexus) regresó al país después de dos temporadas de estudio en Nueva Jersey, con las novedades de ese movimiento articulado en Manhattan, conocido como la “escena del downtown”.