Balada
Enamoramiento, encuentro, ruptura y despecho, las sucesivas fases de la relación de pareja, sostienen la temática esencial de esa canción llamada balada. Su intérprete, conocido como baladista, apuesta a una empatía cuya identificación masiva determinará su éxito o fracaso. Por eso en la balada son importantes la redundancia y el impacto melódico de un coro que se adhiera con facilidad al oído. Hacia los años ‘60 se desprendió de ramas urbanas como el bolero o el tango apostando a una categórica difusión radial y presencia en las listas de venta. En esa primera época utilizó el sonido de secciones de cuerdas en sus arreglos y más tarde cedió a las facilidades de los sintetizadores y guitarras. La balada exime a sus intérpretes de una obligación autoral, dejando la composición en manos de expertos mientras que del baladista se esperan otros atributos: que tenga una imagen recordable pues se trata de una estrella moderna de la canción, una capacidad vocal a la altura de los estribillos de ambición épica y una identidad pública que se acomode a los estereotipos del eterno enamorado. La expresión “balada romántica”, como se ve, es una redundancia.
Mapa musical
Cantautora moderna que se inspira en la raíz folclórica, Paula Herrera comenzó actuando con el pseudónimo de Amarantha para no ser confundida con la "hermana menor" de uno de sus padrinos musicales, Pablo Herrera. Pero al comenzar la década de 2010 recuperó su identidad, dejó atrás el pop y la balada de sus discos Sueño de vida (2008) y Once (2009), y tomó definitivamente el camino de la canción de autor expuesta en un álbum que marcaría ese quiebre decisivo: Verde y celeste (2011).
Novelista, biógrafo, redactor por encargo, guionista de teatro y cine, Desiderio Chere Arenas fue músico como uno más de sus múltiples oficios. Se mantuvo cercano a autores y conjuntos durante toda su vida (repartida entre Chile y el exilio en Francia), y consiguió que grupos tan importantes como Los Ángeles Negros y Quilapayún grabasen composiciones suyas.
Valentina Sepúlveda inició una década triunfal entre las cantantes chilenas que participaron entonces en la competencia folclórica del Festival de Viña del Mar. A los 19 años, en 2011, la sureña se adjudicó la Gaviota de Plata con la canción "De Pascua Lama", del autor Patricio Manns, a quien ella había conocido como integrante del jurado de otro festival local de la canción que también ganó. Lebulense de nacimiento y penquista por adopción, su nombre ha sido frecuente desde entonces en diversos escenarios del Biobío, donde desarrolló su oficio como solista y también con bandas de apoyo.
Las canciones de Óscar Andrade han rozado varios géneros y modas, pero nunca se amoldaron a una de ellas en específico. Su obra se encontró en sucesivos momentos con el Canto Nuevo, la trova y el pop, y experimentó un cambio significativo durante los catorce años de trabajo y estudios del cantautor en Alemania. Antes de cumplir los 20 años de edad, Andrade ya había levantado al menos dos hits imperecederos ("Noticiero crónico" y "La tregua"), y ha sido inevitable que el resto de su trayectoria se compare siempre con esas cumbres de popularidad de los años ochenta. Aunque breve, su discografía acumula composiciones asociables a la balada pero también de provocadora observación social, impuesta en televisión y radios incluso en tiempos en que tal opción constituía un riesgoso desafío político.
Compositor, productor y cantante, Juan Carlos Duque ha sido un nombre recurrente en circuitos de la música popular chilena, aunque desde veredas muy diversas, incluso contrastantes. Como voz del grupo Miel, en los años '70, se desenvolvió en espacios pioneros asociables al rock progresivo. Destacó más tarde como baladista solo, y en la calidad de tal impuso las magníficas "Promesas" (1979) y "Ausencias" (1982) en la competencia internacional del Festival de Viña. Como productor pop ha estado a cargo de populares grabaciones de vocación radial, y hits como "Para que no se muera este amor" (Ariztía), "Quiero saber" (Myriam Hernández) y "Tal vez me estoy enamorando" (Nicole) llevan su nombre en los créditos autorales.
Desde los años '80, Silvia Lobo ha sido una de las voces más activas y con mayor experiencia internacional, indistintamente en los territorios de la bossa nova, la canción francesa y los standards de la era del swing, tres líneas que la definieron tempranamente como cultura de una genuina canción melódica. Su trabajo de recuperación del repertorio brasileño se adelantó veinte años a los tiempos de proliferación de intérpretes en este campo.
El cantante pop Giovanni Enrico Falchetti Aramayo fue el único que sacó provecho real en el intento de TVN por conseguir presencia durante la fiebre inicial de los reality shows. Mientras Canal 13 obtuvo dividendos fugaces con Catalina Bono y Ximena Abarca, y Mega se jugó con Mónica Rodríguez o César Avila, el primero y único concurso de talentos de la estación estatal de esta naturaleza (“Tocando las estrellas”) no encontró a su futuro animador como estaba previsto, pero sí lanzó al cantante de ascendencia italiana a una figuración masiva.
A los once años Paz Binimelis sorprendió al público como una nueva niña cantante al ganar en 2014 el concurso televisivo "Superestrellas", de Chilevisión, y convertirse en otra nóvel figura del canto. Así completó una cadena de talentos vocales surgida desde los estudios de televisión, con nombres anteriores como María José Quintanilla, Camila Silva y Camila Gallardo. Entre sus habituales presentaciones, como la Teletón de 2014, ingresó al Conservatorio de la Universidad de Chile para estudiar composición. En el verano de 2017 cantó en la obertura del Festival de Viña, dedicada al centenario de Violeta Parra, con figuras como Isabel Parra, Claudia Acuña y Consuelo Schuster, y en la primavera de ese mismo año presentó su primer disco, un EP de cinco canciones melódicas, titulado Posible.
La música fue inspiración familiar en el caso de Jaime Atria Rosselot, cantautor solista, productor, compositor e integrante de varios grupos; hijo del famoso autor de "La consentida" y "Noche callada", Jaime Atria. Festivales de la canción estudiantil fueron su espacio más prolífico de difusión durante los años setenta, aunque han sido voces ajenas las que más han dado a conocer sus composiciones. Gente como Alberto Plaza, Magdalena Matthey, Eduardo Gatti, Juan Carlos Duque, Gloria Simonetti, Pedro Messone y Osvaldo Díaz han grabado canciones suyas.
Catalina Bono es considerada la primera figura que llegó al disco en la era de la telerrealidad, parte de una fiebre de estrellas pop fabricadas en los sets televisivos. En 2003, la viñamarina no sólo triunfó en la competencia de extraños talentos en formato de reality-show ("Protagonistas de la fama"), sino que en menos de tres meses pasó de ser una muchacha cualquiera a una figura nacional vinculada a la música popular, con su álbum Catalina Bono (2003), editado por Warner.
Go es Gonzalo Astaburuaga, voz masculina del R&B chileno que apareció tras los tiempos de dominación de Pedro Foncea como solista. Es parte representativa de una comunidad pequeña y joven que tuvo sus primeros destellos desde el funk-rock de Los Tetas y Chancho en Piedra a mitad de los ’90 pero que más tarde encontró otras delicadezas en la música de orientación negra. Con el disco Diamante Romeo (2005), Go marcó su primer éxito en el pop como cultor de la balada romántica R&B.
Baladista, cantante pop, integrante original del grupo Sum, y con incursiones en la música urbana, la cumbia y el reguetón como solista, Lucía Covarrubias fue ganadora de la Gaviota en la competencia internacional del Festival de Viña del Mar de 2016, con la canción "Te quiero", que presentó junto a su hermano, Cristián Covarrubias. Fue una antesala a la publicación de su primer disco, que incluyó la canción "¿A quién no le gusta el reggaetón?", una defensa del estilo en boga durante esa década y un ensayo de ritmo y texto.
La baladista mendocina Eugenia Valdatara, conocida a través de las pantallas como Euge, no logró llegar a las intancias finales del reality show de Mega "Operación triunfo". Pero sí alcanzó algo de presencia televisiva después de la competencia, principalmente por su vinculación a Julio Rivera (simplemente Julio) y su paso por el programa juvenil "Mekano". Instalada en Chile desde los 15 años y titulada de psicopedagoga, en 2003 se presentó a los castings del programa que buscaba encontrar nuevas voces para el pop. Ella ya había decidido convertirse en cantante y entonces estudiaba en la academia de Luis Jara. Valdatara llegó sólo en el sexto lugar del certamen que ganaron Mónica Rodríguez, César Ávila y Nicole Andreu, con su derecho a un disco editado por Universal. No echó pie atrás y autoprodujo un álbum de carácter pop-rock tras su regreso a los escenarios en 2006. El álbum fue producido por René Calderón hijo (que trabajó con Douglas y Leandro Martínez), quedó en compás de espera y fue titulado Reina por un día.
Daniela Aleuy fue, junto a María Ela, la última figura en la era del TV pop antes de la irrupción de los reality shows y concursos de talentos con sus figuras mediáticas en distintas estaciones, como Ximena Abarca, Mónica Rodríguez o María José Quintanilla. Aleuy y su compañera cantaron en el coro del programa "Pase lo que pase" y desde allí instalaron sus nombres como cantantes solistas. En 2001 llegó a representar a Chile en el Festival de Viña y terminó convertida en popular figura, aunque por corto tiempo.
Una canción romántica titulada "Vuelves" le dio a Magaly Ortúzar su primera visibilidad en la industria del entretenimiento y el espectáculo. La pieza apareció en 2013 como parte del cancionero de la existosa teleserie "Las Vegas", de Canal 13, hecho que marcó también el futuro inmediato de la cantautora pop, ya convertida en Mäga, en el inicio de una experiencia solista que tendría su siguiente hito con el disco Para viajar... (2014).
La experiencia de Vanessa Aguilera en el campo de la industria del entretenimeinto se inició muy temprano en su biografía, y en los frentes del canto y la actuación de manera paralela. Es recordada por su participación en la serie televisiva infantil y juvenil "Bakán", de Mega, a la que se sumó en 2004 en su rol de Claudia López, cuando tenía quince años. Ello le significó de paso una importante exposición ante las audiencias juveniles como parte del grupo de teen pop BKN, con el que grabó los discos BKN (2004), La amistad sigue creciendo (2005) y BKN, la banda (2007). Ese año dejó el elenco.
La ganadora de la primera generación del programa televisivo "Rojo, fama contrafama" fue, en el año 2003, María Jimena Pereyra. El triunfo la llevó a convertirse en punta de lanza del fenómeno mediático y discográfico que generó ese espacio de TVN. Junto a ella, Leandro Martínez, María José Quintanilla, Daniela Castillo y otros jóvenes intérpretes saltaron del anonimato al estrellato en pocos meses, convirtiéndose en artistas súperventas que fueron acogidos con entusiasmo por una industria en crisis. Tras tres discos, a fines del 2006 salió del programa, y aunque nunca se ha desligado e la televisión -ha sido conductora o panelista en varios espacios- nunca ha dejado de presentarse en vivo y de editar discos.
“Mira cómo se mueve” se llama el tema que la cantante Lucy Helena puso en las radios hacia 2008. El ritmo y el sabor latino empuja ese single y también es una de las marcas de esta figura del popular sello disquero Caribe Records, que apostó por ella y la ubicó entre un nuevo cuerpo de cantantes de su época que apelaron a una marcada sensualidad femenina en el escenario y musicalmente combinaron la balada romántica, el pop latino y el sabor tropical, Laura Serrano, Katherine Muñoz o Tamy Sessarego.
Desde los mejores tiempos de Luis Jara como figura romántica que no estallaba en popularidad un baladista tan demandado por el gran público. A Mario Guerrero le bastaron sólo meses de exposición ante las cámaras para demostrar que su calidad vocal y magnetismo como figura pop podían superar el contexto de alta competitividad en que estaba inmerso en el concurso televisivo “Rojo, fama contrafama”. Aún después del período de mayor presencia de ese programa, Guerrero continuó con una sostenida carrera discográfica de la mano de la masividad.
No son muchos los dúos que en la historia de la música popular chilena consiguieran tanto el éxito como para traspasar con buenas posibilidades las fronteras. Tal vez Sonia y Myriam sea el único antecedente importante hasta la aparición de La Sociedad, la dupla formada por Daniel Guerrero y Pablo Castro que logró imponer en los años noventa la canción romántica con notable respuesta del público, marcando incluso clásicos radiales, como "Nada quedará". Su historia tuvo episodios internacionales, hasta que al comienzo de los 2000 terminó, y sus dos integrantes iniciaron disímiles carreras en la composición, la producción y el trabajo solista. El 2012 anunciaron una serie de presentaciones en vivo, inaugurando una segunda etapa en la historia de La Sociedad, la que se extendió por cuatro años.