Fusión étnica
Cruces culturales y viajes a través del mundo han propiciado el nacimiento de la fusión étnica, una música moderna basada en los influyentes conceptos de mestizaje y globalización en el fin de siglo. Instalado en un contexto chileno, el término involucra dos orientaciones musicales que en el primer mundo fueron conocidas como world music y new age. Mientras la primera (músicas del mundo) rescata instrumentos vernáculos y ritmos folclóricos de distintas latitudes, a menudo músicas muy exóticas, la segunda (nueva era) se orienta a la creación de música de atmósferas, ambiental, reflexiva e incluso terapéutica, a partir de teclados. La fusión étnica, entonces, agrupa ambas líneas y en Chile se ha desarrollado con fuerza y presencia desde los años ’80, a través del trabajo de compositores y agrupaciones que han descubierto en África, India, Medio Oriente, el mundo celta o el mundo mapuche sus inspiraciones.
Claudio Villanueva pertenece a la abundante camada de guitarristas de flamenco que tomó cuerpo durante la década de los años 2000 y que tiene nombres como Andrés Hernández, Daniel Muñoz Méndez y Francisco García Sánchez, aunque su experiencia formativa y creativa se desarrolló con mayor profundidad y alcance en la ciudad de Madrid.
Ser o Dúo es un proyecto de músicas creativas que combinan timbres acústicos de la guitarra clásica y latinoamericana frente a una diversa panorámica de aerófonos del mundo. Formado en Valparaíso, el dúo ha realizado una propuesta de música de cámara que cruza territorios, desde lo estético y creativo hasta lo geográfico. Tanto así que la declaración de la pandemia mundial en 2020 atrapó a sus integrantes en Katmandú, Nepal, durante la producción del documental Sonidos nómades, que mostraría sus viajes, conciertos, clínicas y diversos cruces y colaboraciones con músicos.
El grupo de música de fusión africana Baobab, también conocido como Cantos del Baobab durante su primera época, es el resultado de un largo proceso de investigación de las músicas tradicionales y populares de diversas regiones del continente negro, pródigo en canciones, ritmos y el uso de tambores. Parte de este trabajo ha quedado expuesto en sus discos editados por el sello Mundovivo, Cantos del Baobab (2011) y Nimba (2014). La experiencia de Boabab vino a abrir el ángulo de observación de una música de raíz africana, con proyectos diversos que van desde Orixangó a Newen Afrobeat.
Concebido por la actriz Celine Raymond y el músico Cristóbal Montes, Kali Mutsa es un proyecto musical de fusiones, a cuya génesis sonora acuden una multiplicidad de fuentes y estéticas: tradiciones gitanas, componentes electrónicos, influencias andinas y un especial cuidado en la danza y la puesta en escena. El año 2011 editaron un primer álbum, titulado Ambrolina. Todos los músicos se presentan con seudónimos, donde la actriz Celine Raymond (cuya imagen y voz es la eje del grupo) se presenta a sí misma como Kali Mutsa, envuelta en toda una mitología como historia.
La música instrumental fue punto de partida y punto de llegada de Catalina Claro, una promisoria concertista de piano especialista en Mozart y compositora de música incidental, música funcional y orquestadora. Pero a la hora de desarrollar una historia discográfica, estos métodos quedaron supeditados al peso de la canción pop. Catalina Claro fue parte de un proceso de mezclas y fusiones que después de mucho camino recorrido desembocaron en un álbum como Canto por si acaso (2008), con melodía, ritmo, estrofa y estribillo.
Organik es un proyecto de música escénica, esencialmente inmersiva como experiencia y estéticamente mestiza. Como un elenco de música, canto, danza e imagen, recoge elementos e instrumentos de distintas partes del mundo para obtener una fusión de lo que ellos llamaron "música para la nueva tribu del mundo", vale decir, los amplios mestizajes culturales de la época. Su primer álbum es una suerte de manifiesto: Viaje a las cofradías del sonido (2024).
Productor, experimentador, autor y rimador, César Matycez es Matycez, músico que se instala en Valparaíso en los años '10 y comienza a desarrollar su trabajo solista en el rap. Junto al productor Jorge Peña fundan en el puerto el sello discográfico Tómate, con el que Matycez despachará la primera serie de álbumes desde Recóndito latido (2011), un trabajo enfocado principalmente en la rítmica del texto y sus contenidos. En 2013, a través del disco Abril experimenta con tecnologías, y por medio de máquinas y dispositivos elabora paisajes sonoros. Ese año, Matycez viajó a Europa para presentarse en ciudades como Barcelona y París, pero además su paso a India será determinante en la expansión de una música mestiza. Junto al músico quilpueíno de reggae Lion Nativo publica luego el disco A recuperar (2014), el precedente para lo que sería un combativo proyecto de rap del sello con ambos MCs junto a Maniobra en la disposición de beats. El disco Omkara (2016) sería el resultado de esa experiencia en India, donde Matycez presenta una serie de instrumentales de inspiración india, ritmos de hip-hop y música electrónica.
Bautizado como Pituquete por su primer maestro, el fundamental guitarrista chileno Carlos Ledermann, el alcance de Andrés Hernández como solista ha trascendido los límites nacionales y se ha instalado progresivamente en la ciudad de Sevilla, capital de Andalucía, en cuyos puertos, sierras y pueblos nació el flamenco. En España, Hernández ha llegado a tocar como solista en importantes escenarios, como el Auditorio Nacional de Madrid y el Teatro Central de Sevilla, además escribir allí su historia discográfica con los títulos Barrio de Santiago (2008) y Abra (2013).
Samadi es la sociedad de música étnica que la cantautora Pascuala Ilabaca mantiene en paralelo a su trabajo solista. Su dúo junto al percusionista Jaime Frez se define por un trabajo de recopilación de repertorios de India, África, Latinoamérica, Arabia y Europa, combinados con improvisación y música contemporánea, a partir de instrumentos como balafón o marimba africana, acordeón, calimba, djembe, gatam, chekere, tabla, nahal y mirdanga.
Detrás de la marca genérica de Fernando Flamenco está el músico iquiqueño Fernando Lavín Mercado, uno de los guitarristas más narrativos y expresivos en este género de música andaluza incorporada al contexto chileno, junto con otros solistas como Andrés Hernández, Claudio Villanueva o Francisco García. La primera estación de su recorrido individual se llamó Guitarra pura, disco que Fernando Flamenco editó como parte de la generación de artistas del Sello Azul de 2013.
Bajista, guitarrista y compositor de una música que transita por distintos territorios en el lenguaje amplio de la fusión, Marcelo Gallardo ha sido un nombre de los circuitos musicales de Valdivia, su ciudad natal y el espacio donde ha desarrollado su creación. También es conocido en los circuitos sureños, con presentaciones en Puerto Varas, Puerto Montt y Chiloé. Iniciado en el grupo Tribu y más tarde con colaboraciones junto a la cantante brasileña Mariana Benjamin, cuenta con obras conceptuales propias que toman elementos de la música latinoamericana, la world music en su amplio sentido y el jazz fusión. Sus álbumes son Retrospectiva musical del sur del mundo 1950-2009 (2009) y Encuentros cósmicos (2020).
Considerada la primera orquesta de afrobeat chilena, Newen Afrobeat se formó en torno al compositor y cantante Nicolás Urbina (quien había integrado además el grupo Abya Yala), y desarrolló una música inspirada en el nigeriano Fela Kuti, precursor y punto de partida de esta corriente que desde los años '70 definió parte de una nueva música afro. Junto con la instalación de un discurso orquestal sostenido en los metales, las percusiones y el bajo eléctrico, las cantantes de Newen Afrobeat realizaron una investigación profunda sobre la escala pentatónica menor, presente en las músicas africanas, aquella que conduce la armonía vocal. En ese espacio contó con la cantante Francisca Riquelme como voz, rostro y figura escénica principal.
El cruce entre tradiciones ancestrales y lecturas contemporáneas ha sido un ejercicio constante en el trabajo de Maco, un compositor, intérprete e investigador que desde fines de la década de 2010 ha desplegado su trabajo en ámbitos diversos, desde el pop de Gepe hasta la experimentación con electrónica e instrumentos prehispánicos.
Cultor de lo que se ha denominado "astroarte", Claudio Recabarren Madrid es un pianista, organista y compositor que ha explorado la música en contacto estético y ético con el universo. Suya es la propuesta de un piano bajo un insondable océano de estrellas, programática puesta en escena que ha llevado a distintos observatorios astronómicos en Chile y a planetarios alrededor del mundo. Su obra alcanzó en 2020 un punto cúlmine con la obtención del primer premio en el Festival Fulldome de Jena, en Alemania, con la música para la película Piano under the stars.
Formado por el acordeonista de tango David Santis, el contrabajista de jazz Javier Valdebenito y la violinista francesa Lolita Ponce, Bordelestino comenzó a tocar en 2011 como ensamble con el espíritu de la música itinerante. Su repertorio está abierto a las músicas de la nostalgia, tango, swing, chanson, canzonetta, vals, klezmer y música gitana, parte de una propuesta colorida y melódica que los músicos llevaron por distintos escenarios, desde clubes a festivales, pasando por bodas y fiestas ciudadanas. Además, se han presentado en multitudinarios encuentros en Francia, Italia, Finlandia, Estonia y Holanda, como los festivales Kaustinen Folk y Ferrara Buskers. En 2012 editaron dos discos de repertorio, Canta Napoli y Una estrella, y en 2016 publicaron Trazo, su primer trabajo con autorías de los tres integrantes del elenco.
Guitarrista, compositor, académico e innovador en la enseñanza del flamenco, Carlos Pacheco Torres tiene credenciales suficientes como para figurar entre los músicos que más lejos ha llegado en su campo. Nacido en Temuco y criado en Gorbea, desde 1989 viene escribiendo una historia musical del todo desconocida. Ese año llegó Córdoba, una de las ciudades de Andalucía donde el flamenco es patrimonio puro, y allí ha llegado a ser investido por los propios gitanos y flamencos como «maestro». Junto a Carlos Ledermann en Chile, Carlos Pacheco Torres es el otro gran nombre entre los docentes de la guitarra flamenca.
Con kultrún en mano y a viva voz, la figura simbólica de la ülkantufe —"la que hace el canto tradicional de la tierra", en una traducción aproximada desde el mapudungún— ha representado la historia de Elisa Avendaño Curaqueo. Mujer mapuche, cultora, investigadora y transmisora de diversas sabidurías de su pueblo desde la década de 1990, su trabajo silencioso aunque resonante llegó a conocerse en Europa y Latinoamérica antes que en Chile, y le valió el Premio Nacional de Música en 2022. El acontecimiento, entonces, fue un absoluto quiebre en la hoja de ruta de un galardón que por ese tiempo se debatía entre la música de tradición escrita y la música popular. Elisa Avendaño Curaqueo abrió así un nuevo borde, al poner a la vista la música de los pueblos originarios.
Antonio Monasterio es un nombre protagónico en la escena de las músicas creativas en Valparaíso desde fines de la década de 2000. Primero como fundador y compositor del conjunto de fusión Ajayu y luego como líder de sus propios ensambles, Monasterio definió música eminentemente acústica y provista de sonidos y colores diversos, en un sincretismo de lenguajes que obtuvo desde fuentes como el folclor latinoamericano, el jazz contemporáneo y las músicas del mundo. En este punto, Monasterio tomó protagonismo como intérprete del oud, o laúd árabe, que se escucha en álbumes suyos como Centro y periferia (2018) y Las furias y el mar (2023).
Más que como una banda atada a un género en particular, Transubhiriano prefirió definirse como «un viaje por las distintas culturas del mundo que utilizan el trance y la danza como medio de conexión y de celebración». Esa misma soltura ha sostenido su historia, que es la de exploración y asociaciones emprendidas principalmente por Subhira, autor conocido por su trabajo de larga data en la fusión étnica, electrónica y latinoamericana.