1990
Fue a través de De Kiruza que Pedro Foncea dio a conocer masivamente un interés por el canto anclado a la raíz afrocaribeña y la canción social, el cual lo ha distinguido como creador e intérprete. Fundó esa banda en 1987 junto al cantautor Mario Rojas, y permaneció como su vocalista y principal rostro hasta 1999. Su trabajo solista incluye temas para televisión (destaca su grabación para "Amándote", para la teleserie homónima), grabaciones propias para discos colectivos, y la colaboración como invitado a una serie de trabajos de bandas, como Tiro de Gracia y Gondwana. Además, en 1991 su dúo junto a Javiera Parra para el tema "Tira la primera piedra" se quedó con el triunfo en la competencia internacional del Festival de Viña. Su cotización es comprensible: Foncea es no sólo uno de los mejores vocalistas masculinos del último par de décadas en el país, sino también un gestor de iniciativas independientes que se ha mantenido cerca del desarrollo de exitosos proyectos funk y hip-hop.
Desde el jazz y la música popular orquestada hasta la industria de la Nueva Ola y una prehistoria del rock local son instancias en las que dejó su huella Arturo Ravello, uno de los más importantes contrabajistas chilenos. Activo desde comienzos de los años '50, justo a tiempo para asistir a esos cambios musicales y generacionales, Ravello se inició en Santiago, se estableció en Arica a fines de los años '60 y fue un músico de orquestas, auditorios de radio, estudios de grabación y giras, acorde con el perfil del instrumentista popular surgido en una época de la que fue uno de los últimos exponentes hasta su muerte en 2011, a los 84 años.
Considerado el primer conjunto chileno jazz-rock establecido, según advierte el musicólogo e investigador Álvaro Menanteau, Quilín escribió una historia paralela a la oficial dentro de la música popular en nuestro país. Con más de 25 años de vigencia, jamás obtuvo el reconocimiento de un medio que en definitiva la transformó en una banda de culto por excelencia. Un proyecto único, que nunca se encasilló ni en los circuitos del rock ni en los del jazz, lo que generó a sus músicos todo tipo de contratiempos en los antiguos festivales del rock periférico y en los programas habituales de jazz, dado que en ninguno de ambos frentes, Quilín fue plenamente reconocido como pares.
En años en que el rock pesado en Chile tendió a alinearse en bandos muy diferenciados apareció Weichafe, un potente trío encomendado a la vieja escuela rockera en busca de una definición musical propia. Así tuvo una carrera productiva y ascendente, concluida en el año 2008 en medio de cierta incomprensión del medio. Lo dijeron ellos muchas veces: "Muy popero para los metaleros, muy pesado para los poperos, demasiado conocido para los alternativos y desconocidos para las masas". A fines de 2014 un concierto en el Teatro Caupolicán marcó el reinicio de su historia.
Entre una muy pequeña comunidad de voces masculinas vinculadas al jazz, al finalizar los '90 apareció el barítono Rodrigo González, un cantante afín a las líneas tradicionales del swing, el repertorio standard y el pop vocal más clásico. González se instalaría en la década siguiente como el más activo de los cantantes de jazz, tras las experiencias del histórico crooner José Luis Arce, el improvisador Jorge Caraccioli en los '80, el breve destello de José Zamudio en los '90 y la sorpresiva aparición de Juan Pablo Rivera al finalizar los 2000.
Formado por el histórico compositor Donato Román Heitman, el Conjunto Folklórico Villa San Bernardo, también llamado Conjunto Villa San Bernardo, es una de las más longevas instituciones de su tipo en la música chilena. La historia de este elenco de músicos, cantantes y bailarines se originó en la interpretación de canciones de autores emblemáticos como Luis Bahamonde, Vicente Bianchi y el propio Román Heitman, y con más de cincuenta años cumplidos desde su fundación en 1956, el conjunto sigue vigente como testimonio de la época en que las tradiciones folclóricas eran una manifestación arraigada en el gusto popular chileno.
Nacidos en 1994, Sandino Rockers son una banda pionera en la introducción del ska en Chile, aunque a su música acuden elementos de regggae, de hardcore y de ritmos latinoamericanos. Perseverantes y con la autogestión como motor de su actividad, el grupo ha editado tres discos, ha protagonizado un intenso ritmo de presentaciones en vivo, y sus giras han incluído ciudades del interior argentino. Con un nombre inspirado en Augusto César Sandino, el prócer revolucionario nicaragüense, es el contenido político lo que marca, también, su sello musical.
"Cambia, todo cambia" ha sido el gran aporte solista de Julio Numhauser al cancionero popular chileno, pero su trabajo musical ofrece vertientes más amplias y diversas que las de la pura cantautoría. Junto a los hermanos Julio y Eduardo Carrasco, Numhauser fue uno de los tres fundadores del grupo Quilapayún, y alcanzó a estar con ellos hasta su primer álbum, en 1967. Fue él quien buscó el nombre del conjunto y estableció el contacto con su primer director artístico, el cantautor Ángel Parra. Luego de su partida, comenzó una larga historia musical con diversos conjuntos en los que siempre fue el compositor principal. Destaca entre ellos sobre todo el dúo Amerindios, uno de los nombres más frescos del movimiento de Nueva Canción Chilena.
Quilapayún es la expresión más comprometida y política de la música en Chile, y al mismo tiempo un poderoso proyecto artístico. El grupo fue el mayor emblema de la Nueva Canción Chilena, el más identificado con el gobierno de la Unidad Popular, y su repertorio fue el que mejor representó, antes y después del Golpe Militar de 1973, a la izquierda política del país y de otras partes del mundo. En 1973, nombrados "embajadores culturales" por Salvador Allende, estaban en París el 11 de septiembre y allí comenzó su exilio. Los años siguientes tuvieron una intensa actividad de solidaridad con Chile y un proceso de renovación artística. El fin de la dictadura en 1988 significó la salida de algunos integrantes y un período de menor actividad. Tras algunas crisis, y la existencia de dos grupos que reclamaban el nombre Quilapayún, hoy continúan su historia, con músicos en Chile y Francia, y consagrados como una de las agrupaciones más importantes de la historia de la música popular chilena.
Punitaqui es una localidad de la provincia de Limarí, en la región de Coquimbo, que ganó notoriedad nacional tras el violento terremoto de 6.8 grados en la escala Richter que asoló la zona el 14 de noviembre de 1997, con epicentro preciso en ese pueblo. Pero el lugar es desde antes epicentro de otro movimiento nacional de alcance aún mayor: el exitoso sonido de cumbia que emergió desde allí en la primera mitad de los años '90. Y Fantasía es el grupo iniciador de ese sonido.
Uno de los trabajos más importantes y reconocidos de Guillermo Willy Bascuñán ha sido el que desarrolló durante los años sesenta junto al conjunto vocal Los Cuatro Cuartos (sobre todo, por su labor en el disco Al séptimo de línea). En sociedad con Pedro Messone y Luis Chino Urquidi, el cantautor le dio ahí forma a parte de lo mejor de la corriente conocida como Neofolklore, que volvió a hacer atractiva la raíz chilena y sudamericana, de acuerdo a un trabajo vocal y de arreglos nunca antes realizado en el país. Pero el músico ha destacado también en experiencia junto a otros grupos, como solista y —sobre todo— como autor para canciones popularizadas por otros. Su aporte al respecto incluye títulos clásicos de la canción chilena, como "El solitario", "Cuando rompa el alba", "El ovejero", "Los viejos estandartes" y "Voy pa' Mendoza".
En una veintena de discos, el grupo Alegría ha popularizado en vivo y en radios los éxitos "Mujeres y cerveza", "Siqui-siqui", "Salta, salta" y "Súper ladrón", entre otros, y ha difundido su música hasta en la región sureña de Perú. Alegría tiene entre sus pergaminos también el haber contado con dos connotados cantantes nortinos de cumbia: Paskual Ramírez, que se presenta como Paskual y su Alegría, y el internacional Américo, que en sus primeros tiempos se rotuló como Américo y la Nueva Alegría. Surgidos en el valle del Limarí de la región de Coquimbo, la zona de mayor tradición cumbiera de Chile, Alegría es un nombre pionero en la cumbia electrónica, y su constante actividad son la prueba irrefutable de su popularidad y su vigencia.
Desarrollar en Chile un pop de tintes rockeros y pretensiones masivas era en los años noventa un desafío mayor al presente. En parte por eso, largas pausas separan las publicaciones discográficas de Delisse, un dúo que ha buscado desarrollar baladas de fuerza eléctrica inspiradas en la canción estadounidense contemporánea. Delisse ha estado formado por la pareja de Magdalena Atria (hija del matrimonio de Jaime Atria y la cantante Gloria Spoerer) y Cristián Moya, quienes se conocieron estudiando Comunicación Audiovisual, y a los que el tiempo convirtió en dupla creativa y matrimonio. En general, ha sido ella la letrista y él el compositor de canciones parcialmente inspiradas en las power-ballads estadounidenses, melodías de apariencia ruda pero fondo amable.
Cristián Heyne se ocupaba como bajista y parcial compositor en el trío Christianes cuando comenzó a trabajar paralelamente junto a Shogún; inicialmente un dúo, también con Jaime Laso. Con el tiempo, Shogún se convertiría no sólo en su principal cauce creativo, sino también en su proyecto individual, con lanzamientos y presentaciones intermitentes a lo largo de más de dos décadas. Aunque mantiene su nombre de grupo y suele incorporar a algunos colaboradores, Shogún debe verse como un vehículo comandado únicamente por Heyne, quien ha ido granjeándose en paralelo gran prestigio como productor pop. Aunque cotizada, la discografía de Shogún es en extremo esquiva, y, a estas alturas, casi sólo puede encontrarse como descarga digital.
Con una prehistoria pero funcionamiento regular desde 1999, Curasbún es una de las bandas radicales y militantes de la escena punk chilena: sus abiertas adhesiones a las causas antifascistas definen su trabajo más allá de un discurso meramente musical, en una opción política alimentada por la adopción del sonido Oi! (originado en la clase obrera inglesa de fines de los ’70) como su lenguaje creativo. Un grupo de amigos, la admiración por Víctor Jara, la celebración de la fiesta y el consumo de alcohol fueron los demás factores que concurrieron al nacimiento de Curasbún, (nombre inspirado en el célebre sacerdote católico Raúl Hasbún, de filiación pinochetista y aparición frecuente en medios durante varias décadas). Desde su nacimiento, la banda se distinguió por su intenso trabajo en vivo a lo largo de Chile, sobre todo en conciertos de solidaridad en causas como la libertad de los presos políticos o el fin a la represión al movimiento mapuche. Dos discos (y varios demos) han salido de ese proceso, con un sonido sólido y títulos elocuentes: "Cerveza", "Odio la sociedad" o "Palestina".
La fiebre del rock and roll y el panorama general de la Nueva Ola son, en ese orden, los ingredientes conjugados en la historia de Los Tigres, uno de los adelantados conjuntos rocanroleros surgidos a comienzos de los años '60 en Chile, en particular en los cerros de Valparaíso. Liderados por el cantante, bajista y tecladista Lucho Zapata, tuvieron su época dorada durante toda la primera década de actividad, y desde comienzos de los '70 el cantante emprendió una carrera como solista que mantuvo hasta su muerte en 2008, mientras el grupo volvió a grabar en el nuevo siglo con otra alineación.
Para hablar del grupo de artistas reconocibles dentro de lo que alguna vez se conoció como «novísima canción chilena», el nombre de Alexis Venegas es ineludible. Activo en conexión con un público nostálgico de canciones acústicas, con parciales reminiscencias a la ética y al sonido de movimientos como la Nueva Trova Cubana y la Nueva Canción Chilena, aunque también de bien dispuesto cruce al pop. Y si se trata de autodefiniciones, Alexis Venegas prefiere un sustantivo sencillo: «cancionista».
Jorge Bravo ha sido uno de los más importantes solistas del flamenco chileno fuera de nuestras fronteras, tal y como ha ocurrido con otros nombres en esta modalidad guitarrística, como Carlos Pacheco Torres (en Córdoba) Claudio Villanueva (en Madrid) y Andrés Hernández (en Sevilla). Instalado en Londres desde 2005, Bravo se ha desdoblado desde el flamenco al jazz gitano y a la música sudamericana sumando credenciales en distintos frentes, tanto como instrumentista como profesor.
Margot Loyola es, junto a Violeta Parra, una de las dos grandes maestras del folclor chileno. Dedicada a la investigación y la enseñanza, contribuyó a renovar esa música al impulsar el trabajo de campo en los grupos de proyección folclórica de los años '50, difundió y estudió estas tradiciones en Europa y América y es la única folclorista que ha ganado el Premio Nacional de Arte, reconocimiento que recibió en 1994. Falleció en agosto de 2015, a la edad de 96 años, dejando un legado de estudios de campo, recopilación y canto de más ocho décadas. Desde 2016, cada 15 de septiembre, el día de su natalicio, se celebra el Día Nacional de la Cultura Tradicional y Popular Chilena.
“El jazz estaba con de ella antes de que lo supiera”, fue la única lógica que el baterista Alejandro Espinosa encontró para explicar la aparición de una cantante como Rossana Saavedra, sin tener ningún tipo de adiestramiento técnico. Una voz de generación espontánea de aquéllas que se dan sólo de cuando en cuando y que en definitiva la transformó en la solista vocal más adelantada de los '90.