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Alain Johannes

Tal como una escena musical puede acoger como locales a extranjeros asentados en un determinado momento en el país (le sucedió en Chile a cantantes tan diferentes entre sí como José Bohr, Lucho Barrios y Gervasio, por ejemplo), existen aquellos músicos de proyección internacional cuyo vínculo con nuestro país es apenas la línea de inicio de su biografía, casi como una casualidad o un muy breve cruce de circunstancias. Es el caso de Alain Johannes, nacido en Santiago pero criado y educado entre Europa y Estados Unidos, y cuyo desarrollo como guitarrista, baterista, cantante y compositor—relevante incluso para los altos estándares del rock californiano— se dio muy lejos del circuito de espectáculos local. El músico se ha vuelto sin embargo en los últimos años un nombre cada vez más cercano a Chile, en parte por el cariño y admiración de la audiencia hacia su trayectoria, y en parte por su propio interés en mantener de algún modo ese vínculo biográfico. Además de sus álbumes solista, Johannes ha mantenido diversas bandas a lo largo de su vida (la más importante de ellas, Eleven) y ha colaborado como instrumentista y productor con nombres de prestigio mundial: Dave Grohl, Chris Cornell, Queens of the Stone Age, PJ Harvey y Arctic Monkeys, entre otros.

Lautaro Quevedo

Lautaro Quevedo es uno de los pianistas de jazz más relevantes de una historia que transcurre desde la década de 1990 a la de 2000, donde se consolidó como solista y compositor, tras haber actuado como músico en muchos frentes y estilos hasta iniciar una búsqueda de su propia voz. En esos inicios llegó a ser conocido como "el sideman de Chile". Fue músico de pianos eléctricos en una serie de proyectos de jazz fusión de la época, aunque luego ese desempeño quedaría desplazado por su trabajo como líder de conjuntos acústicos, donde mostró su categoría como un músico pensante, sofisticado y altamente preparado. Lautaro Quevedo fue así otro cultor del llamado "piano trío", junto a nombres que integran esa generación de pianistas: Carlos Silva, Gonzalo Palma, Felipe Riveros y Mario Feito.

Sebastián Santa María

«Uno sale… completamente irresponsable. Es una etapa de la vida… de locura, en la que uno te manejas solamente con sueños», recuerda Sebastián Santa María en un registro de archivo de una entrevista suya en el programa televisivo "Más Música". Se refiere así a su partida a Europa a los 17 años, motivado por la idea —incierta todavía— de que podría allí desarrollarse como músico. Se trató, en su caso, de una irresponsabilidad bendita, que al poco tiempo lo tenía trabajando en sus condiciones soñadas en cuanto a colaboraciones, lecciones y libertad creativa. Aunque Santa María está en la memoria masivo por un single pop de gran difusión radial en 1987, "Keep on singing", su trayectoria lo ubica como una figura de peso en terrenos de exploración jazz-rock, y exigente autoría y coordinación de equipos. Su formación musical sobre el piano no le impidió luego mostrarse también como cantante y productor. Fue valorado como tal entre figuras de relieve internacional, todas las cuales lamentaron públicamente su muerte temprana, a los 37 años de edad.

Alejandro Gaete

A lo largo de tres décadas, Alejandro Gaete ha sido un versátil músico de la industria local. Fue guitarrista de pop, rock, fusión y jazz, integrante de orquestas televisivas, sesionista en vivo y estudio, arreglador y productor musical y autor de canciones festivaleras. Su vida como músico solista se inició entrados los años 2000, con la edición en discos de sus canciones y temas instrumentales.

Osvaldo Torres

Compositor, intérprete e investigador, Osvaldo Torres fue uno de los miembros fundadores de Illapu, a quienes acompañó por siete años, y luego ha desarrollado su trabajo musical solista principalmente en Francia, aunque siempre fiel a la identidad cultural de su lugar de origen. Ha dedicado la vida a la poesía, la música y el estudio de la historia, tradiciones y vida de la cultura nortina de Chile. Su discografía combina trabajos solistas y colaboraciones (Horacio Durán, Claudio Pájaro Araya, Quilapayún, entre otros), y ha trabajado además con los conjuntos Quilmay y Karumanta.

Pedro Rodríguez

Pedro Rodríguez es uno de los mayores nombres de la guitarra eléctrica desde los tiempos de la transición, un referente entre la generación de jazzistas de los años '90 y uno de los fundadores y líderes del grupo de blues rock La Banda del Capitán Corneta, que bien representó esa época. Su profundo conocimiento de la música, sus estudios en Estados Unidos y Alemania, y su habitual despliegue como solista en terrenos del blues, el rock y sobre todo el jazz le han dado jerarquía en el mapa de la música popular. Rodríguez forma parte de una tríada de guitarristas de esos tiempos, junto a Álvaro Bello y Ángel Parra , el más popular de ellos.

Andrés Condon

Con una larga residencia entre Estados Unidos y Alemania, Andrés Condon ha sido prácticamente un músico afuerino desde los años '90. Vinculado al sello de world music Mundovivo, Condon fue uno de los primeros guitarristas de explorar los sonidos y las narrativas de diversas culturas del planeta, en paralelo al trabajo de solistas como Alberto Cumplido, Antonio Restucci o Daniel Delgado, aunque menos académica o menos latinoamericanista según el caso. Una larga discografía refrenda su propuesta instrumental, lateralmente asociada a la música new age.

Juan Cristóbal Meza

Pianista, compositor y productor, Juan Cristóbal Meza ha sido especialmente autor de música para cine. Inició este recorrido musical con material para teatro, documentales y cortometrajes independientes en los años '80, pero sobre todo se consolidó como autor de bandas sonoras en las décadas de 2000 y 2010. Así escribió partituras para una serie de películas chilenas mayores, algunas de ellas superproducciones como Fuga (2006). La música de Juan Cristóbal Meza se puede apreciar también en cintas como Dawson, Isla 10 (2009), Teresa (2009), Patagonia de los sueños (2013), Neruda (2014) y Pacto de fuga (2020).

Ángel Parra Orrego

Como integrante del árbol genealógico más trascendental en la música popular chilena, Ángel Parra, hijo de Ángel Cereceda Parra, estableció su vínculo definitivo con la música a través del jazz, alternando su paso también por los territorios del pop, el rock y la música de raíz folclórica. A partir de 1991 se convirtió en un referente de la guitarra eléctrica, como virtuoso y como parte del eje central entre los solistas de la historia de la música moderna. Sus únicos discos monográficos, sin embargo, fueron relecturas de la obra de su abuela Violeta Parra, a quien homenajeó en 2017, año de su centenario, con la revisión del fundamental cancionero contenido en el disco Las últimas composiciones (1966).

Agrupación Ciudadanos

Rock y experimentos sónicos abiertos por completo a nuevas vías de composición guió la historia de Agrupación Ciudadanos, posiblemente la banda de mayor persistencia en la improvisación libre desde los tiempos en que Los Jaivas la convirtieron en marca de sus inicios en Viña del Mar.En algún punto de 1983 Juan Carlos Contreras habilitó una sala de ensayo en el altillo de su vivienda de calle Concha y Toro 30 B. Ahí se congregó una gran cantidad de músicos de diversos estilos y ensayaron ahí bandas pioneras del punk chileno como Pinochet Boys, Dadá y Los Jorobados.

Patricio Aravena

Desde diversos ángulos musicales, Patricio Aravena fue uno de los más grandes exponentes del bajo eléctrico y uno de los primeros en el uso del modelo destrastado durante la era de la fusión que se consolidó en la década de 1980. Su música tanto como solista como acompañante ha descifrado claves de esos mestizajes, desde el rock a la música latinoamericana y desde el jazz al funk. Aravena comparte simulitudes musicales y generacionales con bajistas de fusión como Isidro Alfaro, Jorge Campos o Marcelo Aedo, todos descendientes del pionero Ernesto Holman, que fue, por cierto, su primer y único maestro.

Los Chuchos

El Mercado Cardonal ha sido el escenario central en la historia de Los Chuchos —también llamados Los Chuchos de Valparaíso—, conjunto de bolero cantinero y vals peruano que en Valparaíso utilizó el formato de las dos guitarras, voces y percusión. Desde la década de los años '80 recorrieron espacios de los bajos fondos, calles, plazas, antros, boliches y mercados, con canciones de la tradición orillera que los llevaron a ser reconocidos como cultores medulares en la Bohemia Tradicional de Valparaíso. Dos de sus más reconocidos, populares y emblemáticos músicos fueron Geraldo López (el Mariposa), y el fino requintista Alejandro Silva (el Chico Neco), fallecidos como leyendas en el puerto en 2016 y 2018, respectivamente.

María Ester Grebe

Musicología y antropología son las especialidades en que desarrolló su trabajo María Ester Grebe, fundamental investigadora y profesora que dedicó su carrera al estudio de diversas culturas originarias y que realizó un trabajo cuantioso de recopilación en terreno, fuente de un archivo de registros sonoros que abarca desde pueblos del altiplano hasta etnias australes.

Sebastián 'Tan' Levine

Pocos músicos chilenos pueden jactarse de haber pasado por más bandas durante los años ochenta que Sebastián Levine. Pinochet Boys, Electrodomésticos y Supersordo fueron algunos de los nombres que ocuparon a Levine durante algo así como una década, antes de que decidiera una partida del país que, con intermitencias, ya se extiende por más de dos décadas. La búsqueda de una vida creativa y nómade marca la biografía de este percusionista chileno, en los créditos de numerosos discos.

Compañero de Viajes

Surgido en un contexto universitario y durante pleno período dictatorial, el grupo Compañero de Viajes articuló códigos rockeros con compromiso político y rechazo a los circuitos oficiales de difusión. En pleno "boom pop" de los años '80, cuando los sellos no parecían especialmente selectivos ni exigentes con sus contrataciones, la banda mantuvo una férrea ética interna que, por ejemplo, los hizo negarse a entrar a un estudio de grabación. Cuando lo hicieron comenzó su agonía, que los llevó a su muerte pocos meses después.

Lautaro Manquilef

Investigador, intérprete y divulgador de la cultura mapuche, Lautaro Manquilef dedicó gran parte de su vida a la labor en torno a ese pueblo, aunque su trayecto musical se cruzó también con otras ramas del canto. Decía que dar a conocer los fundamentos de la cultura mapuche era «sostener nuestra raíz formadora de la identidad del ser chileno». En ese esfuerzo grabó discos, compuso canciones, fundó conjuntos, dictó charlas y recorrió infinidad de colegios de nuestro país.

Sol Domínguez

La cantante de Sol y Medianoche es mucho más que la voz característica de ese grupo, con el que se hizo conocida en el circuito rockero a comienzos de la década de los años ochenta. Antes y después de integrar la banda, María Soledad Domínguez —más conocida como Sol Domínguez— ha tenido una trayectoria como cantante y solista que mantiene en paralelo a su trabajo grupal.

Muza

La música de la cantante y compositora Sol Aravena es tan sutil como su seudónimo. Muza fusiona letras sobre misticismo, amor y el paso del tiempo con sonidos acústicos, registros tomados de la naturaleza (lluvia, oleaje marino u hojas que se arrastran por el pavimento) y suaves bases electrónicas. Su estilo es la síntesis a la que ha llegado tras su paso por el grupo de new age Equs y el dúo de pop electrónico Sol Azul. Su línea expresiva y su incamuflable sensibilidad femenina al componer la emparentan con otras cantautoras como Rosario Mena y Yael Meyer.

María Paz Santibáñez

El tránsito entre Chile y Francia ha marcado la trayectoria de María Paz Santibáñez, una pianista que ha tocado en las principales salas del país, ha desarrollado una carrera internacional como concertista y ha grabado discos en los que autores europeos se encuentran con compositores chilenos. Habiendo sufrido la violencia de la dictadura militar en los años 80, su trabajo también ha tenido un foco en la promoción de los derechos humanos y un concepto que ella ha definido como “memoria y futuro”.

Alejandro Espinosa

Como el heredero directo de Orlando Avendaño en la batería, Alejandro Espinosa pasó a ser un referente obligatorio en el jazz chileno desde fines de los '70. Primero como músico moderno en su Concepción natal y luego como uno de los grandes difusores del jazz, a través de su trabajo en radio, la creación de festivales internacionales y la figura del anfitrión para prácticamente todos los jazzistas extranjeros que tocaron en nuestro país.