1990
Cantautor de trayectoria extendida, tanto en el tiempo como en el mapa y los referentes, Alejandro Lazo ha emparentado parcialmente su música con el Canto Nuevo y la canción de exilio, aunque también se ha mantenido activo fuera de esos bordes. «Mi generación es la generación del sandwich», ha definido.
Detrás del pseudónimo artístico de Moca está la intérprete Mónica Castillo (la unión de las primeras sílabas de sus nombre y apellido). Es dueña de una voz y una cuidada imagen (incluido el uso de un micrófono retro) que evocan la estética de los antiguos cabarets alemán y francés. Y es además una las artistas que ha llegado a profundizar en la figura de Edith Piaf como activa participante de un circuito de hoteles de lujo y bares universitarios de Valparaíso y Viña del Mar.
Poco antes del año 2000, la banda Valentina (no confundir con Los Valentina) llevó su nombre en homenaje a My Bloody Valentine, la banda inglesa de noise que fue el principal referente para los de Concepción. Su década de trabajo quedó registrada en dos álbumes, diferenciados por varios cambios en su formación.
Carmelo Bustos fue uno de los más legendarios y longevos músicos en la era de la radio y la boite, integrante de prestigiosas orquestas de música popular como primer saxofonista alto que animaron la bohemia capitalina, en especial con el protagonismo que tuvo como director musical de la afrocubanísima Orquesta Huambaly entre 1954 y 1962. Clarinetista y saxofonista, su swing natural inundó no solo su época de juventud y adultez, sino que se traspasó a generaciones de saxofonistas de los años '90, '00 y '10, a las que formó como profesor, depositando ese swing como una herencia personal. Murió a los 96 años como el último dinosaurio de la vieja guardia de la música popular.
Sesión es el grupo en el que se inició Claudia Acuña como cantante, pero su historia trasciende al éxito de esa figura, hoy voz solista de prestigio internacional. El grupo se mantiene activo como una banda de fusión y con un repertorio propio, obra del guitarrista y compositor Edgardo Sánchez. Desde su debut en vivo, en 1989, hasta 1992, el grupo se sostuvo en la interpretación vocal de Acuña, pero tras su partida se mantuvo trabajando de modo ininterrumpido según un despliegue puramente instrumental. Su primer disco, Elementos (2006) fue producido por Christian Gálvez.
Daniel Navarrete ha sido un músico de triple valencia: ejecuta el contrabajo con arco como solista o al interior en conjuntos de música de cámara contemporánea, lo pulsa en jazztets variables en clubes y lo desarma sonoramente en ensambles de improvisación libre en escenarios subterráneos. Un músico funcional y con un estilo tipo punto medio entre los duros contrabajistas de jazz y los pulcros contrabajistas clásicos.
Los nombres de sus dos integrantes determinaron en partes iguales el bautismo del dúo que en 1997 formaron Martín Schopf y Jorge González; dos chilenos más conocidos en la música electrónica y en el rock como Dandy Jack y como el cantante de Los Prisioneros respectivamente. Ese grupo se llama Gonzalo Martínez, apareció en Santiago de Chile y se mantuvo activo apenas un año, pero su único disco bastó para adelantarse a la moda y ser el primero en experimentar con la mezcla entre música tropical y electrónica que años más tarde se volvería tendencia mundial.
Uno de los más importantes y prolíficos poetas del canto a lo divino es Domingo Pontigo Meléndez. Hijo de San Pedro de Melipilla, tierra que ha sido la cuna de cantores insignes como Atalicio Aguilar y Adiel Fuenzalida, Domingo Pontigo es agricultor, poeta popular y cantor a lo humano y lo divino desde 1947, y es reconocido como el poeta popular de mayor producción escrita en Chile.
Llegó a tener inscritas más de doscientas composiciones, varias de ellas éxitos nacionales sobre todo en los años '60 y '70 y una de las cuales alcanzó una circulación global y postmoderna. Osvaldo Jeldres es el autor y compositor de canciones como "Si me miran a los ojos", "Llorando en el andén", "Pero más vale el amor" y la reconocible "El rey y yo", cuya versión original fue grabada por Los Ángeles Negros y ganó celebridad extra cuando el trío neoyorquino de hip-hop Beastie Boys sampleó parte de la canción en 1998.
La vocación musical de Gabriel Vigliensoni se ha aliado a su gran capacidad de trabajo. Desde la adolescencia, sus intereses han tenido como principal guía la labor en recitales, producciones y grabaciones (colectivas o solistas), hasta que en la adultez tanta actividad ha llegado por momentos a desafiar la lógica de espacio-tiempo. Integrante en diferentes momentos de Lucybell, Los Mismos y Electrodomésticos, el tecladista se las ha arreglado para participar de varios proyectos musicales simultáneos y, a la vez, mantener una carrera individual como compositor y productor, desarrollada tanto en Chile como en Canadá.
Intérprete y autora de canciones de raíz popular brasileña, Luca Mundaca conservó un pasaporte como el único crédito de que su nacionalidad es chilena. Nació en Concepción como Luca Hernández (cambió al apellido materno) y a los seis años llegó a la ciudad de Valinhos, en el estado de Sao Paulo, donde finalmente se abrió paso como cantautora moderna.
En 1994 Las del Puerto eran parte del conjunto folclórico de la Universidad Católica de Valparaíso, y eran un trío. Dos estudiantes de pedagogía en música, y la experimentada Ana Flores, que en los años 60 había sido parte del grupo Lonquimay. Dirigidas por Margot Loyola, entonces docente de esa Universidad, se distinguieron desde un comienzo por hacer folclor de todo Chile. En 1996 pasaron de ser Las Cantoras del Puerto a simplemente Las del Puerto, y desde entonces han pasado por distintos momentos de actividad, y han editado varios discos. Rigurosas en su trabajo musical, y recogiendo repertorio histórico del folclor, desde el 2009 son un cuarteto.
Valioso emblema del pop trabajado en Chile durante los años de dictadura, Upa! logró no sólo demostrar mayor valor artístico que muchas de las bandas que compitieron con ellos durante el llamado boom de los 80, sino también establecerse como referente de un modo de composición de inequívoco espíritu urbano. Canciones como "Ella llora", "Cuando vuelvas", "Sueldos" y "La bamba" se escuchan hasta hoy en radios, y los convierten en uno de los grupos populares del pop/rock chileno. A diferencia de Los Prisioneros, el grupo optó por alusiones sociales sutiles, aunque también críticas, inspiradas en parte por la new-wave inglesa y con timbres novedosos, como el saxo de Sebastián Piga. Su planteamiento intentó mantenerse fiel a tres principios autoestablecidos: «Tocar bien, cantar inteligente y tener un estilo personal», en sus palabras. Luego de una primera separación en 1991, la banda marcó puntuales reuniones, con conciertos y discos asociados, aunque distanciadas cada vez más por las actividades paralelas de cada integrante (que incluyen una residencia de Mario Planet en Francia). Hacia 2023, el conjunto mostró un nuevo single con el nombre de Upa+.
La primera parte del camino solitario del ex Prisioneros Claudio Narea se llamó Profetas y Frenéticos, banda que tuvo varias formaciones y que, de alguna manera, fue el reflejo de las distintas etapas personales por las que pasó el guitarrista tras el fin de su proyecto más popular. A través de un rocanrol clásico, la banda existió en malos tiempos para la música local y, pese a contar con un miembro del trío sanmiguelino en sus filas, su impacto no fue más allá del disco debut. Tras su disolución, y luego de años de trabajo solista de Narea, el grupo anunció su rearticulación a mediados del 2008.
Cantor de fuste y observador privilegiado de la vida callejera de Santiago durante casi todo el siglo XX, Luis Hernán Baucha Araneda protagonizó historias suficientes para levantar mil cuecas. Integrante fundador (junto a Hernán Nano Nuñez) del conjunto Los Chileneros, «El Baucha» representó en sus últimos años de vida a una cultura casi extinta, aquella que tuvo al folclor urbano como la expresión de los márgenes más ásperos y esforzados de la vida en la gran ciudad. Se ocupó desde niño entre mataderos, mercados y arrabales, manteniendo una sola y gran constante: su amor por el canto vivo y poderoso, ése que él llamaba «de combate»; capaz de enamorar mujeres «y hacer llorar a los choros», en sus palabras.
Conocida como actriz de teatro y televisión, la primera disciplina artística de Amaya Forch fue, sin embargo, el canto, que estudió en la Escuela Moderna de Música y que ha desarrollado de modo más consistente desde alrededor del año 2000. Además de una serie de grabaciones, Forch participó del musical El hombre de la mancha y ha sido jurado de programas televisivos de talentos. Los discos de sus primeros tiempos como cancionista se concentraron principalmente en repertorios latinoamericanos del bolero, la copla y la canción romántica; además de una incursión en el folclor chileno con La consentida (2012) y de colaboraciones con el maestro del piano Valentín Trujillo. En 2019 actuó como voz solista en los conciertos de reinvención de repertorio llevados a cabo por el director Sebastián Errázuriz y el Ensamble MusicActual.
Tiro de Gracia fue el primer grupo que emigró desde la escena marginal del hip-hop chileno para transformarse en un referente masivo, capaz de llamar la atención incluso de un público habituado al pop. Éxitos suyos como "El juego verdadero", "Melaza" y "Viaje sin rumbo" le mostraron a la audiencia una adherente propuesta de rap en castellano de impecable producción; y a la industria, un nuevo segmento comercial que explotar, dando pie a la contratación a gran escala de bandas como Makiza, Rezonancia y Frecuencia Rebelde; ninguna de las cuales llegó a equiparar su fenómeno. Su álbum Ser hümano!! (1997) es una de las indiscutidas cumbres en la historia local del género, además de una publicación elocuente de las más interesantes tendencias de cambio durante los años '90 en Chile.
Por historia y por creación, se puede considerar a Los Jaivas como la banda chilena de rock más importante de todos los tiempos. Su vigencia los iguala cronológicamente a unos Rolling Stones activos desde 1963, pero sobre todo es la propuesta de un cruce entre ese rock esencial y la incorporación de elementos del folclor que marcó la jerarquía de la banda viñamarina desde comienzos de la década de 1970. Los Jaivas fueron los impulsores de una escuela musical que unió el lenguaje natural de las guitarras eléctricas con la mística de las raíces latinoamericanas, andinas y sureñas. El gesto estético practicado por los hermanos Eduardo, Claudio y Gabriel Parra, junto con Mario Mutis y el carismático Eduardo Gato Alquinta desde comienzos de los '70, se transformó en el rasgo distintivo de la banda ciento por ciento chilena y que el mundo conoce como Los Jaivas. Esto es el estallido resultante de la fusión entre la tradición musical ancestral de Latinoamérica, las formas de la música docta y la electricidad de los instrumentos del rock. Sus caminos musicales se mantuvieron trazados durante los tiempos y aunque la muerte de dos integrantes haya obligado a renovar los nombres del quinteto original, su huella es la misma iniciada en 1963.
Si acaso el pop más ambicioso y sencillo puede o no ser considerado un género creativo, y dónde deben fijarse los límites entre cita y pastiche, fueron debates interesantes que Glup! encendió durante sus años de mayor exposición en medios. El grupo resultó una apuesta radial de innegable éxito (son suyos hits como "Freebola", "Mi destino" y "Enamorado de ti"), aunque eligió mantener las formas de una escuela más bien descreída y sin reverencias. El oficio musical de sus integrantes se expandió luego en proyectos musicales diversos, de entre los cuales el trabajo continental del cantautor Cristián Koko Stambuk como productor ha resultado ser el más relevante. Puntuales reuniones (2019, 2022, 2025) han mostrado al grupo en nuevos conciertos y grabaciones durante los últimos años. Más allá de los vaivenes, puede considerársele una banda activa.
Motuto fue el proyecto de latin jazz que puso en primera línea al trompetista de dieciocho años Cristián Cuturrufo, antes incluso de su período de estudios intensivos en La Habana. Fue encabezado por el saxofonista alto Ignacio González, quien se convertiría en el primer compañero jazzístico del trompetista en los dobles frentes de vientos. Motuto no dejó discos pero marcó un camino hacia la consolidación del latin jazz en la escena de la música chilena, además de una influencia entre una nueva camada de seguidores y auditores del jazz.