1990
En el campo de la poesía popular, el payador y cantor santiaguino Guillermo Bigote Villalobos tiene una de las mejores escuelas. Fue discípulo de Lázaro Salgado, legendario y ya desaparecido cantor y poeta errante, hijo y formador de cantores, y desde mediados de los años '80 mantiene una activa carrera como payador, poeta popular, autor y compositor, con seis discos editados y la experiencia en vivo de diversos encuentros de payadores nacionales.
Nacida en Maipú en 1970, Arena Movediza es una de las agrupaciones que, junto a Tumulto, pude aspirar al título de banda fundacional del hard-rock chileno. Al conjunto le tocó trabajar en tiempos extraños, de polarización primero y represión (y toque de queda) después. Lo hicieron de modo convencido por más de una década, con la guía del sonido eléctrico y una opción de vida disidente como brújula. Sus publicaciones se concentraron en los años ochenta, y su historia muestra una larga lista de integrantes y períodos extensos de pausa (incluso con un intento de refundación, bajo el nombre Arena Rock, por parte de tres de sus fundadores, hacia 2001), que en todo caso mantienen activo el nombre y al baterista fundador, Carlos Acevedo.
Entre la valiosa comunidad de poetas populares de la ciudad de Pirque, Juan Pérez Ibarra es el más dedicado a la tradición del canto a lo divino o poesía popular de inspiración religiosa. Discípulo y compañero de Osvaldo Ulloa y Santos Rubio, cantor, poeta popular y guitarronero, es también cuasimodista y ministro de la comunión, además de gestor de encuentros en torno al canto popular y al guitarrón.
El 28 de diciembre de 1985 se realizó en Santiago un encuentro que impulsó el desarrollo del metal extremo en Chile: el festival «Death Metal Holocaust I» fue el primer concierto colectivo de death-metal en el país, con los grupos Pentagram, Necrosis, Massacre (luego Massakre), Dorso y Belial; este último, cuarteto oriundo de Valparaíso que se inscribe dentro de la historia metalera chilena. El grupo se había formado ese mismo año, y no tardó en activar una discografía amparada inicialmente demos autoeditados y luego en álbumes para el sello Toxic. Con constantes cambios de integrantes, su trayectoria no dejó de orientarse por el metal duro, con variantes como el grindcore y el thrash. La banda tuvo una gira a Europa (2003) y ganó elogios en sitios especializados de Chile y Alemania. Sin adornos superficiales, con pulso veloz y despiadado, guitarras agresivas y letras crudas ejecutadas con la voz gutural e inconfundible de su vocalista, Belial se mantuvo como un nombre de referencia.
El entusiasmo por el carnaval y los conjuntos de bronces nortinos que encendió la escena musical en las ciudades con bandas de rock y de música de teatro en Chile tiene un antecedente en La Bandalismo. Desde sus inicios, el grupo porteño se inspiró en las expresiones festivas del altiplano para desencadenar esa celebración en vivo, con experiencias que antecedieron en veinte años a la popular Banda Conmoción.
Patricio Manns es una figura fundamental de la música popular chilena. Su nombre está asociado al nacimiento de la cantautoría en Chile y fue clave en el desarrollo de movimientos como el Neofolklore y la Nueva Canción Chilena. Interpretadas por sí mismo o por otros músicos, en su larga historia como autor impuso piezas que pasaron a ser clásicos del cancionero popular, como "Arriba en la cordillera", "El cautivo de Til Til" y "La exiliada del sur". Manns desarrolló además una prolífica carrera como novelista, ensayista y poeta, y luego de vivir en Francia y Suiza su exilio y residir allí por casi 30 años regresó a Chile, donde continuó escribiendo canciones y libros. Murió en septiembre de 2021, a los 84 años, como uno de los nombres centrales para entender la música chilena.
El segundo músico en grabar para la naciente Nueva Ola fue Javier Astudillo, un joven cantante antofagastino que llegó a RCA recomendado por el discjockey Ricardo García y que, bajo un seudónimo autoimpuesto, se convirtió en una de las estrellas de ese movimiento. Además de su vocación de popularidad, el mérito de su carrera estuvo en el desarrollo de canciones propias, atrevimiento autoral en el que Danny Chilean fue pionero y que perpetuó su sello en éxitos como "Verónica". Durante la primera mitad de los años sesenta protagonizó la vorágine nuevaolera, y luego continuó grabando y cantando, sobre todo en locales nocturnos y no pocas salidas al extranjero. Su carrera se mantuvo así en actividad hasta su fallecimiento, en 2014.
A fines de los años '80, los hermanos María José y Tan Levine levantaron en María Sonora una combinación de ritmos latinos, hip-hop y secuencias electrónicas que resultó tan pionera como incomprendida. La disolución de ese dúo los alejó musical y geográficamente —él partió a Nueva York; ella se instaló en Tongoy—, pero el trabajo breve en Golosina Caníbal propuso una continuación temporal de aquel impulso previo. Como «trip-hop nativo» definieron los hermanos Levine su mezcla rítmica, plasmada en un único disco (Kru-da, 2000), parcialmente difundido en radios de la época por el cover para “De Coquimbo soy”, original de los Viking's 5. La rutina de María José en Tongoy (donde por entonces seguía estudios universitarios) y nuevos viajes de Tan al extranjero dificultaron la promoción de un disco que merecía mejor suerte, y que quedó como testimonio pionero de un sonido que vino a masificarse en el país algo así como un lustro más tarde en la llamada nueva cumbia chilena.
Pocos músicos chilenos pueden jactarse de haber pasado por más bandas durante los años ochenta que Sebastián Levine. Pinochet Boys, Electrodomésticos y Supersordo fueron algunos de los nombres que ocuparon a Levine durante algo así como una década, antes de que decidiera una partida del país que, con intermitencias, ya se extiende por más de dos décadas. La búsqueda de una vida creativa y nómade marca la biografía de este percusionista chileno, en los créditos de numerosos discos.
Becarios del taller de poesía de la Fundación Pablo Neruda dieron vida, durante la primavera de 1996, a la formación original de Los Muebles, un grupo atípico que ha elegido concebir su música como una extensión del interés de sus integrantes por la literatura. La banda no ha seguido una pauta convencional de promoción ni desarrollo, pues no existe en ésta ambición profesional alguna. Prueba de ello es que el grupo se jacta de completar, en promedio, una canción cada dos años.
Transiente es un conjunto de cámara de fusión latinoamericana formado en 1993 por iniciativa de un grupo de estudiantes de la Escuela de Música de la Universidad Católica de Valparaíso, provenientes todos ellos de diferentes puntos geográficos del país. En busca de un sincretismo musical, desarrollaron una propuesta en la que coexistieron lo docto, lo popular y el folclor en conjunto con la influencia de Víctor Jara y la poesía de Vicente Huidobro, entre otros elementos de diversas músicas contemporáneas. El grupo fue también la plataforma de creación de un grupo de nuevos compositores de la época, como Félix Cárdenas.
La música instrumental de la llamada fusión latinoamericana tuvo a Entrama como su gran estandarte desde la segunda mitad de los años '90. Un ensamble mixto sobre el que se manifestó un colectivo de diestros intérpretes y al mismo tiempo modernos compositores con un rasgo muy distintivo: provenían en igual proporción desde la academia docta como de la peña folclórica. Entrama siguió así una línea estética de varias aristas, lo que podría situar al conjunto en un punto equidistante de agrupaciones como Inti-Illimani (música de raíz folclórica), Latinomusicaviva (música contemporánea de cámara) y Congreso, Huara y La Hebra (música de fusión). La música de Entrama fue descrita como un telar sonoro de gran colorido y múltiples texturas.
Con una popularidad forjada desde los años '70, y con episodios masivos en los años '90, Illapu es un nombre mayor en la música chilena. Nacieron como un sexteto de música andina, pero con los años fueron ampliando su estilo musical, incorporando bajo eléctrico, batería y otros géneros de la música popular. Más de 50 años de vida, una veintena de músicos que han sido parte de sus filas, siete años de exilio y una preocupación consciente por las temáticas cotidianas y la política chilena son el sello del conjunto, que hasta hoy llena estadios en todo Chile y tiene varias canciones con el status de clásicos de la música popular chilena.
Iniciados en una fusión de música de base hardcore que también interesaba a bandas como Los Miserables o LaFloripondio), Los Morton fueron derivando con el tiempo hacia algo más negro, funk y percutivo. La historia del grupo marca dos etapas, separadas por lo que se creía sería una disolución definitiva, pero que sólo los alejó entre 1998 y 2004. Además de sus riffs furiosos, el grupo se caracteriza por versos que suelen atacar las más conservadores costumbres e instituciones chilenas. Su discografía se encuentra inactiva desde los años noventa.
La artista del jazz chileno con mayor presencia a nivel internacional logró algo que ninguno de sus pares en el género pudo alcanzar: el fichaje en una de las casas discográficas claves del jazz mundial, el sello Verve. Claudia Acuña se incorporó a su catálogo de artistas al finalizar los '90 como una de las voces de mayor proyección en el recambio generacional del jazz. Alcanzó así una categoría inédita para nuestros músicos –siempre relegados al último confín de Latinoamérica– y que la acercó a figuras más mediáticas como Diana Krall y Norah Jones.
Aleste fue un grupo de estampa rockera pero innegable sonido pop. En los años noventa, la banda protagonizó un auténtico fenómeno de masas al editar el disco Rastros (1993), cuyo primer single, “Hay un límite”, les granjeó una popularidad que les permitió recorrer Chile, Ecuador y Perú, y dejó su recuerdo instalado por más de una década gracias a su adherente estribillo. El conjunto está asociado a un momento puntual de la música chilena y de su industria (antes de internet, de la autogestión y la cuarta ola feminista), pero en 2019 rearticuló sus piezas originales para presentar un nuevo disco.
Trovador formado en las postrimerías de la dictadura, David Azán fue integrante del grupo de música latinoamericana Coré durante los años '90, donde actuaban músicos como Manuel García y los futuros integrantes de Inti-Illimani, Daniel Cantillana y Christian González. Alumno del compositor y profesor Fernando Carrasco, referente en la música latinoamericana a través de las décadas, Azán ha sido a la vez que autor de canciones y cantor, arreglador, sesionista, productor discográficos y diestro guitarrista. Sus trabajos en este ámbito se diversifican desde el acompañamiento para el canto comprometido de Rebeca Godoy, hasta su decisiva mano en álbumes tan distintos como Viñeta (2010), del propio Daniel Cantillana, y Hecho a mano (2012), de la cantautora pop Jazmín Gómez. Sus discos solista son Pop de palo (2015) y Canto forastero (2018).
El paso de la electrónica intuitiva a la electrónica académica ha marcado el derrotero de Alejandro Albornoz (también presentado como Mankacen), compositor, improvisador, artista sonoro y visual e investigador que participó en la revitalización de la música electroacústica chilena desde mediados de los años 2000, y junto a compositores como Federico Schumacher y José Miguel Candela, principalmente con la puesta en marcha del festival Ai-Maako. Su ciclo de tres álbumes titulado Fluctuaciones vino a registrar los tiempos en que Albornoz se instaló en forma definitiva entre esa generación de autores de música acusmática.
Andrés Bonnet es parte de una escena porteña diversa, de jazz, música docta y música popular, y su larga trayectoria marcó en varios puntos esa vida musical. Saxofonista alto, flautista, educador y gestor cultural, Bonnet es reconocido principalmente como músico de jazz en Valparaíso con una múltiple actividad. Desde la década de los años '80 su nombre fue presente en la Quinta Región, junto con músicos como Ariel Yelo Aguirre, Eduardo Orestes, Carlos Rossat, Gonzalo Palma, Marcelo Córdova, Gino Basso y Moncho Pérez, entre otros nombres en ese territorio. Murió en Viña del Mar en 2026, a los 67 años.
Amparito Jiménez es una cantante colombiana arribada en los años '60 a Chile, y desde entonces fue una pieza fundamental en la historia de la cumbia en el país, donde ganó el apodo de "Reina de la cumbia" y ha sido reconocida por ser la primera en popularizar ese ritmo en su vertiente folclórica colombiana. Entre sus mayores éxitos en el país se cuenta "La pollera colorá", de autoría de los colombianos Wilson Choperena y Juan Madera Castro. Amparito además colaboró con músicos locales y los nutrió de repertorio, hasta que, avanzados los '70, paulatinamente se retiró de la vida profesional de la música. Desde hace varios años reside en La Serena, donde ha vinculado su quehacer artístico a su vocación religiosa y ha participado ocasionalmente en grabaciones con músicos jóvenes.