El capitalino colegio San Ignacio fue, en 1965, cuna de Los Trapos, una de las primeras bandas en Chile en manejar códigos de rock y glam, si bien nunca logró hacer coincidir su a veces atrevido trabajo con las más conservadoras preferencias del gran público. Como a muchos otros conjuntos de esa época, los ocupó por años la interpretación de covers (con lecturas para éxitos de Led Zeppelin, Grand Funk y Jimi Hendrix), hasta que la natural inquietud creativa llevó a sus miembros componer canciones propias. Sólo cuatro discos-single quedan como grabaciones para conocer hoy su trabajo, que algunos destacan por haber lanzado a la exposición pública al cantautor pop Eduardo Valenzuela.
Vocalista y principal autor de canciones para la banda Engrupo, Andrés Vargas fue, a mediados de los años 80, lo más cercano que tuvo la escena de pop chileno a un ídolo adolescente. Rasgos estilizados y una rubia displiscencia sobre el escenario cosecharon clubes de fans y una enorme cobertura para la actividad de su banda, a la que había llegado en sus año escolares como un músico autodidacta pero de muy convencida vocación. Tras el fin de su grupo, Vargas persistió de manera intermitente en la música, aunque ya instalado como profesional en Madrid, España. Un único disco solista quedó como registro de esa etapa.
Parvularia en su origen, autora de libros para leer, pintar y cantar para niños y luego incluso conductora de programas televisivos infantiles, Patricia Holman Grossi fue transformándose cada vez más en educadora a través de la música y las canciones didácticas. Sobre todo tras el proyecto que en 1999 realizó junto a la sicopedagoga y premio nacional de Educación Mabel Condemarín, titulado "Juguemos a leer", que se convertiría prontamente en la amplia colección Canciones de todos los niños. Fue el punto de inicio para una sostenida creación musical dedicada a la edad preescolar.
Saxofonista tenor norteamericano que inscribió su nombre entre los nuevos y muy destacados solistas de la década de 2000. Un caso poco usual dado que Pérez, aún siendo extranjero y con estudios en su país, desarrolló prácticamente la totalidad de su carrera como músico profesional en Chile. En el corto período que actuó como jazzista, Pérez se convirtió en un connotado y respetado solista, y su sorpresiva salida del circuito de alguna manera mermó la categoría que estaba tomando el jazz de esa nueva época. En 2004 publicó su único disco, una mirada impresionista a la ciudad que lo había recibido: Santiago stories.
Por sus muchas colaboraciones con otros músicos y la impronta de su trabajo solista, Patricio Castillo puede distinguirse como uno de los integrantes más importantes que fue parte del conjunto Quilapayún, al que se integró muy joven y acompañó de modo intermitente hasta 1971 (para luego reintegrarse, por un período, en los años noventa). Castillo ha sido un destacado cantautor y multiinstrumentista, activo en la música por más de cinco décadas, dueño de una extensa discografía, recorridos por el mundo y asociaciones con gente como Isabel Parra, Víctor Jara, Los Jaivas y Amerindios.