Fusión étnica
Cruces culturales y viajes a través del mundo han propiciado el nacimiento de la fusión étnica, una música moderna basada en los influyentes conceptos de mestizaje y globalización en el fin de siglo. Instalado en un contexto chileno, el término involucra dos orientaciones musicales que en el primer mundo fueron conocidas como world music y new age. Mientras la primera (músicas del mundo) rescata instrumentos vernáculos y ritmos folclóricos de distintas latitudes, a menudo músicas muy exóticas, la segunda (nueva era) se orienta a la creación de música de atmósferas, ambiental, reflexiva e incluso terapéutica, a partir de teclados. La fusión étnica, entonces, agrupa ambas líneas y en Chile se ha desarrollado con fuerza y presencia desde los años ’80, a través del trabajo de compositores y agrupaciones que han descubierto en África, India, Medio Oriente, el mundo celta o el mundo mapuche sus inspiraciones.
Iniciado como baterista de grupos de rock, funk y jazz, Ignacio Rodríguez se convirtió a la música étnica tras descubrir el djembe en su primera juventud. Eso derivó en un profundo estudio de las raíces percusivas africanas, que pronto lo haría conectarse con timbres y significados del uso de instrumentos como el balafón, djun djun, udú, bargarabu, chequere y la kalimba. Poco después, Rodríguez fue atraido por los sonidos tibetanos, lo que además le significó ingresar en áreas de la música terapéutica. Su nueva habilidad para los diapasones, el gong y la tambora, se ha combinado con la ejecución del bombo legüero sudamericano, las semillas, el trompe y los metahues mapuches, la marimba centroamericana y el hang europeo, ese sonido metálico y melódico que lo llevó a editar en Barcelona su primer disco, Mandala (2008).
Con kultrún en mano y a viva voz, la figura simbólica de la ülkantufe —"la que hace el canto tradicional de la tierra", en una traducción aproximada desde el mapudungún— ha representado la historia de Elisa Avendaño Curaqueo. Mujer mapuche, cultora, investigadora y transmisora de diversas sabidurías de su pueblo desde la década de 1990, su trabajo silencioso aunque resonante llegó a conocerse en Europa y Latinoamérica antes que en Chile, y le valió el Premio Nacional de Música en 2022. El acontecimiento, entonces, fue un absoluto quiebre en la hoja de ruta de un galardón que por ese tiempo se debatía entre la música de tradición escrita y la música popular. Elisa Avendaño Curaqueo abrió así un nuevo borde, al poner a la vista la música de los pueblos originarios.
Cantante, autora, instrumentista y educadora de pedagogía Waldorf, desde ese ángulo Antonia Schmidt ha sostenido su propuesta creativa de una música para niños que supera el mero enfoque didáctico tradicional. En sus palabras, la suya es una "música para sentir". Desde esa perspectiva, ha compuesto canciones con temáticas sobre meditación y medioambiente, además de recopilación de cuentos, mitos y leyendas de Chile y Latinoamérica que presentó en sucesivos trabajos. En esa discografía destaca Música para la Tierra (2014), el álbum que la puso de lleno en el circuito de la música infantil.
Vinculado a la orden jesuita desde su juventud y ordenado sacerdote en 2007, Cristóbal Fones SJ se mueve entre una vida religiosa y su intensa actividad de creación musical. No solo ha publicado una serie de discos de cantautoría tradicional con temáticas pastorales, desde que su historia comenzó con Te contemplo en el mundo (1996), sino que también ha recorrido otros caminos en la composición, bien representados en Küme mongen (2017), un disco de piezas instrumentales que se mueve por la música étnica, de fusión y new age.
Héctor Eduardo Molina Fuenzalida, más conocido como Titín Molina, es un cantante y compositor dedicado al canto y a la raíz folclórica, trabajo que ha desarrollado en festivales, discos y programas en medios de comunicación. Iniciado en los años '80 a la par del movimiento del Canto Nuevo, condujo el espacio radial y de TV "Culturalia" y entre sus discos figura Mensajes de plata (2007), un álbum en el que aborda la música mapuche y donde incluye una versión de "Gracias a la vida", de Violeta Parra, en mapudungun y con arreglos electrónicos.
Con una larga residencia entre Estados Unidos y Alemania, Andrés Condon ha sido prácticamente un músico afuerino desde los años '90. Vinculado al sello de world music Mundovivo, Condon fue uno de los primeros guitarristas de explorar los sonidos y las narrativas de diversas culturas del planeta, en paralelo al trabajo de solistas como Alberto Cumplido, Antonio Restucci o Daniel Delgado, aunque menos académica o menos latinoamericanista según el caso. Una larga discografía refrenda su propuesta instrumental, lateralmente asociada a la música new age.
La bitácora de viaje del grupo Congreso mantendrá por siempre un espacio reservado a la figura de Ernesto Holman, el bajista eléctrico que introdujo sonoridades modernas y nuevas propuestas no sólo al interior de este conjunto quilpueíno, sino entre una amplia comunidad de músicos de fusión que siguieron sus pasos. Holman abrió las posibilidades expresivas del llamado bajo activo a un grupo de solistas en las décadas de 1980 y 1990, demostrando que su instrumento no necesariamente debía estar relegado a una sección rítmica. Holman ha sido, además, un pionero en la inspiración de la música mapuche y militante de la "resistencia ternaria", una defensa aguerrida de los ritmos de la tierra.
Krishna Sambandha es un elenco de cultores de la música clásica y devocional de la India, formado en 2007 por los músicos Sebastián Kauak (sitar), también integrante de formaciones del grupo Hindustani, y Diego Maldonado (mrdanga). La propuesta de música hindustani, a partir de las enseñanzas del maestro y pionero chileno Millapol Gajardo derivaron en un conocimiento profundo de la milenaria filosofía espiritual vaisnava, que ha conducido en paralelo la vida de los músicos de Krishna Sambhanda.
Carolina Lorca Gálvez es Carol Antonia, cantante y compositora vinculada a diversas músicas modernas de fusión, desde el flamenco, el klezmer y la música gitana, a la raíz del folclor chileno. Se formó vocalmente tanto en el Instituto Projazz como en la Escuela Moderna de Música, con la maestra de canto Lorena Pualuan, pero también cuenta con conocimientos de expresión corporal y teatro. Como cantante ha explorado en los repertorios del jazz y el blues desde 2013, aunque su trabajo más decisivo tuvo lugar La Piroluzka, agrupación de música circense, gitana y klezmer. En paralelo lideró el proyecto Água da Lua, que interpretaba repertorios de la música portuguesa, y ha integrado las agrupaciones del guitarrista de flamenco y jazz Alberto Alberto Faraggi. Su primer disco es Perfumes del alba (2019), en el que, desde una mirada contemporánea de las raíces, resignifica el rol de la cantora latinoamericana, en un álbum de nítida influencia de la música andaluza, además de la tonada, la cueca y el bolero.
Formado en su origen por jóvenes estudiantes de la U. Católica de Valparaíso, Ajayu se consolidó como ensamble acústico de fusiones diversas, que tomó su nombre de la imaginería del mundo aymara: Ajayu es "alma" o "espíritu", voz que vincula su propuesta con una sonoridad "cercana a lo inmaterial, a lo imaginable y a lo que es difícil de situar en un lugar", según describen sus integrantes. En una formación de septeto, o bien sexteto, Ajayu avanzó en ese camino, incoporando primeramente instrumentos de ese mundo andino, como la quena y el sikus, además de sonidos de una tradición clásica europa, como el chelo, el clarinete y la flauta traversa. Ello lo situó en una línea extendida de propuestas musicales de ensambles surgidos en los años '90, como Transiente en Valparaíso y Entrama en Santiago.
Concebido por la actriz franco chilena Celine Raymond y el músico Cristóbal Montes, Kali Mutsa es un proyecto musical de fusiones, a cuya génesis sonora acuden una multiplicidad de fuentes y estéticas: tradiciones gitanas y elementos de la imaginería sonora bollywoodense, junto con componentes electrónicos, influencias andinas, canciones con letras en romaní y un especial cuidado en la danza y la puesta en escena. Kali Mutsa es el nombre musical de la propia Raymond, mientras que Montes se presentó como Sandoje Catiri. En su relato, la historia de ficción se remonta a 1920, cuando Kali Mutsa nació en el Valle de Pachacuti, quedó huérfana de sus padres gitanos y fue criada por un cacique aymara. De ahí el encuentro de mundos representado en su música. Por su parte, Sandoje Catiri, un director de cine amazónico, descubre a esta joven bailarina del vientre y juntos emprenden su ruta. Muchos años después, Kali Mutsa renace en el cuerpo de la actriz y cantante Celine Reymond. En 2011 publicó su primer EP, titulado Ambrolina, que fue el ariete de Kali Mutsa en la escena de su época. En 2014 inició un trabajo con el productor y cineasta chileno holandés Erasmo de la Parra para desarrollar la idea del que sería el LP Souvenance. El enfoque musical se amplió desde la música balcánica y sus primeras influencias, a una propuesta que integraba sonidos sudamericanos e indios. Con el tiempo, Kali Mutsa se fue relacionando cada vez más como el nombre de la Raymond solista en desmedro del proyecto conjunto.
Cultor de lo que se ha denominado "astroarte", Claudio Recabarren Madrid es un pianista, organista y compositor que ha explorado la música en contacto estético y ético con el universo. Suya es la propuesta de un piano bajo un insondable océano de estrellas, programática puesta en escena que ha llevado a distintos observatorios astronómicos en Chile y a planetarios alrededor del mundo. Su obra alcanzó en 2020 un punto cúlmine con la obtención del primer premio en el Festival Fulldome de Jena, en Alemania, con la música para la película Piano under the stars.
Bajista, guitarrista y compositor de una música que transita por distintos territorios en el lenguaje amplio de la fusión, Marcelo Gallardo ha sido un nombre de los circuitos musicales de Valdivia, su ciudad natal y el espacio donde ha desarrollado su creación. También es conocido en los circuitos sureños, con presentaciones en Puerto Varas, Puerto Montt y Chiloé. Iniciado en el grupo Tribu y más tarde con colaboraciones junto a la cantante brasileña Mariana Benjamin, cuenta con obras conceptuales propias que toman elementos de la música latinoamericana, la world music en su amplio sentido y el jazz fusión. Sus álbumes son Retrospectiva musical del sur del mundo 1950-2009 (2009) y Encuentros cósmicos (2020).
Esteban Sumar es un guitarrista y compositor de jazz contemporáneo y de avanzada. Desde que llegó a Santiago proveniente de Boston en 2003, tomó posición en este espacio en una escena que estaba comenzando a delinearse a través de nuevos lenguajes y propuestas. Su obra tuvo una importante carga de música contemporánea, avant-garde e influencia del rock de grupos como Radiohead. Y su mirada a la guitarra lo acercó a aspectos de lo "pianístico", en términos de utilización de los recursos. Pero junto con la experiencia jazzística, Sumar también alcanzó otros espacios de la música, componiendo para ensambles de cámara, además de dirigir orquestas de música popular, producir discos, investigar la música mediterránea y desarrollar como solista el sonido del blues rock.
Inicinalmente un ensamble femenino de percusiones y cantos africanos, Mousso fue paulatinamente inclinándose hacia una propuesta musical sostenida no solo en esa cualidad femenina sino en el activismo de género y la disidencia. Mousso es una voz malinke, de las etnias mandingues de Africa Occidental, que singnifica «mujer». Desde esa posición marcó su entrada en una escena de mediados de los años '10, como núcleo de mujeres formadas en la Escuela Superior de Jazz. Sus primeros discos fueron Afro jazz (2018) y Raco (2021), con un carácter más próximo a las raíces latinoamericanas de la música.
Diversos géneros ha cubierto el bajista Jorge Herrera en las bandas de las que se ha hecho parte, y en las cuales acumuló experiencias de jazz y rock progresivo (Evolución), música cristiana (Vera Efigies), pop (Pie Plano) y música terapéutica (Arcturus). A partir de cursos sobre sanación y reiki, el compositor ha tendido un puente entre esas prácticas y la música, con varios discos para realizar terapias de energía y relajación.
Junto con Nicolás Vera (n. 1980) y Cristóbal Menares (n. 1979), Gabriel Feller integra una nueva tríada de guitarristas del jazz moderno iniciados en la década de 2000. Su presencia sonora, nivel técnico y capacidad de congeniar lenguajes de guitarra bop, swing, hot, blues, rock y funk lo han convertido además en un solista dúctil y demandado, aunque en un permanente plano de sobriedad y en una ruta de diversas colaboraciones que desembocó en 2008 en su primer quinteto personal. El que marcó la diferencia entre su antes y su después.
Detrás de la marca genérica de Fernando Flamenco está el músico iquiqueño Fernando Lavín Mercado, uno de los guitarristas más narrativos y expresivos en este género de música andaluza incorporada al contexto chileno, junto con otros solistas como Andrés Hernández, Claudio Villanueva o Francisco García. La primera estación de su recorrido individual se llamó Guitarra pura, disco que Fernando Flamenco editó como parte de la generación de artistas del Sello Azul de 2013.
Kalfu es una voz mapudungún que significa "azul", una palabra presente en la obra del poeta Elicura Chihuailaf, dada su jerarquía sagrada dentro de la cosmovisión del pueblo mapuche. Y Kalfu es el nombre de este conjunto de fusión latinoamericana que nació justamente tras el encuentro entre el autor mapuche y el profesor de música y compositor Jaime Herrera Andaur, quien fundó el grupo con sus hijos músicos para trabajar junto Chihuailaf en distintas obras. Esos trabajos consideran la obra sinfónico-coral "Cantata mapudungún" (2011), y una serie de musicalizaciones de sus poemas, que el grupo presentó en el disco Trawun = reunión (2017). La escencia del trabajo de Kalfu ha sido la puesta en relieve de la lengua originaria mapudungún, sus dimensiones poéticas y filosóficas, y sus alcances del uso en tiempos en que se le considera en vías de extinción.