Fusión latinoamericana

Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.

Callejón

Dentro del ya diverso panorama del Canto Nuevo, Callejón fue un grupo en extremo peculiar, que, como pocos de la época, cruzó mundos entonces lejanos: de la universidad a la olla común; de lo docto a lo popular; de la ideología formal a una desobediencia cívica casi anárquica. En lo musical, su guía fue la raíz latinoamericana, y su repertorio se afirmó con composiciones de autores tan importantes como Luis Advis, Jorge Spiginsfield, Jaime Soto León y Rodolfo Norambuena, entre otros. El tema "Se da la casualidad" trascendió como un "clásico de fogata" en circuitos universitarios, y hasta hoy cantautores como Manuel Huerta la reinterpretan en vivo.

La Chimuchina

Como «un mix entre investigación e interpretación musical» definen su trabajo los integrantes de La Chimuchina, un grupo de existencia intermitente que ha realizado una labor única en la difusión de instrumentos y formas musicales precolombinas. Su génesis estuvo vinculada a la investigación arqueológica, y en su formación han compartido espacio profesionales venidos de áreas de investigación como la antropología, el diseño, la etnomusicología y la música popular (por la experiencia al respecto de Cuti Aste, el único músico profesional en su formación).

Cristian Sanhueza

Percusionista, compositor, líder de agrupaciones, investigador y recopilador del folclor, bailarín de fiestas religiosas pampinas, el iquiqueño Cristian Hueo Sanhueza, o también Huevo Sanhueza, ha tenido protagonismo desde mediados de los años '90. Primero como parte de la compañía Teatro Mendicantes, que exploró el campo del teatro callejero, y luego como fundador de la Banda Conmoción, elenco que marcó un antes y un después en la introducción de la música de bandas de bronces y de los carnavales nortinos que se escuchó en la gran ciudad. Tras su salida de la Conmoción en 2014, Sanhueza regresó a Iquique para poner en marcha su plataforma de creación y gestión, que él llamo Tambobrass, y desde la que produjo los discos Sociedad Religiosa Gitanos Santa Rosa – 50 años (2015), una primera experiencia de rescate patrimonial iquiqueño, además de sus trabajos creativos personales Tambobrass acústica (2016) y Circo Océano. Los números nunca vistos (2016), con la música escrita para la obra teatral del mismo nombre, realizada por la compañía En la Cuerda.

Santa Mentira

Como parte de la avanzada de la nueva fusión de ritmos, estilos y colores musicales latinoamericanos, el ensamble acústico Santa Mentira tomó forma en torno al compositor Rodrigo Santa María, su principal motor creativo. No por nada el juego de palabras entre Santa Mentira y Santa María sería también parte de su imaginería. Desde sus canciones y piezas instrumentales el grupo grabó el disco Santa Mentira, que sólo fue editado en 2006.

Bastián Herrera

Compositor y productor que comenzó su carrera profesional a en 2014, con el disco Al sur, luego de un largo camino en bandas y festivales escolares. Hijo de Pablo Herrera, heredó de su padre su afición a la guitarra y desde ahí ha trazado su camino musical cercano a la trova y la canción romántica. Con estudios universitarios de Sonido, desde el 2012 comenzó a trabajar en producción musical. Ha colaborado con figuras del pop de su generación como Denise Rosenthal, y su participación en un reality televisivo a mediados de 2014 le dio una especial difusión para su primer sencillo, "Felicidad", que sirvió de adelanto para ese estreno discográfico. Un lenguaje de fusión es la base de su sonido.

Quitrú

Quitrú es el grupo familiar del fagotista de la Orquesta Sinfónica de Chile Nelson Vinot, que junto a su esposa -la profesora de música María Soledad Opazo-, sus hijos y un cuñado, se constituyeron como grupo desde el año 2006, luego de trabajar informalmente durante un tiempo. El cruce de la música de raíz latinoamericana con elementos del jazz y de la música docta es el eje de su trabajo, que se ha plasmado en dos discos, y en un trabajo regular en vivo, incluso fuera de Chile. La dirección y la mayoría de las canciones son de Vinot, quien tomó el nombre de un seudónimo que le decían desde niño.

Décima Orquesta

Un enfoque distinto del uso de la poesía en décima, propia del canto a lo poeta, es el que presenta este elenco dirigido por el profesor de música y multi-instrumentista Ignacio Reyes. La Décima Orquesta toma su nombre de esta forma de poesía consonante presente en toda Latinoamérica y la lleva a un contexto escénico que se despliega con elementos del teatro y el canto popular, y en lugar de desarrollar la paya en el tradicional enfrentamiento entre dos cultores, tiene una propuesta de ensamble de guitarrones chilenos, guitarras, rabel y otros instrumentos.

Tania Naranjo

La vida de la pianista, cantante y compositora Tania Naranjo ha transcurrido principalmente en la ciudad de Malmoe, en Suecia, donde en 1996 completó sus estudios de piano clásico y se convirtió en una destacada concertista. Pero en simultáneo, y echando mano de las influencias musicales que llevaba desde Chile, Naranjo ha concretado una propuesta compositiva que une aspectos de la música docta europea y la música popular, representada tanto en el folclor latinoamericano como en el jazz y sus lenguajes modernos. Es un enfoque que quedó reflejado en el disco La industria del miedo, la primera de sus grabaciones realizadas en Suecia.

La Minga

Mezclas musicales tan diversas como el klezmer de Europa Oriental, el rap, la cueca chilena o el folclor latinoamericano conviven en la propuesta mestiza de La Minga, agrupación que recorre una fusión colorida con instrumentos como la guitarra eléctrica, el bajo y la batería, pero también con el violín, el clarinete y el acordeón. Iniciado por un grupo de estudiantes de sicología, La Minga tomó una fisonomía y un carácter definitivo cuando se incorporó el músico Pavle Marinkovic, de ascendencia serbia, quien abrió la compuerta a la exploración del folclor balcánico. En 2015 editaron su primer disco, Música itinerante, simbólica propuesta que representa la búsqueda de nuevos espacios y lugares para La Minga, que también es un concepto simbólico: la colaboración como manifiesto musical.

Maida Larraín

Conocida como actriz de teatro y comediante, Magdalena Larraín además se hizo cantante con posterioridad a ese camino, cultivando una música que fusiona influencias modernas y que se fundamenta en la raíz del folclor latinoamericano. Hija del director de cine Ricardo Larraín, tras una residencia de varios años en España, Maida Larraín hizo su debut en el disco con una serie de canciones, valses peruanos, zambas argentinas y boleros, la mayoría escritas por la cantautora Paula Herrera, que integraron el disco Lo poco que sé (2016), con arreglos de Pedro Melo (Entrama).  Tres años después presentó su segundo disco, Quiero gritarlo, que definió como un trabajo conceptual, centrado en canciones femeninas,  con un cuidado trabajo en los videoclips y un saludable ingenio y sentido del humor. Más adelante, ella comenzó a presentarse con el nombre de Maida la Reina, y así publicó álbumes sucesivos, El tiempo al revés (2022) y La reina (2024), una muestra de colorida fiesta latina que publicó durante su traslado a México.

Alejandro 'Mota' Riquelme

Alejandro Mota Riquelme confirma la historia fuerte de los músicos de Concepción y en su caso viene a remarcar una línea de bateristas de jazz que se han redirigido hacia nuevos destinos musicales conforme avanzaron los tiempos: desde Waldo Cáceres y más tarde Alejandro Espinosa, hasta Moncho Pérez y Pancho Molina. Riquelme ha sido un exponente de esta contemporaneidad de la música, con instrucción clásica, inspiración jazzística y una proyección latinoamericanista.

Max Berrú

Max Berrú es uno de los integrantes fundadores de Inti-Illimani, y el primer músico que en esa condición abandonó el conjunto. En 1997 razones derivadas de su vida personal (fundamentalmente, un nuevo matrimonio y una nueva hija), lo llevaron a renunciar, aunque su ligazón con la música y con el grupo nunca se cortaron. Desde entonces, editó dos discos y se presentó regularmente mostrando repertorio latinoamericano. Ecuatoriano de nacimiento, se quedó definitivamente a vivir en Chile, hasta que, afectado por un cáncer, falleció en Santiago en mayo de 2018 a los 74 años.

Jorge Campos

Ícono ineludible del bajo eléctrico activo desde los tiempos de la vanguardia del rock fusión, Jorge Campos ha sido un aguerrido y erudito solista a la vez que un cultor de las músicas de protesta. En el punto de intersección que marcan el rock progresivo y la fusión latinoamericana, se ubica Campos, quien demostró su potencial como integrante de agrupaciones capitales en los años finales de la dictadura: Fulano (1984) y Congreso (1986). Luego, como nombre propio, fue una figura reconocible y protagónica de la "gran fusión".

Quijeremá

Un elenco de músicos de Chile, Venezuela y Estados Unidos y una colección de treinta instrumentos en manos de los cuatro músicos son números fieles a la inspiración de Quijeremá, un grupo encabezado en Estados Unidos por el compositor Quique Cruz, chileno radicado en California desde 1980. Ritmos regionales de América Latina como joropo, parranda, huayno, landó, candombe, cueca, tango y vals son parte del sonido del ensamble, fusionado con jazz o música celta y presentado tanto en actuaciones en teatros, festivales y centros culturales como en bandas sonoras para documentales.

Carolina Carrera

Una aguerrida cantora y autora de la generación de los años '10 es Carolina Javiera Carrera Zúñiga, talquina con nombre de patriota de la Independencia y que comparte ángulos de la canción con guitarra junto con solistas como la magallánica Naara Andariega, la maulina Evelyn Cornejo, la collipullense Tamara Quijada , la temuquense Susana Cofré o la capitalina Daniela Millaleo, quienes han adoptado elementos de la trova y de la canción protesta en sus propios repertorios. En el disco de 2017, Canciones mayores, Carolina Carrera instala también una crítica muy personal a una sociedad que se aleja de la naturaleza e impone un estilo de vida que va en contra de los ciclos de la luz natural.

Manu Carrasco

Hija del fundador de Quilapayún, Eduardo Carrasco, Manuela Carrasco debutó el año 2010 con el disco Contando estrellas, con canciones que van de la trova latinoamericana a los aires y nuevos ritmos del reguetón, mezclando letras originales de su padre con música del compositor Quirino Ríos, y que contó con la colaboración de importantes músicos locales.

Sol y Medianoche

Sol y Medianoche fue uno de los primeros grupos en Chile dispuesto a recuperar el legado de canto popular de Violeta Parra y presentarlo en clave rockera y eléctrica. Combinaron ese trabajo con composiciones propias, y es posible ubicar su música en una continuidad con lo que una década antes que ellos hicieron Los Jaivas, Blops y Congreso. Desde 1982, la banda reunió a músicos antes experimentados junto a En Busca del Tiempo Perdido, Sol de Medianoche y Tumulto, afines al rock progresivo, el rock duro y el canto de raíz latinoamericana.

Luca Mundaca

Intérprete y autora de canciones de raíz popular brasileña, Luca Mundaca conservó un pasaporte como el único crédito de que su nacionalidad es chilena. Nació en Concepción como Luca Hernández (cambió al apellido materno) y a los seis años llegó a la ciudad de Valinhos, en el estado de Sao Paulo, donde finalmente se abrió paso como cantautora moderna.

Raimundo Santander

A los diecinueve años apareció como promisoria figura del jazz cuando se iniciaba el milenio y cuando el circuito volvió a poblarse de guitarristas: Sebastián Prado, Armando Ulloa, Gabriel Feller, Diego Farías, Álvaro Zavala o Juan Pablo Escares. Desde 2003 Raimundo Santander fue uno de los primeros músicos jóvenes en liderar ensambles, aunque progresivamente su propuesta creativa fue mutando desde el jazz contemporáneo a un jazz latinoamericano que tuvo su rostro más visible en los sucesivos proyectos con sus sextetos, septetos y octetos que llamó La Orquesta del Viento. A ello se suma una postrera llegada al grupo Cómo Asesinar a Felipes, esta vez como bajista.

Santiago del Nuevo Extremo

Dos momentos de la historia musical chilena se encuentran en Santiago del Nuevo Extremo. El grupo comenzó entre 1977 en circuitos universitarios, con un sonido acústico centrado en la guitarra, y terminó experimentando con teclados y saxos, casi una década después. Fundamentales en los circuitos antidictatoriales, el grupo llegó curiosamente dos veces al Festival de Viña del Mar y dejó varios clásicos de ese tiempo, como "A mi ciudad" o "Simplemente". Tras la edición de tres cassettes, en 1986 se disolvieron y todos sus músicos siguieron activos por separado. A partir de 1998, sin embargo, el grupo se reunió, en un proceso que ha tenido recesos, pero que mantiene saludable el mismo espíritu inquieto que los distinguió en sus primeros años.