Balada

Enamoramiento, encuentro, ruptura y despecho, las sucesivas fases de la relación de pareja, sostienen la temática esencial de esa canción llamada balada. Su intérprete, conocido como baladista, apuesta a una empatía cuya identificación masiva determinará su éxito o fracaso. Por eso en la balada son importantes la redundancia y el impacto melódico de un coro que se adhiera con facilidad al oído. Hacia los años ‘60 se desprendió de ramas urbanas como el bolero o el tango apostando a una categórica difusión radial y presencia en las listas de venta. En esa primera época utilizó el sonido de secciones de cuerdas en sus arreglos y más tarde cedió a las facilidades de los sintetizadores y guitarras. La balada exime a sus intérpretes de una obligación autoral, dejando la composición en manos de expertos mientras que del baladista se esperan otros atributos: que tenga una imagen recordable pues se trata de una estrella moderna de la canción, una capacidad vocal a la altura de los estribillos de ambición épica y una identidad pública que se acomode a los estereotipos del eterno enamorado. La expresión “balada romántica”, como se ve, es una redundancia.

Mapa musical

Constanza Despouy

Evidentes habilidades técnicas en la aproximación a la balada R&B hacen de Constanza Despouy una de las voces fuertes en el arranque de la década de 2010, como la más joven de una partida de solistas afines como Loretto Canales, Carolina Plaza, Martina Lecaros o K-réena. Su disco Atrévete (2010) dio estas señales con canciones como “Di lo que sientes”, “Volver a verte” y “Déjame ir”. Despouy fue alumna de canto popular en la Universidad de Chile y tuvo un paso previo en la escuela de Myriam Hernández, pero se consolidó técnicamente en Projazz, como discípula de Ana María Meza. En 2008 dio sus muestras de manejo de la canción R&B, soul y funk al ganar un festival de voces en Ñuñoa con “Respect”, clásico de Aretha Franklin y al año siguiente inició su trabajo junto a Carlos Corales en la producción de su disco debut.

Vito Rodríguez

Víctor Rodríguez es un cantante que va y viene desde la balada tradicional y la denominada "canción cebolla". De ambas escuelas recoge elementos que imprime en sus creaciones e interpretaciones. Nacido en Vallenar, ya durante la preadolescencia comenzó a escribir sus primeras canciones. Se inició en la música como Víctor, nombre con el que en 2011 publicó el álbum El amor simplemente, con producción y arreglos de René Calderón. Más tarde, como Vito Rodríguez, este publicó el álbum Generaciones, donde realizó dúos junto a voces de diversas épocas, como el astro Luis Alberto Martínez, además de Jorge Rigó, Cristóbal, Pancho Puelma, Alexis Venegas y Bastián Herrera. Este trabajo llegó a estar nominado a los premio Pulsar en 2019.

Trinidad Alliende

Con un pasado como modelo, que incluso la llevó a participar como candidata en el concurso de belleza Miss Chile en 2002, Trinidad Alliende se convirtió luego en cantante pop y autora de canciones de corte romántico. Además, mientras estudiaba canto en Valdivia descubrió el paisajismo como una profesión paralela.

Bernardita Henríquez

Una alternativa a la balada romántica que mostró Ximena Abarca, tuvo a Bernardita Henríquez Mandiola como propuesta paralela. Mientras la ganadora del reality show "Protagonistas de la música" iba tras la huella de la canción latina de Myriam Hernández o de cantantes mexicanas, Bernardita (Berni, para el público que siguió por TV el concurso en 2003), manifestó una estrecha aproximación a las escuelas de balada española de Paloma San Basilio y Rocío Jurado, y la italiana de Ricardo Cocciante.

Pablo Castro

Baladista, compositor y autor, Pablo Castro es uno de los nombres que renovaron la canción romántica en los años '90, al formar junto a Daniel Guerrero el dúo de balada pop La Sociedad, que tuvo su primera edad durante esa década, consechando gran popularidad entre el público. Castro también fue además un protagónico actor en la producción de artistas en este campo, como Johanna Rezzio, Santos Chávez, Buddy Richard, Douglas y Luis Jara, entre otros. A través de la Editorial Warner Chappel, ha puestos sus canciones en discos de muchos nombres latinos: Los hondureños Banda Blanca, los mexicanos Cuisillos o Los Tigres del Norte, con quienes tiene varias canciones. El año 2003 tuvo una incursión solista con el disco Pablo Castro, cuyos sencillos "Solamente" y "Demasiado dolor" alcanzaron una significativa difusión. Desde entonces su oficio de compositor es el principal de la ex mitad de La Sociedad.

Rodrigo Maureira

Cantautor romántico y en cierta medida continuador de la línea que han marcado solistas como Pablo Herrera, Alexis Venegas o Marco Andreu, que mezclan la trova con la balada. Con un pasado como integrante de conjuntos de música andina, estudios preliminares de guitarra clásica y luego de composición, Rodrigo Maureira es, además, profesor de música. Se inició en la cantautoría con una primera serie de melodías que llevó al disco Memoria viva (2012). Más tarde tomaría el cancionero de Víctor Jara para una observación propia en Deja la vida volar (2013), con el que llegó a ser nominado al premio Altazor de 2014 en la categoría Álbum urbano.

Luis 'Chino' Urquidi

Pese a nunca haber recibido instrucción formal como músico, Luis Chino Urquidi se hizo cargo de al menos dos de los más exitosos proyectos de canción popular desarrollados en Chile a partir de los años sesenta. Como fundador de Los Cuatro Cuartos y Los Bric-a-Brac, Urquidi destacó como un talentoso arreglador y pianista, hábil en la armonización de voces y en la elección de un repertorio que fue a la vez masivo y propositivo. Su aporte fue fundamental para el desarrollo de música a nivel popular capaz de ser, también, rigurosa en las armonías. Su inicial interés por el jazz derivó con los años en su investigación del folclor y el pop. Sus socios artísticos incluyeron a gente como Pedro Messone, Las Cuatro Brujas y Los Hermanos Zabaleta.

Pablo Bravo

Perteneciente a la generación joven de cantantes del "Ranking juvenil" de "Sábados Gigantes", Pablo Bravo es el solista que no siguió en la industria pop una vez que obtuvo el concurso televisivo, superando a Luis Jara, Myriam Hernández, Soledad Guerrero e Irene Llano, entre otros. Ganó una antorcha de plata en el Festival de Viña del Mar de 1986 junto a sus compañeros de ese espacio televisivo. Falleció tempranamente, en diciembre de 2009.

Paula Batarce

El Café del Cerro Castillo de Viña del Mar fue el punto de partida y consolidación para la cantautora Paula Batarce, quien estableció allí su refugio personal con presentaciones que no sólo se convirtieron en uno de sus discos más íntimos (Paula Batarce en el Café del Cerro Castillo, 2002): también convirtieron a Paula Batarce en una artista porteña sin ser fundacionalmente porteña. Dos décadas de estada en el eje Valparaíso-Viña-Concón dejaron atrás su origen talquino y su paso por la capital, y desde ahí la proyectaron como una de las voces del puerto en la década de 2000.

Katherine Orellana

La "morenaza de Rancagua" navegó contra la corriente del programa "Rojo, fama contrafama" de TVN. No sólo porque el mercadeo de la imagen privilegió figuras delineadas, caras bonitas y actitud sexy (Daniela Castillo, Monserrat Bustamante), sino porque los primeros lugares del concurso los obtendrían los voces afines a la balada (María Jimena Pereyra, Mario Guerrero). Katherine Orellana no era ni uno ni lo otro. Sus aptitudes escénicas estaban en una presencia vocal sobresaliente y en las canciones orientadas al soul. Así fue como se diferenció del resto, como logró restablecerse tras una eliminación prematura en esa competencia  y como llegó a grabar sus discos En ella (2004) y Sigo viva (2005).

Óscar 'Lolo' Peña

Lolo Peña es un personaje pionero en la farándula televisiva, y probablemente el primero en pasar desde esa vereda al oficio musical. Rostro del popular programa juvenil de los años 70, Música Libre, interpretó un pequeño hit en 1972, "Mini Lola", que sonó en radios e ingresó en rankings. En lo sucesivo, su carrera musical se hizo sobre todo fuera de Chile  y muchas veces se vio superada por sus actividades de promotor, productor y personaje televisivo. Recién el año 2013 debutó discográficamente en Chile, demostrando que, aunque nadie lo identifique como un músico, Lolo Peña también tiene una carrera como cantante.

Rachel

Fue un éxito radial y de ventas llamado “Que estemos juntos los dos”, el que catapultó a la cantante chileno-australiana Rachel al tope de los rankings en 1999 y la convirtió en figura mediática incluso en España, donde su álbum Rachel (1998) superó las 50 mil copias vendidas. Raquel Susana Delgado, su verdadero nombre, consiguió un status de estrella en Europa, cantó mucho pop y jazz en Australia, pero nunca logró obtener una categoría similar en Chile.

Eugenia Valdatara

La baladista mendocina Eugenia Valdatara, conocida a través de las pantallas como Euge, no logró llegar a las intancias finales del reality show de Mega "Operación triunfo". Pero sí alcanzó algo de presencia televisiva después de la competencia, principalmente por su vinculación a Julio Rivera (simplemente Julio) y su paso por el programa juvenil "Mekano". Instalada en Chile desde los 15 años y titulada de psicopedagoga, en 2003 se presentó a los castings del programa que buscaba encontrar nuevas voces para el pop. Ella ya había decidido convertirse en cantante y entonces estudiaba en la academia de Luis Jara. Valdatara llegó sólo en el sexto lugar del certamen que ganaron Mónica Rodríguez, César Ávila y Nicole Andreu, con su derecho a un disco editado por Universal. No echó pie atrás y autoprodujo un álbum de carácter pop-rock tras su regreso a los escenarios en 2006. El álbum fue producido por René Calderón hijo (que trabajó con Douglas y Leandro Martínez), quedó en compás de espera y fue titulado Reina por un día.

Sergio Lillo

Un muy inusual giro musical muestra la carrera de Sergio Lillo, un cantante iniciado dentro del auge del Neofolklore, y que integró dos de los más importantes grupos de ese género: Los Cuatro Cuartos y Los Solitarios (este último, con Willy Bascuñán). Sin embargo, fue el pop y la música de raíz tropical la que fue atrayendo cada vez más a Lillo una vez que se alejó del trabajo colectivo, y su carrera solista durante los años ’80 (inevitablemente asociada a los recuerdos de “Sábados Gigantes”) fue la de un baladista de pulso ágil y comodidad ante las cámaras de TV. Para muchos, trascendió sobre todo su apodo: "El ciclón del Caribe". En 1992 se retiró de la música por más de una década, hasta que en la década del 2010 regresó a grabar canciones y presentarse en vivo.

Soledad Guerrero

Voz, nombre y figura validada y reconocida en los ’80 como parte del recordado “Ranking juvenil”, Soledad Guerrero es probablemente la única autora y cantante promovida desde ese set de “Sábados gigantes”, junto con otras voces que alcanzaron cotas de diversa altura en el pop posterior: Myriam Hernández, Luis Jara, Irene Llano o Andrea Labarca, entre otros. Además de establecer su sello en la música de la industria publicitaria, Soledad Guerrero ha escrito y grabado sus propias canciones a lo largo de varios discos.